sábado, 17 de mayo de 2014

POLITICOS Y SACERDOTES

Los políticos y los sacerdotes, crecen entre nosotros con ansias de poder. Nosotros también tenemos la misma ansia de poder, el mismo deseo de ser más sagrados que los demás. Ellos, por sus posiciones, son los que más éxito tienen en lo que respecta a estos deseos y ambiciones.

Los políticos y sacerdotes de éxito siguen condicionando a las nuevas generaciones con las mismas ambiciones; ellos crean la sociedad, ellos cultivan su mentalidad y su condicionamiento. Ellos son responsables, y son más responsables que la gente común, porque la gente común es víctima de todo tipo de programas que les son impuestos.

El niño llega al mundo sin ninguna ambición, sin ningún deseo de poder, sin ninguna idea de ser más elevado, más santo, superior. Ciertamente no pueden ser responsable. Los que le educan -los padres, la sociedad, el sistema educativo, los políticos, los sacerdotes- todo este grupo va viciando a cada niño. Por supuesto, a su vez el niño viciará... pero es un círculo vicioso. ¿Desde dónde se puede romper?

Yo insisto en condenar a los sacerdotes y a los políticos, porque ese es el lugar desde donde el círculo se puede romper. Condenar a los niños pequeños que llegan al mundo no nos va a ser de ayuda. Condenar a las masas populares tampoco nos va a ayudar, porque ya han sido condicionadas y están siendo explotadas. Están sufriendo, son desgraciadas. Pero nada les despierta, están profundamente dormidas. El único punto donde se debe centrar nuestra condena es en los que tienen el poder, porque tienen el poder de contaminar a las generaciones futuras. Si podemos detenerles, podremos tener un nuevo ser humano.

Se que todo el mundo es responsable. Pase lo que pase, de una u otra forma, cada uno tiene su parte en ello. Pero para mí lo importante es a quién realmente debemos condenar, para que en la próxima generación de niños se pueda evitar el círculo vicioso. La humanidad ha estado dando vueltas en él durante siglos. Por eso no condeno a las masas populares, no te condeno a ti. Condeno a los que ahora están en una posición tal que si se relajan un poco en lo que respecta a sus intereses creados y miran a la miseria de la masa humana, entonces la transformación es posible: el círculo puede romperse.

Yo elijo a los políticos y a los sacerdotes a propósito. Hay muchas cosas a recordar. Los sacerdotes de todas las religiones saben perfectamente bien que no hay el Dios que ellos defienden. En este mundo, el sacerdote es el único que sabe que no hay ese Dios, pero su profesión depende de ese Dios inexistente. No puede decir la verdad porque sus intereses creados se echarían a perder: no sólo los suyos, estaría echando a perder el juego para las generaciones futuras. Sabe que los rituales sólo son falsa magia, que los mantras no tienen poder, que su teología sólo es un encubrimiento. Nadie lo sabe mejor; han estudiado las escrituras y saben que no hay pruebas de la existencia de ese Dios que han creado por ninguna parte. Interpretan las escrituras de tal manera que le ayudan en su profesión. Sigue haciendo comentarios de las antiguas escrituras, añadiéndoles más y más cosas que le ayudan en su profesión.

A medida que cambian los tiempos tiene que hacer nuevos añadidos. Por ejemplo, Manú, un pensador de hace cinco mil años, sacerdote y padre del sacerdocio, en su obra Manusmriti -las memorias del Manú que los hindúes siguen palabra por palabra- creó el sistema de castas, una de las cosas más repugnantes de la existencia.

Por esta causa, una cuarta parte de los hindúes han sufrido una larga esclavitud, explotación y humillación. Casi han sido reducidos a seres subhumanos; se les llama los achoot, los intocables. Han caído tan bajo que no puedes tocarlos; si lo haces tienes que tomar un baño inmediatamente. Incluso basta con que su sombra te toque para hacerte impuro. Parece que Manú redujo una cuarta parte de los hindúes a la esclavitud eterna.

Tanto los sacerdotes como los políticos son muy vulnerables; no tienen suelo bajo los pies. Si se les descubre, están acabados. Y cuando se acabe con ellos, la sociedad saboreará la verdadera libertad.

