sábado, 24 de septiembre de 2016

EL CONOCIMIENTO Y LA SABIDURIA

La única diferencia entre la felicidad común y la felicidad de una persona religiosa es ésta: que la persona religiosa ha llegado a ser capaz de entrar en cualquier momento, en cualquier lugar, en su ser. Ahora conoce la ruta directa y no depende de las ayudas externas.

Tú dependes demasiado de lo exterior. A veces te encuentras en una hermosa casa; te hace sentir bien. Viajas en un bonito coche; el coche ronronea y todo funciona a la perfección; te hace sentir bien. El estar en ese sentimiento te aproxima a tu ser. Pero tú lo mal interpretas. Crees que es debido a tu coche y por eso has de ser el dueño de ese coche. Puede que el coche haya servido de entorno, pero el coche no es la causa: Puede que la hermosa casa actúe como entorno, pero no es la causa.

Si crees que ésa es la causa te desplazas al mundo del tener. Por eso has de ser el dueño del coche más bonito; has de tenerlo. Has de tener la casa más hermosa, has de poseer el jardín más bello, has dé tener la mejor mujer y el mejor hombre.

Y así sigues acumulando y acumulando y acumulando hasta que un día, de repente, te das cuenta de que toda tu vida ha sido desperdiciada, Has acumulado muchas cosas, pero te has perdido la fuente de toda felicidad. Te has perdido recolectando objetos. La premisa fundamental era que todo aquello que te hacìa sentir feliz y contento; lo tenías que poseer.

Escúchame... no es necesario que poseas todo esto, tan sólo observa lo que está sucediendo en tu interior y podrás empezar a disfrutar de esas situaciones sin ninguna ayuda exterior. Esto es lo que hace un sanyasin. No es que tengas que poseerlo todo, que tengas que tenerlo todo, sino que has de estar alerta para no poseer nada en este mundo. Todo lo que puedas poseer opera solamente como entorno. No es la causa. La causa es interior. Y tú puedes abrir la puerta sin ninguna ayuda exterior, en cualquier instante, en cualquier lugar, y puedes deslizarte en ello y regocijarte.

Dejas de estar atado. Puedes emplear las cosas, son útiles... no estoy en contra de las cosas, recuérdalo. Emplea las cosas, pero no creas que esas cosas son la causa de tu felicidad. Emplea las cosas; tienen una utilidad, pero no creas que constituyen la meta. No son el objetivo; sólo son los medios. La meta está en ti, la meta es tal que uno puede adentrarse en ella directamente sin ninguna ayuda externa. Una vez lo descubres te conviertes en el amo de tu ser.

Esto, lo que estoy diciendo; lo has de vivir tú. El que yo lo diga y el que tú lo escuches y lo comprendas intelectualmente, no te servirá de mucha ayuda.

Mulla Nasrudin rechazó la orden del matón de que bebiera, por tres razones:

«¡Dímelas!», le espetó el terror de la ciudad.

«Primera,» dijo el Mulla, «mi religión me lo prohìbe. Segunda, le prometí a mi abuela en su lecho de muerte que no tocaría, ni olería, ni probaría el maldito licor».

«¿Y la otra razón, la tercera?», insistió algo más tranquilo el bravucón.

«Acabo de beber”, dijo Nasrudin.

Si sólo me escuchas, si solamente me comprendes desde el intelecto y nunca lo vives en tu laboratorio interior de la consciencia, todo lo que te diga permanecerá solamente en tu cabeza. Nunca se convertirá en tu vivencia. Y a menos que se convierta en una vivencia no vale la pena; es basura. Una y otra vez podrás comenzar de nuevo a acumular conocimiento y otra vez vivirás la misma historia, la dimensión del tener.

Y puedes acumular tanto conocimiento como tengas a mano. Esta es una de las desgracias del hombre moderno, el que tanto conocimiento sea asequible. Nunca fue así.

La mayor calamidad que le ha acontecido al hombre ha sido la inmensa cantidad de conocimiento que se le ha hecho asequible. Nunca antes estuvo tan al alcance.

Un hindú solía vivir según las escrituras hindúes; el musulmán solía vivir de acuerdo con las escrituras islámicas; el cristiano solía vivir según la Biblia, y todos ellos estaban limitados y nadie se adentraba en el mundo de conocimiento del otro. Las cosas estaban perfectamente claras; no había superposiciones.

Ahora todo se ha superpuesto y una enorme cantidad de nuevos conocimiento se ha hecho asequible. Estamos viviendo en una «explosión de los conocimientos». En esta explosión puedes empezar a acumular información, puedes convertirte en un gran erudito de forma muy fácil, sin costo alguno, pero eso no te va a transformar.

De nuevo, recuerda que el conocimiento pertenece a la dimensión del «tener»; el saber pertenece a la dimensión del «ser». Se parecen, pero no son lo mismo. No es que no sean lo mismo, sino que son diametralmente opuestos. Un hombre que se dedica a acumular conocimiento, continúa perdiendo saber. El saber requiere de una mente especular, pura, incorrupta. No te estoy diciendo que el conocimiento sea inútil. Si posees tu sabiduría, fresca, especular, clara, puedes emplear tus conocimientos de una forma muy útil. Puede ser algo beneficioso. Pero, en primer lugar ha de haber sabiduría.

El conocimiento es algo fácil; la sabiduría es difícil. Para saber, has de atravesar muchos fuegos. Para tener conocimientos no se necesita nada; tal y como eres puedes continuar añadiendo más y más conocimiento a tu persona.

Un alegre señorito, tan encantador como escaso de dinero, sorprendió a sus amigos con su repentina boda con una mujer extremadamente fea cuya única virtud era su exuberante cuenta bancaria. Después de casarse, sus amigos se sorprendieron doblemente al ver su insistencia en que su mujer le acompañara donde fuera que fuese.

«Puedo, entender que te casases con esa mujer dolorosamente fea por su dinero, pero…», le dijo con franqueza uno de sus amigos, «¿Por qué insistes en que te acompañe siempre?»

«Es muy sencillo», le dijo el marido, «es más fácil que darle un beso de despedida».

Es más sencillo acumular conocimiento; es muy cómodo, no cuesta nada. Es muy difícil, muy arduo el alcanzar el saber. Por eso es que son escasos, muy pocos, los que tratan de meditar; muy pocos los que tratan de rezar, muy pocos los que tratan de hacer el máximo esfuerzo en pos de la Verdad. Y todo aquello que no conozcas por ti mismo, es irrelevante.

