sábado, 15 de agosto de 2026

VIVIMOS IMAGINANDO

 

Jesús dice: "He echado fuego sobre el mundo. Traigo fuego para quemarte. No estoy aquí para consolarte, no estoy aquí para recrearte. Estoy aquí para destruirte porque tu semilla es errada". La semilla debe ser quemada y cuando tu semilla sea quemada, cuando llegues a estar vacío, sólo entonces la semilla de lo divino podrá ingresar en tu útero. Entonces sucede un nuevo florecimiento.

"He echado fuego sobre el mundo, y vean, aguardo hasta que el mundo esté en llamas".

Y esto es una promesa. El dice: "Aguardaré, permaneceré aquí hasta que el mundo entero esté en llamas".

Cuando un hombre se vuelve un Cristo o un Buda, nunca desaparece. Sólo tú desapareces, porque no estás presente, eres sólo una apariencia. Vienes y vas, eres una forma. Eres como una ola en el mar: no tienes sustancia en ti, no estás cristalizado. Vienes y vas tal como un sueño viene y va. Cada noche vienes y cada mañana desapareces. Millones de veces vienes y millones de veces desapareces. Pero cada vez que sucede un Cristo... ¿Qué significa ser un Cristo? Significa: el que ha logrado lo substancial, el que ya no es más la forma sino que ha logrado lo que está más allá de la forma, el que no puede desaparecer, el que ya no es más la ola, el que se ha vuelto el océano; el que no puede desaparecer.

Un Buda permanece, un Cristo permanece, permanece en la existencia. Eso es lo que quiere decir: "... aguardo hasta que el mundo esté en llamas. Estaré aquí". Pero no lo pudiste ver cuando él estuvo en el cuerpo, ¿cómo podrás verlo cuando no está en el cuerpo? Y mira el extraño fenómeno: muchos cristianos lo ven cuando están orando, cuando cierran los ojos, ven una visión y los discípulos más cercanos no lo pudieron ver cuando estaba presente. ¿Qué está sucediendo?

Estos Cristos que ven en sus oraciones son sólo imaginarios, son alucinaciones, proyecciones. Tú los has creado, es tu mente. Por eso es que un cristiano ve a Cristo, un judío nunca puede ver a un Cristo, y un hindú, ¡imposible siquiera pensar en él! Un hindú ve a Krishna, tiene sus propios parámetros de imaginación, objetos de imaginación. Un jaina nunca puede ver a Krishna, Mahavira vendrá en sus visiones. ¿Qué está sucediendo? Tu mente está imaginando, puedes jugar con la imaginación. Esto es auto-hipnótico y es muy agradable. Es muy agradable, tú has creado a Cristo en ti. Te sientes muy feliz, pero esa felicidad es como la de un sueño agradable. En la mañana te sientes muy feliz porque tuviste un sueño agradable. Pero aún si es agradable, es sólo un sueño y es inútil.

¿Por qué se pierde a Jesús? Cuando está presente, él mismo dice: "Ustedes no miran al ser viviente". Y después cuando está muerto, millones de gente cierra sus ojos y lo ven y lo gozan, la misma gente que lo crucificó cuando estaba aquí en el cuerpo. La misma gente continúa imaginando y pensando porque la imaginación no es un fuego, es un consuelo. Te consuela pensar: "He visto a Cristo".

La gente viene a verme y dice: "He visto a Cristo", y me mira esperando que diga: "Sí, lo has visto". Entonces se irían muy contentos, niños jugando con juguetes. Y si digo: "Esto es tontería ¡deja tu imaginación!", se sienten muy infelices, nunca regresan a verme. ¿Para qué ir donde un hombre como él, que destruye, que destruye tus sueños?

A Cristo, cuando estuvo vivo, lo perdiste; ¿cómo puedes encontrarlo cuando no está presente en el cuerpo? Pero de nuevo el mismo fenómeno vuelve a existir: ahora los cristianos hablan sobre Jesús en la misma forma en que hablaban sobre los veinticuatro profetas antes de Jesús. Ahora él está muerto. Ahora hablas sobre el muerto y te pierdes al que está vivo.

Le sucedió una vez a un monje Zen: Vino un cristiano trayéndole la Biblia y le dijo: "Me gustaría leerte algunas frases de Jesús". Y el monje adonde había ido era un Maestro viviente.

El Maestro se rió y dijo: "Muy bien".

Así que leyó unas cuantas líneas del Sermón de la Montaña. Después de dos o tres líneas el Maestro dijo: "Bien, el hombre que dijo estas palabras era un iluminado". El hombre estaba muy feliz porque Cristo había sido reconocido, y quería seguir leyendo más. Continuó leyendo. El Maestro dijo: "Sí, muy bien. Quien sea que haya dicho estas palabras es un iluminado".