Podemos educar a los niños de una manera más humana, no condicionada, inteligente, considerando a toda la Tierra como una unidad: sin cristianos, sin hindúes, sin musulmanes, sin indios, sin chinos, sin americanos. Las naciones y las religiones son creaciones de los sacerdotes y de los políticos. Una vez que se acaben, las religiones y las naciones también se acabarán.

Y un mundo libre de religiones, libre de naciones, será un mundo humano: sin guerras, sin luchas innecesarias por cosas que nadie ha visto...

Es inconcebible que durante miles de años la gente se haya estado matando en el nombre de su Dios. Ninguno de ellos le ha visto, ninguno de ellos tiene pruebas, ninguno tiene una evidencia. Y ni siquiera sienten vergüenza, porque nadie les ha preguntado mirándolos directamente a los ojos... Y van cruzadas, yihads, guerras religiosas; destruyen a todos los que no creen en su dogma, porque su dogma es divino y todos los demás dogmas son una creación del diablo.

Tratan de servir a la humanidad matando a la gente. Su intención es liberar a esa gente de las garras del diablo. Pero lo extraño es que cada religión cree que las demás religiones han sido creadas por el diablo. Por eso la lucha continúa. Los políticos luchan una guerra tras otra, ¿para qué? No le veo el punto. La Tierra no tiene líneas, ¿por qué dibujarlas en los mapas?

Si podemos hacer que el ser humano sea silencioso, pacífico, amoroso, las naciones desaparecerán, las guerras desaparecerán, toda la política sucia desaparecerá. Y recuerda, toda la política es sucia; no la hay de otro tipo.

Si podemos abolir la conspiración entre la religión y la política, entre los sacerdotes y los políticos, será realmente un gran cambio, una revolución: la única y verdadera revolución que es necesaria y que aún no ha ocurrido.

sábado, 10 de mayo de 2014

LA MEDITACIÓN Y LA MENTE

La mente simplemente es un bioordenador. Cuando el niño nace no tiene mente; no hay parloteo en él. Este mecanismo tarda al menos tres o cuatro años en ponerse a funcionar. Y verás que las niñas comienzan a hablar antes que los niños. Tienen mentes más parlanchinas. Tienen un bioordenador de más calidad.

Este bioordenador necesita que se le proporcione información; por eso si intentas recordar tu vida hacia atrás, te detendrás en algún lugar alrededor de los cuatro años si eres hombre, o a la edad de tres años si eres mujer. Más allá de ese punto estás en blanco. Estabas allí: deben haber sucedido muchas cosas, deben haber ocurrido muchos incidentes, pero nada parece haberse registrado en la memoria, por eso no puedes recordar. Pero podrás recordar muy claramente hasta la edad de tres o cuatro años.

La mente reúne sus datos de los padres, de la escuela, de los demás niños, de los vecinos, de los parientes, de la sociedad, de las iglesias...; hay fuentes de alimentación por todas partes. Y debes haber visto que los niños, cuando empiezan a hablar, repiten la misma palabra muchas veces. iQué alegría!, un nuevo mecanismo ha empezado a funcionar en ellos.

Cuando son capaces de construir frases las hacen con gran alegría, una y otra vez. Cuando pueden empezar a hacer preguntas, empiezan a preguntar por todo, por cada cosa. ¡Recuerda que no les interesan tus respuestas! Observa a un niño cuando plantea preguntas; no está interesado en tu respuesta, por favor no le des una larga respuesta propia de la Enciclopedia Británica. Al niño no le interesa tu respuesta; el niño simplemente disfruta de poder preguntar. Una nueva facultad ha surgido en él.

Y así es como va reuniendo información; después empezará a leer... y más palabras. Y en esta sociedad el silencio no es productivo; las palabras son productivas y cuando más claramente te expreses, más te pagarán.

¿Qué son tus líderes? ¿Qué son tus políticos? ¿Qué son tus profesores universitarios? ¿Qué son tus sacerdotes, teólogos, filósofos, si los condensas en una única cosa? Saben expresarse muy bien. Saben usar las palabras significativamente, consistentemente y así pueden impresionar a la gente.

