sábado, 13 de octubre de 2018

TRES FORMAS DE LLEGAR A TU INTERIOR


Así como estamos aprendiendo acerca del método de Buda, sería conveniente entender otro método, un método más. El Tantra ha utilizado el sexo. Esa es otra fuerza vital. Si quieres profundizar tendrás que emplear fuerzas muy vitales, las más arraigadas en ti. El Tantra emplea el sexo. Cuando estás inmerso en un acto sexual, estás muy cerca del centro de la creación, del centro mismo de la vida. Si puedes sumergirte en el acto sexual de una forma consciente, se convierte en meditación.

Es algo muy difícil, más difícil incluso que la respiración. Puedes respirar conscientemente en pequeña escala, desde luego que puedes, pero el fenómeno mismo del sexo requiere tu inconsciente. Si te vuelves consciente perderás tu deseo sexual y tu lujuria. Si te vuelves consciente no albergarás deseo sexual en tu interior. Así que el Tantra ha hecho la cosa más complicada que puede hacerse en este mundo. En la historia de los experimentos con la consciencia, el Tantra es el que va más lejos.

Pero, desde luego, uno puede engañarse y con el Tantra el engaño es muy fácil porque nadie más que tú sabe en qué consiste el engaño. Nadie puede saberlo. Pero solamente uno entre cien puede alcanzar el éxito en el método tántrico de la consciencia, porque el sexo necesita del inconsciente. Por eso un tántrico, un discípulo del Tantra, ha de operar con el sexo, con el deseo sexual, de modo similar como con el aliento. Ha de ser consciente de él. Cuando se está implicado de hecho en el acto sexual, ha de mantenerse consciente.

Todo tu cuerpo, la energía sexual, alcanza un clímax desde donde explota. El buscador, el sadhak tántrico alcanza el clímax conscientemente y existe un método con el que poder evaluarlo. Si la eyaculación sucede de modo automático y tú no eres el amo, entonces no eres consciente de ello. Entonces el inconsciente ha pasado a ser el amo. El sexo alcanza su culminación y luego no puede hacer nada más que eyacular. La eyaculación no es algo que hagas tú. Tú puedes ser el que inicia el proceso sexual, pero nunca puedes ser el que lo termina. El final siempre corre a cargo del inconsciente.

Si eres capaz de retener el clímax y convertir en un acto consciente el tener o no tener la eyaculación, si eres capaz de regresar desde este clímax sin eyacular o si eres capaz de mantener ese clímax durante horas, si éste es tu acto consciente, entonces eres el amo. Y si alguien puede alcanzar el clímax sexual, justo al borde del orgasmo, y puede retenerlo y ser consciente de ello, de repente se vuelve consciente de su centro propio más profundo. ¡De repente! Y no solamente ocurre que se vuelve consciente de su centro más profundo; también se vuelve consciente del centro de su compañero, de su centro más interno.

Por eso el practicante del Tantra, si es un hombre, reverenciará siempre a su compañera. La compañera no es simplemente un objeto sexual. ¡Es divina! ¡Es una diosa! Y el acto no es en absoluto carnal. Si puedes sumergirte en él de forma consciente, es el acto más espiritual que puede darse. Pero llegar a lo más hondo es algo virtualmente imposible. Emplea pues o bien el sexo o bien la respiración.

Mahavira utilizó el hambre. Esa es otra cosa muy arraigada. El hambre no es sencillamente tener hambre por un sabor o de algo en particular. Es tu misma subsistencia. Mahavira empleó el hambre, el ayuno, como un método de consciencia. No es una austeridad. Mahavira no fue un asceta. La gente lo ha mal interpretado completamente. No fue en absoluto un asceta. Ningún sabio lo es. Pero empleaba el ayuno, el hambre, como vehículo para ser consciente.

Puede que te hayas dado cuenta del hecho de que, cuando tu estómago está lleno, te empiezas a sentir somnoliento, empiezas a sentirte inconsciente. Quieres irte a dormir. Pero cuando tienes hambre, cuando ayunas, eres incapaz de dormir. Incluso por la noche das vueltas y vueltas en la cama. Eres incapaz de dormir cuando ayunas. ¿Por qué no puedes dormir? Porque es algo peligroso para la vida. El sueño es entonces algo secundario. La comida es la necesidad perentoria, el obtener alimento. Eso es lo más necesario. El sueño deja de ser entonces un problema.

Pero Mahavira lo empleaba de una forma muy, muy científica. Debido a que eres incapaz de dormirte cuando ayunas, puedes recordar con más facilidad. La consciencia viene a ti más fácilmente. Y Mahavira empleaba el hambre misma como un objeto para su consciencia. Se mantenía de pie siempre. Puede que hayas visto las estatuas de Buda sentado, pero las estatuas de Mahavira lo muestran en posición más o menos erecta. Estaba siempre de pie. Puedes sentir más tu hambre cuando permaneces de pie. Si estás sentado la percibirás menos; si estás tumbado la sentirás aún menos. Cuando estás de pie, todo el cuerpo empieza a sentirse hambriento. Sientes el hambre por todo tu cuerpo. Todo tu cuerpo fluye, se vuelve un río de hambre. Estás hambriento desde la cabeza a los pies. No es solamente en el estómago. Los pies la perciben, incluso el cuerpo entero siente el hambre. Y Mahavira permanecía de pie en silencio observando, acompañando el hambre tal y como se acompaña el aliento. Se dice que en el período de sus doce años de silencio, estuvo ayunando más o menos unos once año. Solamente durante trescientos setenta días en los doce años ingirió comida. El hambre fue el método.

La comida y el sexo son las cosas más profundas, como el aliento. Cuando te mantienes siendo consciente de tu hambre, no haciendo nada más que ser consciente, de improviso eres arrojado a tu centro, a tu ser. Primero, el hambre se mueve superficialmente. Si no alimentas las capas superficiales, las capas más profundas se vuelven hambrientas. Si no das alimento a estas capas más internas, niveles aún más profundos se vuelven hambrientos. Y así sucesivamente. Por último tu cuerpo entero empieza a sentirse hambriento. Cuando todo el cuerpo está hambriento, eres lanzado al centro.

Cuando sientes hambre, es un hambre falsa. En realidad, es más o menos un hábito, no hambre. Si almuerzas a una hora determinada, por ejemplo a la una, entonces a la una comienzas a sentir hambre. Esta es un hambre falsa, sin conexión alguna con el cuerpo. Si no comes a la una en punto te darás cuenta que a las dos el hambre ha desaparecido. Si fuera algo natural, se habría incrementado aún más. ¿Por qué ha desaparecido? Si fuera real la hubieras sentido más a las dos y aún más a las tres y más a las cuatro. Pero ha desaparecido. Era una costumbre simplemente, una costumbre muy superficial.

Si un hombre bien alimentado ayuna durante tres semanas, solamente entonces puede saber realmente lo que es la auténtica hambre. Entonces, por vez primera, sabe lo que es la verdadera hambre. Así como estás ahora nunca podrás darte cuenta de que el hambre es algo tan poderoso como el sexo. Es más poderoso, pero solamente el hambre auténtica. Por eso ocurre que cuando estás ayunando, tu deseo sexual desaparece, porque entonces algo más fundamental está en juego.