Nunca podrás tener certeza de ello. Nunca desaparecerá la duda. La duda subsistirá como un gusano bajo la tierra, saboteando tu saber. Puedes gritar bien alto que crees en Dios, pero con gritar no demostrarás nada. Tus gritos solamente prueban una cosa: que la duda persiste. Solamente la duda grita a viva voz. Puedes convertirte en un fanático creyente, pero tu fanatismo solamente demuestra una cosa: que persiste la duda.

Ùnicamente aquél que contiene la duda en sí mismo se convierte en un fanático. Un hindú fanático es uno que no confía en la validez del hinduismo. Un cristiano fanático simplemente es el que tiene dudas sobre el cristianismo. Se vuelve un fanático, agresivo, no para demostrar algo a los demás; sino que se convierte en un fanático agresivo para intentar demostrarse a sí mismo que crea lo que crea, realmente lo cree. Ha de demostrárselo.

Cuando realmente sabes algo, no eres un fanático. Un hombre de sabiduría, aunque sea uno que ha alcanzado solamente a tener destellos de Dios, destellos de su ser, se vuelve muy tranquilo, muy sensible, frágil. No es un fanático. Se vuelve femenino. No es agresivo. Se vuelve profundamente compasivo. Y con el saber, se torna muy comprensivo con los demás. Puede hasta comprender el punto de vista diametralmente opuesto.

Un hombre de sabiduría alcanza un sentido del humor. Acuérdate siempre de esto. Si ves a alguien sin sentido del humor, ten por seguro, que este hombre no sabe nada. Si te encuentras con un hombre serio, ten por seguro que es un farsante. El saber aporta sinceridad, pero la seriedad desaparece. El saber aporta alegría, el saber aporta sentido del humor. El sentido del humor es un requisito.

Si te encuentras con un santo que no tenga sentido del humor, no es un santo. Imposible. Su seriedad misma revela que no ha llegado. Una vez alcanzas experiencias propias, te vuelves muy juguetón, te vuelves muy inocente, como un niño.

sábado, 17 de septiembre de 2016

ATENDER AL SIGNIFICADO DE LAS PALABRAS

Un hombre vino a verme. Por la forma en que acudió pude ver que era totalmente indiferente a mí. Era muy claro, era evidente. No fluía hacia mí, su ser no fluía. Era un pozo de energía estancada.

Me quedé sorprendido. Me preguntaba por qué había acudido a mí. Y entonces él empezó a hablar de Dios. La palabra «Dios» no tenía ninguna fuerza en sus labios. Era vana. Hablaba en un lenguaje que no sabía emplear. Permanecí a la espera porque debía de haber algo tras esas palabras sobre Dios. El decía, «Quiero vivir a Dios y quiero realizarme a mí mismo». Pero por la forma en que lo estaba diciendo y el modo en que se expresaba estaba absolutamente claro que él no había venido por eso. Puede que simplemente se expresara así para mostrarse cortés conmigo o para poder comenzar un diálogo.

Y luego, poco a poco, siguió diciendo, «Un día vendré y también me haré sanyasin».

De modo que le dije, «Si has venido y si eres un buscador y quieres realizar a Dios, ¿por qué perder más el tiempo? Ya basta con el que has perdido». Debía de andar casi por los sesenta y cinco. El dijo, «Eso es cierto, pero ahora estoy metido en elecciones». Había unas elecciones en aquel entonces, por eso dijo, «He venido para que me des tus bendiciones». Yo le dije, «Entonces ¿por qué pierdes el tiempo hablando de Dios, hablando del alma, hablando de meditación?» . .

Los hindúes son muy duchos en esos temas; por pura tradición han aprendido ese modo de expresarse: Esas expresiones están. en el aire y ellos las han cogido, pero no están enraizadas en su ser; solamente flotan en sus mentes. Esas palabras existen en ellos sin raìz alguna, sin contacto con ellos.

Le dije, «¿Por qué pierdes el tiempo hablando de Dios y del¬ alma? Lo tenias que haber dicho al principio». El se sintió algo confundido y yo le dije, «Me he estado preguntando desde un principio porqué habías acudido a mi; porqué viniste a mí, pero realmente no viniste a mi. Hablabas fuerte y alto. Estabas, ahí sentado y aun así no estabas sentado aquí y yo podía ver que tu presencia era falsa, solamente era física. Y podía observar en ti al político. De hecho hablabas de Dios como una estrategia política. Esa era tu política

Esos son los que dicen, «La honestidad es la mejor inversiòn». Incluso a la honestidad la han de convertir en algo en lo que se invierte. Invertir quiere decir polìtica. «Vale la ¬pena ser honesto»; dicen. Asì la honestidad se convierte en un útil instrumento para ganar más dinero, para adquirir más prestigio, para ser más respetable, pero ¿cómo puede ser la "honestidad una inversión? El decir esas cosas, el que la honestidad es la mejor inversión, es una profanación: Es como decir que Dios es la mejor inversión, o que la meditaciones la mejor inversión o que el amor es el mejor seguro.

Su lenguaje es el del tener, puedes emplear a Dios y a la meditación Y a muchas cosas, pero sólo serán vestimentas, máscaras y tras ellas habrá algo escondido.

«Temo que son malas noticias»; "le dijo el médico al marido de una esposa regañona. «A tu esposa solamente le quedan unas pocas horas de vida. Espero que comprendas que ya no se puede hacer nada más. ¡No sufras por eso!», «De acuerdo, doctor», le dijo el marido, «¡He estado sufriendo durante tantos años que ahora puedo sufrir unas cuantas horas más!»

La gente emplea lenguajes diferentes. Aunque empleen las mismas palabras no las emplean con el mismo significado. Atiende al significado y no a las palabras. Si atiendes a las palabras nunca comprenderás a la gente. Atiende al significado. El significado es algo totalmente distinto.

La mujer domadora tenía a sus fieras perfectamente controladas. Cuando se lo ordenaba, el león más fiero acudía mansamente a ella para tomar un terrón de azúcar de su boca. Todo la gente se maravillaba, todos excepto uno: Mulla Nasrudin.

«Cualquiera es capaz de hacer esto», gritó desde donde estaba.

“¿Quién dice que se atreve?», contestó el director con sorna.

«Sin ninguna duda soy capaz de hacer lo que hace el león», replicó Nasrudin.

Siempre que escuches algo, atiende al significado. Siempre que escuches a una persona, atiende al conjunto de su personalidad e inmediatamente serás capaz de ver si la persona vive en la dimensión del tener o en la dimensión del ser.

Y eso te será de mucha ayuda en tu crecimiento interior y a la hora de cambiar de mecanismos. Observa a la gente. Es más fácil observar al principio a la gente que observarte a ti porque la gente es algo más objetivo y hay una cierta distancia entre tú y los demás. Y puedes ser más objetivo con la gente porque no te sientes implicado con ellos. Tan sólo observa. Tómalo por costumbre.

