sábado, 27 de noviembre de 2010

EL ORIGEN DE LA VIOLENCIA

Cuando Lao Tse estaba a punto de morir, alguien le pidió que revelase algunos secretos de su vida. Lao Tse dijo:

¡El primer secreto es que nadie me ha vencido en toda mi vida!

Cuando los discípulos oyeron esto, se emocionaron mucho. Le dijeron:

-¡Nunca nos habías dicho esto! Nosotros también queremos vencer. Te rogamos que nos enseñes el modo de conseguirlo.

-Os habéis equivocado –respondió Lao Tse- Habéis oído otra cosa. Yo he dicho que nadie ha podido vencerme nunca, y vosotros decís que también vosotros queréis vencer. Las dos cosas son completamente opuestas, aunque parece que significan lo mismo. En el diccionario, en el mundo del lenguaje, tienen un mismo significado: la persona que no ha conocido la derrota es victoriosa. Yo sólo he dicho que nadie ha podido vencerme, y vosotros habláis de vencer. ¡Fuera de aquí! Jamás comprenderéis mis palabras.

Los discípulos le suplicaron:

-Aun así, te rogamos que nos lo expliques. Enséñanos cómo hacerlo. ¿Cómo es que nunca te han vencido?

Lao Tse dijo:

-Nadie me ha vencido porque yo siempre estaba vencido. No hay manera de vencer a un hombre vencido. Yo nunca fui vencido nunca quise la victoria. En realidad, nadie fue capaz de luchar conmigo. Si alguien pretendía desafiarme, ya me encontraba vencido, y no podría darse el gusto de vencerme. Lo que produce alegría es vencer al que quiere ser vencedor. ¿Qué gusto puede dar vencer al que ni siquiera quiere ganar?

En realidad, destruir el ego de otra persona nos produce placer porque así reforzamos el nuestro. Pero si un hombre ya se ha dado por vencido, ¿qué gusto puede dar destruir a esa persona? Nuestro ego no se emocionaría en absoluto. Cuanto más conseguimos derribar el ego del otro se convierte en la fuerza del nuestro. Pero el ego de esta persona de la que hablamos ya está derribado.

También dice Jesús: “Yo os digo que los últimos serán los primeros”. ¿Qué quiere decir esto?

Por ejemplo, Jesús dice: “Si alguien os da una bofetada en la mejilla derecha, presentadle la izquierda”. Esto significa que no le hagáis tomarse siquiera la molestia de buscaros la otra mejilla: hacedlo vosotros. Jesús dice: “Si alguien viene a vencerte, déjate vencer. Si te derriba una vez, cae tú dos veces”. Y Jesús dice: “Si un hombre te quita el manto, dale también tu camisa”. ¿Por qué? Porque es posible que al hombre le dé vergüenza quitarte también la camisa. Y Jesús dice: “Si alguien te pide que lleves a cuestas su carga una milla, al final de la milla ofrécete a llevarla más lejos”.

¿Qué significa esto? Significa que aceptando totalmente las circunstancias de la vida, tales como la inseguridad, el fracaso, la derrota y, al final, la muerte, las vencemos a todas. De lo contrario, estas circunstancias no nos conducen a ninguna parte, salvo a la muerte. En último extremo, la muerte es nuestra derrota total. Aun tras las derrotas mayores sobrevivimos; a pesar de estar derrotados, seguimos existiendo. Pero la muerte nos aniquila por completo.

La muerte es la derrota final, y todos queremos huir de ella. Y recordad también que la persona que intenta huir de su propia muerte procurará producir la muerte a otros. Cuanto más consigue matar a otros, más vivo se sentirá él. Por eso, la causa de toda la violencia del mundo es completamente diferente de la que suele creer la gente. La causa de esta violencia no son las diferencias de ideas de las personas; no, no es nada de esto.