No suele tenerse en cuenta que nuestra sociedad está dominada por gente que se expresa muy bien verbalmente. Puede que no sepan nada; puede que no sean sabios, puede que ni siquiera sean inteligentes. Pero hay una cosa cierta: saben jugar con las palabras. Es un juego y lo han aprendido. Y les compensa en forma de respetabilidad, de dinero, de poder, de todas las formas posibles. Por eso todo el mundo lo intenta y la mente se llena de palabras, de pensamientos.

Puedes encender o apagar cualquier ordenador, pero no puedes apagar tu mente. El interruptor no existe.

No hay ninguna referencia al respecto, nadie ha mencionado que Dios, cuando hizo el mundo, cuando hizo al hombre, hiciera un interruptor para la mente de forma que pudiera encenderse y apagarse. No hay interruptor, así es que la mente funciona continuamente desde el nacimiento hasta la muerte.

Te sorprenderá saber que la gente que entiende de ordenadores y la gente que entiende de la mente humana tiene una idea muy extraña. Si sacamos el cerebro del cráneo de un ser humano y lo mantenemos vivo mecánicamente, sigue parloteando de la misma forma. No le importa no seguir conectado con la pobre persona que lo sufre; sigue soñando. Ahora que está conectado con máquinas, sigue soñando, sigue imaginando, sigue teniendo miedo, sigue proyectando, teniendo esperanzas, intenta esto o lo otro. Y es completamente inconsciente de que ahora no puede hacer nada; la persona a la que solía estar vinculado ya no está allí.

Puedes mantener ese cerebro vivo durante miles de años conectados con aparatos mecánicos, y seguirá parloteando, dando vueltas y vueltas a las mismas cosas, porque aún no hemos sido capaces de enseñarle cosas nuevas. Cuando le enseñemos cosas nuevas, también las repetirá.

Este parloteo proviene de nuestra educación, que es básicamente errónea porque sólo nos enseña la mitad del proceso: cómo usar la mente. No nos enseña a detenerla para poder descansar, porque la mente continúa funcionando incluso cuando estamos dormidos. La mente no conoce el sueño. Trabaja continuamente durante setenta, durante ochenta años.

Si podemos educar..., y eso es lo que estoy tratando de inculcaros, el hecho de que es posible. Lo llamamos meditación.

Es posible poner un interruptor en la mente y apagarla cuando no es necesaria. Esto te ayuda de dos formas: te dará una paz, un silencio que no has conocido antes, y te familiarizará contigo mismo, cosa que no es posible con la mente parlanchina. Siempre te ha tenido enganchado.

En segundo lugar, también dará un descanso a la mente. Y si podemos darle un descanso a la mente, seremos capaces de hacer las cosas más eficazmente, más inteligentemente.

Por tanto en ambos lados -en el lado de la mente y en el lado del ser- saldrás beneficiado; simplemente tienes que aprender a detener el funcionamiento mental, a decirle: «Es suficiente; ahora vete a dormir. Yo me quedo despierto, no te preocupes.»

Usa la mente cuando sea necesaria, y entonces estará fresca, joven y llena de energía. Entonces lo que digas no será algo seco y tedioso; estará lleno de vida, lleno de autoridad, lleno de verdad, de sinceridad, y será tremendamente significativo. Quizá uses las mismas palabras, pero la mente descansada ha acumulado tanto poder que enciende cada palabra que usa, la convierte en poder.

En cuanto al ser, el silencio te abre un nuevo universo de eternidad, de inmortalidad, de todo aquello en lo que puedas pensar como una bendición, como una bienaventuranza; de ahí mi insistencia en que la meditación es la religión esencial, la única religión. No hace falta nada más. Todo lo demás son rituales no esenciales.

La meditación es sencillamente la esencia, la esencia misma. No puedes quitarle nada.

Y te proporciona ambos mundos. Te da el otro mundo -el divino, el mundo de la divinidad- y también te da este mundo. Entonces no eres pobre. Eres rico, aunque no en forma de dinero.

Dale un descanso a la mente, ¡lo necesita! Y es tan simple: simplemente hazte su testigo. Y te dará ambas cosas.