La comida es tu supervivencia, el sexo es para la supervivencia de tu raza. Es un fenómeno distante, sin relación contigo. El sexo es el alimento de la raza, no el tuyo. Morirás, pero a través del sexo la Humanidad puede vivir. Por eso no es en realidad tu problema. Es un problema racial. Puedes hasta olvidarte de él, pero no puedes olvidarte de comer porque ése es tu problema. Te implica a ti. De modo que si ayunas, poco a poco el sexo desparece, se volverá más y más distante.

Debido a esto mucha gente se engaña a sí misma. Creen que si comen menos cada vez se volverán célibes, brahmacharis. No será así. El problema ha sido, sencillamente, dejado de lado. Dales comida adecuada y el deseo sexual volverá, con más fuerza aún, más fresco, más joven.

Si ayunas durante más de tres semanas, todo tu cuerpo estará hambriento. Cada célula, cada célula de tu cuerpo empezará a sentir el hambre. Entonces, por primera vez, estás hambriento; tu estómago está hambriento, tu cuerpo entero está hambriento. Estás rodeado por un tremendo fuego de hambre. Mahavira empleaba este método para mantenerse consciente. Por eso se mantenía hambriento: ayuno y consciencia.

Un hombre puede vivir sin comida durante tres meses. Un hombre sano, desde luego. Un hombre normalmente sano es capaz de estar tres meses sin comer. ¡Tres meses! Si ayunas durante tres meses, entonces un día de improviso te encontrarás a las puertas de la muerte. Este es un encuentro consciente con la muerte y ese encuentro se da solamente cuando estás a las puertas de abandonar tu cuerpo y saltar a tu centro, dentro. Todo el cuerpo se halla ahora exhausto. No puede seguir. Eres lanzado a tu origen y no puedes vivir en tu cuerpo. Poco a poco eres expulsado de tu cuerpo, hacia adentro, hacia adentro, hacia adentro.

La comida te lleva hacia fuera. El ayuno te lleva hacia adentro. Llega un momento en el que el cuerpo es incapaz de soportarte un instante más. Entonces eres lanzado a tu centro. En ese instante tu sol interior es liberado.

Por eso Mahavira ayunaba durante tres meses, incluso durante cuatro meses. Estaba extraordinariamente sano. Es todavía un secreto el porqué, después de tres o cuatro meses, de repente iba al pueblo a mendigar comida. En realidad, cuando se acercaba al límite en el cual un solo instante podía ser fatal, solamente entonces iba a mendigar comida. Reentraba en el cuerpo y de nuevo ayunaba, de nuevo se dirigía al centro. De nuevo entraba en el cuerpo; luego otra vez al centro.

Así podía darse cuenta de la brecha: el aliento entrante, el aliento saliente. La vida entrando en el cuerpo, la vida saliendo del cuerpo. Y permanecía consciente de este proceso. Ingería comida y permanecía consciente de este proceso. Ingería comida y regresaba al cuerpo, digámoslo así, y luego volvía a ayunar. Estuvo haciendo esto continuamente durante doce años. Era un proceso interno.

He explicado pues tres puntos: el aliento, el sexo y el hambre. Puntos fundamentales, muy básicos. Mantente consciente en cualquiera de ellos. El del respirar es el más sencillo. Es más difícil emplear el método tántrico. A la mente le gustaría emplearlo, pero es complicado. Será difícil el emplear el método del hambre; a la mente no le gustaría. Esos dos son muy difíciles. Tanto si te gustan como si no, son difíciles. Solamente el proceso de la respiración es sencillo. Y para la era entrante creo que el método de Buda será de mucha ayuda. Es moderado, fácil, no muy peligroso.

Por eso Buda es conocido desde siempre como el creador del “camino medio”, majhim-nikaya, el punto medio de oro. El sexo y la comida están entre esos dos. El aliento es el punto medio dorado, el centro exacto.

Y hay muchos métodos más. Con cualquier método puedes establecerte esa luz interior. Y una vez establecido, tu luz comienza a fluir hacia tus células corporales. Todo tu mecanismo es entonces refrescado y posees un cuerpo de Buda, un cuerpo de uno que está Iluminado.

sábado, 6 de octubre de 2018

ACOMPAÑANDO AL ALIENTO


Acompañar el aliento quiere decir que no debe ser permitido ni un solo pensamiento porque ese pensamiento absorberá tu atención, el pensamiento te distraerá. Por eso Buda nunca dice que detengas el pensar, sino que dice, “Simplemente respira conscientemente”. Automáticamente, el pensar se detendrá. No puedes hacer ambas cosas simultáneamente: pensar y respirar conscientemente.

Un pensamiento llega a tu mente y absorbe tu atención. Un solo pensamiento y te vuelves inconsciente de tu proceso de respiración. Por eso Buda empleó una técnica muy simple y al mismo tiempo muy vital. Les decía a sus discìpulos, “Haced cualquier cosa que estéis haciendo, pero no os olvidéis algo muy sencillo: acordaos del aliento entrante y saliente. Acompañadlo, fluid con él”. Cuanto más lo intentes, cuanto más te esfuerces, más consciente te volverás. La consciencia se incrementará por instantes. Es arduo, es difícil, pero una vez eres capaz de percibirlo eres un hombre distinto, eres un ser distinto en un mundo distinto.

Esto funciona en un doble sentido. Cuando inspiras expiras conscientemente, poco a poco te vas acercando a tu centro, porque tu aliento toca el centro de tu ser. A cada instante en que el aliento ingresa, toca el centro de tu ser.

Fisiológicamente crees que el respirar es algo para purificar solamente la sangre, que es una función de tu corazón, que es algo corporal. Crees que es una función de tu corazón, un sistema de bombeo para refrescar tu circulación sanguínea, para aportar más oxígeno a tu sangre, lo cual es algo que necesitas, y expulsar anhídrido carbónico como residuo, como material de desecho, para arrojarlo al exterior, para expulsarlo y sustituirlo.

Esto es correcto, pero es algo desde el punto de vista fisiológico. Si empiezas a ser consciente de tu aliento, poco a poco irás profundizando, yendo más allá de tu corazón. Y un día empezarás a percibir un centro justo al lado de tu ombligo. Ese centro puede ser percibido solamente si acompañas a tu aliento continuamente, porque cuanto más te aproximas a tu centro, más tiendes a perder consciencia. Eres capaz de comenzar cuando el aliento está entrando, cuando está acariciando tu nariz; puedes empezar dándote cuenta. Cuanto más hacia el interior se desplace, más dificultoso será mantenerse consciente. Vendrá un pensamiento, o un ruido o cualquier cosa y te habrás ido.

Si puedes llegar al centro mismo cuando, por un solo instante, el aliento se detiene y se crea una brecha, puede darse el salto. El aliento entra, el aliento sale. Entre esos dos se da una sutil pausa. Esa brecha es tu centro. Cuando acompañas al aliento, solamente entonces, después de un prolongado esfuerzo, te podrás volver consciente del intervalo, cuando no hay movimiento del aliento, cuando el aliento ni entra ni sale. Entre dos alientos surge un intervalo, una brecha. En ese intervalo estás en el centro.

