sábado, 26 de septiembre de 2026

MIRARSE HACIA ADENTRO

 


"Si hacen brotar aquello dentro de ustedes, aquello que tienen los salvará. Si no tienen aquello dentro de ustedes, aquello que no tienen los matará".

Pero tú no has mirado en absoluto dentro de ti, ni siquiera has dado un solo vistazo. Así que cualquier cosa que tengas te va a destruir, no podrá salvarte. Puedes tener riqueza, puedes tener poder, puedes tener muchas cosas de este mundo, pero nada va a salvarte. Al contrario, ese peso del mundo te va a ahogar. Has acumulado mucho peso, y eso es lo que ya te está ahogando, tu bote ya está medio hundido. Tampoco puedes abandonar el bote, porque todas tus posesiones están ahí, tienes que llevarlas hasta la otra orilla. Pero las posesiones pertenecen a esta orilla, y no pueden ir a la otra orilla. Nadie jamás ha sido capaz de llevar nada de este mundo al otro mundo.

Cuando mueres, ¿cómo puedes llevar algo de este mundo al otro? Cuando mueres abandonas el cuerpo. Todo lo que se puede llevar, sólo puede ser llevado a través del cuerpo, y todo lo que posees es poseído a través del cuerpo. Cuando se deja el cuerpo, ese medio, el mismo vehículo se abandona. Entonces no puedes llevar nada de este mundo, es imposible. Por eso es que mucha gente astuta piensa: "No acumules objetos del mundo, tan solo acumula conocimiento, porque el conocimiento puede ser llevado". Recuerda bien: El conocimiento tampoco puede ser llevado porque cuando se deja el cuerpo, se deja el cerebro, y el cerebro es el acumulador del conocimiento.

Tu cerebro es el computador en el cual se acumula el conocimiento, la información. También está afuera: si se le saca el cerebro a Einstein, será un idiota común, porque sin el cerebro el conocimiento desaparece. Pero si se le saca el cerebro a Jesús, no habrá ninguna diferencia. Permanecerá siendo el mismo, porque Jesús acumula consciencia, no conocimiento.

Así que hay tres tipos de gente: la orientada hacia lo más externo, ellos coleccionan cosas, pero aquellas cosas no podrán ser llevadas a la otra orilla. Luego el segundo tipo, la que no está tan orientada hacia afuera, pero aún así está hacia afuera, ellos coleccionan conocimientos, escrituras, teorías, filosofías. Son más listos pero de todas maneras estúpidos, porque los conocimientos son acumulados en el cerebro y el cerebro es parte del cuerpo -la parte más interna, pero de todas maneras es parte del cuerpo. Y cuando se deja el cuerpo, también se deja el cerebro. Luego está el tercer tipo, el que acumula consciencia, que cultiva consciencia, cuya meta de toda su vida es ser más y más consciente.

Esta consciencia es tu ser más interno. Sólo esta consciencia llega a la otra orilla, sólo esta consciencia pertenece a la otra orilla. En este cuerpo existen ambos mundos: éste y aquél, el de materia y el de consciencia. Y entre estos dos mundos existe un eslabón. Ese eslabón es tu conocimiento. ¡Abandona las cosas y abandona el conocimiento! Simplemente crece más y más en consciencia, vuélvete más y más alerta. Cuanto más alerta seas, más llevarás de este mundo al otro; no irás como un pobre, irás enriquecido. En este mundo puedes parecer pobre, como un Buda, como un mendigo, un bhikkhu, pero en el otro mundo serás como un rey, porque sólo te llevarás a ti mismo.

sábado, 19 de septiembre de 2026

DEJAR QUE LA SEMILLA MUERA

 

Escuché que sucedió una vez: Un rey estaba confundido porque tenía tres hijos, y todos eran inteligentes, fuertes, talentosos, y era difícil decidir a quién el padre debería dar el reino, quién debería ser el sucesor. Y el rey envejecía día a día. Era difícil decidir porque todos eran iguales en todas formas; eran igualmente talentosos. Así que le pidió consejo a un sabio. El sabio sugirió, planeó y le dijo al rey: "Haz un peregrinaje". De acuerdo al sabio, el rey llamó a sus tres hijos y les dio ciertas semillas de unas flores muy hermosas, y les dijo: "Conserven estas semillas tan cuidadosamente como les sea posible. Porque todas su vidas dependen de ellas. Cuando yo regrese tendrán que darme un reporte de lo que les sucedió a las semillas". Y el rey se fue.