El cristiano le agradeció al Maestro, se regresó completamente feliz de que Jesús había sido reconocido por un budista, pero lo perdió completamente, porque este monje era un Cristo. Y el Maestro lo había intentado dos o tres veces: dos o tres veces había dicho: "¡Muy bien!". El estaba diciendo: "Mantén tu libro cerrado. ¡Suficiente! Ya lo he probado, digo que sí, que este hombre era un iluminado".

Si este hombre realmente hubiera estado interesado en la verdad, al oír esto habría mirado al Maestro, porque habría querido saber: "¿Quién está diciendo que el hombre que pronunció estas palabras era un iluminado?". Habría tirado el libro. "¿Para qué preocuparse de los muertos? ¡Mira a este hombre!". Pero él continuó con su libro. Debe haber ido donde otros cristianos y debe haberles dicho: "Jesús fue realmente un iluminado. Fui donde un budista. Es muy difícil que un budista reconozca a Jesús. Este hombre es muy grande, lo reconoció".

Buscas reconocimiento para los muertos del que está vivo. Recuerda esto, porque tú puedes estar haciendo lo mismo.

sábado, 8 de agosto de 2026

SEAMOS SEMILLAS

 

Jesús dijo: "He echado fuego sobre el mundo..."

¿Por qué está diciendo esto, si los antiguos profetas habían dicho que traería paz, paz eterna?

El dice: "¡No! He echado fuego sobre el mundo, y vean, aguardo hasta que el mundo esté en llamas completamente. No he traído paz alguna".

El contradice sólo para ver si los discípulos aceptan o no lo que está diciendo; para ver su reacción contradice. En realidad no está contradiciendo, porque la paz puede llegar sólo después del fuego.

Cuando el mundo esté en llamas, y lo viejo se haya quemado y haya muerto, sólo entonces lo nuevo podrá surgir. Lo nuevo siempre es cuando lo viejo ha muerto. Lo viejo debe dejar de existir para que lo nuevo exista, lo muerto debe desaparecer para que lo vivo aparezca. Lo conocido debe irse, debe dar espacio para que lo desconocido entre.

El no está contradiciendo, no puede contradecir; no hay posibilidad, porque los profetas realmente estuvieron hablando sobre él, pero él contradice a sus discípulos. Entonces muchos deben de haberlo dejado: "Porque lo viejo dice que él traería paz, y este hombre dice: 'He traído fuego', es justo lo opuesto. Ya estamos con demasiado fuego, ¿para qué traer más fuego? Ya estamos ardiendo, el mundo ya está en llamas, en desgracia, ansiedad y angustia. ¿Para qué traer más fuego? Necesitamos paz".

Pero recuerda, la paz no puede llegar en el estado en que estás, la paz no puede existir para ti. No es cuestión de la paz, es cuestión de ti: tal como estás, todo te perturbará; como estás, crearás angustia a tu alrededor. La angustia no es un accidente que te ocurre, es un crecimiento. Tal como las hojas brotan en los árboles, la ansiedad sale de ti, es parte tuya. Puedes cortar las hojas, pero eso no ayudará, eso será tan solo una poda; y en vez de una hoja, cuatro hojas brotarán, habrá más ansiedad. A menos que te quemes completamente, a menos que tú ya no seas, la ansiedad surgirá.

Los hindúes, particularmente Patanjali, han usado dos palabras para esta transformación: una es sabeej samadhi, trasformación con semilla; y la otra es nirbeej samadhi, transformación sin semilla. La primera no es nada, sabeej samadhi no es nada porque la semilla continúa, germinará otra vez y otra vez y otra vez; la semilla no ha sido quemada. Aún llevas la semilla; ahora no hay árbol, pero el árbol volverá a venir, porque la semilla está dentro de ti. Puedes haberte reprimido totalmente y el árbol ha desaparecido y te has vuelto una semilla.

El árbol es sólo el despliegue de la semilla. Lo que seas no es la cuestión, el tipo de semilla que lleves dentro de ti. Lo que eres es sólo un despliegue de la semilla. Puedes continuar cambiando las ramas y podando aquí y allá, pero esas sólo serán modificaciones; puedes decorarte a ti mismo, pero no cambiarás. Y puedes decorar tu infierno pero no podrá convertirse en cielo.