De modo que el aliento es empleado por Buda como un camino para acercarse más y más al centro. Cuando sale, sé consciente del aliento. De nuevo surge un intervalo. Hay dos intervalos: un intervalo dentro y un intervalo afuera. El aliento entra, el aliento sale: hay una brecha. Es aún más difícil el darse cuenta del segundo intervalo.

Observa este proceso. Tu centro se halla entre el aliento que entra y el aliento que sale. Hay otro centro, el Centro Cósmico. Puedes llamarlo “Dios”. Entre el aliento que sale y el aliento que entra hay otra brecha. Esta brecha es el Centro Cósmico. Esos dos centros no son dos cosas distintas, pero antes tendrás que darte cuenta de tu centro interno y luego te volverás consciente de tu centro externo, y por último podrás llegar a conocer que esos dos centros son uno. Entonces el “afuera” y el “adentro” pierden su significado.

Buda dice que acompañes conscientemente el aliento y crearás un centro interno de consciencia. Y una vez que el centro ha sido creado, la consciencia empieza a acompañar tu aliento en tu sangre, a las mismas células, porque toda célula necesita aire y toda célula necesita oxígeno y toda célula, por así decirlo, respira. ¡Todas las células! Y en la actualidad los científicos afirman que parece incluso que la Tierra respira. Y debido al concepto einsteniano del universo en expansión, los científicos teóricos dicen ahora que parece que el universo entero respira.

Cuando tú inspiras, tu pecho se expande. Cuando expiras, tu pecho se contrae. Los científicos teóricos dicen en la actualidad que parece que el universo entero respira. Cuando el universo entero inspira, se expande. Cuando el universo entero expira, se contrae.

En los antiguos puranas hindúes, las escrituras mitológicas, se dice que la creación es una respiración de Brahma, la inspiración, y que la destrucción, pralaya, el fin del mundo, es el aliento que sale. Una respiración, una creación.

De un modo miniaturizado, de un modo atómico, lo mismo sucede en ti. Cuando tu consciencia se hace una con tu respiración, tu respiración lleva la consciencia a todas las células. Los rayos penetran entonces y todo y cuerpo se convierte en un cuerpo de un Buda. Realmente no posees un cuerpo material. Posees un cuerpo de consciencia. Esto es lo que quiere decir el Sutra.

sábado, 29 de septiembre de 2018

LA CONSCIENCIA COMO CENTRO DE ENERGÌA


El Sol está muy, muy lejos. La luz tarda diez minutos para viajar hasta la Tierra, y la luz viaja muy rápido: 300.000 Km. por segundo. Está muy, muy lejos. Pero por la mañana el Sol sale y llega incluso hasta las flores de tu jardín.


“Llegar” tiene un significado distinto. Solamente son los rayos los que llegan, no el sol. Por esto si tu energía llega a convertirse en un sol en tu centro más interior, si tu centro se convierte en un centro solar, si te vuelves consciente, consciente centralmente, si tu consciencia crece, entonces los rayos de tu consciencia alcanzarán cada parte de tu cuerpo, llegarán hasta cada célula. Entonces tu consciencia penetrará todas las células del cuerpo.

Es algo así como cuando el sol sale por la mañana, cuando todo adquiere vida sobre la Tierra. De pronto hay luz y el sueño desaparece, la monótona noche desaparece. De repente todo parece renacer. Los pájaros comienzan a cantar y extienden otra vez sus alas, las flores se abren y todo cobra vida solamente con el contacto, con el cálido contacto de los rayos del sol. Por eso cuando posees una consciencia central, cuando tienes una consciencia central, ésta comienza a llegar a cada poro, a cada rincón y a cada lugar. Penetra en todas las células. Y posees muchas, muchas células: setenta millones en tu cuerpo. Eres una gran ciudad, una gran nación. Setenta millones de células, y actualmente todas ellas son inconscientes. Tu consciencia nunca las ha alcanzado.

Crece en consciencia y cada célula será penetrada. Y en el instante en que tu consciencia toque las células, cambiarán. Su cualidad intrínseca cambia.

Un hombre está dormido; el sol sale y el hombre se despierta. ¿Es el mismo hombre que estaba durmiendo? ¿Son lo mismo su sueño y su estado de despierto? Era un capullo cerrado, yerto, y el sol ha salido y el capullo ha florecido y se ha convertido en una flor. ¿Es la misma flor? Algo nuevo la ha penetrado. Ha aparecido una vitalidad, una capacidad para crecer y florecer. Un pájaro estaba dormido, como muerto, como materia muerta, pero el sol se ha levantado y el pájaro ha desplegado sus alas. ¿Es el mismo pájaro? Es un fenómeno distinto. Algo le ha tocado y el pájaro ha cobrado vida. Todo estaba en silencio y ahora todo entona una canción. La mañana es una canción.

El mismo fenómeno ocurre en el interior de las células del cuerpo de un Buda. Se le conoce como Buda-kaya, el cuerpo de un Iluminado, de un Buda, es un cuerpo distinto. No es el mismo cuerpo que tú tienes, ni incluso similar al cuerpo que tenía Gautama antes de convertirse en un Buda.

Buda está a punto de morir y alguien le pregunta, “¿Te estás muriendo? ¿Dónde vas a ir cuando mueras?”. Buda le contesta, “El cuerpo que nació, morirá, pero hay otro cuerpo, el Buda-kaya, el cuerpo de un Buda, el cual ni ha nacido ni puede morir. He abandonado el cuerpo que me fue dado, que se me dio a través de mis padres. Así como una serpiente cambia la vieja piel cada año, yo lo he abandonado. Ahora existe el Buda-kaya, el cuerpo del Buda”.

¿Qué es lo que quiere decir esto? Tu consciencia alcanza todas las células de tu cuerpo, la cualidad intrínseca de tu ser, cambia, se transmuta porque entonces cada célula se vivifica, se vuelve consciente, se Ilumina. Entonces deja de haber esclavitud. Te has convertido en el amo. Simplemente convirtiéndote en un centro consciente, te vuelves el amo.

El sutra dice:

“Consolidarse en el sol de la consciencia es la única lámpara”

Así que, ¿por qué llevas contigo una lámpara de barro cuando acudes al templo? ¡Coge la lámpara interna! ¿Por qué quemas cirios en el altar? No te servirán de nada. ¡Enciende tu lámpara interna! ¡Conviértete en un cuerpo de Buda! Permite que cada una de tus células adquiera consciencia. No dejes que parte alguna de tu ser permanezca inconsciente.

Los budistas han conservado algunos huesos de Buda. La gente cree que son simplemente supersticiones. No lo son porque estos huesos no son huesos comunes. ¡No lo son! Las células, las partículas, los electrones de esos huesos han conocido algo que en muy raras ocasiones sucede. En Cachemira, en una mezquita, se conserva un pelo de Mahoma. Ese no es un pelo ordinario. No es simplemente una superstición. Ese pelo ha conocido algo.

