sábado, 15 de agosto de 2026

VIVIMOS IMAGINANDO

 

Jesús dice: "He echado fuego sobre el mundo. Traigo fuego para quemarte. No estoy aquí para consolarte, no estoy aquí para recrearte. Estoy aquí para destruirte porque tu semilla es errada". La semilla debe ser quemada y cuando tu semilla sea quemada, cuando llegues a estar vacío, sólo entonces la semilla de lo divino podrá ingresar en tu útero. Entonces sucede un nuevo florecimiento.

"He echado fuego sobre el mundo, y vean, aguardo hasta que el mundo esté en llamas".

Y esto es una promesa. El dice: "Aguardaré, permaneceré aquí hasta que el mundo entero esté en llamas".

Cuando un hombre se vuelve un Cristo o un Buda, nunca desaparece. Sólo tú desapareces, porque no estás presente, eres sólo una apariencia. Vienes y vas, eres una forma. Eres como una ola en el mar: no tienes sustancia en ti, no estás cristalizado. Vienes y vas tal como un sueño viene y va. Cada noche vienes y cada mañana desapareces. Millones de veces vienes y millones de veces desapareces. Pero cada vez que sucede un Cristo... ¿Qué significa ser un Cristo? Significa: el que ha logrado lo substancial, el que ya no es más la forma sino que ha logrado lo que está más allá de la forma, el que no puede desaparecer, el que ya no es más la ola, el que se ha vuelto el océano; el que no puede desaparecer.

Un Buda permanece, un Cristo permanece, permanece en la existencia. Eso es lo que quiere decir: "... aguardo hasta que el mundo esté en llamas. Estaré aquí". Pero no lo pudiste ver cuando él estuvo en el cuerpo, ¿cómo podrás verlo cuando no está en el cuerpo? Y mira el extraño fenómeno: muchos cristianos lo ven cuando están orando, cuando cierran los ojos, ven una visión y los discípulos más cercanos no lo pudieron ver cuando estaba presente. ¿Qué está sucediendo?

Estos Cristos que ven en sus oraciones son sólo imaginarios, son alucinaciones, proyecciones. Tú los has creado, es tu mente. Por eso es que un cristiano ve a Cristo, un judío nunca puede ver a un Cristo, y un hindú, ¡imposible siquiera pensar en él! Un hindú ve a Krishna, tiene sus propios parámetros de imaginación, objetos de imaginación. Un jaina nunca puede ver a Krishna, Mahavira vendrá en sus visiones. ¿Qué está sucediendo? Tu mente está imaginando, puedes jugar con la imaginación. Esto es auto-hipnótico y es muy agradable. Es muy agradable, tú has creado a Cristo en ti. Te sientes muy feliz, pero esa felicidad es como la de un sueño agradable. En la mañana te sientes muy feliz porque tuviste un sueño agradable. Pero aún si es agradable, es sólo un sueño y es inútil.

¿Por qué se pierde a Jesús? Cuando está presente, él mismo dice: "Ustedes no miran al ser viviente". Y después cuando está muerto, millones de gente cierra sus ojos y lo ven y lo gozan, la misma gente que lo crucificó cuando estaba aquí en el cuerpo. La misma gente continúa imaginando y pensando porque la imaginación no es un fuego, es un consuelo. Te consuela pensar: "He visto a Cristo".

La gente viene a verme y dice: "He visto a Cristo", y me mira esperando que diga: "Sí, lo has visto". Entonces se irían muy contentos, niños jugando con juguetes. Y si digo: "Esto es tontería ¡deja tu imaginación!", se sienten muy infelices, nunca regresan a verme. ¿Para qué ir donde un hombre como él, que destruye, que destruye tus sueños?

A Cristo, cuando estuvo vivo, lo perdiste; ¿cómo puedes encontrarlo cuando no está presente en el cuerpo? Pero de nuevo el mismo fenómeno vuelve a existir: ahora los cristianos hablan sobre Jesús en la misma forma en que hablaban sobre los veinticuatro profetas antes de Jesús. Ahora él está muerto. Ahora hablas sobre el muerto y te pierdes al que está vivo.

Le sucedió una vez a un monje Zen: Vino un cristiano trayéndole la Biblia y le dijo: "Me gustaría leerte algunas frases de Jesús". Y el monje adonde había ido era un Maestro viviente.

El Maestro se rió y dijo: "Muy bien".

Así que leyó unas cuantas líneas del Sermón de la Montaña. Después de dos o tres líneas el Maestro dijo: "Bien, el hombre que dijo estas palabras era un iluminado". El hombre estaba muy feliz porque Cristo había sido reconocido, y quería seguir leyendo más. Continuó leyendo. El Maestro dijo: "Sí, muy bien. Quien sea que haya dicho estas palabras es un iluminado".

El cristiano le agradeció al Maestro, se regresó completamente feliz de que Jesús había sido reconocido por un budista, pero lo perdió completamente, porque este monje era un Cristo. Y el Maestro lo había intentado dos o tres veces: dos o tres veces había dicho: "¡Muy bien!". El estaba diciendo: "Mantén tu libro cerrado. ¡Suficiente! Ya lo he probado, digo que sí, que este hombre era un iluminado".

Si este hombre realmente hubiera estado interesado en la verdad, al oír esto habría mirado al Maestro, porque habría querido saber: "¿Quién está diciendo que el hombre que pronunció estas palabras era un iluminado?". Habría tirado el libro. "¿Para qué preocuparse de los muertos? ¡Mira a este hombre!". Pero él continuó con su libro. Debe haber ido donde otros cristianos y debe haberles dicho: "Jesús fue realmente un iluminado. Fui donde un budista. Es muy difícil que un budista reconozca a Jesús. Este hombre es muy grande, lo reconoció".

Buscas reconocimiento para los muertos del que está vivo. Recuerda esto, porque tú puedes estar haciendo lo mismo.

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