Jesús dijo:
"Bienaventurados son ustedes, solitarios y elegidos, porque encontrarán el reino; y porque vienen de ahí irán de nuevo ahí".
Penetra en cada palabra: "Bienaventurados son ustedes, solitarios...". ¿Quién es el solitario? Alguien cuya necesidad de ser necesitado ha desaparecido; alguien que esté completamente contento consigo mismo tal como es; alguien que no necesite que alguien le diga: "Eres significativo". Su significado está dentro de él. Ahora su significado no viene de los demás, no lo mendiga, no lo pide, su significado proviene de su propio ser. No es un mendigo y puede vivir consigo mismo.
Tú no puedes vivir contigo mismo. Cada vez que estás solo te intranquilizas; inmediatamente te sientes incómodo, una profunda ansiedad. ¿Qué hacer? ¿Adónde ir? Anda al club, anda a la iglesia o anda al teatro pero anda a alguna parte, busca al otro, o simplemente anda de compras. Para la gente rica, ir de compras es el único juego, el único deporte, van de compras. Si eres pobre, no necesitas entrar a la tienda, tan solo vas por las calles mirando las vidrieras. ¡Pero anda!
Estar solo es muy difícil, muy inusual, extraordinario. ¿Por qué esta ansiedad? Porque cada vez que estás solo todo tu significado desaparece. Anda y compra algo en una tienda; por lo menos el vendedor te dará un significado, no la cosa, porque vas comprando cosas inútiles. Compras sólo por comprar, pero el vendedor, el dueño de la tienda, te miran a ti como si fueras un rey. Se comportan como si dependieran de ti, y tú sabes bien que esto es sólo una máscara. Así es como los vendedores te explotan: el vendedor no se preocupa por ti en absoluto, su sonrisa es sólo una sonrisa dibujada; él sonríe a todo el mundo, no es nada especial para ti, pero tú nunca miras a estas cosas. El te sonríe, te saluda, y te recibe como a un invitado. Te sientes cómodo, eres alguien, hay gente que depende de ti; este vendedor te estaba esperando.
En todas partes, estás en busca de unos ojos que puedan darte un cierto significado. Cada vez que una mujer te mira, te vuelves importante, muy significativo; en ese momento eres único. Por eso es que el amor te hace radiante; el amor te da tanta vida, vitalidad.
Pero esto es un problema, porque la misma mujer mirándote todos los días no será de mucha ayuda. Por eso es que los esposos se hastían de las esposas, las esposas se hastían de los esposos: porque ¿cómo puedes tener el mismo significado de los mismos ojos una y otra vez? Te acostumbras a eso, ella es tu esposa, no hay nada que conquistar. De ahí la necesidad de volverse un Don Juan e ir de una mujer a otra. Esto no es una necesidad sexual, recuérdalo, esto en nada está relacionado al sexo, porque el sexo va más profundo con una mujer, en profunda intimidad. No es sexo, no es amor, absolutamente no, porque el amor quiere estar con uno más y más, en una forma más y más profunda; el amor va a la profundidad.
Esto no es amor ni sexo, esto es otra cosa: una necesidad del ego. Si puedes conquistar a una nueva mujer cada día, te sientes muy, muy significativo, te sientes un conquistador. Y si has terminado con una mujer y nadie te mira, y ninguna mujer u hombre te da significado, te sientes acabado. Por eso es que las esposas y esposos lucen tan faltos de vida, sin ansias. Tan sólo puedes ver desde una gran distancia y decir si las parejas que vienen son esposos o no. Si no lo son sentirás la diferencia; estarán felices, riendo, hablando, disfrutándose mutuamente. Si son esposos, simplemente están tolerándose mutuamente.
Sólo aquellos que han logrado su nada, sólo aquellos cuyos botes están vacíos; aquellos que han llegado a entender que las necesidades del ego son inútiles y neuróticas; que han llegado a penetrar en las necesidades del ego, y que se dan cuenta que son inútiles. No sólo inútiles, sino también dañinas: pueden volverte loco, pero nunca pueden darte plenitud.


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