Trata de comprenderlo así: una flor que no haya conocido nunca un rayo de sol y una flor que sí los haya conocido, que haya conocido al sol, no son las mismas, no pueden serlo. La flor que nunca ha conocido un rayo de sol nunca ha conocido luz alguna en ella porque ésta surge cuando el sol sale. La flor está sencillamente muerta; es una potencialidad. Nunca ha conocido su propio espíritu. Una flor que ha visto un amanecer ha visto también amanecer algo en ella. Sabe de un alma. Ahora la flor ya no es más simplemente una flor. Ha conocido algo que la ha conmocionado en su interior. Algo se ha agitado, algo ha cobrado vida en ella.
Por eso el pelo de Mahoma es algo diferente; posee una cualidad distinta. Ha conocido a un hombre, ha estado con un hombre que era un sol interior, una luz interna. Ese pelo se ha sumergido en las profundidades de algo misterioso que raramente sucede. Consolidarse en esa luz interior es la única lámpara que vale la pena llevar al altar de la deidad. No hay otra cosa que sirva.

¿Cómo crear este centro de consciencia? Consideraremos algunos métodos. Hablaba de Buda y del Buda-kaya y es pues adecuado el comenzar con Buda. Inventó un método, uno de los métodos más maravillosos, un método de lo más poderoso para crear un fuego interno, un sol interno de consciencia. Y no solamente para crearlo. El método es tal que, simultáneamente, la luz interior comienza a penetrar las células mismas del cuerpo, de todo tu ser.

Buda utilizó la respiración como método, el respirar con consciencia. El método es conocido como “Anapanasati Yoga”, el Yoga de ser consciente del aliento entrante y saliente. Estás respirando, pero es algo inconsciente. Y el aliento es prana, es la vitalidad, la vitalidad misma, la luz misma; y es algo inconsciente. No te das cuenta de él. Si tuvieras que ser consciente de él a cada momento, caerías muerto porque sería muy difícil poder respirar.

Buda utilizó la respiración como vehículo para conseguir dos cosas al mismo tiempo. Una, para crear consciencia, y la otra para hacer que esa consciencia penetre en todas las células del cuerpo. Dijo, “Respira conscientemente”. No es pranayama. Es simplemente hacer de tu aliento un objeto de tu consciencia, sin cambio alguno. No hay necesidad de que alteres tu respiración. Déjala tal y como está, natural. Déjala tal y como sea. No la alteres. Haz algo más: cuando respires, respira conscientemente. Deja que tu consciencia se mueva con el aliento entrante. Cuando expulses el aliento, ve con él. Entra, sal. Muévete conscientemente con el aliento; no te olvides ni de una sola respiración.

sábado, 22 de septiembre de 2018

LA BRECHA ENTRE EL CONSCIENTE Y EL INCONSCIENTE


El hombre está dividido. El hombre nace dividido. ¿Qué hacer pues? ¿Cómo es posible no crear esta brecha y como aportar consciencia a cada célula del cuerpo, a cada lugar y rincón de tu cuerpo? ¿Cómo aportar esa consciencia? Ese es el único problema de todas las religiones, de todos los yogas, de todos los sistemas para alcanzar la Iluminación. Cómo llevar consciencia a la totalidad de tu ser de modo que no quede inconsciencia en parte alguna.

Se han probado multitud de métodos, muchos son los métodos posibles, por eso hablaré de algunos métodos para que cada célula de tu cuerpo pueda volverse consciente. Y a menos que tú como totalidad te vuelvas consciente, no podrás sumirte en el gozo, no podrás estar en paz. Seguirás siendo una casa de locos.

Cada célula de tu cuerpo te afecta. Tiene su propio modo de funcionar, su propio sistema de aprendizaje, su propio condicionamiento. En el instante en que comienzas algo la célula toma el mando y comienza a comportarse según su modo peculiar. Entonces te sientes alterado. “¿Qué es lo que está pasando?” te preguntas. “Nunca supuse esto; nunca pensé en ello”. Y estás en lo cierto. Tus deseos puede que sean totalmente diferentes. Pero una vez le proporcionas a tus células, a tu cuerpo, algo que hacer, lo van a hacer según su propio sistema, según el modo en el que lo han aprendido.

Debido a esto, los científicos, en particular los científicos rusos, creen que no podemos cambiar al hombre a menos que cambiemos sus células.

Hay una escuela, una escuela de psicología del comportamiento, que sostiene que ser un Buda es debido a un fallo, que ser un Jesús es debido a un fallo, que ellos siempre serán debidos a fallos. No hay nada de extraño en eso porque sin cambiar la estructura misma del cuerpo, la estructura química del cuerpo, nada puede ser cambiado.

Esos psicólogos conductistas –Watson, Skinner, Pavlov-, dicen que si un Buda permanece en silencio, solamente significa que posee una constitución química distinta y nada más. Si está en silencio, si la paz le rodea, si nunca se altera, si nunca se encoleriza, esto sólo demuestra que carece de los compuestos que crean tales alteraciones, que crean la ira. Por eso Skinner dice, “Más pronto o más tarde será posible crear un Buda. No habrá necesidad de meditación alguna, no habrá porque ser más consciente. Lo único que es necesario es cambiar los compuestos químicos.

En cierto modo lo que afirma es cierto, pero peligrosamente cierto porque si determinados compuestos son extraídos de tu cuerpo, tu comportamiento cambiará. Si se introducen ciertas hormonas en tu cuerpo, tu comportamiento cambiará. Eres un hombre y te comportas como un hombre, pero no eres tú el que se comporta como un hombre. Son ciertas hormonas que hay en ti las que hacen que te comportes como un hombre. Si se cambian esas hormonas y se introducen otras que pertenezcan a la estructura femenina, te conducirás como una mujer. No es pues realmente tuyo tu comportamiento: es un comportamiento hormonal. No eres tú el que se enoja, sino ciertas hormonas que hay en ti. No eres tú el que está meditativo y en silencio, es cierta hormona que hay en ti.

Skinner afirma, “Por eso Buda es un fracasado, porque habla y habla de cosas irrelevantes. Le dice a un hombre, “No te enojes”, pero ese hombre está repleto de hormonas, de compuestos que crean la ira”. Por eso para un conductista, esto es lo mismo que si alguien se encuentra con fiebre muy alta, cuarenta grados de fiebre, y tú continúas hablándole de cosas hermosas y le dices, “Mantente en silencio, medita, no te afiebres”. Es algo absurdo, ¿Qué puede hacer el hombre en cuestión? A menos que cambies algo de su cuerpo seguirá teniendo fiebre. La fiebre es provocada por ciertos virus, por determinados compuestos. A menos que estos cambien, a menos que varíe su proporción, seguirá con fiebre. No hay ni que hablar de ello. Es absolutamente absurdo.

Lo mismo, para un Skinner, para un Pavlov, ocurre con la ira. Lo mismo ocurre con el sexo. Puedes hablar y hablar del celibato, del brahmacharya, y el cuerpo seguir rebosante de energía sexual, de células sexuales. Esa energía sexual no depende de ti. Más bien al contrario, tú dependes de esa energía. Sigues hablando del brahmacharya, pero no puede ocurrir nada solamente con hablar. Y tienen razón en cierto modo, pero solamente en cierto modo. Aciertan al decir que si cambian los compuestos químicos, si todas las células sexuales son expulsadas de tu cuerpo, no podrás sentirte sexual. Pero no te convertirás en un Buda. Te sentirás impotente, incapaz. Carecerás de algo.

Buda no carece de nada. Más bien al contrario, algo nuevo ha entrado en su vida. No es que carezca de hormonas sexuales. Están ahí. ¿Qué es pues lo que le ha ocurrido? Su consciencia se ha incrementado y su consciencia a penetrado hasta en las células sexuales. Las células sexuales están ahí, pero son incapaces de comportarse independientemente. A menos que el centro les ordene que actúen no pueden actuar. Permanecen inactivas.