En lo más hondo, esto es rehuir la muerte. En lo más hondo, la persona violenta huye de la muerte. Y el que quiere salvarse a sí mismo de la muerte nunca puede ser no violento. Sólo el que declara: “Acepto la muerte, pues la muerte es una de las circunstancias de la vida, es una realidad”, puede ser una persona no violenta.

sábado, 20 de noviembre de 2010

EL AMOR Y LA FELICIDAD

No estoy en contra del amor, estoy completamente a favor de él, pero para dirigirse a una relación amorosa uno debería tener cierta madurez, cierta integración. Cuando eso ocurre el amor puede ser realmente maravilloso y te ayudará a crecer, de lo contrario se volverá algo castrante y te destruirá completamente.

El amor, tal como en nuestros días se lo lleva, está destruyendo a millones de personas. Se destruyen más personas en nombre del amor que en nombre de la guerra. Nunca somos conscientes de ello, porque en los periódicos nunca se habla de eso, pero en nombre del amor hay mucha fealdad, muchos celos, mucha ira y lucha continua.

Pero es inevitable que sea así, porque las personas que se dirigen al amor todavía no se lo merecen. Antes de entra al santuario del amor tienes que merecerlo. Solo serás merecedor suyo si tu llama está estabilizada y se ha vuelto silenciosa.

Lo que quiero decir con esto es que una vez que eres capaz de estar completamente solo y no tienes necesidad de dirigirte al amor, el amor es maravilloso. Cuando no hay necesidad, no hay obsesión, entonces no hay dependencia, por lo tanto, cuando te dirijas al amor, será un compartir. Quieres compartir porque tienes mucho y quieres compartirlo con alguien con quien te sientas en sintonía.

Pero si te diriges al amor para buscar felicidad, te equivocas, en ese caso lo único que te dará es infelicidad. Si te diriges al amor para compartir la felicidad, el amor será realmente maravilloso, será la mejor experiencia que exista. ¿Puedes ver realmente la diferencia? Si vas a buscar felicidad, solo encontrarás infelicidad, porque ya eres infeliz. El hombre infeliz que busca el amor se dirigirá se dirigirá a una infelicidad mayor, y la otra persona se encuentra también en la misma situación. La otra persona también está buscando a alguien, porque está buscando la felicidad. Ambos son infelices y al buscar la felicidad se encuentran. ¡Qué absurdo! La infelicidad no solo que se duplicará sino que se multiplicará.

Así que primero se feliz y dichoso y después dirígete a buscar el amor. El amor depende de la dicha, ya que ella no es consecuencia del amor, al contrario, el amor es una consecuencia de la dicha. Eso es lo que quería decir Jesús cuando dijo que Dios es amor. Puedes darle la vuelta y decir que el amor es Dios.

El amor es Dios, pero ese amor tiene una característica diferente de lo que denominamos normalmente amor.

Así que primero prepárate, merécelo, y llénate de dicha; después dirígete en busca del amor.

sábado, 13 de noviembre de 2010

LA SUPERSTICIÓN (II PARTE)

Suponed que en un pueblo un hombre es poseído por un espíritu. Las personas cultas dirán que es una superstición. Supongamos que las personas sin cultura son supersticiosas: ya las hemos tachado de supersticiosas porque estas personas sencillas, como son incultas, son incapaces de presentar ningún argumento que apoye su creencia. Así, todas las personas cultas del pueblo sostienen que el cuento de que este hombre está poseído por un espíritu es falso; pero no saben que en una universidad como la de Harvard, en los Estados Unidos, hay un departamento en que se llevan a cabo investigaciones sobre los espíritus y los fantasmas. El departamento ha publicado incluso fotografías de estos seres. No tienen ni idea de que en la actualidad algunos científicos muy respetados realizan serias investigaciones sobre los fantasmas y los espíritus, y han obtenido tales resultados que más tarde o más temprano llegarán a darse cuenta de que eran ellos, los hombres cultos, los que eran supersticiosos, y de que si bien aquellos a los que llamaban supersticiosos no sabían nada de aquello en lo que creían, lo que decían era verdad.