Poco a poco la mente empieza a aprender a estar en silencio. Y sabe que estando en silencio se hace más poderosa, sus palabras ya no son sólo palabras; tienen una validez, una riqueza y una cualidad que nunca antes tuvieron; tanto es así que van directamente, como flechas. Dejan a un lado las barreras lógicas y llegan al corazón mismo.

La mente es un buen sirviente, de inmenso poder, cuando está en manos del silencio.

Entonces el Ser es el maestro, y el maestro puede usar la mente cuando la necesita y puede apagarla cuando no la necesita.

sábado, 3 de mayo de 2014

TRASCENDER

No tienes que trascender nada. Tienes que vivir todo lo que sea natural para ti, y vivirlo plenamente, sin inhibición, alegremente, estéticamente. Simplemente por vivirlo con profundidad, la trascendencia vendrá.

No tienes que trascender nada. Recuerda mis palabras. La trascendencia viene por sí misma, y cuando lo hace es una gran liberación y una gran libertad.

Si tratas de trascender, vas a reprimir, y la represión es la única razón por la que la gente no puede trascender; así estás entrando en un círculo vicioso. Quieres trascender y por eso reprimes, y como reprimes no puedes trascender, por lo que reprimes aún más. Al reprimir más te haces más incapaz de trascender.

Vívelo plenamente, sin condena, sin que la religión interfiera con tu vida. Vívelo con naturalidad, intensamente, totalmente, y la trascendencia vendrá. No es algo que hagas, es algo que ocurre. Y cuando viene por sí misma, no hay represión, no hay antagonismo.

Estás por encima de todas las cosas que querías trascender, por ejemplo, el sexo. Pero una trascendencia real no significa que no puedas hacer el amor. Por supuesto que tu amor tendrá una cualidad completamente diferente. No será sexual, no será un impulso biológico, no será animal; simplemente será un juego entre dos energías humanas.

Si la trascendencia viene por sí misma, entonces hay muchas cosas que, en mayor o menor medida, desaparecen. Pero no estás en contra de las cosas que desaparecen. Todavía puedes disfrutar de ellas. Por ejemplo, en un estado de trascendencia no eres un adicto a la comida, pero eso no quiere decir que no disfrutes de vez en cuando de ir a un restaurante chino.

La trascendencia te hace libre; no te da una nueva atadura: primero eras tan adicto que tenías que ir al restaurante, ahora eres tan adicto que no puedes ir. La trascendencia significa que a partir de ese momento toda adicción desaparece: puedes ir y puedes no ir. No estás a favor ni en contra.

Puede que fumes. La trascendencia no significa que de vez en cuando no puedas fumarte un cigarrillo con tus amigos. No creo que fumar un cigarrillo de vez en cuando destruya tu espiritualidad. Y si la destruye, entonces esa espiritualidad no merece la pena.

Algunos no pueden fumar, no por la trascendencia, sino por evitar o acentuar un problema respiratorio. No siento ningún antagonismo contra los pobres cigarrillos; lo que sucede es que no puedo tolerar el olor del tabaco ni puedo inhalar el humo. Pero esto es un problema de mi cuerpo, es mi alergia. Cuando veo a alguien fumando no pienso que esa persona esté condenada para siempre, no pienso que vaya a ir al fuego del infierno.

En mí no surge una condena. Está sólo, no tiene nada más que hacer, y sus padres y la sociedad le repiten continuamente que es mejor hacer algo que no hacer nada..., por eso el pobre hombre prefiere hacer algo que no hacer nada. Al menos está fumando.

La trascendencia se parece mucho a un estado infantil.

La trascendencia es un estado de no-adicción..., como el juego de un niño.

Cuando el sexo lo vives intensamente, con el tiempo lo trasciendes, de la misma forma que trasciendes jugar al tenis. Una día lo arrojas lejos de ti: «¡Ya basta!». Trasciendes el fútbol, trasciendes todo tipo de cosas.

Para mí la trascendencia es producto de la experiencia. Ves la inutilidad de algo y dejas atrás la adicción. Entonces, de vez en cuando, para cambiar, si quieres fumar no le veo nada malo; si quieres hacer el amor no le veo nada malo. El daño lo produce la adicción, no el acto mismo. Y la trascendencia no tiene que ver con el acto; la trascendencia tiene que ver con la adicción.

