Los discípulos le dijeron a Jesús:
"¿Cuándo llegará el reposo de los muertos,
y cuándo vendrá el nuevo mundo?".
El les dijo:
"Lo que esperan ya ha venido,
pero ustedes no lo saben".
Sus discípulos le dijeron:
"Veinticuatro profetas hablaron en Israel
y todos hablaron de ti".
El les dijo:
"Ustedes han descartado al ser viviente
quien está ante ustedes, y han hablado de los muertos".
Jesús dijo:
"He echado fuego sobre el mundo,
y vean, aguardo hasta que el mundo esté en llamas".
Ha sucedido una y otra vez: Jesús viene, pero no lo reconoces; Buda viene, pero no lo reconoces. ¿Por qué sucede esto? Y después por siglos y siglos piensas en Jesús y en Buda. Entonces se crean las religiones, entonces se crean grandes organizaciones en nombre de aquél a quien nunca reconociste cuando estuvo aquí. ¿Por qué ignoras a un Cristo viviente? Esto tiene que ser entendido, porque debe ser algo con raíces profundas en la mente, en la propia naturaleza de la mente. No es un error individual, no es un error cometido por este hombre o aquél. Por milenios ha sido cometido por la mente humana.
La mente debe ser penetrada y entendida. Una cosa: la mente no tiene presente, sólo tiene pasado y futuro. El presente es tan estrecho que la mente no puede cogerlo. El momento en que la mente lo coge, ya se ha vuelto pasado. Así que la mente puede recordar el pasado, puede desear el futuro, pero no puede ver el presente. El pasado es vasto, el futuro también es vasto; el presente es tan atómico, tan sutil, que en el momento en que te haces consciente ya se ha ido. Y tú no estás tan consciente.
Una gran intensidad de consciencia es necesaria, sólo entonces serás capaz de ver el presente. Tienes que estar totalmente alerta; si no estás totalmente alerta, el presente no puede ser visto. Ya estás ebrio con el pasado o con el futuro.
Sucedió el otro día, Mulla Nasruddin vino a verme. Llamó a un taxi, entró en él y dijo: "Chofer, lléveme al ashram de Osho".
El chofer salió del carro muy molesto porque el taxi estaba parado frente a Koregaon Park Nº 17. Abrió la puerta y le dijo a Mulla Nasruddin: "Oiga, ya llegamos al ashram. ¡Bájese!".
Nasruddin dijo: "Muy bien, ¡pero no maneje tan rápido la próxima vez!".
La mente está ebria. No puede ver el presente, lo que está ante ti. La mente está llena de sueños, de deseos. No tienes presencia. Por eso es que Jesús no es percibido, Buda no es percibido, Krishna no es percibido, y entonces por siglos lloras y gritas, entonces por siglos te sientes culpable. Por siglos piensas, rezas, imaginas, y cuando Jesús está aquí, no lo percibes. Jesús puede ser encontrado sólo si logras una presencia de la mente, una presencia que no tenga pasado, que no tenga futuro, sólo esa presencia puede penetrar en el presente. Y entonces el presente es eterno. Pero la eternidad es en profundidad, no es un movimiento lineal, no es horizontal, es vertical.
Lo segundo a recordar: puedes entender el pasado, porque para entender cualquier cosa necesitas tiempo para pensar, para teorizar, para filosofar, para sistematizar, para argumentar. Entonces intelectualmente puedes clasificar las cosas, pero cuando un Jesús está presente no puedes pensar, no tienes tiempo para pensar. La mente necesita tiempo para pensar. Anda a tientas en la oscuridad. De algún modo crea un tipo de entendimiento que no es en nada entendimiento. Si tienes entendimiento, entonces podrás ver directamente el hecho y la verdad del hecho te es revelada. Si no tienes entendimiento, tienes que pensar.
Si eres ciego, entonces hay mucha necesidad de pensar. El pensar es un sustituto, esconde tu ceguera. Un hombre que puede ver directamente nunca piensa: Jesús no es un pensador, Aristóteles es un pensador, Buda no es un pensador, Hegel es un pensador. Un hombre que es iluminado nunca piensa, simplemente mira, él tiene los ojos para mirar. Y la propia mirada revela dónde está el camino, dónde está la puerta, dónde está la entrada, y entonces él va.
Cuando Jesús está presente la puerta está abierta, pero tú estás ciego. Es muy posible que aun le preguntes al mismo Jesús: "¿Dónde está la puerta? ¿Dónde está la entrada? ¿Dónde tengo que ir?".
Hay una pintura famosa de William Hunt. Cuando fue exhibida por primer vez en Londres, los críticos hicieron una objeción. La pintura era sobre Jesús, una de las más bellas: Jesús está de pie en una puerta. La puerta está cerrada y parece haber permanecido cerrada por siempre y siempre, porque ha crecido musgo cerca a ella; nadie la ha abierto, parece que por siglos. Se le ve muy antigua, descuidada, y Jesús está parado en la puerta, y hay un aviso que dice: "Heme aquí, ¡de pie en la puerta! Y hay una aldaba para tocar la puerta, Jesús tiene su mano puesta en la aldaba.
La pintura es hermosa, pero los críticos siempre buscan algún error, todas sus mentes van a donde falte algo. Encontraron un error: la aldaba esta ahí en la puerta, pero no hay tirador en la puerta. Así que le dijeron a Hunt: "La puerta está bien, Jesús está bien, pero te ha fallado algo: no hay tirador en la puerta".
Hunt se rió y dijo: "Esta puerta se abre hacia adentro" y Jesús está de pie en la puerta del hombre, en su corazón. No puede abrir hacia afuera, así que no necesita un tirador, sólo hay una aldaba para tocar. Se abre hacia adentro, la puerta del corazón.
Jesús viene y toca a tu puerta, pero tú comienzas a pensar. No abres la puerta, mas bien al contrario, puedes asustarte y la asegurarás más: "¿Quién sabe qué tipo de hombre está de pie afuera? Parece un vagabundo. ¿Y quién sabe qué va a hacer una vez que le abras la puerta?". Una vez que le abres tu corazón te haces vulnerable; entonces ya no estás tan seguro. Y este hombre parece absolutamente extraño. No puedes confiar. Por eso es que cuando Jesús viene a tu puerta te lo pierdes.

No hay comentarios:
Publicar un comentario