El primer hijo, el mayor, pensó, era el mayor, era más experimentado en los quehaceres del mundo, más astuto y más calculador, pensó que la mejor manera sería guardar las semillas en una caja de seguridad, porque cuando el padre regrese preguntará por las semillas. "Exactamente como me las ha dado, se las devolveré. Y mucho depende, según parece, en esto". Así que tomó mucho cuidado para encontrar la mejor de todas las cajas de seguridad. Guardó con llave las semillas y mantuvo las llaves consigo las veinticuatro horas del día, porque toda su vida podía depender de las semillas.

El segundo hijo pensó que las semillas tenían que ser preservadas: "Pero si las encierro como mi hermano mayor, puede suceder que en la caja de fierro se pudran, y mi padre podrá decir: 'Estas no son las semillas que te di. Se han podrido, se han vuelto inservibles', así que ¿qué hacer?". Fue al mercado y vendió las semillas que eran de flores exóticas y pensó: "Esta es la mejor manera: venderlas, guardar el dinero, y cuando mi padre regrese, comprar las semillas de nuevo, y ¿quién sabrá la diferencia? Las semillas son semillas. Las semillas nuevas se las podré dar a mi padre, estarán frescas, con vida. ¿Para qué preocuparse de estas semillas viejas? Y nadie sabe cuándo regresará mi padre ‑un año, dos años, tres años‑ no ha dado ninguna fecha, así que puede tomar muchos años. No necesito preocuparme por las semillas". Las vendió y guardó el dinero.

El tercer hijo pensó: "Me han dado semillas, debe haber algún significado en esto". Era el más joven, el menos entrenado en los quehaceres del mundo, un poco tonto, inocente. Pensó: "La función de las semillas es crecer. La misma palabra 'semilla' quiere decir crecer, la misma palabra; no es una meta, es un puente. La propia palabra quiere decir llegar hacia algo.

Una semilla en sí misma no tiene ningún significado a menos que crezca, a menos que llegue a ser algo. Una semilla es tan sólo una fase pasajera, no es la meta. No es el estado final, es tan sólo como un puente por el cual tienes que pasar". Así que se fue al jardín y plantó las semillas.

Después de un año regresó el padre y le preguntó a sus hijos. El primer hijo estaba muy contento porque pensó: "El menor las ha destruido. ¿Cómo podrá devolver las semillas, las mismas semillas? ¿Cómo podrá devolverlas? Ahora se han vuelto plantas y están floreciendo. Y el segundo también ha fallado porque ha vendido las semillas y ahora ha comprado unas nuevas. Fue al mercado y compró unas semillas nuevas".

El segundo hijo pensó: "El primero fallará porque sus semillas ya se habrán podrido, estarán inútiles, muertas, y el tercero ya ha fallado porque las semillas no fueron preservadas ‑exactamente, literalmente‑ y no las ha preservado. ¡Yo voy a ganar!".

Pero el tercero nunca pensó en ganar, no estaba interesado en victoria alguna. Simplemente estaba interesado en una cosa: "Mi padre dijo que preserve las semillas. Y las semillas son una fase, no una meta. La única manera de preservarlas es permitirlas crecer. Y ahora las flores han brotado y pronto las semillas saldrán en millones". Y estaba feliz de que su padre estaría feliz.