Y estar completamente libre de adicciones supone una gran libertad.

sábado, 26 de abril de 2014

AYUDANDO A LOS NIÑOS

Desde el momento en que te planteas ayudar a los niños a crecer sin espíritu competitivo estás en un camino equivocado, porque cualquier cosa que hagas dará a los niños cierto programa. Puede que sea distinto del que tú recibiste, pero estás condicionando a los niños, aunque lo hagas con las mejores intenciones del mundo.

Los árboles crecen y siguen creciendo sin que nadie les enseñe cómo. Los animales, los pájaros, la existencia toda no necesita programación. La idea misma de programar implica básicamente crear esclavitud, y durante miles de años el hombre ha estado creando esclavos con distintos nombres. Cuando la gente se harta de un nombre, lo reemplaza inmediatamente por otro. Unas cuantas modificaciones en el programa, unos cuantos cambios aquí y allá en el condicionamiento, pero la cosa fundamental sigue siendo la misma: que los padres, la generación anterior, quiere que sus hijos sean de cierta forma.

En mi opinión, la función de los padres no es ayudar a crecer a los hijos: ellos crecerán sin ti. Tu función es apoyar, nutrir, ayudar a lo que ya está creciendo. No des directrices y no des ideales. No les digas lo que está bien y lo que está mal: deja que lo descubran por propia experiencia.

Sólo hay una cosa que puedes hacer, y es compartir tu propia vida. Diles que has sido condicionado por tus padres, que has vivido con ciertos límites, de acuerdo a ciertos ideales, que debido a estos límites e idea¬les has perdido la vida completamente y que no quieres destruir la vida de tus hijos. Quieres que sean totalmente libres: libres de ti, porque para ellos tú representas el pasado.

Hace falta valor y hace falta un inmenso amor en un padre, en una madre, para decir a sus hijos: «Tenéis que ser libres de nosotros. No nos obedezcáis; depended de vuestra propia inteligencia. Incluso equivocarse es mejor que tener la razón si para ello tienes que ser esclavo. Es mejor cometer errores por cuenta propia y aprender de ellos, que seguir a otra persona y no cometerlos. De esa forma no vas a aprender más que a ser un seguidor, y eso es veneno, puro
veneno.»

Es muy fácil si amas. No preguntes «cómo», porque el «cómo» significa que estás pidiendo un método, una metodología, una técnica; y el amor no es una técnica.

Ama a tus hijos, disfruta de su libertad. Permite que comentan errores. Diles: «No está mal cometer errores. Cometed todos los errores posibles, porque de esa forma aprenderéis más. Pero no cometáis el mismo error una y otra vez, porque eso os hará estúpidos.»

Éste debería ser el principio: se debe ayudar a los niños a escuchar a su cuerpo, a escuchar a sus propias necesidades. Lo básico para los padres es proteger a sus hijos para que no caigan en un hoyo. La función de su disciplina es negativa.

Recuerda la palabra «negativa»...; no una programación positiva sino una protección negativa: porque los niños son niños, y pueden hacer algo que les dañe, que les deje lisiados. Asimismo, no hay que darles órdenes de no hacer las cosas, sino explicárselas. No hay que hacer de ello una cuestión de obediencia; hay que permitirles decidir. Simplemente hay que explicarles toda la situación.

Los niños son muy receptivos, y si eres respetuoso con ellos, están dispuestos a escuchar, dispuestos a entender; entonces déjales con su entendimiento. Sólo es cuestión de unos años, al principio; pronto se asentarán en su inteligencia y tu protección no será necesaria en absoluto. Pronto podrán moverse por sí mismos.

Puedo entender el miedo que sienten los padres de que sus hijos sigan direcciones que a ellos no les gustan; pero eso es un problema de los padres. Tus hijos no han nacido para satisfacer tus gustos y disgustos. Tienen que vivir su vida, y debes alegrarte de que vivan su vida, sea la que sea. Pueden convertirse en unos músicos mediocres...