Patanjali usa otra palabra, nirbeej samadhi. El dice que a menos que se logre el samadhi sin semilla, nada se habrá logrado, a no ser que la semilla sea quemada completamente, para que toda la miseria, toda la angustia y toda la ansiedad desaparezca porque la matriz ha sido quemada.

sábado, 1 de agosto de 2026

LOS CRITERIOS EN LAS RELIGIONES

 

Jesús les dijo: "Ustedes han descartado al ser viviente. Yo estoy aquí y ustedes hablan sobre los profetas, los muertos".

"Ustedes han descartado al ser viviente quien está ante ustedes, y han hablado de los muertos".

Esto está sucediendo continuamente. Si digo algo, y eres hindú y lo que digo está escrito en tu Gita, mueves la cabeza y dices: "Sí, está bien". Ustedes no me están aceptando a mí, han rechazado al ser viviente; no mueven la cabeza como signo de aceptación a mí, lo hacen a su hinduismo, a su Gita. Dices: "Sí, debe tener razón porque está escrito en el Gita". Si digo algo que esté contra el Gita, no moverán la cabeza en aceptación, dirán: "Debe estar errado porque no está escrito en el Gita". Si miras al ser viviente, entonces si digo algo que esté en contra del Gita, el Gita estará errado, no yo. Si digo algo que esté escrito en el Gita, el Gita estará correcto porque yo lo digo así.

Pero éste no es el caso. Si eres judío y digo algo... inmediatamente tu mente judía se perturba. Los judíos han estado perturbados a través de todas estas charlas. Están aquí, muchos están aquí, y están perturbados: me han escrito largas cartas -cartas de treinta páginas- diciendo que esto no es así. No entiendes a los judíos. Si digo algo que va contra la mente judía, inmediatamente soy rechazado, no la mente judía. Si digo algo que esté de acuerdo, me aceptas, pero eso no es aceptación, simplemente te estás engañando a ti mismo. Si estoy de acuerdo con tu mente, entonces me aceptas. Tu mente continúa siendo el centro.

Esto es lo que Jesús está diciendo: "Ustedes han descartado al ser viviente. ¡Mírame, estoy aquí! El sol ha salido y ustedes están hablando de la noche, a pesar de que ya alguien había dicho que pronto saldría el sol, pero no están mirando al sol: 'Pronto habrá una mañana y habrá una aurora, y la oscuridad desaparecerá'. Ustedes aún están hablando sobre aquellos que vivían en la oscuridad. Y están hablando sobre mí, ¡y yo estoy aquí, y no me están mirando a mí!". ¡Muy difícil estar alerta! Cuando se hiere el hindú, o el judío o el cristiano, recuerda que no es él el que se hiere, es sólo su condicionamiento, pon el condicionamiento a un lado.

Observa cuán similares son los discípulos y los enemigos. No son muy diferentes, no hay una diferencia básica. Los judíos le dijeron a Jesús: "Tú no eres el que había sido prometido por siempre y siempre, porque esos veinticuatro profetas han dado algunos signos para reconocer. Y tú no eres aquél, porque tenemos un criterio de los muertos para reconocer al ser viviente". Los judíos dijeron: "No podemos creerte. Pruébalo, porque estos son los signos: resucita a un muerto, ¡resucítalo! Y Jesús ni siquiera pudo salvarse a sí mismo de la cruz, así que ¿qué va a hacer? ¿Cómo puede resucitar a alguien que esté muerto? No pudo escapar de su propia muerte. En la cruz quedó probado que él no era el prometido".

¿Qué es lo que han estado haciendo los discípulos? Han estado creyendo que curaba a los enfermos, que resucitaba a los muertos, que no murió en la cruz, y que después de tres días de su muerte fue visto por algunas personas.

Pero ambos dependen de los muertos. El criterio proviene de los muertos, como si Jesús fuera un seguidor, seguidor de los veinticuatro profetas muertos que dieron los criterios, como si no le permitieran ser espontáneo. Si dices que nunca hizo ningún milagro, los judíos estarán felices. Dirán: "Sí, eso es lo que hemos estado diciendo". Y los cristianos se sentirán infelices, porque una vez que se demuestre que no hizo ningún milagro, entonces ya no más es Cristo.

¿Cristo no es suficiente por sí mismo? Tal como es, ¿no es una luz? Tal como es, ¿no es la verdad? Tal como es, ¿no ha traído una gracia, una gracia desconocida a este mundo? No, tú tienes cierto criterio, él debe estar de acuerdo a tu criterio. Si está de acuerdo, o si piensas que está de acuerdo, entonces está bien. Si no está de acuerdo a tu criterio, o si piensas que no está de acuerdo, entonces no es la persona verdadera. Parecen ser iguales: ambos están viviendo con los muertos, los discípulos y los enemigos. Nadie está mirando directamente a lo inmediato, al fenómeno que es Jesús.

sábado, 25 de julio de 2026

ACEPTAR AL MUNDO COMO ES


 Los discípulos dijeron a Jesús: "¿Cuándo llegará el reposo de los muertos, y cuándo vendrá el nuevo mundo?".

