Sucedió una vez: El clima estaba malo y tormentoso, y se había perdido un avión. La neblina estaba tan densa que a todos les dio temor y miedo. Había un sacerdote. Aparte de él, todos estaban llorando, gritando, sudando. El momento era peligroso, en cualquier momento la muerte. Aún el piloto estaba nervioso y sudando. El sacerdote les dijo a todos que se arrodillaran y rezaran. Todos menos un comerciante, un pequeño hombre, todos se arrodillaron y comenzaron a rezar. El sacerdote le preguntó al comerciante: "¿Por qué no estás rezando?".
El hombre dijo: "Perdóneme padre, porque no sé rezar. Nunca he rezado".
Y no había tiempo para enseñarle al hombre: en cualquier momento se iba a caer el avión, en cualquier momento estallaría. Así que el sacerdote dijo: "Bien, no queda tiempo ahora. Así que ahora sólo compórtate como si estuvieras en la iglesia".
El comerciante caminó por los pasillos del avión recolectando la limosna.
Este tipo, aún en el momento de la muerte conoce sólo una forma de comportarse en la iglesia: colectar dinero; en el último momento el dinero aun permanece siendo el foco. Esto es lo primero a entenderse, entonces podrás entender el versículo anterior.
En segundo lugar: en esta parábola Jesús dice que la invitación de Dios siempre está presente. Muchas veces viene y toca, o su mensajero viene y toca tu puerta. El te invita a venir a la cena, pero siempre estás ocupado y no puedes ir. Quieres ser disculpado.
Piensa en ti mismo: si un mensajero viene y te invita, ¿estás listo a ir? Tienes tantas cosas que hacer y terminar primero y nunca serás capaz de terminarlas, porque no tienen fin. La invitación es rechazada. Dices: "Habría ido, me habría gustado ir", pero esto es falso. ¿Por qué no puedes aceptar la invitación? Porque hay cosas más importantes que hacer: hay algún matrimonio y tienes que ir porque es una relación de negocios; o has comprado unas tierras y tienes que ir a cobrar la renta; o alguna otra cosa. Dios es siempre el último artículo en la lista de un comerciante. Y él nunca llega al último artículo, antes de eso, viene la muerte.
Dios es el fenómeno más inútil. La gente viene donde mí y pregunta: "¿Para qué meditar? ¿Qué lograremos con eso?". Ellos están preguntando: "¿Cuál es la ganancia? ¿Qué vamos a ganar con esto?". Y si digo: "Nada", simplemente no pueden entender por qué la gente está viniendo a mí. ¿A aprender nada? ¿A ganar nada?
Algo visible, tangible necesita: que medite y que el dinero comience a caer sobre él, entonces vale la pena; que medite y comience a tener éxito en el mundo, entonces vale la pena; que medite y las enfermedades desaparezcan del cuerpo, entonces vale la pena.
Pero si dices: "Nada", o "Dios" -lo cual significa lo mismo, sólo que las palabras difieren, porque Dios es nada- si usas tus valores que usas en este mundo, ¿qué es Dios? No lo puedes categorizar. ¿Dónde lo ubicarás? ¿En qué categoría? ¿Qué etiqueta le pondrás? ¿Y cómo decidirás su precio? El no es nada, él no pertenece a este mundo. ¿Y en qué modo lo puedes usar? No lo puedes usar porque Dios no es un servicio, es un éxtasis.
Un éxtasis no puede ser usado. Puedes gozarlo, pero no puedes usarlo. ¿Cuál es la diferencia entre gozar y usar? Mira a un árbol, al verdor, al amanecer -lo gozas, no lo puedes vender. Mira a una flor, la gozas -pero el comerciante arrancará la flor e irá a venderla al mercado. No puedes arrancar a Dios e ir a venderlo en el mercado. Ya lo has intentado, por eso es que existen los templos, las mezquitas, los gurudwaras, las iglesias. Así es como el comerciante se ha comportado con Dios: ha tratado de venderlo también y ganar algo en eso. Es un gran negocio.
Y el sacerdote es el comerciante convertido en hombre religioso, él no es religioso en absoluto. Por eso es que siempre está contra Jesús, contra Buda, contra Nanak, contra Kabir: está contra todos ellos, porque ésta es la gente peligrosa que destruye todo el negocio. Un comerciante no está interesado en Dios, en la poesía, en la oración, en el amor, en la belleza, en la bondad; no está interesado en el éxtasis. Tan solo gozar no significa nada para él. El dice: ¿Qué gano con eso?
Un millonario visitó una vez una tribu primitiva. Cuando se bajó del tren vio a un hombre primitivo echado en la plataforma bajo un árbol. La mañana era hermosa, con mucho sol, el aire estaba limpio y fresco, los pájaros cantando y el hombre descansando. El hombre de negocios no lo podía tolerar. Dijo: "Oiga jefe, ¿qué está haciendo ahí? ¡Es hora de ir a ganar algo!".
El hombre que estaba descansando abrió sus ojos y preguntó muy dulcemente: "¿Para qué?".
Este para qué no puede ser entendido por un hombre de negocios. Respondió: "¿Para qué? ¡Para ganar algo de dinero!".
El primitivo comenzó a sonreír y preguntó de nuevo: "¿Para qué?".
Esto era demasiado. El hombre de negocios se irritó y dijo: "¿Para qué? Para que tengas una cuenta bancaria y no tengas necesidad de trabajar y puedas descansar".
El primitivo cerró sus ojos y dijo: "Yo ya estoy descansando".
Esto es imposible, descansar ahora es imposible. Un hombre de negocios pospone el descanso para el futuro: "Trabaja aquí y ahora. ¡Ten una cuenta bancaria, después jubílate, después descansa y goza!". Pero eso nunca llega, no puede llegar. Un hombre de negocios nunca puede jubilarse, eso no está dentro del tipo, esa no es la cualidad del tipo. Puede jubilarse de una ocupación, inmediatamente, o aún antes, se conseguirá otra, porque él no puede descansar. Siempre piensa en futuro, pospone su goce. Recuerda, un hombre religioso goza aquí y ahora. El cielo de un hombre religioso no está en algún lugar del espacio sideral, en el futuro. ¡No! Así es como un comerciante mira al cielo.
El cielo de un hombre religioso está aquí y ahora, en este preciso momento. El lo goza, no lo pospone, porque nadie sabe sobre el futuro. No hay futuro, exactamente sólo existe el presente. El futuro es una falacia; es en alguna forma sólo para consolarse uno mismo de que algún día podrá gozar. Y toda la vida estás entrenándote a ti mismo para no gozar, posponiendo, aún si entras al cielo.

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