En el bello libro de Khalil Gibran Jesús el Hijo del Hombre, él ha creado una historia ficticia, pero hermosa, y a veces las ficciones son más objetivas que los hechos, María Magdalena mira por la ventana y ve que Jesús está sentado en su jardín bajo un árbol. El hombre es hermoso. Ella ha conocido muchos hombres, aún los reyes solían tocarle la puerta, era una de las flores más amadas. Pero ella nunca había conocido un hombre igual, porque un hombre como Jesús lleva una aura invisible en torno a él que le da una belleza de algo del otro mundo, no pertenece a este mundo. Había una luz a su alrededor, una gracia, la manera en que caminaba, la manera en que se sentaba, como si fuera un emperador en la túnica de un mendigo.
Se le veía tan de otro mundo, que Magdalena le pidió a sus sirvientes que fueran y lo invitaran, pero Jesús rehusó. Dijo: "Estoy bien aquí. El árbol es hermoso y da mucha sombra".
Entonces Magdalena tuvo que ir ella misma y pedirle, requerirle a Jesús. Nunca pudo haber creído que alguien rechazara su pedido. Ella dijo: "Entra a mi casa y sé mi huésped".
Jesús dijo: "Ya he entrado en tu casa, ya soy un huésped, ahora no hay ninguna otra necesidad".
Ella no lo podía entender. Dijo: "No, entra y no me rechaces, nunca nadie me ha rechazado. ¿No puedes hacer tan pequeña cosa? Sé mi invitado. Come conmigo hoy día, quédate conmigo esta noche".
Jesús dijo: "He aceptado. Y recuerda: aquellos que dicen que te han aceptado, ellos nunca te han aceptado; y aquellos que dicen que te aman, ninguno de ellos jamás te ha amado. Yo te digo, que yo te amo, y que sólo yo te puedo amar". Pero él no entró en la casa, descansó, se fue.
¿Qué dijo? Dijo: "Sólo yo puedo amarte. Aquellos otros que van diciendo que te aman, ellos no pueden amar, porque el amor no es algo que uno pueda hacer, es una cualidad de tu ser".
En el estado en que estás no puedes amar; en el estado en que estás tu amor es falso. Simplemente muestras que amas para que te amen. Y el otro también está haciendo lo mismo, por eso es que los amantes siempre están en problemas: ambos se están engañando mutuamente, y ambos sienten que están siendo engañados. Pero nunca se miran a sí mismos, que están engañando. ¿Has amado realmente a alguna mujer, a algún hombre? ¿Puedes decir con todo tu corazón que has amado? ¡No! Nunca te preocupaste por eso, diste por hecho que amas. El problema siempre es el otro, nunca te miras a ti mismo.
Mulla Nasruddin había cumplido noventa y nueve años. Y un periodista de un periódico local vino a entrevistarlo, porque era el hombre más anciano del valle. Después de la entrevista el periodista dijo: "Espero que pueda regresar el próximo año también, cuando cumpla sus cien años, cuando haya completado sus cien años. Espero que pueda regresar". Mulla Nasruddin miró al hombre, lo observó y dijo: "¿Por qué no, joven? Todavía se te ve suficientemente saludable".
Nadie se mira a sí mismo: los ojos miran a los demás, los oídos oyen a los demás, las manos van hacia los demás, nadie va hacia sí mismo; nadie se oye, nadie se mira. El amor ocurre cuando tú has logrado un alma cristalizada, un ser. Con el ego nunca ocurre; el ego quiere ser amado porque eso es una comida que necesita. Amas para que te vuelvas una persona necesaria. Tienes hijos, no porque amas a los niños, sino sólo para que seas necesario, sólo para que puedas ir y decir: "¡Mira cuántas responsabilidades estoy cumpliendo, qué obligaciones estoy realizando! Soy un padre, soy una madre...". Esto es sólo para glorificar tu ego.
A menos que esta necesidad de ser necesitado desaparezca, no podrás ser un solitario. Y si ésta necesidad de ser necesitado desaparece, donde sea que estés, viviendo en la plaza pública o en el mismo centro de la ciudad, estás solo.