En una persona que es impotente las células sexuales no existen. En un Buda están ahí y más potentes que en una persona corriente; más fuertes, porque no son nunca empleadas, nunca se utilizan. La energía se acumula en ellas, hierven de energía, pero la consciencia ha penetrado ahora en las células. Ahora la consciencia no es solamente un punto de arranque; se ha convertido en el amo.

Puede que Skinner prevalezca en un futuro próximo. Puede que se convierta en una gran fuerza. Tal y como Marx se convirtió en una gran fuerza para la economía externa de una sociedad; tal y como Marx, cualquier día Pavlov y Skinner se convertirán en el motor central para la economía interna del cuerpo humano y de la mente humana. Y son capaces de demostrar todo lo que afirman. ¡Pueden demostrarlo! Pero el fenómeno tiene dos vertientes.

Observas una bombilla eléctrica. Si destruyes la bombilla, la luz desaparecerá no es que la electricidad desaparezca. Lo mismo ocurre cuando desenchufas la corriente: la bombilla queda intacta, pero la luz también desaparecerá. La luz puede pues desaparecer de dos formas. Si rompes la bombilla, seguirá habiendo electricidad, pero al no existir un medio mediante el cual pueda evidenciarse, no podrá mostrarse como luz. Si tus células sexuales son destruidas, la sexualidad seguirá estando en ti, pero sin un medio a través del cual expresarse. Este es un método.

Skinner ha experimentado con multitud de animales. operándoles simplemente en una glándula determinada, un perro feroz se convierte en una imitación de buda. Se sienta en silencio como si meditara. No puedes provocarle para que se enfurezca de nuevo. Hagas lo que hagas te observará sin ira. No es que el perro se haya convertido en un Buda, ni que su mente interior haya desaparecido. Esto es impotencia. El medio ha desaparecido, no el deseo. Si se destruye el medio, si no existe la bombilla, puedes preguntar, “¿Dónde está tu luz y dónde está tu electricidad?”. Está ahí, pero ahora escondida.

Las religiones han estado trabajando desde el otro extremo, sin intentar destruir la bombilla. Eso es algo estúpido porque si acabas con la bombilla no podrás darte cuenta de la corriente que subyace tras ella. Cambia la corriente, transforma la corriente, permite que la corriente se mueva en una nueva dimensión, y deja que la bombilla permanezca intacta, viva, pero sin luz.

Digo que Skinner puede que prevalezca porque muestra un camino fácil. Te sientes enojado; puedes ser operado de ello. Te sientes sexual; puedes ser operado de ello. Tus problemas serán resueltos, pero no por ti, sino por un cirujano, por alguien distinto de ti. Y siempre que un problema es resuelto por alguien que no eres tú te pierdes una gran oportunidad porque al solucionarlo, creces. Cuando alguien lo resuelve por ti, permaneces siendo el mismo. El problema puede ser resuelto sobre el cuerpo y dejará de haber problemas, pero tú ya no serás más un ser humano.

El énfasis de la religión está en la transformación de la consciencia y lo primero es crear una mayor fuerza consciente en tu interior para ayudar a que esa consciencia se expanda. Por eso, consolidarse en el sol de la consciencia, es la única lámpara.

sábado, 15 de septiembre de 2018

EL CONFLICTO ENTRE CONSCIENCIA E INCONSCIENCIA


¿Cuáles son los obstáculos? ¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué se da esta situación? ¿Por qué existe este conflicto entre consciencia e inconsciencia? Considerémoslo detenidamente.

Es natural. Sea lo que sea, es natural. El hombre ha evolucionado a través de millones de años. Esta evolución te ha creado a ti, a tu cuerpo, a tu mecanismo. Esta evolución ha supuesto una larga lucha, millones y millones de experiencias, de fracasos, de éxitos. Tu cuerpo ha aprendido mucho, tu cuerpo ha estado continuamente aprendiendo cosas. Tu cuerpo sabe mucho y lleva impreso este saber. Repite una y otra vez sus modos de comportamiento. Incluso aunque la situación haya cambiado, el cuerpo permanece el mismo. Por ejemplo, cuando sientes ira, la sientes del mismo modo que la sentía un hombre primitivo, la sientes igual que la siente un animal, la sientes de la misma forma que cualquier chico. Y éste es el mecanismo: cuando te sientes enojado tu cuerpo tiene una rutina prefijada, un ritual, una rutina que desplegar.

En el instante en que tu mente dice “ira”, posees glándulas que comienzan a liberar compuestos en la sangre. Se libera adrenalina en la sangre. Es algo necesario porque bajo la ira tendrás que golpear o ser golpeado por tu contrincante. Necesitarás de un aumento de circulación sanguínea y este compuesto ayudará a que aumente la circulación. Puede que tengas que luchar o puede que tengas que escapar de cierta situación, huir. En ambos casos este compuesto será de ayuda. Por eso, cuando un animal está enojado el cuerpo se siente dispuesto a luchar o a escapar. Y esas dos son las dos alternativas: si el animal percibe que es más fuerte que su oponente, luchará; si siente que él no es el más fuerte, escapará. Y el mecanismo trabaja muy eficazmente.

Pero para el hombre, la situación se ha vuelto distinta por completo. Cuando te sientes enojado, puede que no puedas ni siquiera expresarlo. Eso es algo imposible para el animal. Depende de la situación. Si se trata de enfrentarte a tus inferiores, entonces eres capaz de expresarlo. Si es en contra de tu superior, entonces no eres capaz de expresarlo. No solamente esto; puede que incluso rías o sonrías. Puede que incluso persuadas a tu jefe, a tu amo de que no solamente no estás enojado sino que eres muy feliz. Estás confundiendo así a todo el mecanismo corporal. El cuerpo se halla en disposición de pelear y tú estás sonriendo. Estás creando una confusión en el cuerpo. El cuerpo es incapaz de entender lo que estás haciendo. ¿Estás loco o qué? El está dispuesto a hacer una de las dos cosas que le son naturales: luchar o escapar.

Este sonreír es algo nuevo. Este engaño es algo nuevo. El cuerpo no posee mecanismos adecuados a él, de modo que te ves obligado a forzar la sonrisa sin el flujo químico que te ayuda a sonreír, que te ayuda a reír. No hay substancias que ahora te ayuden a reír. Muestras una sonrisa forzada, una falsa sonrisa mientras el cuerpo ha liberado compuestos en el cuerpo que te hacen estar dispuesto para pelear. ¿Qué hará ahora la sangre? El cuerpo posee un lenguaje que comprende a la perfección, pero te estás comportando de un modo insano, carente de cordura. Se crea así una separación entre tú y tu cuerpo. Este mecanismo es inconsciente, este mecanismo es involuntario. Tu voluntad, tu volición no es necesaria porque conllevará tiempo y hay situaciones en las cuales no se puede disponer de tiempo.

Un tigre te acaba de atacar; no hay tiempo ahora para meditaciones. No puedes contemporizar sobre qué hacer. Tienes que hacer algo sin la mente. Si la mente se entromete, estás perdido. No puedes pensar, no le puedes decir al tigre, “¡Espera! Deja que lo piense; deja que piense qué hacer”. Has de actuar inmediatamente, sin consciencia alguna.

