sábado, 20 de junio de 2026

VIVIR EL MOMENTO.

 


Justamente el otro día estaba leyendo un libro, un libro sobre el movimiento Hare Krishna. El nombre del libro: El Mundo de Hare Krishna. La mujer que ha escrito el libro escribe sobre el Dr. S. Radhakrishna, presidente anterior (late) de la India, como el late (también significa difunto) Dr. Radhakrishna, porque cada vez que un político pierde su puesto ya es late (difunto). Ella puede no saber que él está vivo, porque repentinamente los periódicos se olvidan de un hombre que ya no tiene un puesto. Ahora, ¿dónde está Nixon? ¡Olvidado! ¿Dónde está Giri? Olvidado, tirado al tacho de basura, a nadie le importa. Sólo cuando mueran habrá una pequeña noticia en los periódicos. Por eso es que todo el mundo se aferra a su puesto, al trabajo, nadie quiere jubilarse, porque una vez que te jubilas, ¿dónde está tu identidad? Fuiste alguien, ahora te has vuelto nadie.

El genio de la mente tiene una condición: "Si me das trabajo te daré el ego, serás alguien. Si dejas de darme trabajo, no serás nadie. Recuerda, si estoy vacío, tú estás vacío, existes conmigo". Un comerciante es un seguidor de la mente. El continúa dando trabajo, el ego es fortificado, pero el espíritu es perdido. Es un suicidio, pero muy sutil.

Si puedes existir por unos cuantos momentos sin trabajo y sin embargo te sientes agradecido a Dios, si puedes ser un nadie y aún te sientes agradecido a la existencia, eres un hombre religioso. Entonces tu valor no proviene de lo que estás haciendo, no de eso; tu valor no proviene de lo que estás haciendo, tu valor proviene de tu ser; tu valor no está en el banco, está en ti. Entonces tú vales. El mundo puede no reconocerlo, porque el mundo reconoce al comerciante. El mundo puede olvidarte completamente. Puedes pasar por la calle sin que nadie te desee un buen día, sin que nadie te mire, eso es posible, eso ocurre, porque jamás nadie te miró a ti. Era el trabajo que hacías el que era importante. Ahora el trabajo ya no está, ya no estás ahí -te has vuelto una no-entidad.

Pero si puedes ser feliz volviéndote una no-entidad, te has vuelto un sannyasin, has entrado en el otro mundo de lo divino. Ahora puedes disfrutar de la belleza y de la luna llena, ahora puedes gozar del verdor de los árboles y de las ondas del lago. Ahora puedes gozar de todo, y el todo está abierto e invitándote. La invitación siempre está presente pero no tienes tiempo de mirarla; siempre estás ocupado y quieres ser disculpado.

Por muchas, muchas vidas has estado diciendo: "Por favor discúlpame, no puedo ir. Alguien se casa y tengo que ir ahí. No puedo ir porque tengo que comprar una casa". ¿Qué estás diciendo? La vida te invita a estar extático y tú rechazas la invitación, y entonces dices: "Estoy sufriendo", entonces dices: "He sido rechazado", entonces dices: "¿Por qué hay tanto dolor en la vida?". Rechazas todas las invitaciones para ser feliz.

Los árboles te invitan, la luna te invita, las nubes te invitan, el río te invita. Toda la existencia te invita por todas partes, pero tú dices: "Discúlpame...". La rosa te invita pero tú pasas por su lado y dices: "Discúlpame, no puedo ir porque estoy yendo al matrimonio de un amigo".

"El sirviente regresó, le dijo a su amo: 'Aquellos a quienes has invitado a la cena se han disculpado, no van a venir'.

El amo le dijo a su sirviente: 'Anda a las calles, trae a aquellos que encuentres para que podamos cenar'".

Esto debe ser entendido: la primera vez la invitación había sido enviada a personas respetables, a personas que eran "alguien", a personas que habían logrado cierta identidad con el ego, al presidente, al primer ministro; la invitación había sido enviada a gente muy importante. Ellos la rechazaron porque estaban demasiado ocupados y no podían ir. Ahora la invitación es hecha a mendigos, a hippies, a aquellos que están por las calles. Es muy significativo que esto sea entendido: aquellos que piensan que son muy respetables, pierden lo divino.

Aún los mendigos lo logran y los emperadores lo pierden, porque siempre están en la calle. Los invitas y ya están listos. Nunca dirán: "Discúlpame", no tienen nada de qué disculparse, estaban simplemente esperando. Tú los llamas y ellos vendrán, estaban en las calles. Así que el amo dijo: "Anda a las calles, trae a aquellos que encuentres...". No encontrarás a personas respetables ahí: ni al alcalde, ni al presidente, ni al millonario. No, no los encontrarás por las calles, nunca están ahí. Encontrarás mendigos, gente que se ha perdido, gente que no tiene nada que hacer, que sólo está vagando, vagabundos, a ellos los encontrarás.

Es muy significativo. Buda dejó su palacio y se volvió un mendigo; Mahavira dejó su reino y se volvió un fakir desnudo, por las calles, siempre en el camino. ¿Qué significa? Ahora esta gente lo conseguirá... Y siempre están listos, no tienen nada que decir: "No puedo ir". No tienen ningún matrimonio al que asistir, no tienen casa que vender o comprar; no tienen nada que hacer, siempre están tranquilos y en descanso.

"El amo dijo... 'Anda a las calles, trae a aquellos que encuentres para que podamos cenar'".

Aquellos que son "alguien" en el mundo del ego siempre rechazarán la invitación, porque el ego necesita una ocupación constante y no puede gozar. Es como una herida: puede sufrir pero no puede gozar; no es como una flor, es como una herida. Entonces aquellos que son como flores, aquellos que ya están gozando, aún si no han recibido la invitación, ya están en la cena; aquellos que ya han entrado a la existencia y la están gozando; aquellos que no tienen preocupaciones ni cargas que llevar, aquellos están en el camino.

Puede haber sido una noche de luna llena... "Ahora anda y trae 'nadies', porque Dios tiene que compartir". Si la gente muy importante no viene, entonces los "nadies" vendrán, pero Dios tiene que compartir. Y los mendigos han gozado de Dios más que los emperadores, porque tienen la cualidad de estar desocupados. No son comerciantes, no son utilitarios; viven el momento, no posponen para el futuro.


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