Los judíos han estado esperando por siglos el día en que los muertos resuciten, el día en que un nuevo orden en el mundo traiga paz y bienaventuranza; que un orden divino nazca. Este mundo es feo; tal como está, es como una pesadilla, y la única manera de soportarlo es esperar que algún día ya no sea así, que la pesadilla termine; que algún día este mundo feo desaparezca y un nuevo mundo de belleza, verdad y bondad nazca. Este es un truco de la mente: esto es embriagante, te da esperanzas, y la esperanza es la bebida más alcohólica, nada se le puede comparar. Si tienes esperanzas permanecerás ebrio por siempre y siempre. Esto te da la posibilidad de esperar: "Este mundo no es el definitivo, esta fealdad no es, la definitiva, esta vida no es vida real. La vida real va a venir". Esto es lo que un hombre irreligioso pensará.

Un hombre religioso acepta lo que es, no espera que suceda alguna otra cosa; acepta este mundo tal cual es, esta vida tal cual es. Tiene una profunda aceptación: está agradecido aún por esto, no va quejándose. No dice: "Esto es feo y esto es malo y esto es una pesadilla". Dice: "Lo que es, es bello, lo acepto". Y sólo a través de esta aceptación el nace, llega a ser un hombre nuevo, y para él hay un mundo nuevo. Esta es la forma de entrar al nuevo mundo. Si sólo esperas que algún día vaya a cambiar este mundo, nunca cambiará, siempre ha estado así. Desde que Adán y Eva dejaron el Jardín del Edén ha permanecido así.

Hay un proverbio chino: "El progreso es la palabra más antigua". Siempre la mente humana ha estado pensando que estamos progresando. No estamos yendo a ninguna parte, el mundo ha permanecido igual. Los detalles pueden cambiar, pero la sustancia permanece igual; es de nuevo y de nuevo una rueda, se mueve en el mismo riel.

Un hombre religioso es el que acepta este momento -cualquiera que sea el caso- y a través de esa aceptación él nace de nuevo, el muerto ha resucitado. Este es un renacimiento. Y cuando tus ojos son diferentes todo el mundo es diferente, porque no es que el mundo sea el caso, sino la manera en que lo miras... La forma en que enfocas el caso, la manera en que tomas el caso, tu actitud es tu mundo. Este mundo es neutro: a un Buda le parece la belleza suprema y éxtasis; a ti te parece un infierno, el último, el séptimo, nada puede ser peor que esto. Depende de cómo lo mires.

Cuando tú renaces, todo renace contigo: los árboles serán los mismos, pero sin embargo, no serán los mismos; las montañas serán las mismas, pero sin embargo, no serán las mismas, porque tú has cambiado. Y tú eres el centro del mundo, y cuando el centro cambia, la periferia tiene que seguirlo porque el mundo es tan solo una sombra a tu alrededor. Si tú cambias, la sombra cambia. Y aquellos que están pensando y esperando que algún día la sombra cambie, son tontos.

Los judíos están esperando, tal como todos esperan, que vendrá un día cuando el mundo renacerá y los muertos resucitarán; entonces habrá paz, paz eterna y vida. Así que le preguntaron a Jesús:

"¿Cuándo llegará el reposo de los muertos, y cuándo vendrá el nuevo mundo?".

Estás preguntando sobre el futuro, y es así como pierdes a Jesús.

No preguntes a Jesús sobre el futuro, porque para un Jesús el futuro no existe, toda la eternidad es presente para él. Y para un Jesús no existe la esperanza, porque la esperanza es un sueño. Para un Jesús, sólo existe la verdad, no la esperanza. La esperanza es un engaño, la esperanza es embriagante; da a tus ojos tal ebriedad, que a causa de esa ebriedad miras que el mundo y que todo es diferente. Para Jesús sólo existe la verdad, la verdad de los hechos -la existencia desnuda- no tiene esperanzas sobre eso. No es que tenga desesperanza, recuerda, la desesperanza es parte de la esperanza.