Si leéis a Ryon o a Oliver Lodge, os sorprenderéis, Oliver Lodge fue un científico que recibió el premio Nobel. A lo largo de toda su vida hizo investigaciones sobre los fantasmas y los espíritus. Antes de morir dejó escrito un documento en el que decía: “Todas las verdades de la ciencia que he descubierto no son, ni mucho menos, tan verdaderas como los fantasmas y los espíritus. Pero no tenemos conocimiento de ellos porque los supersticiosos cultos no se preocupan de enterarse de los descubrimientos que se producen en el mundo.”

Yo estoy en contra de la superstición por completo: deben suprimirse las supersticiones de todo tipo. Pero esto no significa que esta supresión sea una superstición mía. No significa que debamos ponernos a suprimirlas sin comprenderlas claramente, que debamos empeñarnos en romperlas sin una reflexión adecuada. Tal supresión arbitraria también se convertiría en supersticiosa.

Lo que quiero decir es que no hay manera de determinar lo que es supersticioso y lo que no lo es. En realidad, una misma cosa puede ser una superstición en ciertas circunstancias y puede ser científica en circunstancias diferentes. Una cosa que puede parecer científica en ciertas circunstancias puede parecer acientífica en un conjunto diferente de circunstancias.

La vida es tan misteriosa que no podemos afirmar nada de una manera tan definitiva. Lo único que podemos decir es: “De momento conocemos hasta aquí, y a la luz de estos conocimientos parece que tal y tal cosa es errónea.” Eso es todo. Mantener una superstición produce agrado, y también produce agrado quebrantarla. Lo agradable de mantener una superstición es que nos ahorra el trabajo de pensar: creemos lo que creen todos los demás. Ni siquiera queremos preguntarnos la explicación ni por qué es así. ¿Por qué molestarnos? Nos limitamos a seguir a la multitud. Tener supersticiones es cómodo.

Hay que implantar la tendencia a pensar racionalmente, y hay que suprimir la tendencia a creer irreflexivamente. Esto nos llevará a ver contextos diferentes, significados diferentes. De esta forma, emprenderemos una búsqueda intensiva; pensaremos y razonaremos. Así, consideraremos todas las posibilidades.

La mentalidad científica no será muy partidaria de la superstición, pero la superstición seguirá existiendo mientras el hombre esté satisfecho con su ceguera. Si el hombre no está preparado para abrir los ojos, entonces deberá existir la ceguera.

Así pues, no os preocupéis demasiado de romper las cadenas de la superstición, pues si la persona que lleva la cadena sigue siendo la misma, se forjarán otras. No es capaz de vivir sin cadenas. Las personas de este tipo crearán cadenas nuevas.

En realidad, la persona inteligente nunca se aferra a nada; ni siquiera a ninguna creencia, ni mucho menos a una superstición. Vive inteligentemente; no se agarra a nada. Nunca crea ninguna cadena, porque sabe que la vida en libertad produce una alegría inmensa. No os creéis vosotros ninguna cadena.

Me gustaría deciros: confiad en lo que buscáis, no en lo que pedís a otros. No alcanzaréis la divinidad pidiendo a otros, sino conociendo. Tampoco os creáis nunca lo que dicen los demás.

sábado, 6 de noviembre de 2010

LA SUPERSTICIÓN (I PARTE)

Es preciso comprender dos cosas en este sentido. La primera es que si algo se toma como superstición sin estudiarlo e investigarlo debidamente, ello equivale a crear una superstición todavía mayor: es muestra de una mentalidad altamente supersticiosa. Una persona cree que hay fantasmas y espíritus malignos y vosotros la llamáis supersticiosa, y eso os hace sentiros muy entendidos. Pero la pregunta es: ¿qué es la superstición? Si alguien cree que hay fantasmas y espíritus malignos sin investigarlo, eso es superstición; y si otra persona cree que no existen tales cosas, también eso es superstición. La superstición es creer algo sin saber si es cierto. Una persona no es supersticiosa por el mero hecho de que tenga creencias opuestas a las vuestras.