Por eso el trabajo de los padres es muy delicado, y es precioso, porque toda la vida del niño depende de él. No le des ningún programa positivo; ayúdale de cualquier manera que él desee.
La función de un padre o de una madre es genial porque trae un nuevo invitado al mundo, que no sabe nada, pero trae consigo un potencial. Y a menos que el potencial se desarrolle, no será feliz.

Ésta es una sociedad autoritaria.

Lo que digo es que si creamos niños que tengan libertad, que hayan oído muchos «síes» y pocos «noes», la sociedad autoritaria desaparecerá. Tendremos una sociedad más humana.

Por tanto, no es sólo una cuestión que atañe a los niños. Estos niños formarán la sociedad del mañana: el niño es el padre del hombre.

sábado, 19 de abril de 2014

LA VERDAD ÚLTIMA

La verdad no puede ser más que definitiva, sin embargo, los místicos han tenido que hablar de la «verdad última» por cierta razón. La razón era que los filósofos han hablado de la «verdad relativa», y han resaltado el hecho de que cada verdad es relativa. Albert Einstein llevó el concepto de relatividad a las verdades científicas que antes se consideraban definitivas: devinieron relativas. Y tenía razón. Mahavira, Gautama Buda, todos ellos hablaron de la relatividad. Una de las cosas que falta es que nadie distingue entre verdad y hecho. Los hechos son relativos y la verdad es definitiva, pero si te confundes y empiezas a pensar que los hechos son la verdad, entonces será relativa.

En primer lugar dos cosas: los hechos son relativos y tienes que entender exactamente lo que quiere decir relativo. Significa que algo puede ser verdad en cierta situación y lo mismo puede no ser verdad en otra.

Se dice que cuando vivía Albert Einstein sólo había doce personas en el mundo que entendían a qué se refería cuando hablaba de relatividad. Es una explicación muy delicada y sutil sobre el Universo. Cuando iba a algún club o restaurante, fuera donde fuera, la gente le preguntaba: «Dinos algo sobre la relatividad y dilo de tal forma que el hombre de la calle lo pueda entender.»

Finalmente encontró la forma de hacerlo y dijo: si estás sentado sobre una estufa caliente, te parecerá que el tiempo pasa muy despacio; un sólo minuto te parecerán horas porque estás sentado sobre esa estufa. Tu estado cambia la concepción que tienes del tiempo. Pero si estás sentado con tu novia, pueden pasar horas y parecerte que sólo han pasado segundos.

El decía: «Esto es a lo que me refiero cuando hablo de relatividad: el tiempo es relativo a cada situación particular. No hay un tiempo definitivo; así que hagas lo que hagas, el tiempo es el mismo. Siempre se ha sabido que cuando eres feliz el tiempo pasa deprisa y cuando eres des¬graciado, el tiempo pasa muy despacio.»

Einstein estableció la relatividad de una manera tan profunda que ahora está entretejida con todos los descubrimientos científicos. Sólo quiero que recordéis una cosa: él habla de hechos y les llama verdad. Y por eso los místicos tuvieron que usar términos como última o definitiva. Quieren expresar que hay una experiencia que está más allá de la relatividad. Eso es lo que quieren decir: la verdad es definitiva.

Pero el mundo está lleno de hechos y los hechos son relativos. Tiene que quedar muy claro para los científicos que Einstein no estaba hablando de la verdad sino de hechos. Pero para la ciencia no hay otra verdad que la que ellos descubren. No aceptan la verdad del místico, porque el místico no puede ponerla delante del científico para que éste pueda diseccionarla y descubrir de qué está constituida: sus medidas, su peso y cosas así.

Es una experiencia, y es totalmente subjetiva. No puede hacerse objetiva.

Por eso, si insisten en llamar verdad a los hechos, tenemos que decirlo de esta forma: las verdades objetivas son relativas y la verdad subjetiva es siempre definitiva. Pero para no mezclar las cosas, los místicos le han llamado verdad última.

Toda verdad es definitiva. Pero hay verdades científicas que sólo son hechos. Por ejemplo: si estás sentado sobre una estufa caliente, la experiencia de que el tiempo pasa muy lentamente es un hecho de tu psicología; no tiene nada que ver con el tiempo. Pero nadie le dijo esto a Albert Einstein. Cuando estás sentado con tu novia y el tiempo pasa deprisa, eso tampoco tiene nada que ver con el tiempo; tiene que ver con tu mente.