Después vino el padre y le dijo al primer hijo: "Eres estúpido. Las semillas no son para guardarlas en cajas de seguridad, no son para preservarlas en bancos, porque si guardas una semilla la matas. Una semilla sólo puede ser preservada si se le permite morir en la tierra y renacer".

Le dijo al segundo hijo: "Actuaste mejor que el primero, porque entendiste que las semillas viejas morirían. Pero la cantidad permanece la misma. Y una semilla, si se siembra, se multiplica un millón de veces; si una semilla es sembrada, se multiplica un millón de veces. Actuaste mejor que el primero pero también has errado".

Y luego le preguntó al tercer hijo, quien llevó al padre al jardín y le dijo: "No las he guardado en la caja de seguridad, no las he vendido en el mercado, las he tirado en la tierra. Estas son las semillas, pero ahora se han convertido en plantas, y las plantas están floreciendo, y pronto habrán muchas semillas. Si quieres semillas, te devolveré un millón de veces más".

El padre dijo: "¡Tú has ganado! Tú serás el rey de este reino, porque la única manera de conservar la semilla es permitirle que muera de tal forma que renazca".

sábado, 12 de septiembre de 2026

EL HOMBRE Y SU BÚSQUEDA

 

La búsqueda es por la omnipotencia, omnisciencia, omnipresencia. Recuerda estas tres palabras. Ellas se derivan de la raíz sánscrita AUM. En sánscrito, AUM es el símbolo de todo el universo. Lleva los tres sonidos básicos: A‑U‑M. A través de estos tres sonidos básicos, todos los demás sonidos han sido desarrollados. Así que AUM es el sonido básico, la síntesis de todas las raíces básicas. Por eso es que los hindúes han estado diciendo que AUM es el mantra secreto, el mantra más grande, porque involucra a toda la existencia.

Las tres palabras en inglés, omnipotente, omnisciente, omnipresente, son derivadas del AUM. Significa alguien que haya llegado a ser tan poderoso como el AUM, alguien que haya llegado a ser tan sabio como el AUM, alguien que haya llegado a estar tan presente como el AUM, alguien que haya llegado a ser universal, alguien que haya llegado a ser el todo. Y a menos que el todo sea logrado, no podrá haber plenitud, no podrá haber una profunda y suprema satisfacción. Permanecerás como un mendigo y continuarás mendigando de vida en vida; irás como un mendigo, no podrás ser un emperador.

Ahora, trataremos de penetrar en estas bellas palabras de Jesús. Está diciendo cosas muy extrañas.

Jesús dijo: "Si hacen brotar aquello dentro de ustedes, aquello que tienen los salvará. Si no tienen aquello dentro de ustedes, aquello que no tienen los matará".

¡Muy extraño! El dice: "Si hacen brotar aquello que ya está dentro de ustedes; si permiten que crezca, si ayudan a que se manifieste, a que se despliegue, aquello que ya está ahí, la semilla de mostaza, la semilla de lo divino, la semilla del reino de Dios ya está ahí presente, si lo ayudan, si permiten que crezca, aquello que tienen los salvará. Ustedes ya lo tienen, aquello los salvará. Pero si fallan, si no tienen aquello dentro de ustedes, aquello que no tienen los matará".

Si fallas, como les dije, la palabra "pecado" en hebreo significa fallar el blanco, si fallas en hallarte a ti mismo eres un pecador. Ya está ahí, llevas la semilla de mostaza; pero no la pones en la tierra, en la tierra apropiada, no la riegas, no te has vuelto jardinero. Llevas la semilla muerta, encerrada en la celda, no la pones en la tierra. Tienes miedo que la semilla pueda morir. El miedo es verdadero en un sentido: la semilla tendrá que morir, sólo entonces podrá nacer el árbol. Cada despliegue es una muerte y un nacimiento. El pasado tiene que morir, lo viejo tiene que morir, sólo entonces nace lo nuevo. La semilla tendrá que morir, por eso es que tienes miedo y proteges la semilla.

sábado, 5 de septiembre de 2026

PORQUÉ FRACASA EL ÉXITO

 