Buda solía decir a sus discípulos, «Observad a todo aquél que pasé junto a vosotros; al ir por la calle, observad a la gente. Observad qué es lo que está sucediendo exactamente. No atendáis a lo que dicen porque son muy astutos, se han vuelto muy hábiles con el engaño. Cuando alguien diga algo, observa su cara, sus ojos, su ser, sus gestos y simplemente te sorprenderás de ver cómo, hasta ahora, vivías de palabras. Puede que alguien te esté diciendo, «Te quiero» y que sus ojos lo estén negando claramente. Puede que alguien sonría con su boca y que sus ojos te estén despreciando, te estén rechazando. Puede que uno te diga «Hola» y te tienda la mano y todo su ser te esté condenando.

Atiende al lenguaje del cuerpo, al lenguaje de los gestos, al lenguaje oculto tras el lenguaje. Atiende a su significado y date cuenta primero de esto con los demás. Convierte a todo aquél que se te acerque en un experimento de atención. Luego, paso a paso, iras siendo capaz de observarte a ti mismo. Entonces vuelca la totalidad de lo que vivas sobre ti, entonces haz lo mismo contigo. Cuando digas a alguien, «Te amo», atiende a lo que verdaderamente estás diciendo; no a las palabras. Las palabras casi siempre son huecas.

El lenguaje es muy engañoso y puede decorar las cosas de tal manera que el envoltorio se convierta en algo muy importante y pierdas de vista el contenido. La gente se ha sofisticado mucho con relación a lo que es superficial, pero su centro interior permanece casi como estaba. Atiende al centro de la circunferencia: Profundiza en las palabras.

Primero has de observar a los demás, luego obsérvate a ti mismo. Y entonces, poco a poco, descubrirás que hay ciertos instantes en los que tú también penetras en la dimensión del ser. Esos instantes son instantes de belleza, los momentos de felicidad. En realidad siempre que veas que eres muy feliz, habrás contactado con esa dimensión del ser porque no es posible otra clase de felicidad.

Pero si no le prestas suficiente atención, puede que te equivoques. Estás sentado junto a la mujer que amas, o con el hombre al que amas o con un amigo y, de repente sientes que un profundo bienestar surge en ti, una profunda alegría sin razón alguna, sin causa visible. Irradias felicidad. Entonces empiezas a buscar su origen en el exterior. Piensas que puede que sea por causa de la mujer que está contigo a tu lado y que tanto te quiere. O debido a que te has encontrado al amigo después de tantos años. O debido a que la luna llena es, tan hermosa. Empiezas buscar las causas.

Pero aquellos que se han mantenido alerta atendiendo a su corazón, a sus significados auténticos, no buscarán las causas en el exterior; mirarán en su interior. Ellos están en contacto con su ser. Puede que la mujer a la que amas haya funcionado como un trampolín, que haya provocado la situación y que tú te lanzases a tu propio interior.

Lo difícil es saltar hacia el propio interior cuando existe cierto antagonismo en el exterior. Cuando esto sucede te ves obligado a mantenerte en el exterior. Cuando alguien te ama puedes abandonar todas tus medidas defensivas, todas tus estrategias, puedes abandonar toda tu política, puedes abandonar toda tu diplomacia. Cuando alguien te ama, puedes ser vulnerable, eres capaz de confiar en que él o ella no sacara partido de su posición, en que podrás mantenerte sin defensas y nadie te va a matar ni a aplastar, de que puedes quedarte sin protecciones y que la presencia de tu amigo será tranquilizadora, no te envenenará. Siempre que se dé una situación en que puedas retirar tus defensas y abandonar tus estrategias y tus armaduras, te encontrarás repentinamente en contacto con tu ser, te habrás movido desde la dimensión del tener a la dimensión del ser. Siempre que sucede, surge la felicidad, surge la alegría, surge el regocijo. Aunque sea solamente por un segundo, de repente las puertas del cielo se abren. Pero una y otra vez pasas de largo porque no estás atento. Sucede sólo accidentalmente.

sábado, 10 de septiembre de 2016

EL MAESTRO Y EL DISCÌPULO

Un discípulo y su Maestro están en gran conflicto. Surge una tremenda lucha. Y el discípulo puede ganar solamente si es muy desafortunado. Si el Maestro gana y el discípulo resulta bendecido, es muy afortunado. La lucha surge porque el discípulo ha acudido al Maestro por razones equivocadas; puede que haya ido a él buscando algún tipo de ego espiritual.

Ha fracasado en la vida, con el dinero, con el poder, con el prestigio, con la respetabilidad, con el éxito mundano, con las ambiciones políticas. Ahí ha fracasado. No supo llegar a la culminación de su aventura egotística, no pudo llegar a primer ministro o a presidente. Ahora la vida se le está escapando de las manos y desea ser alguien. Es muy, muy desagradable el ser un «don nadie».

Por último, la gente comienza a buscar e indagar en la dimensión religiosa. Les parece más fácil. Les parece así más fácil llegar a tener un cierto ego, una cierta cristalización del ego. Al menos puedes convertirte en un sanyasin de Osho. Así de sencillo. Y te sientes grande. Puedes sentir que te has vuelto alguien especial.

La gente a la que llamas religiosa trata de alcanzar algo que no ha sido capaz de alcanzar en el mundo. A veces lo intentan mediante austeridades y ascetismo. Uno ayuna durante días enteros. Se convierte en alguien especial; nadie es capaz de ayunar tanto. Puede que sea un masoquista, uno que se tortura a sí mismo. Ha de serlo. O puede que sea un suicida. Ha de serlo. Pero empieza a obtener respeto por parte de la gente. Es un gran mahatma. Ayuna mucho, está en contra del cuerpo, está contra las comodidades, es capaz de yacer en un lecho de clavos o puede permanecer de pie durante años.

O puede estar sentado sobre un pilar en el desierto durante años. Simplemente sentado sobre ese pilar. Es muy incómodo. No puede dormirse, no puede descansar, pero así atrae a la gente. De repente se ha convertido en alguien muy importante. Incluso esos primeros ministros y presidentes que anhelaba llegar a ser, empiezan a acudir a él porque creen que un ascético de ese calibre podrá darles sus bendiciones, y podrán seguir escalando en el mundo del poder. El se siente recompensado, satisfecho. Ahora el ego está en su apogeo. Incluso los reyes y los primer ministros y los presidentes acuden a él.

El discípulo llega por motivos equivocados. O un discípulo llega para alcanzar un determinado grado de paz al estar sumergido en la confusión. ¿Por qué quiere alcanzar la paz?

