Jesús dijo:
"Pero si no se conocen a sí mismos, entonces están en pobreza...".
Esta es la única pobreza: la ignorancia de sí mismo, no hay otra pobreza. Puedes no tener riquezas, puedes no tener grandes palacios, puedes no tener imperios, pero esas no son riquezas reales. Sólo una cosa es riqueza real, porque no puede ser destruida, y eso es el auto-conocimiento.
Y Jesús dice: "Pero si no se conocen a sí mismos, entonces están en pobreza", y no sólo eso, "y son pobreza".
Eres pobre. Sólo hay una pobreza: cuando no te conoces a ti mismo. ¿Por qué eres pobreza? Porque eres un emperador, ¡hijo del Dios viviente! Lo más grande posible te ha sucedido, y estás inconsciente de eso, y continúas mendigando.
Todos los deseos son mendigos. Se dice: si los deseos fueran caballos, los mendigos serían los jinetes. Pero todos los deseos son caballos y los mendigos son jinetes, y todos ustedes son jinetes. ¡Miren a sus caballos! Ellos son sus deseos: rogando, exigiendo, pidiendo, y lo tienes todo dentro de ti, sin mirar nunca adentro. Una vez que mires, la riquezas te serán reveladas, eternales, abundantes, no podrás consumirlas. Y una vez que miras adentro, toda la existencia reconoce que eres un emperador, toda la existencia reconoce quién eres: eres el hijo del todo. Entonces el mendigo desaparece, te vuelves rico por primera vez.
"Pero si no se conocen a sí mismos, entonces están en pobreza y son pobreza".
Escuché una historia: Sucedió que un gran emperador estaba fastidiado con su hijo por sus maneras y estilo de vida. Y era su único hijo, pero molestaba tanto al padre que el hijo fue echado del reino. El era el hijo de un gran emperador así que no sabía hacer nada, no tenía ninguna habilidad para nada, los emperadores no tienen habilidades para nada. No había aprendido a hacer nada, no se había educado; todo siempre se le había hecho, no sabía que cada uno se tiene que hacer sus propias cosas. Pero era un amante de la música. Eso era lo único que podía hacer. Lo había aprendido como un hobby. Tocaba la cítara, eso era lo único que sabía.
Así que comenzó a mendigar. Tocaba su cítara y pedía. Si un emperador pierde su imperio no puede hacer nada... excepto mendigar. Esto es algo bello, muestra que los emperadores, en el fondo, son mendigos. A causa de su imperio no puedes ver su mendicidad. Si le quitas el imperio son mendigos, no pueden hacer nada más. Por diez años continuamente estuvo mendigando. Completamente se olvidó de que era el hijo de un gran emperador. Diez años es demasiado para recordar. Y cuando todos los días eres un mendigo, desde la mañana hasta la noche, ¿cómo puedes recordar que eres el hijo de un gran emperador?
Se olvidó de sí mismo completamente, se volvió un mendigo. Aun la memoria... y estas memorias son malas, como pesadillas, quieres olvidarlas, a causa de ellas viene mucha desgracia a la mente. Viene la comparación: "Soy el hijo de un gran emperador, ¡y mendigando!". Entonces mendigar se vuelve muy doloroso. Así que simplemente abandonó la idea, simplemente se olvidó, se identificó como mendigo.
Después de diez años el padre comenzó a sentir por el hijo: no estaba exactamente bien, el hijo, sus maneras eran diferentes, pero era el único hijo y ahora el padre había envejecido, y cualquier día iba a morir y él era su heredero. Tenía que ser traído de vuelta, así que su ministro fue en su busca.
El ministro lo encontró. Aún si el hijo se ha olvidado completamente de que es el hijo del emperador, si se ha identificado completamente siendo un mendigo, algo ha permanecido, porque no es parte de la memoria, es parte de tu ser. El modo en que caminaba, incluso el modo en que mendigaba era el de un emperador. Pedía, pero como si te estuviera ordenando; el modo en que te miraba era como si te estuviera ordenando al pedirte. La manera en que caminaba era real; sus ropas estaban raídas, pero aún eran las mismas ropas que usaba como príncipe. Estaba sucio, pero podías ver que tenía una bella cara escondida bajo la suciedad. Y sus ojos: aunque estaba de mendigo, sus ojos aún tenían ese mismo ego, el mismo orgullo. Mentalmente, conscientemente se había olvidado, pero inconscientemente aún era el rey, el heredero de un gran emperador.
El ministro lo reconoció. En el momento en que lo reconoció estaba mendigando. Bajo un árbol algunas personas estaban jugando cartas, y él estaba mendigando ahí. Y era una tarde de verano, muy caliente, y estaba sin zapatos, estaba sudando, y estaba mendigando por unos cuantos centavos, y estaba diciendo: "Dame algo, no he comido hace dos días". Y el ministro lo reconoció, y la carroza en la que el ministro había venido se detuvo. El ministro bajó, tocó los pies del hijo, éste miró al ministro y le dijo: "¿Qué sucede?".
El ministro dijo: "Tu padre, el rey, te está llamando. Te ha perdonado". En un instante el mendigo desapareció. No hubo nada que hacer, en un instante, el reconocimiento: "Mi padre me ha llamado de regreso, ¡he sido perdonado!", el mendigo desapareció. Las ropas eran las mismas, el hombre aún estaba sucio, pero todo cambió: había una gloria, una luz, un aura.
Ordenó al ministro, el mendigo desapareció, y dijo: "Anda al mercado, cómprame zapatos y ropa, dispón un buen baño". Subió a la carroza y dijo: "¡Llévame al mejor hotel del pueblo!". Y el ministro tuvo que seguir a la carroza a pie.
Esta es una historia sufi. Esta es tu situación también: una vez que eres reconocido por el padre, por el Dios, tu mendicidad desaparece, repentinamente ¡en un instante! Nada tiene que hacerse porque siempre has sido el mismo. Sólo la identidad ha sido errada, sólo en la parte más superficial de la mente te habías convertido en alguna otra cosa. En lo profundo, has permanecido hijo de Dios.
Pero esto sucederá sólo si te conoces a ti mismo. Entonces todo el universo te conoce, te reconoce. Y Jesús dice: "Pero si no se conocen a sí mismos, entonces están en pobreza y son pobreza".
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