El tiempo sigue siendo el mismo; es tu mente, tu concepto de tiempo lo que es relativo.

«Lo último o definitivo» y “la verdad” significan lo mismo. Puedes usar cualquier de estos dos términos, pero usar ambos es una repetición innecesaria.

La vida no es matemática; no es lógica, no es ciencia. Es algo más, y ese algo más es lo más valioso.

sábado, 12 de abril de 2014

LAS DECISIONES

La mente nunca es decidida. La cuestión no reside en si es tu mente o de la de cualquier otra persona; la mente es indecisión. El funcionamiento mental es vacilar entre dos opuestos polares y tratar de encontrar cuál de ellos tiene razón.

La mente es la cosa equivocada, y a través de la cosa equivocada estás tratando de encontrar el camino correcto. Es como si estuvieras intentando encontrar la puerta cerrando los ojos. Ciertamente te sentirás suspendido entre los dos: entre ir por un camino o por el otro; siempre estarás en la situación de elegir entre una cosa o la otra. Esa es la naturaleza de la mente.

Soren Kierkegaard fue un gran filósofo danés. Escribió un libro, Either/Or. Era su propia experiencia: nunca podía tomar una decisión respecto a nada. Las cosas eran de tal manera que si tomaba una decisión en un sentido, lo otro parecía ser lo correcto. Y si se decidía por lo otro, entonces era lo primero lo que parecía ser correcto. Permanecía indeciso.

Aunque había una mujer que estaba muy enamorada de él y quería casarse con él, se quedó soltero. Dijo: «Tendré que pensármelo; el matri¬monio es algo importante y no puedo decir sí o no inmediatamente.» Y murió con la duda, sin casarse. Vivió mucho tiempo -unos setenta años- y siempre estaba discutiendo, argumentando. Pero no encontró una respuesta que pudiera ser la definitiva, que no tuviera una opuesta igual a ella.

Escribía libros pero no tenía la decisión necesaria para publicarlos; dejó todos sus libros sin publicar. Son de un valor tremendo. Cada libro demuestra su profunda penetración intelectual en las cosas. Ha ido a la raíz, a cada pequeño detalle de cada tema sobre el que ha escrito...; un genio, pero un genio de la mente.

Éste es el problema que presenta la mente: que no es tu problema, y cuanto mejor sea tu mente, mayor será tu problema. Las mentes menores no se encuentran con tantos problemas. La mente del genio es la que descubre los polos opuestos y no puede elegir. Se siente en un limbo.

Lo que yo os he estado diciendo es que la naturaleza de la mente es estar en un limbo. La naturaleza de la mente es estar en medio de los opuestos polares. A menos que te alejes de la mente y te hagas testigo de todos sus juegos, nunca serás una persona decidida. Incluso si a veces decides -a pesar de la mente-, te arrepentirás, porque la mitad por la que no te hayas decidido te perseguirá: quizá aquello estaba bien y lo que has elegido está equivocado. Ahora no hay forma de saberlo. Quizá la opción que dejaste de lado era mejor.

Pero aunque la hubieras elegido, la situación no habría sido diferente; entonces te inquietaría la otra mitad.

La mente es básicamente el principio de la locura y si estás demasiado en ella, te volverá loco.

La mente no está segura de nada.

Si estás entre las polaridades de la mente, en un limbo –siempre entre el hacer o el no hacer- te volverás loco. !Estás loco! Antes de que esto ocurra, da el salto y echa una mirada a la mente desde fuera..., esto es lo que te digo continuamente.

Se consciente de la mente: de su lado brillante, de su lado oscuro, de su aspecto correcto, de su aspecto equivocado. Sea cual sea la polaridad, simplemente toma consciencia de ella. De esa consciencia saldrán dos conclusiones: una, que tú no eres la mente, y dos, que la consciencia tiene una decisión que la mente nunca tiene.

La mente es básicamente indecisa, y la consciencia es básicamente decidida. Por eso cualquier acto consciente es total, pleno, sin arrepentimiento.