Desea alcanzar esa paz para así poder desplegar toda su ambición de un modo mejor.

El otro día estaba leyendo un anuncio de la Meditación Trascendental del Maharishi Mahesh Yogui. Lo promete todo: un buen trabajo, competencia en tu trabajo, salud, salud mental, salud física, longevidad; todo lo que un hombre puede desear, lo promete. Es una larga lista. Económicos, espirituales, sociales, físicos, psicológicos, todos esos beneficios con tan sólo sentarte durante veinte minutos y repetir una estupidez, coca-cola, coca-cola o algo así.

¡Así de sencillo! Por eso se dice que no has de revelar tu mantra a nadie. ¡Si lo haces se reirán! Ha de guardarse en secreto. Si le dices a alguien que repites coca-cola, coca-cola, creerá que te has vuelto loco. De modo que un mantra ha de mantenerse en secreto. Ha de ser algo privado porque a los ojos de los demás parecerá absurdo.

¿Con sólo veinte minutos de repetir cualquier tontería alcanzarás tantos beneficios? Esto atrae de inmediato a la mente mediocre. Esta meditación del Maharishi Mahesh yogui ni es meditación, ni es trascendental, simplemente es un intento de explotar al crédulo, de explotar a la gente que busca y busca, que busca una panacea, que busca cualquier remedio.

Cuando te encuentras con un verdadero Maestro, te dice que no existe un remedio, te dice que no hay panacea alguna. Y no te dice que te sanará, ni que te tranquilizará, ni esto ni lo otro y que luego podrás volver al mundo para correr tras tus ambiciones de un modo más efectivo. No, él te dirá que estás alterado, que estás confuso debido a tu ambición. Abandona el ambicionar. Un verdadero Maestro sólo te prometerá que él te quitará esa ambición, que te arrebatará tu ego. Solamente te prometerá que te matará. Tú has llegado en busca de protección, tú has llegado en busca de seguridad, has llegado en busca de apoyo, pero un auténtico Maestro es uno que te quitará todo apoyo, uno a uno. Un día simplemente te colapsarás. Y en ese colapso, de las cenizas surgirá un nuevo ser. Ese nuevo ser no tendrá nada que ver contigo, ese nuevo ser será una discontinuidad en ti. No tiene pasado, no tiene futuro, es una pura presencia, aquí y ahora.

Por eso, ten cuidado conmigo. Y si eres capaz de escapar a tiempo, está bien.

A veces te prometo las cosas que pides, simplemente para ayudarte a que estés aquí un poco más. Tu propia comprensión te irá diciendo, poco a poco, que estás pidiendo cosas banales. Y un día, de repente, descubrirás que lo que te ofrezco no tiene ni paredes, ni techo, ni suelo, es la casa de Dios, porque el mismo cielo es su tejado y la misma tierra es su suelo y la ausencia de límites son su límite.

Sí, no te estoy llevando a una casa con paredes porque esa casa resultaría ser otra prisión. Puede que un poco más confortable, un poco más decorada, con algunos muebles más modernos y un estilo más moderno, pero todavía una prisión.

Mi casa es una casa de libertad. Relájate, déjate ir y de repente desparecerás y te convertirás en el infinito, te convertirás en el espacio mismo. Eso es lo que es Dios: espacio sin límites.

Mi casa es la casa de Dios, no es un templo construido por los hombres.

Desaparece en ese infinito que te estoy ofreciendo. Solamente entonces sabrás. Y entonces no habrá necesidad de explicación alguna, no habrá necesidad de teorías, no habrá necesidad de que razones, porque la experiencia será una prueba evidente por sí misma. Hasta ahora has estado viviendo en casitas y en pequeñas celdas oscuras y no puedes creer que uno pueda vivir en una libertad tan absoluta. Has perdido la capacidad de ser libre.

Esa capacidad ha de ser aprendida de nuevo, esa capacidad ha de ser reclamada. No estoy aquí para disciplinarte, no estoy aquí para darte principios, todo mi esfuerzo reside en darte una vida sin principios, una vida espontánea e indisciplinada, El único regalo que puedo hacerte es la libertad. Y la libertad no tiene paredes que la limiten, es tan infinita como el cielo. ¡Reclama el cielo entero! ¡Es tuyo!


sábado, 3 de septiembre de 2016

EL VERDADERO SILENCIO

Mucha gente cree que con la entonación de un mantra todos los días se puede alcanzar el samahadi, te garantizan que, con muy poco esfuerzo, de hecho casi sin esfuerzo, podrás alcanzar la meta. El entonar un mantra solamente puede embotarte la mente, toda repetición supone embotar la mente; te vuelve obtuso y estúpido. Si solamente continuas entonando un mantra, éste acabará con tu sensibilidad, te aburrirá, adormecerá tu conciencia, te irás volviendo más inconsciente que consciente, empezarás a caer, en la ensoñación. Las madres han sabido desde siempre, que cuando un niño está inquieto y no puede dormir se le han de cantar una nana. Una nana es un mantra. La madre repite algo una y otra vez y el niño se va aburriendo. La repetición constante crea una atmósfera de monotonía. El niño no tiene a donde ir; la madre está sentada junto a su cama repitiendo la nana. El chico no puede escaparse; no puede decir «Cállate!» Ha de escuchar. El único escape posible es dormirse, de modo que lo intenta. Trata de evitar la nana y de evitar esa madre.

El mantra funciona de la misma forma. Empiezas a repetir determinada palabra y luego creas en ti un estado de monotonía. Toda monotonía es mortífera, toda monotonía te adormece, destruye tu agudeza.

Se ha tratado de hacer de múltiples formas. En los antiguos monasterios de todo el mundo, los cristianos, los budistas, los hindúes, en todos los monasterios, han probado con el mismo truco, pero a una escala mayor.

La vida en un monasterio es una rutina, está absolutamente fijada. Cada mañana has de levantarte a las tres o a las cinco en punto y empezar luego con el mismo círculo; has de comenzar la misma actividad durante todo el día, durante toda tu vida. Esto es extender un mantra en toda tu vida, convirtiéndola en una rutina.

Poco a poco, haciendo lo mismo una y otra vez una persona se va convirtiendo en un sonámbulo. Tanto si está despierto como si está dormido, no importa, puede seguir haciendo los mismos gestos y los mismos movimientos vacíos. Pierde toda noción de diferencia entre dormir o estar despierto.