Si tienes esperanza para el futuro, la desesperanza la seguirá en el pasado. La desesperanza es una sombra de la esperanza: si tienes esperanzas, estarás frustrado. Cuanto más esperanzas, más frustrado estarás, porque la esperanza crea un sueño y después no es satisfecho. Jesús no tiene desesperanzas, ni frustraciones. Nunca espera nada, así que todo le da plenitud; nunca espera, así que todo es como debería ser; nunca sueña, así que no hay fracaso. Nada puede fracasar si no estás tras el éxito, y nada puede frustrar si no estás mirando al futuro. ¡No! No hay desgracia si no hay sueños.

domingo, 19 de julio de 2026

NO QUEREMOS VER

 


Los discípulos dijeron a Jesús:

"¿Cuándo llegará el reposo de los muertos, y cuándo vendrá el nuevo mundo?".

El les dijo:

"Lo que esperan ya ha venido, pero ustedes no lo saben".

Sus discípulos le dijeron:

"Veinticuatro profetas hablaron en Israel y todos hablaron de ti".

El les dijo:

"Ustedes han descartado al ser viviente quien está ante ustedes, y han hablado de los muertos".

Jesús dijo:

"He echado fuego sobre el mundo, y vean, aguardo hasta que el mundo esté en llamas".

Ha sucedido una y otra vez: Jesús viene, pero no lo reconoces; Buda viene, pero no lo reconoces. ¿Por qué sucede esto? Y después por siglos y siglos piensas en Jesús y en Buda. Entonces se crean las religiones, entonces se crean grandes organizaciones en nombre de aquél a quien nunca reconociste cuando estuvo aquí. ¿Por qué ignoras a un Cristo viviente? Esto tiene que ser entendido, porque debe ser algo con raíces profundas en la mente, en la propia naturaleza de la mente. No es un error individual, no es un error cometido por este hombre o aquél. Por milenios ha sido cometido por la mente humana.

La mente debe ser penetrada y entendida. Una cosa: la mente no tiene presente, sólo tiene pasado y futuro. El presente es tan estrecho que la mente no puede cogerlo. El momento en que la mente lo coge, ya se ha vuelto pasado. Así que la mente puede recordar el pasado, puede desear el futuro, pero no puede ver el presente. El pasado es vasto, el futuro también es vasto; el presente es tan atómico, tan sutil, que en el momento en que te haces consciente ya se ha ido. Y tú no estás tan consciente.

Una gran intensidad de consciencia es necesaria, sólo entonces serás capaz de ver el presente. Tienes que estar totalmente alerta; si no estás totalmente alerta, el presente no puede ser visto. Ya estás ebrio con el pasado o con el futuro.

Sucedió el otro día, Mulla Nasruddin vino a verme. Llamó a un taxi, entró en él y dijo: "Chofer, lléveme al ashram de Osho".

El chofer salió del carro muy molesto porque el taxi estaba parado frente a Koregaon Park Nº 17. Abrió la puerta y le dijo a Mulla Nasruddin: "Oiga, ya llegamos al ashram. ¡Bájese!".

Nasruddin dijo: "Muy bien, ¡pero no maneje tan rápido la próxima vez!".

La mente está ebria. No puede ver el presente, lo que está ante ti. La mente está llena de sueños, de deseos. No tienes presencia. Por eso es que Jesús no es percibido, Buda no es percibido, Krishna no es percibido, y entonces por siglos lloras y gritas, entonces por siglos te sientes culpable. Por siglos piensas, rezas, imaginas, y cuando Jesús está aquí, no lo percibes. Jesús puede ser encontrado sólo si logras una presencia de la mente, una presencia que no tenga pasado, que no tenga futuro, sólo esa presencia puede penetrar en el presente. Y entonces el presente es eterno. Pero la eternidad es en profundidad, no es un movimiento lineal, no es horizontal, es vertical.

Lo segundo a recordar: puedes entender el pasado, porque para entender cualquier cosa necesitas tiempo para pensar, para teorizar, para filosofar, para sistematizar, para argumentar. Entonces intelectualmente puedes clasificar las cosas, pero cuando un Jesús está presente no puedes pensar, no tienes tiempo para pensar. La mente necesita tiempo para pensar. Anda a tientas en la oscuridad. De algún modo crea un tipo de entendimiento que no es en nada entendimiento. Si tienes entendimiento, entonces podrás ver directamente el hecho y la verdad del hecho te es revelada. Si no tienes entendimiento, tienes que pensar.

Si eres ciego, entonces hay mucha necesidad de pensar. El pensar es un sustituto, esconde tu ceguera. Un hombre que puede ver directamente nunca piensa: Jesús no es un pensador, Aristóteles es un pensador, Buda no es un pensador, Hegel es un pensador. Un hombre que es iluminado nunca piensa, simplemente mira, él tiene los ojos para mirar. Y la propia mirada revela dónde está el camino, dónde está la puerta, dónde está la entrada, y entonces él va.