El que cree en Dios puede ser tan crédulo como el no creyente. Debemos comprender la definición de superstición. Significa creer ciegamente en algo sin comprobarlo. Algunos son unos supersticiosos ateos; otros son unos teístas supersticiosos: ambos caen en la fe ciega. Los primeros nunca se han preocupado de descubrir si es verdad que Dios existe: se han limitado a creerlo así; y los segundos tampoco han procurado descubrir si es verdad que Dios existe antes de creerlo así. Por lo tanto, no cometáis el error de creer que sólo los teístas son supersticiosos: los ateos también tienen sus propias supersticiones. Parece contradictorio: ¿cómo puede existir una superstición científica?

Si habéis estudiado geometría, debéis conocer la definición de Euclides que dice que la línea tiene longitud pero no tiene grosor. Y bien, ¿acaso puede haber algo más supersticioso que esto? Nunca ha existido una línea sin grosor. A los niños se les enseña que el punto no tiene ni longitud ni grosor; y hasta el más grande de los científicos parte del supuesto de que el punto no tiene longitud ni grosor. ¿Puede existir un punto sin longitud ni grosor? Todos estamos acostumbrados a usar las cifras del uno al nueve. Bien podríamos preguntarnos: ¿es que esto no es una superstición? ¿Por qué nueve cifras? Ningún científico puede explicar por qué se usan nueve cifras. ¿Por qué no siete? ¿Qué tiene de malo el siete? ¿Por qué no tres? Algunos matemáticos (Leibniz fue uno de ellos) se las arreglaron con sólo tres cifras. Leibniz dijo: al uno, dos, tres, les sigue el diez, once, doce, trece; después viene el veinte, veintiuno, veintidós, veintitrés. Así era su sistema de numeración; se manejaba muy bien con él, y desafió a los que no estaban de acuerdo con él a que demostrasen que estaba equivocado. Puso en tela de juicio la necesidad de nueve cifras.

Más tarde, Einstein dijo que tampoco eran necesarias siquiera tres cifras y que bastaba con dos; sería difícil arreglárselas con solo una cifra, pero dos son suficientes. La necesidad de nueve cifras en las matemáticas es una superstición científica. Pero el matemático tampoco está dispuesto a renunciar a ella. Dice: “¿Cómo podemos trabajar con menos de nueve cifras?”. Así pues, esto no es más que una creencia; no tiene más significado que esto.

Desde un punto de vista científico creemos que son verdades, centenares de cosas que, en realidad, son supersticiones. Los científicos también son supersticiosos, y en nuestros tiempos se están disipando las supersticiones religiosas mientras aumentan las supersticiones científicas. La diferencia entre las dos consiste, simplemente, en que si preguntáis a una persona religiosa cómo llegó a conocer la existencia de Dios, os dirá que está escrito en el Gita o en la Biblia, mientras que si le preguntáis cómo llegó a saber que la aritmética funciona con nueve cifras, os dirá que está escrito en el libro de tal o cual matemático.

¿Qué diferencia hay entre las dos? Las respuestas de cierto tipo se encuentran en el Gita, la Biblia, el Corán; las respuestas de otro tipo se encuentran en un libro de matemáticas. ¿Qué diferencia hay? Esto demuestra que tenemos que comprender lo que es realmente la superstición. La superstición es aquello en lo que creemos sin tener un conocimiento de ello. Aceptamos muchas cosas y rechazamos muchas cosas sin saber nada de ellas: también esto es supersticioso.

sábado, 30 de octubre de 2010

LA VERDAD Y LA FALSEDAD DE LA MUERTE

Cuando digo que no hay verdad mayor que la muerte, estoy haciéndoos ver que el fenómeno de la muerte es una realidad enorme en esta vida, en lo que llamamos “vida” y en lo que entendemos por “vida”; en términos de nuestra personalidad, que consiste en lo que yo describo como “el yo”. Esta personalidad morirá; lo que llamamos “vida” morirá también. La muerte es inevitable. Sin duda, vosotros moriréis y yo moriré, y esta vida también se destruirá, quedará reducida a polvo, borrada.