Puedes ir a los antiguos monasterios y observar a los monjes caminar en su sueño. Se han convertido en robots. No hay una diferencia entre lo que hacen cuando se despiertan Por la mañana y lo que hacen cuando duermen. Los territorios se superponen. Y cada día es exactamente lo mismo. En realidad, la palabra «monótono» y la palabra «monasterio» derivan de la misma raíz. Ambos significan lo mismo.

Puedes crear una vida tan monótona que la inteligencia no sea necesaria. Cuando la inteligencia se vuelve innecesaria te adormeces. Y cuando te adormeces, desde luego, empiezas a sentir una especie de paz, un cierto tipo de silencio, pero no es real, es falso. El verdadero silencio está vivo, latiendo. El verdadero silencio es positivo, contiene energía, es inteligente, está atento, lleno de vida y entusiasmo. Contiene entusiasmo.

El falso silencio, el pseudo silencio, es sencillamente adormecedor. Puedes observarlo. Si alguno de estos está aquí sentado, percibirás un cierto silencio a su alrededor. Es el mismo silencio que percibirás en un cementerio. Tiene cierto espacio a su alrededor que es muy adormecedor. Parece ser muy indiferente al mundo, desconectado, sin contacto. Está ahí sentado como una masa de barro. No hay vibración alguna de vida, de energía, a su alrededor, no hay nada que vibre a su alrededor. Este no es el silencio verdadero. Es simplemente una estupidez.

Cuando te aproximas a un Buda, él está en silencio debido a su inteligencia, está en silencio debido a su consciencia, está en silencio no porque se haya obligado a sí mismo a guardar silencio, sino que simplemente está en silencio porque ha comprendido la inutilidad de estar alterado. Está en silencio porque ha comprendido que no hay porqué estar ni preocupado ni tenso. Su silencio nace de la comprensión. Rebosa comprensión. Cuando te aproximas a un Buda percibes una fragancia absolutamente distinta: la fragancia de la consciencia.

Y no solamente descubrirás una frescura, una brisa que le envuelve, sino que sentirás que tú también te has vitalizado, te has inflamado. Con sólo acercarte, tu propio ser se inflama, una luz empieza a arder en tu interior. Cuando te acercas a él, por pura proximidad, por simple afinidad, repentinamente notas que has dejado de estar deprimido. Su presencia tira de ti para sacarte del fango en el cual permanecías confortablemente. Su presencia misma es elevadora. Sentirás amor, vida, compasión, belleza, realidad.

Te encontrarás con esta clase de silencio falso cuando te cruces con gente que hace Meditación Trascendental. Se han aquietado a base de repetir un determinado mantra. Han obligado su mente a que guarde silencio, pero eso es fácil y no podrás alcanzar lo auténtico con tales bagatelas.

Lo real se hace asequible tan sólo cuando te empeñas en ello con toda tu totalidad.

Pero recuerda, no te estoy diciendo que lo real se haga asequible debido a tu esfuerzo... eso es paradójico. Has de esforzarte mucho, has de trabajar de un modo total, apasionado y aun así has de acordarte que eso no sucede únicamente por causa de tu trabajo. Sucede por la gracia.

Te esfuerzas. Nunca sucede si no te esfuerzas, eso es cierto. Solamente sucede cuando te has esforzado mucho, pero eso solamente crea la situación para que suceda. No es como causa y efecto. No es como el calentar el agua hasta los cien grados y que entonces se evapora. No es así. No es una ley natural, no tiene nada que ver con el mundo gravitacional. Es una ley secundaria, una ley totalmente distinta: la ley de la Gracia. Te esfuerzas al máximo, llegas a los cien grados, entonces esperas allí; expectante, vibrante, vivo, feliz, en celebración, bailando, cantando. Esperas en el punto de los cien grados. Es un deber: has de alcanzar los cien grados, pero luego has de esperar, has de esperar paciente, amorosamente. Cuando llega el momento oportuno, cuando tu trabajo se ha completado y tu espera también se ha completado, entonces la gracia desciende. O bien, puedes decir que la gracia asciende. Ambas cosas quieren decir lo mismo porque ella proviene de lo más profundo de tu ser. Parece que fuera un descenso porque hasta ahora no has conocido lo más recóndito de tu ser. Parece como sí desde algún lugar más elevado que tú descendiera, pero realmente proviene de alguna parte en tu interior. Lo interior está también más allá.

El esforzarse al máximo es necesario para alcanzar la gracia pero lo que ocurre, ocurre únicamente por la gracia en sí. Es una paradoja. Es difícil de comprender. Debido a esta paradoja miles de personas han perdido su camino. Hay algunos que dicen - y son gente muy lógica; su lógica es impecable - hay algunos que dicen que si llegan debido a su propio esfuerzo, ¿a qué viene el preocuparse de la gracia y de Dios? Si sucede tan solo debido a su esfuerzo, vale. Se esforzarán al máximo, harán que suceda. Por eso no hablan de la gracia de Dios. Esos pasarán de largo porque Eso nunca sucede únicamente por tu propio esfuerzo.

Luego también hay gente que dice que si eso sucede debido solamente a la gracia y que nunca se debe a tu propio esfuerzo, ¿a qué viene el preocuparse? Deberìamos esperar y, siempre que Dios lo quiera, sucederá. Ambos se equivocan. Uno se equivoca debido a su egoísmo, «Con sólo esforzarme es suficiente. Solamente hago " falta yo». El otro se equivoca por su pereza, por su letargo.

Ambos se equivocan.

El que llega a casa ha de seguir el camino de la paradoja. Esta es la paradoja: «He de esforzarme al máximo: No solamente al máximo; me he de comprometer totalmente. Solamente entonces seré capaz de recibir la gracia. Pero sucede gracias a la gracia. Llega un momento en el que uno ha hecho todo le que es posible hacer y entonces uno ruega diciendo que, de su parte, ya no queda nada por hacer; que se necesita de algo desde la otra parte; que ahora Tú has de hacer algo». Y Dios empieza a trabajar sobre ti solamente cuando tú has hecho todo lo que podías hacer. Si hay algo que queda sin cubrir y hay una parte de tu ser que aún no está implicada, entonces Dios no puede acudir en tu ayuda. Dios ayuda solamente a aquellos que se ayudan a sí mismos.

Y eso es hermoso. Somos muy poca cosa. Nuestro esfuerzo no puede alcanzar mucho. Nuestro fuego es muy pequeño; con este fuego no podemos incendiar la Existencia entera. Somos simplemente gotas. No podemos crear océanos a partir de esas gotas. Pero si esa gota puede deslizarse hacia una plegaria más profunda, el océano se nos hace asequible. Cuando la gota se relaja, se vuelve capaz de contener océanos en sí misma. Es diminuta si solamente atiendes a su periferia. Es tremenda¬mente inmensa si atiendes a su centro.