Cuando Jesús está presente la puerta está abierta, pero tú estás ciego. Es muy posible que aun le preguntes al mismo Jesús: "¿Dónde está la puerta? ¿Dónde está la entrada? ¿Dónde tengo que ir?".

Hay una pintura famosa de William Hunt. Cuando fue exhibida por primer vez en Londres, los críticos hicieron una objeción. La pintura era sobre Jesús, una de las más bellas: Jesús está de pie en una puerta. La puerta está cerrada y parece haber permanecido cerrada por siempre y siempre, porque ha crecido musgo cerca a ella; nadie la ha abierto, parece que por siglos. Se le ve muy antigua, descuidada, y Jesús está parado en la puerta, y hay un aviso que dice: "Heme aquí, ¡de pie en la puerta! Y hay una aldaba para tocar la puerta, Jesús tiene su mano puesta en la aldaba.

La pintura es hermosa, pero los críticos siempre buscan algún error, todas sus mentes van a donde falte algo. Encontraron un error: la aldaba esta ahí en la puerta, pero no hay tirador en la puerta. Así que le dijeron a Hunt: "La puerta está bien, Jesús está bien, pero te ha fallado algo: no hay tirador en la puerta".

Hunt se rió y dijo: "Esta puerta se abre hacia adentro" y Jesús está de pie en la puerta del hombre, en su corazón. No puede abrir hacia afuera, así que no necesita un tirador, sólo hay una aldaba para tocar. Se abre hacia adentro, la puerta del corazón.

Jesús viene y toca a tu puerta, pero tú comienzas a pensar. No abres la puerta, mas bien al contrario, puedes asustarte y la asegurarás más: "¿Quién sabe qué tipo de hombre está de pie afuera? Parece un vagabundo. ¿Y quién sabe qué va a hacer una vez que le abras la puerta?". Una vez que le abres tu corazón te haces vulnerable; entonces ya no estás tan seguro. Y este hombre parece absolutamente extraño. No puedes confiar. Por eso es que cuando Jesús viene a tu puerta te lo pierdes.

sábado, 11 de julio de 2026

LA CEGUERA HUMANA

 


Los discípulos le dijeron a Jesús:

"¿Cuándo llegará el reposo de los muertos,

y cuándo vendrá el nuevo mundo?".

El les dijo:

"Lo que esperan ya ha venido,

pero ustedes no lo saben".

Sus discípulos le dijeron:

"Veinticuatro profetas hablaron en Israel

y todos hablaron de ti".

El les dijo:

"Ustedes han descartado al ser viviente

quien está ante ustedes, y han hablado de los muertos".

Jesús dijo:

"He echado fuego sobre el mundo,

y vean, aguardo hasta que el mundo esté en llamas".

Ha sucedido una y otra vez: Jesús viene, pero no lo reconoces; Buda viene, pero no lo reconoces. ¿Por qué sucede esto? Y después por siglos y siglos piensas en Jesús y en Buda. Entonces se crean las religiones, entonces se crean grandes organizaciones en nombre de aquél a quien nunca reconociste cuando estuvo aquí. ¿Por qué ignoras a un Cristo viviente? Esto tiene que ser entendido, porque debe ser algo con raíces profundas en la mente, en la propia naturaleza de la mente. No es un error individual, no es un error cometido por este hombre o aquél. Por milenios ha sido cometido por la mente humana.

La mente debe ser penetrada y entendida. Una cosa: la mente no tiene presente, sólo tiene pasado y futuro. El presente es tan estrecho que la mente no puede cogerlo. El momento en que la mente lo coge, ya se ha vuelto pasado. Así que la mente puede recordar el pasado, puede desear el futuro, pero no puede ver el presente. El pasado es vasto, el futuro también es vasto; el presente es tan atómico, tan sutil, que en el momento en que te haces consciente ya se ha ido. Y tú no estás tan consciente.

Una gran intensidad de consciencia es necesaria, sólo entonces serás capaz de ver el presente. Tienes que estar totalmente alerta; si no estás totalmente alerta, el presente no puede ser visto. Ya estás ebrio con el pasado o con el futuro.

Sucedió el otro día, Mulla Nasruddin vino a verme. Llamó a un taxi, entró en él y dijo: "Chofer, lléveme al ashram de Osho".

El chofer salió del carro muy molesto porque el taxi estaba parado frente a Koregaon Park Nº 17. Abrió la puerta y le dijo a Mulla Nasruddin: "Oiga, ya llegamos al ashram. ¡Bájese!".