El cuerpo posee un mecanismo. El tigre está ahí, la mente sabe simplemente que el tigre está ahí. El mecanismo corporal comienza a trabajar. El trabajo no depende de la mente porque la mente es un trabajador lento, muy poco eficiente. No se puede confiar en ella en situaciones de emergencia, por eso el cuerpo comienza a trabajar. Te sientes asustado. Vas a escapar, huirás.

Lo mismo ocurre cuando estás en un escenario preparado para dirigirte a una gran audiencia. No hay un tigre, pero te sientes asustado por el público. El miedo toma forma; el cuerpo es informado. Esa información de que tú tienes miedo es automática. El cuerpo empieza a liberar compuestos, los mismos compuestos que liberaría si el tigre te atacara. No hay tal tigre, en realidad no hay nadie que te ataque, pero la audiencia parece que va a iniciar un ataque frontal. Parece que todo el mundo tiene un talante agresivo. Por eso te has asustado.

Ahora el cuerpo está listo para luchar o para escapar, pero las dos alternativas están descartadas. Has de estar ahí y hablar. Tu cuerpo empieza a transpirar, aunque sea una noche fría. ¿Por qué? Porque el cuerpo está listo para correr o para luchar. La sangre circula más, se crea más calor, y tú sigues ahí, así que empiezas a sudar y a continuación te sacude un ligero temblor. Todo tu cuerpo empieza a temblar.

Ocurre lo mismo que si arrancas un coche y pisas el acelerador y el freno al mismo tiempo. El motor se calentará, listo para correr y lo estás frenando simultáneamente. Todo el coche se pondrá a temblar. Lo mismo ocurre cuando estás en un estrado. Sientes miedo y el cuerpo está listo para escapar. El acelerador se pisa, pero no puedes echar a correr. Tienes que dirigirte al público. Eres un líder o algo así. No puedes echar a correr. Has de afrontarlo y quedarte ahí, en el estrado. Has de dar la cara.

En este instante estás haciendo dos cosas simultáneamente que son auténticamente contradictorias. Estás pisando el acelerador y el freno al mismo tiempo. No puedes echar a correr, pero el cuerpo está listo para hacerlo. Empiezas a temblar y se genera calor. Tu cuerpo se pregunta, “¿Qué estás haciendo?”. El cuerpo no es capaz de entenderte. Se crea una brecha. El inconsciente hace una cosa y el consciente sigue haciendo otra. Estás dividido. Esta brecha ha de ser estudiada cuidadosamente.

En cada uno de tus actos esa brecha está presente. Ves una película, una película erótica. Tu sexualidad es excitada. Tu cuerpo está listo para explosionar en una experiencia sexual, pero solamente estás viendo una película. Simplemente estás sentado en una silla y tu cuerpo está listo para el acto sexual.

La película te irá acelerando, te irá presionando. Estás excitado, pero no puedes hacer nada. El cuerpo está listo para hacer algo, pero la situación no. Por esto se crea una brecha. Empiezas a percibirte a ti mismo como diferente y surge una barrera entre tú y tu cuerpo. Debido a esta barrera y a esa constante excitación y represión simultáneas, a este acelerar y frenar simultáneo, a esta constante contradicción en tu existencia, te encuentras enfermo.

Si pudieras retroceder y ser un animal, lo cual es imposible, te encontrarías sano e íntegro. Es un hecho extraño: los animales no se encuentran enfermos cuando están en su hábitat natural, pero ponlos en un zoo y empezarán a imitar las enfermedades humanas. Ningún animal es homosexual en su entorno natural, en su estado natural, pero pon a los animales en un zoo y comenzarán a comportarse de un modo absurdo: empezarán a comportarse de un modo homosexual. Ningún animal se vuelve loco en estado natural, pero en un zoo los animales enloquecen.

No se sabe, en toda la historia de la Humanidad, de ningún animal que haya cometido suicidio, pero en un zoo los animales pueden suicidarse. Es algo extraño, pero no realmente extraño porque en el instante en que el hombre comienza a forzar a los animales a llevar una vida que no es natural, estos se sienten divididos por dentro. Se crea una división, una brecha; se pierde la unidad.


sábado, 8 de septiembre de 2018

EL INCONSCIENTE, EL AMO


Un día una mujer fue a la escuela de Mulla Nasrudin con su hijo pequeño. La mujer le pidió a Mulla que asustara al chico. Era muy rebelde y no obedecía a nadie. Necesitaba ser amedrentado por alguien que fuera una autoridad. Desde luego, Mulla era alguien en su pueblo. Adoptó una postura muy amenazadora. Sus ojos, fieros, se salían de sus órbitas y empezó a dar saltos. La mujer pensó, “Ahora es imposible detener a Mulla. Puede que hasta mate al niño”.

La mujer se desmayó, el niño se escapó y él, Mulla, se asustó tanto de sí mismo que tuvo que salir corriendo de la escuela. Esperó afuera y la mujer regresó. Luego volvió a entrar lentamente, en silencio, con la cara seria. La mujer dijo, “Mulla, qué extraño, ¡nunca te pedí que me asustaras!”.

Mulla dijo, “No te das cuenta de lo que ha sucedido. No fuiste solamente tú la que te asustaste; incluso yo me asusté de mí mismo. Cuando el miedo aparece, acaba con todo. Es fácil provocarlo, pero controlarlo es difícil. Yo era el amo cuando lo provoqué, pero al poco rato me dominó y él se convirtió en el amo y yo en el esclavo; no pude hacer nada por impedirlo. Y más aún: el miedo no entiende de favoritismos. Cuando golpea, golpea a todos.

Es una bella parábola que muestra una profunda comprensión de la mente humana. Eres consciente de todo, pero sólo al comienzo. Después el inconsciente toma el mando. El inconsciente se hace cargo de la situación y el inconsciente se hace el amo y señor. Puedes provocar la ira, pero nunca puedes hacer que termine. Al contrario, la ira termina contigo. Eres capaz de hacer que empiece lo que sea, pero antes o después el inconsciente se convierte en el amo, eres relevado de tu cargo. De modo que solamente los comienzos están en tus manos, nunca los finales. Y tú no eres el amo de todo lo que sigue.

Esto es algo natural porque solamente un muy pequeño fragmento de la mente es consciente. Funciona como lo hace un motor de arranque en tu coche. Pone en funcionamiento el coche y luego deja de ser útil; entonces el motor pasa a realizar el trabajo. Se requiere solamente para poner en marcha el motor. Sin él, es difícil arrancarlo. Pero no sigas creyendo que porque eres capaz de empezar algo, eres el amo. Este es el secreto de esta parábola. Debido a que lo originaste, empiezas a creer que eres el amo. Debido a que lo empezaste, crees que podías haberlo detenido.

Puede que no lo hayas iniciado, esa es otra cuestión, pero una vez empezado, al poco rato lo voluntario se convierte en involuntario y lo consciente se convierte en inconsciente. Porque la consciencia es simplemente la capa más externa, la superficie de la mente y la mayor parte de la mente es inconsciente. Tú lo empiezas y el inconsciente comienza a funcionar y a operar.