El hombre es ambas cosas. El hombre es una paradoja. Es la más diminuta partícula de consciencia, es un átomo, es absolutamente atómico y no obstante contiene lo inmenso. El cielo entero está contenido en él.

Por eso, se han de comprender esos dos lenguajes: el lenguaje del tener y el lenguaje del ser. Y has de cambiar tu engranaje desde el lenguaje del tener al lenguaje del ser.

sábado, 27 de agosto de 2016

BENDITOS LOS TONTOS DICHOSOS

Hay un dicho de Mahoma muy extraño: el cielo está ocupado en su mayor parte por tontos. Cuando lo leí me quedé sorprendido. Nunca pensé que Mahoma fuera tan revolucionario. ¡Un dicho tremendo! ¿Qué quiso decir con él, con «El cielo está ocupado en su mayor parte por tontos»? Pero poco a poco, viéndoos aquì, sentí que estaba en lo cierto. Aquí también está ocupado principalmente por tontos.

Deja que te explique cuántas clases de tontos hay aquí. La primera clase de tonto: uno que no sabe y no sabe que él no sabe. El tonto simple. Luego la segunda: uno que no sabe, pero que sabe que sabe. El tonto complejo, el tonto erudito. Y la tercera: uno que sabe que él no sabe, el tonto dichoso.

Todo el mundo nace siendo un simple tonto. Ese es el significado de «simplón». Cada niño es simplemente tonto. El no sabe que no sabe. No se ha dado cuenta aún de la posibilidad de saber. Esa es la parábola cristiana de Adán y Eva.

Dios les dijo, «No comáis del fruto del Árbol del Bien y del Mal»". Antes de ese accidente por el cual comieron del fruto del Árbol del Bien y del Mal, ellos eran simples tontos. No sabían nada. Desde luego que eran tremendamente felices porque cuando no sabes, es difícil ser infeliz. La infelicidad requiere cierto adiestramiento, la infelicidad requiere de algo de eficiencia para crearla, la infelicidad requiere algo de tecnología. No puedes crear un infierno sin conocimiento. ¿Cómo Vas a poder crear un infierno sin saber?

Adán y Eva eran como niños pequeños. Cada Vez que un niño nace, Adán nace. Y vive unos cuantos años, como máximo hasta los cuatro años y ese período se va acortando cada día. El vive en el paraíso porque desconoce còmo crear el sufrimiento. El confía en la vida, disfruta de las pequeñas cosas, de los guijarros en la playa o de las conchas. Las acumula como si tuviera un tesoro. Por lo general, a las piedrecillas de colores las ve como si fueran kohinoors. Todo le fascina: las gotas de rocío al sol de la mañana, las estrellas en la noche, la luna, las flores, las mariposas, todo es pura fascinación.

Pero luego, poco a poco, empieza a conocer. Una mariposa solamente es una mariposa, una flor es solamente una flor. No contiene mucho. Empieza a conocer los nombres: esto es una rosa y esto es champa y esto es chameli y esto es una flor de loto. Y paso a paso esos nombres se convierten en las barreras. Cuanto más sabe, más se separa de la vida. Se vuelve «mental», ahora vive a través de la mente, no a través de su totalidad. Ese es el significado de la Expulsión. Ha comido del Árbol de Bien y del Mal.
Todo niño ha de comer del Árbol del Bien y del Mal. Todo niño es tan simple que ha de adquirir complejidad. Es parte de su crecimiento. Por eso todo niño ha de ir desde la pura tontería hasta la tontería compleja.

Hay diferentes grados de tontería compleja. Una poca gente solamente se matricula, otra poca gente se gradúa en ella, otros llegan a ser post-graduados, otros alcanzan el doctorado. Hay ciertos niveles, pero cada niño ha de probar algo del conocimiento porque la tentación por conocer es muy grande. Cualquier cosa que se presente como algo desconocido es peligrosa, es un peligro. Se ha de saber lo qué es porque al conocerla podrás manejarla. Sin saber qué es ¿cómo vas a manejarla? Por eso los niños han de adquirir conocimientos.

Por eso necesariamente el niño que pertenece a la primera categoría, por pura necesidad, se ha de convertir en uno de la segunda, pero desde la segunda, el que pase a la tercera puede o no puede suceder. No hay una necesidad. El del tercer tipo solamente sucede cuando la segunda clase de estupidez se ha convertido en una gran carga, cuando uno ha acarreado durante demasiado tiempo, hasta la extenuación, con la erudición. Cuando uno se ha convertido en una pura cabeza y ha perdido toda sensibilidad, toda consciencia, todo vivir; cuando uno se ha convertido en pura teoría, en dogmas y en escrituras y palabras y palabras que giran en torno a la mente. Un día, si la persona es consciente, ha de abandonar todo eso. Entonces se convierte en un tonto de la tercera categoría: el tonto dichoso.

Entonces llega a la segunda infancia. De nuevo es un niño. Recuerda a Jesús diciendo: «En mi Reino de Dios solamente serán bienvenidos aquellos que sean como niños». Pero recuérdalo, Èl dice «como niños», no dice «niños». Los niños no podrán entrar, tendrán que penetrar primero en el dominio del mundo, tendrán que ser envenenados por el mundo y luego tendrán que limpiarse por ellos mismos. Esa experiencia es obligatoria.

Por eso no dice «niños», sino que dice «aquellos que sean como niños». Esa palabra «como» es muy significativa. Significa: aquellos que no son niños, pero que aun así son niños. Los niños son santos, pero su santidad se debe únicamente a que no han vivido las tentaciones del pecado. Su santidad es muy simple, no posee un alto valor intrínseco porque no se la han ganado, no se la han trabajado, no han sido tentados para dejarla. Las tentaciones llegarán antes o después. Y se presentarán mil y una tentaciones y el niño será empujado en múltiples direcciones. No te estoy diciendo que no deba de ir en esas direcciones. Si se reprime a sí mismo, si se auto-inhibe, seguirá perteneciendo a la primera categoría de tonto. No formará parte del Reino de Jesús; no podrá acceder al Paraíso de Mahoma; no. Seguirá siendo simplemente un ignorante. Su ignorancia no será más que represión, no será una descarga.

Primero ha de obtener el conocimiento, primero ha de pecar y solamente tras pecar y saber y tras desobedecer a Dios y sumergirse en la crudeza del mundo, perdiéndose, viviendo su propia vida de ego, será capaz un día de abandonarlo todo.

No todos lo dejarán todo. Todos los niños pasan de la primera clase de tontería a la segunda, pero desde la segunda solamente unos pocos bendecidos pasan a la tercera, por eso se les denomina los tontos dichosos.