Cuando digo que no hay verdad mayor que la muerte, quiero recordaros el hecho de que todos vamos a morir. Y cuando digo que la muerte es completamente falsa, quiero recordaros que dentro de este “yo”, dentro de “vosotros”, hay alguien que no morirá nunca. Y también hay una vida que es diferente de lo que vosotros creéis que es la vida: una vida sin muerte. Ambas cosas son verdaderas: son verdaderas a la vez. Si suponéis que sólo una de ellas es verdadera, no seréis capaces de comprender toda la verdad.

Si alguien dice que la sombra es una realidad, que la oscuridad es una realidad, tiene razón. La oscuridad existe, y también existe la sombra. Y si otra persona dice que la oscuridad no existe, también tiene razón. Lo que dice es que la oscuridad no tiene una existencia positiva. Si os pido que me traigáis un par de sacos de oscuridad no seríais capaces de hacerlo. Una habitación está llena de oscuridad; pero si os piden que saquéis de ella la oscuridad, no seréis capaces de hacerlo. O si yo os digo: “Si allí hay oscuridad, haced el favor de traérmela”, no podréis hacerlo. ¿Por qué? Porque la oscuridad tiene una existencia negativa; la oscuridad es, simplemente, la ausencia de luz.

Aunque la oscuridad existe, sin embargo no es más que la ausencia de luz. Así pues, si alguien dijera que no hay oscuridad, tiene razón. Existe la presencia de luz y existe la ausencia de luz, pero no existe la oscuridad como tal. Por esta razón podemos hacer lo que queramos con la luz, pero con la oscuridad no podemos hacer nada. Si queréis eliminar la oscuridad, tendréis que encender la luz; si queréis producir oscuridad, tendréis que apagar la luz. No se puede hacer nada directamente con la oscuridad.

Vais corriendo por una carretera. Vuestra sombra aparece detrás de vosotros; corre también con vosotros. Todos pueden ver la sombra; nadie puede negar su existencia. Pero también puede decirse que no hay sombra, porque no tiene entidad propia. La sombra existe porque vuestro cuerpo detiene la luz del sol. Cuando vuestro cuerpo detiene la luz, se forma una sombra; cuando tenéis el sol sobre la cabeza, no se forma sombra, porque los rayos del sol no se detienen. Si hiciéramos una figura humana de vidrio, no aparecería ninguna sombra, porque los rayos atravesarían el cristal.

Cuando se bloquea la luz, se forma una sombra; la sombra no es más que una ausencia de luz. Por tanto, si una persona dice que la sombra existe, no se equivoca. Pero ésta es una verdad a medias. Debería añadir, además, que la sombra no existe. En tal caso la verdad queda completa. Esto significa que una sombra es algo que existe pero, a la vez, no existe. Pero con nuestra manera de pensar no somos capaces de ver nada si no lo dividimos en dos partes independientes.

La vida es tan complicada que hasta las cosas que parecen contradictorias resultan verdaderas. La vida es muy compleja. La vida no es como creemos: contiene muchas contradicciones; es muy vasta.

En cierto sentido, la muerte es la mayor de las verdades, pues el modo en que vivimos tendrá fin; moriremos, dejando de ser como somos, y el marco que hemos creado también será destruido. Aquellos a los que consideramos como todo nuestro mundo (nuestra esposa o marido, nuestro hijo, nuestro padre, nuestro amigo) morirán también. Pero, al mismo tiempo, la muerte es una falsedad, porque hay algo que reside dentro del hijo que no es el hijo, y que no morirá nunca. Hay algo que reside dentro del padre que no es el padre, y que no morirá nunca. El padre morirá, por supuesto, pero dentro de él hay algo más que el padre, más allá de la relación familiar, que no muere.

