Escuché que un mendigo... Un comerciante estaba pasando y el mendigo le pidió diez centavos para una taza de té. El comerciante estaba apurado, como un comerciante siempre está. Dijo: "La próxima vez que pase te daré. Ahora estoy apurado".
El mendigo dijo: "Por favor, yo no soy un comerciante y no puedo vivir de promesas. Bien me das o no, bien dices sí o no, pero no en futuro. Soy un mendigo, no puedo vivir de promesas, no existe el futuro para mí".
Un comerciante vive de promesas; toda su vida está invertida en promesas de pagos al futuro. Ha vendido su presente por algún sueño futuro. Y entonces Jesús dice:
"Comerciantes y mercaderes no entrarán a los lugares de mi padre".
La situación es la misma en lo que se refiere a Dios el padre, y a sus lugares, su palacio. Si dices: "Iré en algún momento en el futuro", errarás. Si dices: "En este momento estoy listo, no hay nada que me detenga. Estaba esperando tu invitación y comenzaré a ir hacia ti", sólo entonces podrás entrar en el reino de Dios.
¿Cómo puedes rechazar la invitación de la vida? pero tú la has estado rechazando. ¿Cuál es el mecanismo de este rechazo? La gente dice que los sannyasins renuncian a la vida. Te diré que es absolutamente errado; sólo los comerciantes renuncian a la vida; los sannyasins la gozan, no renuncian a ella. Parece como si estuvieran renunciando ante los ojos de los mercaderes y comerciantes; más bien los sannyasins simplemente gozan de la vida, no están renunciando a nada. La gozan más intensamente, eso es todo. La gozan tan totalmente que si mueren en este mismo momento, no habrá queja. Dirán: "Vivimos, gozamos. ¡Suficiente!". Aun un solo momento de la vida de un sannyasin es una plenitud. Si muere, está feliz. Pero para un comerciante, aún en millones de vidas no habrá completado su trabajo; su trabajo es tal que no puede ser terminado.
Hay una antigua historia en los Upanishads: Un rey, Yayati, estaba muriendo, ya tenía cien años. La muerte vino y Yayati le dijo: "¿No es posible que te lleves a uno de mis hijos? Porque todavía no he vivido, estuve tan ocupado en los trabajos del reino. Me olvidé completamente de que tengo que dejar este cuerpo. No he vivido, sería demasiado cruel que me lleves porque perdería toda la oportunidad. Estuve sirviendo a la gente y al reino y no pude vivir. ¡Ten piedad!".
La muerte dijo: "Bien, pregúntale a tus hijos", el rey tenía cien hijos. El les preguntó. Los mayores ya se habían vuelto astutos. La experiencia hace a la gente astuta, calculadora. Ellos escucharon, pero no cambiaron de posición. El más joven -era tan joven, tenía sólo dieciséis años- se acercó y dijo: "Muy bien".
Incluso la muerte sintió pena del joven, porque si un hombre de cien años no ha vivido, ¿cómo podría haber vivido este joven de dieciséis años? ¡Ni siquiera había comenzado! La muerte dijo: "No sabes, eres inocente. Y tus otros noventa y nueve hermanos están en silencio. Algunos ya han alcanzado setenta y setenta y cinco años. Son viejos, su muerte vendrá tarde o temprano, es asunto de unos cuantos años. ¿Pero por qué tú?".
El joven dijo: "Si mi padre no pudo vivir en cien años, ¿cómo puedo esperar vivir yo? ¡Todo el asunto es inútil! Es suficiente que entienda que mi padre no pudo vivir en cien años; aun si vivo cien años no hay posibilidad de vivir. Debe haber alguna otra posibilidad de vivir. Durante la vida parece que la vida no puede ser vivida, así que trataré la muerte. Permítemelo, y no pongas obstáculos".
Esto es lo que un sannyasin está diciendo: "Si no pude vivir durante la vida del ego, viviré durante la muerte del ego. ¡Así que llévame!".
La muerte se llevó al hijo y el padre vivió cien años más. Vino la muerte, de nuevo se sorprendió. Dijo: "¿Tan pronto? Porque estuve pensando que cien años es un período demasiado largo, que no había necesidad de preocuparse. Todavía no he vivido. Lo traté, planifiqué, y ahora todo está listo y justo estaba comenzando a vivir, y tú has regresado de nuevo. ¡Esto es demasiado!".
Y esto sucedió diez veces: En cada oportunidad un hijo donaba su vida y el padre vivía.
Cuando tenía mil años, la muerte vino y le preguntó a Yayati: "¿Y qué piensas ahora? ¿Debo llevarme a otro de tus hijos de nuevo?".
Yayati dijo: "No, porque ahora sé que aun mil años es inútil. Es mi mente, no es una cuestión de tiempo. Una y otra vez me he absorbido en la misma tontera, me he habituado a desperdiciar la existencia y el ser. Así que ahora no va a ser útil".
Yayati lo ha escrito para las generaciones venideras, para que puedas recordarlo. El escribió: "Viví mil años, pero aún así no pude vivir a causa de mi mente. Siempre está absorbida en el futuro y siempre pierdo el presente. Y la vida está en el presente".
Si no estás en el aquí y en el ahora, continuarás perdiéndola. La invitación siempre te ha sido dada, pero nunca estuviste presente, nunca se te encontró en casa, estuviste ocupado en alguna otra parte. Y entonces dices que sufres, y entonces dices: "¿Por qué tanta desgracia?". Y todo el mundo parece ser desgraciado: aquellos que han vivido un tiempo largo, parecen desgraciados; aquellos que no han vivido, parecen desgraciados. Gente joven, ancianos, todo el mundo parece desgraciado, porque la mente es la misma.

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