Escuché que sucedió una vez: Un rey estaba confundido porque tenía tres hijos, y todos eran inteligentes, fuertes, talentosos, y era difícil decidir a quién el padre debería dar el reino, quién debería ser el sucesor. Y el rey envejecía día a día. Era difícil decidir porque todos eran iguales en todas formas; eran igualmente talentosos. Así que le pidió consejo a un sabio. El sabio sugirió, planeó y le dijo al rey: "Haz un peregrinaje". De acuerdo al sabio, el rey llamó a sus tres hijos y les dio ciertas semillas de unas flores muy hermosas, y les dijo: "Conserven estas semillas tan cuidadosamente como les sea posible. Porque todas su vidas dependen de ellas. Cuando yo regrese tendrán que darme un reporte de lo que les sucedió a las semillas". Y el rey se fue.
El primer hijo, el mayor, pensó, era el mayor, era más experimentado en los quehaceres del mundo, más astuto y más calculador, pensó que la mejor manera sería guardar las semillas en una caja de seguridad, porque cuando el padre regrese preguntará por las semillas. "Exactamente como me las ha dado, se las devolveré. Y mucho depende, según parece, en esto". Así que tomó mucho cuidado para encontrar la mejor de todas las cajas de seguridad. Guardó con llave las semillas y mantuvo las llaves consigo las veinticuatro horas del día, porque toda su vida podía depender de las semillas.
El segundo hijo pensó que las semillas tenían que ser preservadas: "Pero si las encierro como mi hermano mayor, puede suceder que en la caja de fierro se pudran, y mi padre podrá decir: 'Estas no son las semillas que te di. Se han podrido, se han vuelto inservibles', así que ¿qué hacer?". Fue al mercado y vendió las semillas que eran de flores exóticas y pensó: "Esta es la mejor manera: venderlas, guardar el dinero, y cuando mi padre regrese, comprar las semillas de nuevo, y ¿quién sabrá la diferencia? Las semillas son semillas. Las semillas nuevas se las podré dar a mi padre, estarán frescas, con vida. ¿Para qué preocuparse de estas semillas viejas? Y nadie sabe cuándo regresará mi padre ‑un año, dos años, tres años‑ no ha dado ninguna fecha, así que puede tomar muchos años. No necesito preocuparme por las semillas". Las vendió y guardó el dinero.
El tercer hijo pensó: "Me han dado semillas, debe haber algún significado en esto". Era el más joven, el menos entrenado en los quehaceres del mundo, un poco tonto, inocente. Pensó: "La función de las semillas es crecer. La misma palabra 'semilla' quiere decir crecer, la misma palabra; no es una meta, es un puente. La propia palabra quiere decir llegar hacia algo.
Una semilla en sí misma no tiene ningún significado a menos que crezca, a menos que llegue a ser algo. Una semilla es tan sólo una fase pasajera, no es la meta. No es el estado final, es tan sólo como un puente por el cual tienes que pasar". Así que se fue al jardín y plantó las semillas.
Después de un año regresó el padre y le preguntó a sus hijos. El primer hijo estaba muy contento porque pensó: "El menor las ha destruido. ¿Cómo podrá devolver las semillas, las mismas semillas? ¿Cómo podrá devolverlas? Ahora se han vuelto plantas y están floreciendo. Y el segundo también ha fallado porque ha vendido las semillas y ahora ha comprado unas nuevas. Fue al mercado y compró unas semillas nuevas".
El segundo hijo pensó: "El primero fallará porque sus semillas ya se habrán podrido, estarán inútiles, muertas, y el tercero ya ha fallado porque las semillas no fueron preservadas ‑exactamente, literalmente‑ y no las ha preservado. ¡Yo voy a ganar!".
Pero el tercero nunca pensó en ganar, no estaba interesado en victoria alguna. Simplemente estaba interesado en una cosa: "Mi padre dijo que preserve las semillas. Y las semillas son una fase, no una meta. La única manera de preservarlas es permitirlas crecer. Y ahora las flores han brotado y pronto las semillas saldrán en millones". Y estaba feliz de que su padre estaría feliz.
Después vino el padre y le dijo al primer hijo: "Eres estúpido. Las semillas no son para guardarlas en cajas de seguridad, no son para preservarlas en bancos, porque si guardas una semilla la matas. Una semilla sólo puede ser preservada si se le permite morir en la tierra y renacer".
Le dijo al segundo hijo: "Actuaste mejor que el primero, porque entendiste que las semillas viejas morirían. Pero la cantidad permanece la misma. Y una semilla, si se siembra, se multiplica un millón de veces; si una semilla es sembrada, se multiplica un millón de veces. Actuaste mejor que el primero pero también has errado".
Y luego le preguntó al tercer hijo, quien llevó al padre al jardín y le dijo: "No las he guardado en la caja de seguridad, no las he vendido en el mercado, las he tirado en la tierra. Estas son las semillas, pero ahora se han convertido en plantas, y las plantas están floreciendo, y pronto habrán muchas semillas. Si quieres semillas, te devolveré un millón de veces más".
El padre dijo: "¡Tú has ganado! Tú serás el rey de este reino, porque la única manera de conservar la semilla es permitirle que muera de tal forma que renazca".

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