El cuerpo morirá, pero hay algo dentro del cuerpo que no muere nunca. Ambas cosas son verdaderas a la vez. Así pues, es preciso tener presentes ambas cosas para comprender la naturaleza de la muerte.

sábado, 23 de octubre de 2010

LAS FALSAS ENFERMEDADES

La mayoría de nuestras enfermedades son sólo un engaño. Casi un cincuenta por ciento de nuestras enfermedades son falsas. La causa de que en el mundo haya más enfermos no es que aumenten las enfermedades, sino que aumenta la falsedad del hombre. Procurad entender bien esto. Al aumentar los conocimientos y las condiciones económicas, debería descender el número de enfermedades. Pero esto no ha sucedido, pues ha seguido aumentando la capacidad del hombre para mentir. El hombre no sólo miente a los demás, sino que también se miente a sí mismo. También crea nuevas enfermedades.

Por ejemplo, si un hombre ha sufrido grandes quebrantos en los negocios y está al borde de la quiebra, quizás no quiera aceptar que está en quiebra, y por ello puede tener miedo de ir al mercado: sabe que tendrá que enfrentarse con sus acreedores. De pronto, descubre que lo ha dominado una enfermedad que lo obliga a guardar cama. Es una enfermedad creada por su mente. Su ventaja es doble. Ahora puede decir a los demás que su enfermedad le impide atender a su negocio (ya se ha convencido a sí mismo de ello, y ahora puede convencer también a los demás), y ahora esta enfermedad es incurable. Inicialmente, esta enfermedad no es tal enfermedad, pero cuanto más tratamientos recibe el hombre, más enfermo se pondrá.

Si la medicina no consigue curaros, sabed bien que vuestra enfermedad no es curable por medio de la medicación. La causa de la enfermedad se encuentra en alguna otra parte; no tiene nada que ver con la medicación. Podéis maldecir a la medicina y decir que los médicos son unos estúpidos porque no encuentran el tratamiento adecuado para vosotros; podéis probar la medicina ayurvédica o la naturopatía; podéis recurrir a la alopatía o a la homeopatía: nada dará resultado. Ningún médico puede serviros de nada, por la sencilla razón de que un médico sólo puede tratar una enfermedad verdadera; no puede controlar una enfermedad falsa. Y lo más interesante es que vosotros os afanáis en producir enfermedades como éstas y que queréis que perduren.

Más de un cincuenta por ciento de las enfermedades femeninas son falsas. Muchas mujeres han aprendido desde su infancia una fórmula: sólo reciben amor cuando están enfermas, y no de otro modo. Cuando la esposa está enferma, el marido no va a su trabajo, toma una silla y se sienta junto a la cama de ella. Quizás se esté maldiciendo a sí mismo por hacerlo, pero lo hace. Así, siempre que una mujer quiere recibir atenciones de su marido, cae enferma enseguida. Por eso nos encontramos que las mujeres están enfermas casi siempre. Saben que, estando enfermas, pueden dominar a toda la casa.

Una madre no debe prestar demasiada atención a su hijo cuando éste cae enfermo; de lo contrario, el niño caerá enfermo siempre que quiera que le presten atención. Cuando el niño cae enfermo, no os preocupéis tanto por él para que no se establezca en su mente ninguna asociación entre enfermedad y amor. El niño no debe captar la impresión de que siempre que caiga enfermo su madre lo acariciará y le contará cuentos. Por el contrario, la madre debe mimar al hijo cuando éste esté feliz, para que el amor se asocie a la alegría y a la felicidad.

Hemos asociado el amor a la desgracia, y eso es muy peligroso, porque significa que, siempre que alguien necesite amor, llamará a la desgracia para que pueda venir después el amor. Pero nunca se encuentra al amor por la enfermedad. Recordadlo: la enfermedad produce lástima, no amor, y ser objeto de lástima es insultante, es muy degradante. El amor es una cosa completamente diferente. Pero no tenemos conciencia del amor.

Lo que quiero decir es que el cuerpo sigue nuestras sugerencias: si queremos estar enfermos, el pobre cuerpo cae enfermo. El hipnotismo es útil para curar estas enfermedades. Lo que quiere decir esto es que las enfermedades falsas se curan con medicinas falsas, no con la medicina verdadera. Si podemos hacernos creer a nosotros mismos que estamos enfermos, también podemos hacernos creer a nosotros mismos que estamos sanos y librarnos de la enfermedad. Hoy día, en casi todos los hospitales de los países desarrollados tienen en su plantilla un experto en hipnotismo. En Occidente, el médico trabaja en equipo con el experto en hipnotismo, pues existe una serie de enfermedades ante las cuales el médico es completamente impotente, y que sólo puede tratar un experto en hipnotismo. Éste sume al paciente en un sueño hipnótico y le sugiere que se siente bien.