El tonto dichoso es la más alta posibilidad de comprensión porque ha conseguido averiguar que el conocimiento es algo fútil, ha llegado a saber que todo conocimiento es una barrera para el saber. El conocimiento es una barrera para el saber, de forma que abandona todo conocimiento y se convierte simplemente en uno que sabe. Simplemente alcanza claridad de visión. Sus ojos están vacíos de teorías y pensamientos. Su mente ha dejado de ser una mente, su mente es inteligencia, pura "inteligencia. Su mente ha dejado de estar repleta de basura, su mente ha dejado de estar repleta de saber prestado. Simplemente es consciente. Es una llama de consciencia.

Tertuliano dividió el saber en dos categorías. A una la llama el saber ignorante. Ese saber es el del tonto de la segunda categoría: el saber ignorante. EI erudito sabe y aun sabiendo, no sabe, porque no lo sabe por experiencia propia. El ha oído, ha memorizado. Es un loro: Cómo máximo, una computadora.

Tertuliano dice que éste es el saber que no es realmente saber, sino ignorancia disfrazada de sabiduría, ignorancia vestida de saber. Es un retroceder, un retroceso desde la infancia inocente. Es una corrupción, Es un estado corrupto de la mente. Astuto, sagaz, pero corrupto.

Luego Tertuliano dice que hay otra clase de saber al que llama «la ignorancia sapiente». Surge cuando una persona abandona todo conocimiento, toda teoría, cuando mira directamente, observando la vida tal y como es, sin ideas sobre ella, percibiendo la Realidad como es, cuando encara inmediata, directamente la Realidad Sin un conocimiento de ella. Se encara y se encuentra con la Realidad permitiendo que aquello que es, florezca. Simplemente escucha a la Realidad, mira en la Realidad y dice, «No sé». Ese es el niño del que habla Jesús. No es realmente un niño. Es como un niño.

Y yo digo, «Sí, dichosos los tontos porque ellos heredarán las bendiciones de Dios».

Desde la primera clase, el salto a la segunda es automático. Desde la segunda, el salto a la tercera no es automático. Desde el segundo tipo al tercero, el salto implica una decisión. Eso es lo que es el sanyas. Decides que ya basta de tanto saber, que te gustaría ser tonto de nuevo, que te gustaría ser otra vez un niño. Renacer. Aquí yo soy como una comadrona. Os puedo ayudar a que os volvais tontos.

Y recuerda: a menos que hayas alcanzado la tercera clase, toda tu vida será un puro desperdicio.

Adán desobedeció a Dios. Cada Adán ha de desobedecer a Dios. Adán cayó desde la gracia. Todo Adán ha de caer. Adán comió del fruto del Àrbol del Bien y del Mal. Todo Adán se ha de convertir en un erudito. Es un proceso natural. Me he encontrado con cientos de parábolas, pero ninguna se puede comparar con esta parábola de la Caída de Adán. Es la parábola con más contenido que ha existido. Por eso me remito continuamente a ella con nuevas interpretaciones; continúa revelando nuevos significados.

Y cuando Adán se convirtió en Cristo, se convirtió en un tonto de la tercera clase. Cristo pertenece a la tercera categoría de tontos: el tonto dichoso. Lo que Adán hizo, Cristo lo deshizo. Cristo regresa de un modo absolutamente inocente, obediente.

Los rabinos, los religiosos judíos, los sacerdotes del Templo de Jerusalén, eran tontos eruditos. No podían tolerar a Jesús. Los tontos eruditos siempre son incomodados por los tontos dichosos. Tuvieron que matarle porque su presencia suponía un pináculo tan elevado de paz, de amor, de compasión y de luz que todos los tontos eruditos se dieron cuenta de que se ponía en peligro a todo su ser. Si ese hombre seguía viviendo entre ellos, entonces ellos eran los tontos y la única forma de deshacerse de ese hombre fue acabar con él para que, de nuevo, ellos pudieran ser los sabios de su raza.

A Sócrates lo mataron los eruditos. A Mansur lo mataron los eruditos. Siempre ha surgido un tremendo conflicto cuando alguien de la tercera clase de tontos ha aparecido en el mundo. Todos los pandits se agrupan; su negocio está en peligro. Todo lo que saben, ese hombre lo pone en tela de juicio y en su fuero más interno ellos saben que lo que saben son tonterías, porque no les han servido para nada. De ello no ha surgido ni dicha, ni gozo alguno. Son como siempre han sido. Su saber no ha tocado sus corazones, no les ha supuesto ninguna transformación. Lo saben en lo más profundo de su corazón y por eso se sienten aún más incómodos. Desean destruir a ese hombre porque con la posibilidad de que él exista, ellos se convierten en «don nadies». Sin Jesús, eran los sumos sacerdotes del templo; con Jesús, de repente, no son nadie. En presencia de Jesús se vivía a Dios mismo y los sacerdotes percibían que su esplendor les había sido arrebatado.

Solamente la gente de enorme coraje salta del segundo al tercero. Es un salto cuántico. La religión es únicamente para los más valientes. En realidad es para los temerarios. No es para los cobardes.

sábado, 20 de agosto de 2016

LAS DIMENSIONES DE LA CONSCIENCIA

La consciencia tiene dos dimensiones: una es la del tener y la otra es la del ser. Y solamente hay dos categorías de seres humanos: la del que se esfuerza al máximo por obtener más y más y la de aquél que ha comprendido la futilidad de eso y que ha encauzado su vida en otra dirección, en la dirección del ser. Esa gente está tratando de saber quiénes son.

En el mundo del tener solamente crees que tienes algo, pero realmente no posees nada. Viniste con las manos vacías y te irás con las manos vacías. Todo lo que suceda en medio es como un sueño. Aparenta ser verdad, mientras dura parece ser verdad, pero una vez se ha ido comprendes que no había nada que realmente estuviera sucediendo. La realidad ha permanecido sin ser afectada por tus sueños. El mundo del poseer no es nada más que un mundo de sueños.

La persona religiosa es aquella que se ha dado cuenta de la futilidad de todo. No puedes poseer nada más que a ti mismo. Y todo lo que tienes, excepto tú mismo, no es más que un engaño. Es una ilusión. Y, de hecho, aquello que posees te posee a ti más que tú a eso. El que posee se convierte fatalmente en lo poseído. Crees que posees muchas cosas: riquezas, poder, dinero, pero en lo más profundo tú estás poseído por esas mismas cosas, estás encapsulado, encadenado, encerrado por esas mismas cosas.