¿Pero por qué fracasa el éxito? Fracasa porque no estabas buscando la riqueza, no estabas buscando el poder, estabas buscando seguridad; no estabas buscando una casa, estabas buscando alguna otra cosa. Estabas buscando el hogar eterno donde ibas a permanecer. Estabas buscando un descanso eterno, estabas buscando la paz que dura por siempre, no temporal. Eso es lo que es la búsqueda: una búsqueda por el hogar. No es una búsqueda por ninguna casa externa; es una búsqueda por un estado del ser en el cual te sientes en casa. No estabas buscando riqueza, estabas buscando protección contra la muerte; estabas buscando una vida que la muerte no pueda destruir.

Esta vida va a ser destruida. En cada momento el miedo está presente. ¿Cómo puedes vivir esta vida cuando existe como si estuvieras parado al borde de un volcán? En cualquier momento la explosión, en cualquier momento puedes ser empujado a la muerte. Puedes vivir cien años, pero temblarás por cien años.

Hace tan sólo unos cuantos años, los científicos empezaron a pensar sobre este problema, porque ahora existe la posibilidad de que la vida del hombre pueda ser extendida tanto como se desee. Dentro de este siglo será posible cambiar los códigos de los cromosomas en la célula básica. Y entonces podrás cambiar la célula básica para que el cuerpo pueda vivir trescientos años, y entonces el cuerpo vivirá trescientos años. En la actualidad vives setenta años porque tu padre y tu madre vivieron casi setenta años; inconscientemente han alimentado esto en la célula... La célula lleva un código para que dentro de setenta años mueras. Si podemos cambiar el código en la célula, entonces el hombre podrá vivir tanto como quiera. Este ha sido uno de los sueños más grandes: ganarle a la muerte, prolongar la vida tanto como uno quiera.

Tan sólo hace unos años los científicos tropezaron con este hecho. Ahora puede ser realizado, dentro de este siglo llegará a ser posible. Pero un nuevo problema ha surgido: pensaron que si esto podía ser hecho, entonces todo el mundo estaría feliz y el miedo a la muerte desaparecería, la ansiedad sobre la muerte desaparecería. Pero ¡no! Cuando investigaron el problema, se dieron cuenta de que si un hombre vive setenta años, tendrá temor a la muerte por setenta años. Si vive trescientos años, tendrá temor a la muerte por trescientos años. El miedo aumentará, no disminuirá. ¿Cómo puede desaparecer el miedo? Puedes vivir tres mil años, no hay diferencia, sólo que por tres mil años estarás en el volcán, en cualquier momento podrá erupcionar y el miedo continúa.

La búsqueda es por la existencia inmortal. Y esa existencia está dentro de ti, tú estás dentro de ti. Por eso es que no puedes tocarte a ti mismo: las manos no pueden moverse hacia adentro, se mueven hacia afuera, han sido creadas para manipular el mundo externo; las piernas no pueden ir hacia adentro, no hay necesidad, no hay espacio para caminar; los ojos no pueden ver hacia adentro, no hay necesidad, porque tu ser ha creado todo este mecanismo para existir con las cosas, con las personas, con el exterior.

Adentro nada es necesario. Adentro eres perfecto. Adentro nada hay qué hacer, todo es como debe ser, ya es así.

La búsqueda es de este ser interno y ese ser interno es omnipotente. Ningún poder puede sustituirlo. Puedes llegar a ser un Napoleón o un Hitler o alguien que te imagines, pero permanecerás impotente. A menos que llegues a ser un Buda o un Jesús, no podrás llegar a ser omnipotente, no podrás ser todopoderoso. Puedes llegar a ser un Einstein o un Bertrand Russell, pero no podrás ser omnisciente. Podrás acumular tanta información como puedas, pero tu ignorancia interna permanecerá igual, a menos que llegues a ser un Jesús, un Zoroastro, entonces llegarás a ser omnisciente.

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