Nasruddin dijo: "Muy bien, ¡pero no maneje tan rápido la próxima vez!".

La mente está ebria. No puede ver el presente, lo que está ante ti. La mente está llena de sueños, de deseos. No tienes presencia. Por eso es que Jesús no es percibido, Buda no es percibido, Krishna no es percibido, y entonces por siglos lloras y gritas, entonces por siglos te sientes culpable. Por siglos piensas, rezas, imaginas, y cuando Jesús está aquí, no lo percibes. Jesús puede ser encontrado sólo si logras una presencia de la mente, una presencia que no tenga pasado, que no tenga futuro, sólo esa presencia puede penetrar en el presente. Y entonces el presente es eterno. Pero la eternidad es en profundidad, no es un movimiento lineal, no es horizontal, es vertical.

Lo segundo a recordar: puedes entender el pasado, porque para entender cualquier cosa necesitas tiempo para pensar, para teorizar, para filosofar, para sistematizar, para argumentar. Entonces intelectualmente puedes clasificar las cosas, pero cuando un Jesús está presente no puedes pensar, no tienes tiempo para pensar. La mente necesita tiempo para pensar. Anda a tientas en la oscuridad. De algún modo crea un tipo de entendimiento que no es en nada entendimiento. Si tienes entendimiento, entonces podrás ver directamente el hecho y la verdad del hecho te es revelada. Si no tienes entendimiento, tienes que pensar.

Si eres ciego, entonces hay mucha necesidad de pensar. El pensar es un sustituto, esconde tu ceguera. Un hombre que puede ver directamente nunca piensa: Jesús no es un pensador, Aristóteles es un pensador, Buda no es un pensador, Hegel es un pensador. Un hombre que es iluminado nunca piensa, simplemente mira, él tiene los ojos para mirar. Y la propia mirada revela dónde está el camino, dónde está la puerta, dónde está la entrada, y entonces él va.

Cuando Jesús está presente la puerta está abierta, pero tú estás ciego. Es muy posible que aun le preguntes al mismo Jesús: "¿Dónde está la puerta? ¿Dónde está la entrada? ¿Dónde tengo que ir?".

Hay una pintura famosa de William Hunt. Cuando fue exhibida por primer vez en Londres, los críticos hicieron una objeción. La pintura era sobre Jesús, una de las más bellas: Jesús está de pie en una puerta. La puerta está cerrada y parece haber permanecido cerrada por siempre y siempre, porque ha crecido musgo cerca a ella; nadie la ha abierto, parece que por siglos. Se le ve muy antigua, descuidada, y Jesús está parado en la puerta, y hay un aviso que dice: "Heme aquí, ¡de pie en la puerta! Y hay una aldaba para tocar la puerta, Jesús tiene su mano puesta en la aldaba.

La pintura es hermosa, pero los críticos siempre buscan algún error, todas sus mentes van a donde falte algo. Encontraron un error: la aldaba esta ahí en la puerta, pero no hay tirador en la puerta. Así que le dijeron a Hunt: "La puerta está bien, Jesús está bien, pero te ha fallado algo: no hay tirador en la puerta".

Hunt se rió y dijo: "Esta puerta se abre hacia adentro" y Jesús está de pie en la puerta del hombre, en su corazón. No puede abrir hacia afuera, así que no necesita un tirador, sólo hay una aldaba para tocar. Se abre hacia adentro, la puerta del corazón.

Jesús viene y toca a tu puerta, pero tú comienzas a pensar. No abres la puerta, mas bien al contrario, puedes asustarte y la asegurarás más: "¿Quién sabe qué tipo de hombre está de pie afuera? Parece un vagabundo. ¿Y quién sabe qué va a hacer una vez que le abras la puerta?". Una vez que le abres tu corazón te haces vulnerable; entonces ya no estás tan seguro. Y este hombre parece absolutamente extraño. No puedes confiar. Por eso es que cuando Jesús viene a tu puerta te lo pierdes.

sábado, 4 de julio de 2026

ABANDONAR LA MENTE


Leí un aviso en la ventana de un restaurante, estaba escrito en el vidrio de la ventana: "No te quedes parado ahí afuera luciendo desgraciado, ¡entra y come hasta empacharte!". Si estás parado afuera, eres desgraciado; si entras y te empachas te vuelves desgraciado.

La mente es la desgracia. "Adentro" y "afuera" no será de ayuda, cien años, mil años, no ayudarán; una vida, muchas vidas, no ayudarán, a menos que te hagas consciente de que la propia mente que estás llevando, la mente de un comerciante, es la barrera. Abandona la mente, y el sannyas sucede.