El mundo puede decir que esto es correcto o que está equivocado, pero eso es asunto suyo, no es mi problema.

Por eso la consciencia te sacará del limbo. En lugar de quedarte suspendido entre las dos polaridades de la mente, saltarás más allá de ambas y verás que las dos polaridades sólo son polaridades si estás en la mente. Si estás fuera de ella, te sorprenderá ver que son las dos caras de la misma moneda; no se trataba de tomar una decisión.

Con la consciencia tienes claridad, totalidad, abandono: la existencia decide dentro de ti. No tienes que pensar lo que está bien o lo que está mal; la existencia te toma de la mano y te mueves relajadamente. Es el único camino, el camino correcto. Y esa es la única forma de mantener¬te sano; de otro modo seguirás embrollado.

Soren Kierkegaard era una gran mente, pero como era cristiano, no tenía ni idea de la consciencia. Podía pensar, y pensaba con gran profundidad, pero no podía quedarse en silencio y observar. El pobre hombre nunca había oído hablar de cosas como observar, ser testigo, consciencia. De lo único que había oído hablar era de pensar, y puso todo su genio en ello. Produjo grandes libros, pero no pudo producir una buena vida para sí mismo. Vivió en una miseria completa.

sábado, 5 de abril de 2014

SE TU MISMO

Ser uno mismo significa que uno viva todo el contenido de su mente de la forma menos implicada posible, significa eso exactamente, vivir como una consciencia: consciencia de todos los programas para los que la mente ha sido programada, consciencia de todos los impulsos, deseos, recuerdos, imaginaciones…, todo lo que la mente puede hacer. Uno no tiene que ser parte de ello sino separarse -tiene que verlo pero sin ser parte de ello-, observarlo.

Y ésta es una de las cosas más esenciales a recordar, que no puedes observar tu capacidad de observación. Si observas tu capacidad de observar, entonces tú eres el observador, no lo observado. Por eso no puedes ir más allá de la observación. El punto que no puedes trascender es tu ser. El punto del que no puedes ir más allá eres tú. Puedes observar fácilmente cualquier pensamiento, cualquier emoción, cualquier sentimiento. Sólo hay una cosa que no puedes observar: tu capacidad de observación. Y si te las arreglas para observarla, eso significa que has hecho un cambio: la primera observación se ha convertido en un pensamiento y ahora eres el segundo observador.

Puedes seguir yendo hacia atrás, pero no puedes salir de la observación, porque eso eres tú: no puedes ser de otra forma.

Por eso cuando digo: «Simplemente se tú mismo», te estoy diciendo: «Simplemente se consciencia no condicionada, no programada.» Así es como viniste al mundo y así es como la persona iluminada deja el mundo. Vive en el mundo pero permanece totalmente separada.

Uno de los grandes místicos, Kabir, tiene un poema muy hermoso al respecto. Todos sus poemas son simplemente perfectos: nada puede mejorar. Uno de sus poemas dice: «Yo devolveré el alma que se me dio en el momento de nacer tan pura, tan limpia, como me fue dada. Yo la devolveré así cuando muera.» Está hablando de la consciencia, que ha permanecido impoluta. Todo el mundo estaba allí para polucionarla, pero él ha permanecido en la observación.

Todo lo que necesitas es simplemente observar, y nada te afectará. El hecho de que nada te afecte mantendrá tu pureza, y la pureza, ciertamente tiene la frescura de la vida, la alegría de la existencia; todos los tesoros de los que estás dotado.

Pero te apegas a las pequeñas cosas que te rodean y olvidas lo que eres. Es el mayor descubrimiento de la vida y la peregrinación más extática hacia la verdad.

Y no te hace falta ser un asceta, no tienes que ser anti-vida; no tienes que renunciar al mundo e irte a las montañas. Puedes estar donde estás, puedes seguir haciendo lo que haces.

Sólo hace falta añadir una cosa más: hagas lo que hagas, hazlo con consciencia -incluso el más pequeño acto del cuerpo o de la mente- y con cada acto de consciencia te harás consciente de la belleza y del tesoro y de la gloria y de la eternidad de tu ser.

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