Por eso Mulla dijo, “No soy el responsable de lo que h sucedido. ¡No soy el responsable! Soy el responsable solamente de su inicio y fuiste tú la que me dijiste que lo hiciera. Comencé a asustar al crío, luego el chico se asustó, tú te desmayaste, entonces yo me asusté y todo se convirtió en un caos.

Todo es también un caos en nuestras vidas, siempre con la consciencia empezando las cosas y el inconsciente tomando el mando. Si no lo vez, si no percibes este mecanismo, siempre serás un esclavo y la esclavitud se hace más cómoda si sigues creyendo que tú eres el amo. Es difícil ser un esclavo a sabiendas, sabiendo que eres un esclavo. Es fácil ser un esclavo cuando te engañas a ti mismo creyendo que eres el amo de tu amor, de tu ira, de tu codicia, de tus celos, de tu violencia, de tu crueldad, incluso de tu simpatía y de tu compasión.

Digo “tuyos”, pero es tuyo solamente al comienzo. Tan sólo durante un instante, tan sólo una chispa es tuya. Luego tu mecanismo se pone en marcha y la totalidad de tu mecanismo es inconsciente. ¿Por qué es esto así? ¿Por qué existe este conflicto entre consciente e inconsciente? Y existe un conflicto.

No eres capaz de hacer predicciones ni tan siquiera sobre ti mismo. Incluso tú mismo, incluso tus actos son impredecibles para ti porque desconoces lo que va a suceder, desconoces qué es lo que vas a hacer. No eres consciente de lo que vas a hacer al momento siguiente porque el ejecutante está sumido en la oscuridad. Tú no eres el que obra. Eres solamente el comienzo.

A menos que tu mecanismo al completo se haga consciente, tú te convertirás en un problema para ti y en un infierno para ti. No habrá nada , sino sufrimiento continuo.

Tal y como he estado recalcando a diario uno puede hacerse total de dos formas. La primera es aquella por la cual pierdes la consciencia fragmentaria, te desprendes de ese pedazo de mente que se ha vuelto consciente y lo lanzas al oscuro inconsciente, donde se disuelve y tú te haces total. Pero entonces eres simplemente como un animal y eso es algo imposible. Hagas lo que hagas, no es posible. Te lo puedes imaginar, pero no es posible. Una y otra vez serás lanzado hacia adelante.

Esa pequeña parte que se ha hecho consciente no puede volverse inconsciente otra vez. Es como un huevo que se ha convertido ya en gallina. Ahora la gallina no puede volver atrás y convertirse de nuevo en un huevo. Una semilla que ha germinado ya ha iniciado el camino para convertirse en un árbol. Ahora no puede volver atrás, no puede retroceder y volver a ser una semilla de nuevo. Un niño que ha salido del vientre de su madre no puede ya regresar, no importa lo placentero que haya sido el vientre para él.

No hay un volver atrás. La vida siempre se mueve hacia el futuro, nunca hacia el pasado. Solamente el hombre es capaz de pensar en el pasado. Por eso digo que uno puede imaginárselo, pero no puede ser hecho realidad. Puedes imaginártelo, puedes pensar en volver atrás, puedes creer en ello, puedes tratar de regresar, pero no puedes hacerlo. Es una imposibilidad. Uno ha de ir hacia adelante. Ese es el segundo método para hacerse total.

A sabiendas o no, uno se está moviendo a cada instante. Si te mueves sabiéndolo, entonces se acelera la velocidad. Si te mueves sabiéndolo no desperdicias ni energía ni tiempo. Entonces, aquello que no sucedería en un millón de vidas vividas siendo inconsciente, puede suceder en una sola vida, porque si te mueves sin saberlo, te mueves en círculos. Cada día repites lo mismo, en cada vida repites lo mismo y la vida se convierte en un hábito, en una repetición.

Puedes romper el hábito repetitivo si te mueves conscientemente. Entonces hay una ruptura. Por eso lo primero es ser consciente de que tu consciencia es tan poca que actúa únicamente como un motor de arranque. A menos que adquieras más consciencia que inconsciencia, que estés más atento que desatento el balance no cambiará.

sábado, 1 de septiembre de 2018

CENTRAMIENTO Y VACÌO INTERIOR


El hombre tal y como es, carece de centro, de un centro auténtico, real. Posee un centro, digámoslo así, pero el centro es falso. Solamente se imagina que posee un centro. El ego es un falso centro. Sientes que está ahí, pero no lo está. Si tratas de encontrarlo, verás que no existe.

Bodidharma llegó a la China mil cien años después de Buda. El mismo era un Buda. El Emperador Wu acudió a recibir a Bodidharma. Cuando nadie estuvo presente le preguntó a Bodidharma, “Estoy muy confuso. Mi mente nunca está en paz. ¿Qué puedo hacer? Dímelo. Tranquiliza, calma mi mente. Estoy sumido en una profunda lucha, en un conflicto interno constante. Haz algo”.

Bodidharma dijo, “Haré algo. Ven temprano de madrugada, a las cuatro en punto, pero recuerda que debes traer tu yo”.

El Emperador pensó, “O este hombre está loco o no he entendido lo que ha dicho”. Y dijo, “Desde luego vendré. Vendré con mi yo”.

Bodidharma siguió insistiendo, “No te olvides. Trae tu yo contigo, sino, ¿a quién voy a tranquilizar?”.

El Emperador no pudo dormir en toda la noche. Aquello era muy extraño. Parecía absurdo. ¿Qué quiere decir este hombre? y empezó a dudar sobre si acudir o no acudir, y tenía que hacerlo a una hora muy temprana, a las cuatro en punto de la madrugada. Y Bodidharma le había dicho que acudiera solo, “Deja únicamente a tu yo que acuda contigo; a nadie más”. De modo que nadie se enteraría de lo que iba a hacer, y aquel hombre parecía un loco. Podría ser hasta peligroso. Pero aún así, se sintió tentado. Este hombre era realmente de una clase distinta de ser. ¡Atraída! ¡Era magnético! Así que el Emperador no pudo quedarse en casa y fue.

Cuando se estaba acercando, Bodidharma le dijo, “Has venido, pero ¿dónde está tu yo?”.

Wu le dijo, “Me confundes. No he podido dormir en toda la noche. ¿Qué quieres decir con mi yo? Yo estoy aquí”.

A lo que Bodidharma dijo, Dame tu yo. Lo voy a dejar tranquilo, silencioso, en paz. Cierra tus ojos descubre dónde está. Dímelo y lo haré desaparecer totalmente y nunca surgirá un problema de nuevo”.

De modo que el Emperador Wu cerró los ojos y se sentó ante Bodidharma. La mañana estaba en absoluto silencio, podía escuchar sus propios latidos del corazón. Y Bodidharma estaba allí diciéndole constantemente, “Ve hacia tu interior y descubre dónde está. Si no eres capaz de hallarlo, ¿qué voy a hacer yo?”. Y buscó y buscó y buscó durante horas. Luego abrió sus ojos y era un hombre diferente.

Le dijo, “No lo hallo por ninguna parte. Es todo vacío. No hay un yo”.

Bodidharma le dijo, “Si no hay yo y todo es vacío, ¿te sientes alterado ahora? ¿Hay alguien que esté en desasosiego en tu interior? ¿Dónde está ahora la angustia de la que hablabas? Hablabas tanto de ella y ¿dónde está ahora?”.