Y Jesús dijo: "Comerciantes y mercaderes no entrarán a los lugares de mi padre".

Se los perderán por sí mismos ¡no es que las puertas no estén abiertas! Se los perderán por sí mismos ¡no es que la invitación no haya sido dada! La invitación está eternamente dada; es una invitación permanente, por siempre y por siempre. Y el mensajero viene todos los días: Jesús es un mensajero, pero los judíos lo rechazaron. Buda es un mensajero, los hindúes lo rechazaron. Los mensajeros vienen todos los días, tocan a sus puertas, pero ustedes dicen: "Estamos ocupados".

Sucedió durante la vida de Buda: Había pasado por un pueblo muchas, muchas veces, casi treinta veces. Y un hombre había estado pensando en ir y escucharlo, pero siempre había algo: su esposa estaba enferma o estaba encinta, o había mucha gente invitada en la casa, o había algún problema de negocios o alguna otra cosa. Buda venía y se iba, pero el hombre no podía ir a verlo.

En treinta años, treinta veces pasó Buda por el pueblo. Y entonces una mañana, el hombre iba a abrir su tienda, de pronto escuchó que Buda iba a morir ese día. Entonces se hizo consciente de que se lo había estado perdiendo, pero ahora era demasiado tarde. Corrió -Buda estaba a diez o quince millas- llegó por la noche.

Buda ya se había retirado... Había preguntado a sus discípulos si tenían algo que preguntar...

Pero ellos estaban llorando y gritando y decían: "Ya has dicho suficiente y nosotros ni siquiera hemos entendido eso. No tenemos nada que preguntar".

Buda preguntó por tres veces, como era siempre su costumbre de preguntar por tres veces, porque decía: "Ustedes son sordos, pueden no oír por muchas veces". Solía decir cada frase tres veces para que la puedan escuchar. Después fue detrás del árbol; se sentó descansadamente, cerró sus ojos, y comenzó a disolverse en el universo.

Entonces llegó este hombre, corriendo, sudando, y dijo: "¿Dónde está Buda? Tengo que preguntarle algo. Y he esperado por mucho tiempo".

El discípulo dijo: "Llegaste demasiado tarde. Buda pasó por tu pueblo y sabemos que él siempre preguntaba por ti, pero tú nunca viniste. Treinta veces pasó por tu pueblo. Siempre estuvo cerca a tu casa; el pueblo era pequeño, con tan sólo una caminata de un minuto habrías llegado donde él. Y él siempre preguntaba si ese comerciante había venido o no, y teníamos que decirle que no. Y a veces, aun los bhikkhus iban donde ti a preguntarte, y tú decías: 'En esta vez es imposible porque es la temporada; en esta época es imposible, mi esposa está encinta; en este momento es imposible, porque tengo invitados en mi casa'. Y ahora has venido, pero es demasiado tarde".

Y es una de las historias más compasivas: Buda salió de su meditación, y dijo: "Puede haber errado, pero mi invitación continúa. Puede haber llegado tarde, pero aún estoy vivo. Así que déjalo preguntar. Estuve esperándolo, estuve retrasando mi disolución, porque estaba esperando que ahora, al escuchar que iba a morir, podría venir".

¡Abandona tu mente de comerciante! Porque ya has perdido a muchos Budas antes, puedes perderlo otra vez y otra vez. Y se vuelve una rutina para ti el perderlo, te acostumbras. Jesús está en lo cierto:

"Comerciantes y mercaderes no entrarán a los lugares de mi padre".

Ese reino no es para ellos, porque ellos no están interesados en ese reino en absoluto, su interés es por el reino de este mundo. Sus ojos están enfocados, miran hacia abajo, miran a lo material, al mundo. A causa de su mirada focalizada, no pueden mirar hacia arriba. Entonces la invitación no los toca, la escuchan, pero se disculpan.

Has escogido lo no esencial, y has rechazado lo esencial. Has escogido lo sin valor, has escogido aquello que intrínsecamente va a morir, y has rechazado lo inmortal. Has escogido el cuerpo y has rechazado lo interno, el interior, la consciencia. Irás en la dirección de aquello que escojas.

Presta atención a eso. Mira toda la situación, y no comiences a pensar en los otros, que: "Ese hombre es un comerciante". Obsérvate a ti mismo, porque de cien casos, noventa y nueve son comerciantes. Hay todas las posibilidades de que tú seas un comerciante. No creas que eres la excepción, porque esa excepción siempre es totalmente diferente. Esa excepción ya ha entrado, ya está cenando con Dios.

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