El hipnotismo es muy útil para estas enfermedades. El hipnotismo significa simplemente que la falsedad que hemos creado a nuestro alrededor puede ser neutralizada por otra falsedad.

sábado, 16 de octubre de 2010

LA REENCARNACION DEL ALMA

Algunas almas, a algunos seres, les resulta difícil, en efecto, tomar un cuerpo nuevo inmediatamente después de la muerte. Esto tiene una causa, y quizás no se os haya ocurrido cuál es esta causa. Podemos dividir a todas las almas en tres categorías. Una es la inferior: la de las personas con la conciencia del tipo más bajo; otra es el tipo más alto de todos, la conciencia muy superior y más pura; y la tercera es la de la gente intermedia, que tienen algo de cada una de las dos primeras.

A los seres más bajos les resulta difícil tomar un cuerpo nuevo, tanto como a los seres superiores. Los intermedios no se retrasan en absoluto: alcanzan un cuerpo nuevo en cuanto dejan el anterior. El motivo es que siempre hay un vientre disponible para las almas medianas.

Muchas almas superiores no pueden entrar en vientres corrientes: necesitan vientres extraordinarios. El alma superior necesita la unión de una pareja con un nivel excepcional elevado de conciencia, para que esté disponible el nivel más elevado de posibilidades para el nacimiento. Así pues, un alma elevada tiene que esperar el vientre adecuado. Del mismo modo, los seres inferiores también tienen que esperar, porque tampoco pueden encontrar fácilmente a una pareja: no les resulta fácil encontrar un vientre de tipo inferior. De esta forma, los tipos más elevados y los inferiores no nacen con facilidad.

Las almas inferiores, las que no han encontrado todavía un cuerpo, están muy atormentadas, mientras que las almas superiores son felices sin cuerpos. Debéis tener presente esta diferencia. Las almas superiores siempre consideran el cuerpo como una especie de atadura de un tipo u otro: quieren mantenerse tan ligeros que prefieren, incluso, no cargar con el peso de un cuerpo. Y, en último extremo, quieren librarse del cuerpo, pues les parece que el cuerpo no es más que una prisión. Llegan a sentir que el cuerpo les obliga a hacer ciertas cosas que no merecen la pena; por eso, sus almas no están muy apegadas al cuerpo. Las almas inferiores no son capaces de vivir ni un momento sin el cuerpo: sus intereses y su felicidad están atados al cuerpo.

Suele suceder (y también sucede con las almas malvadas) que se produce una cadena de nacimientos de almas buenas. Al mismo tiempo que el Buda y Mahavira nació Sócrates en Grecia, seguido al poco tiempo por Platón y Aristóteles. Hacia la misma época nacieron en China Confucio, Lao Tse, Chuang Tse y Mencio (Meng Tse). Aproximadamente en la misma época nacieron en partes diferentes del mundo unas personas increíbles. Todo el mundo estaba lleno de personas fascinantes. Parece que las almas de esas personas llevaban algún tiempo esperando, y que les surgió por entonces una oportunidad; aparecieron vientres disponibles para ellas.

A las almas medianas, no les resulta difícil nacer: en todas partes hay vientres dispuestos a recibir a tales almas. Por otra parte, sus exigencias son muy corrientes. Tienen los mismos anhelos: comer, beber, ganar dinero, disfrutar del sexo, aspirar a la honra y a la posición social: anhelos corrientes. Todo el mundo ansía estas cosas; por eso, el alma no tiene problemas para encontrar un vientre. Todos los futuros padres pueden brindar a cualquier alma la oportunidad de conseguir todas estas cosas corrientes.

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