Wu dijo, “No está en ninguna parte porque la persona ha desaparecido, ¿cómo va a poder subsistir esta intranquilidad sin nadie? Lo he intentado y vuelto a intentar, pero no hay nadie a quien encontrar. En realidad, estaba engañado.

Siempre creí que había un “yo” en mi interior. Trate de descubrirlo y resulta que no está. Hay simplemente un vacío, sunya, una vacuidad, una nada”.

A lo que Bodidharma respondió, “Ve ahora a tu casa y siempre que sientas que has de hacer algo con tu “yo”, descubre primero dónde se encuentra”.

Es una falsa entidad. Debido a que nunca nos hemos preocupado en buscarlo, parece que existe. Debido a que nunca nos hemos interiorizado, continuamos hablando sobre el “yo”. No está aquí. Lo primero que hay que entender es que si meditas, si te vuelves silencioso, sentirás un vacío, porque serás incapaz de descubrir el ego. El ego constituía el mobiliario; ahora el mobiliario ha desaparecido. Eres simplemente una habitación vacía; màs bien, una ausencia de habitación. Incluso las paredes han desaparecido. Formaban parte del ego. Toda la estructura ha desaparecido, por eso descubres un vacío.

Este es el primer paso, cuando el ego desaparece. Es una falsa entidad; no existe. Sólo aparenta existir y sigues creyendo que está allí. Está en tu pensar, no en tu ser. Pertenece a tu mente, no a tu existencia. Debido a que crees que existe, existe.

Cuando tratas de encontrarlo, no lo encuentras. Entonces percibes el vacío, la nada. Permanece ahora en este vacío, persiste en esta vacuidad.

La mente es muy astuta. Puede engañarte. Si empiezas a observar esto, este vacío, si empiezas a pensar, lo llenarás de nuevo. Incluso si dices, “Es un vacío”, te has salido de él, estás ya fuera de él. El vacío ha desaparecido, tú has entrado. Permanece en el vacío; permanece vacío. No pienses. Es muy difícil, asusta mucho. Uno se marea. Es un abismo, un abismo infinito. Caes y caes y no hay un fondo. Uno se queda aturdido y empieza a pensar. En el instante en que piensas, tienes de nuevo los pies en la tierra. Dejas de estar en el vacío.

Si puedes quedarte en el vacío sin escapar de él mediante el pensar, de repente el vacío desaparecerá, tal y como el ego ha desaparecido, porque, en realidad, parece un vacío debido al ego. El ego era aquello que lo estaba llenando. Era el mobiliario, y no había tal vacío. Ahora el ego ha desaparecido, por eso percibes un vacío. Este sentimiento de vacuidad se debe a algo que había siempre allí y que ahora ha desaparecido.

Si me ves en esta silla y de repente dejas de verme en esta silla, la silla parecerá vacía, no debido a que la silla esté vacía, sino sencillamente porque había alguien sentado en ella y ahora ya no está. Ves el vacío, no la silla. Ves el vacío porque la ausencia de algo aparece como vacío. Aún no te estás fijando en la propia silla. Veías a una persona allí; ahora ves la ausencia de esa persona. Pero no ves la silla. Por eso cuando desaparece el ego, percibes el vacío. Es solamente el comienzo, porque este vacío es solamente la parte negativa del ego, el otro aspecto. Este vacío ha de desaparecer también.

Se dice que Rinzai, un Maestro zen, que cuando estaba aprendiendo con su Maestro, el Maestro insistía siempre en que tenía que alcanzar el vacío, la nada, el sunya. Un día se presentó; lo había alcanzado. Fue un esfuerzo prolongado. Disolver el ego es un tremendo esfuerzo. Había sido un largo viaje, difícil, a veces casi imposible, pero lo había logrado. Así que se presentó, riendo, bailando, feliz en éxtasis. Se postró a los pies del Maestro le dijo, “Lo he logrado. Ahora el vacío está ahí”.

El Maestro le miró de forma poco compasiva y le dijo, “Ahora despréndete también de este vacío. No lo traigas aquí. Tira ese vacío. Despréndete de esa “nada” porque si posees la nada, de nuevo algo tienes”.

Incluso un vacío es algo. Si puedes percibirlo, es algo; si puedes sentirlo, es algo; si puedes observarlo, es algo. Si está en tus manos, incluso la nada se convierte en algo.

El Maestro dijo, “Despréndete de este vacío. Acude a mí solamente cuando no exista ese vacío”.

Rinzai lloró. ¿Por qué él no se daba cuenta de ello? Un vacío es un logro, es algo. Si alcanzas la nada, la nada se convierte en una cosa. Cuando profundizas en el vacío, sin pensar, sin vibración alguna de la mente, si permaneces en esto, de repente el vacío simplemente desaparece y se conoce al Yo.

Entonces estás centrado. Entonces has llegado al verdadero centro.

Hay un falso centro, luego la ausencia del falso centro y luego el verdadero centro. Con “centramiento” quiero decir la base, la auténtica base del Ser. No es tu centro, porque tú eres el falso centro. De modo que no es tu centro. Es el centro; sencillamente el centro del ser. La Existencia misma está centrada en él.

Tú eres el falso centro; tú desaparecerás. Pero incluso si en tu desaparición, te sientes colmado con el vacío, el ego habrá vuelto de una forma harto sutil. De manera sutil. Habrá regresado. Dirá, “He alcanzado este vacío”. De modo que aún estará ahí.

No le permitas que vuelva. Permanece en el vacío. No hagas nada con el vacío, ni tan sólo pienses en él, ni tan sólo sientas nada sobre él. El vació está ahí: quédate en calma, déjalo allí. Desaparecerá. Es simplemente una parte negativa. Lo real ha desaparecido. Es sólo una sombra. No persigas la sombra, no te agarres a la sombra porque la sombra puede subsistir solamente si lo real está cercano. Solamente entonces puede existir la sombra. Por último el vacío desaparece entonces surge el centramiento. Entonces por vez primera tú no existes y tú eres, no como tú, sino como puro Ser, o mejor, como el Todo. Y esto ha de ser tenido muy en cuenta: no se trata de tu centro, es el centro de Todo.

Olvídate del falso centro. Interiorízate y búscalo; se disolverá. Nunca se encuentra. No existe, por eso no puedes encontrarlo. Entonces te enfrentas a algo todavía más arduo: te encuentras con el vacío. Es muy silencioso. Comparado con el mundo del ego, es muy silencioso. Estás en una gran paz. Pero no te sientas satisfecho con ella. Es falsa porque es parte del ego. Y si te sientes satisfecho, el ego volverá, regresará. Aún quedaba allí una parte de él. Esa parte lo traerá de nuevo de vuelta, todo entero. Permanece en el vacío, sin pensamientos.

Entonces estás centrado, centrado en el Centro Cósmico: no es tu centro. Por primera vez, tú eres.

Ahora el lenguaje adquiere un significado distinto; “tú” no existes y Tú eres. Aquí el “sí” y el “no” pierden su tradicional diferencia, su significado primario. No existes como tú. Ahora existes como lo Divino, como el Cosmos mismo. Este es el centramiento existencial, el centramiento en la Existencia.

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