Observa a los ricos. No poseen riquezas; son tan pobres como cualquier otro hombre, son tan míseros como cualquier mendigo. En realidad, aquello que poseen, los posee a ellos. Están agobiados con ello.

Por eso lo primero que has de entender son estas dos puertas: el tener y el ser. Si aún estás perdido en el sueño del poseer, todavía estás en el mundo. Puede que estés en una cueva de los Himalayas. Eso no importa. El mundo sigue allí porque el mundo existe en el deseo mismo de poseer. Y nadie nunca ha poseído nada.

Solamente se puede poseer una cosa y esa cosa ya la tienes contigo. Es tu propio ser, tu propia consciencia. Pero para alcanzar ese «ser», uno ha de trabajar duro. No puedes alcanzarlo fácilmente. Primero has de separarte del mundo del tener. Eso se asemejará al morir porque con eso es con lo que te has identificado. Tú eres tu coche, tú eres tu casa, tú eres tu cuenta bancaria. Y cuando empiezas a despertar de este sueño empiezas a, sentirte como si desaparecieras porque todas tus viejas, identidades empiezan a desaparecer. Una identidad desaparece, una parte de ti desaparece: Solamente deja tras de sí el vacío. Cuando todas tus identidades desaparezcan y simplemente quedes tú, habrá tan sólo puro espacio, tan puro como la vida, tan puro como la muerte. No quedará nada más. Ese es tu ser. Solamente se puede poseer ese ser porque de hecho ya está ahí. Solamente puedes poseer aquello que ya tienes, no puedes poseer nada más. Todo deseo es un desear lo inútil. Solamente conduce a la frustración.

Por lo general, hasta cuando la gente se vuelve religiosa, siguen pensando en términos de tener, de poseer el cielo o de alcanzar los placeres del cielo, pero siguen pensando todavía en función del poseer. Su cielo no es nada más que el deseo proyectado de poseerlo todo. Todo lo que se ha perdido estando aquí desearían poseerlo en el más allá. Pero es el mismo deseo.

La persona auténticamente religiosa es aquella que se vuelve consciente de la futilidad del desear, de la imposibilidad de obtener nada, aquí en este mundo o después en el otro mundo. Solamente te puedes tener a ti mismo. Solamente puedes ser el amo de tu propio ser. Si no estás intentando serlo... Es duro, no hay atajos, las drogas no te servirán de nada. Eso es muy fácil, es muy astuto. Es un engaño químico.

Deseas introducirte en el mundo de tu màs recóndito ser sin ningún esfuerzo. Es algo deshonesto. Sin ganártelo deseas poseerlo.

Cuando Mahavira lo posee es porque se ha esforzado duramente por ello; cuando un Baal-Shem lo posee es porque ha trabajado arduamente por ello, ha sacrificado todo su ser por eso. Todo su ser se ha convertido en pura oración, en devoción, en un sacrificio a lo Divino. El no está ahí; simplemente se ha ofrecido totalmente. Entonces él lo posee. O un Kabir, o un Zarathustra... todos han recorrido el duro camino. El camino empinado es el único camino; no hay atajos.

Pero el hombre siempre ha tratado de inventarse atajos de múltiples maneras. El viaje con las drogas es la última invención de la astuta mente humana. Con sólo ingerir una pastilla o inyectarte cierto compuesto químico en el cuerpo crees que te puedes convertir en un Buda, crees que puedes alcanzar el dominio total de tu ser. Simplemente te convertirás en un es¬clavo de la química, no en un amo de tu ser. Surgirá un ansia por tomar más y más y más, una y otra vez. Necesitarás de mayores y mayores dosis. Rápidamente te convertirás en un náufrago, rápidamente te volverás tierra baldía y te abandonará todo lo bello, todo lo verdadero y todo lo que es divino. Pero el señuelo está ahí. La mente humana cree que puede descubrir atajos.

Puede que recuerdes lo que ocurre en determinados sueños. En los sueños, si vas en tren, puedes saltarte muchas estaciones. Estás en Londres y de repente te encuentras en Tokio. Te saltas todo el trayecto. El inconsciente continuamente anhela atajos. En los sueños, vale, pero en la vida real no es posible, no puedes saltarte las paradas y no puedes saltarte ninguna estación en el camino. Por muy rápido que vayas no puedes saltarte nada. Más lenta o más rápidamente, no importa. Has de recorrer todo el trayecto y has de hacerlo por el camino más difícil.

El ácido y las drogas siempre han deslumbrado al hombre. Es algo tan viejo como el hombre mismo. En los Vedas empleaban soma. En la India han seguido empleando drogas durante siglos, charas y ganja y opio. Lo han probado todo. Ahora esta locura existe por todo el mundo. Ahora la gente trata de encontrar un atajo, un método fácil y sencillo que puedas manejar, que te puedas tragar. El samadhi no puede ser ingerido y Dios no es un fenómeno químico. Te lo has de ganar; solamente entonces puedes tenerlo.

sábado, 13 de agosto de 2016

VIVIR EN FORMA NATURAL

Un chiquillo estaba jugando junto a su padre que estaba sentado en el jardín. El pequeño estaba tratando de levantar una gran piedra. Era demasiado grande y no podía con ella. Lo intentó en vano. Se puso a sudar:

El padre le dijo, «No lo estás haciendo con todas tus fuerzas» .

El niño le contestó, «No es verdad. Estoy poniendo toda mi energía y no sé qué más puedo hacer”.

El padre le dijo, «No me has pedido que te ayude. Esa también es tu energía. Yo estoy aquí sentado y no me has pedido que te ayude. No estás empleando toda tu energía».

Un hombre que vive de técnicas puede que piense que está empleando todas sus energías; pero no le ha pedido ayuda a Dios. Un hombre que simplemente medita con técnicas es un pobre hombre. Un hombre orientado hacia las técnicas es una mente cerrada. Lo ha de planear todo. Y aunque tus planes se vean realizados, no serás feliz, porque son tus planes. Son tan pequeños como eres tú y aunque tengas éxito, serás un fracasado; incluso en tu éxito tendrás el sabor de la frustración. Porque ¿qué es lo que obtendrás? O, si fracasas, ten por seguro que te sentirás frustrado. Cuando fracasas te sientes frustrado, pero cuando triunfas también te sientes frustrado.

Àbrete a lo divino. Vive de modo natural, sin intentar mejorar, sin vivir a través de las ideas, sin vivir a través de las disciplinas morales, viviendo sencillamente una vida natural. La naturaleza debería ser tu única disciplina y todo aquello que es natural es bueno porque así es como Dios quiere que sea, desea que sea. Si eres capaz de aceptar tu vida con una inmensa gratitud, esa es la forma en que Dios quiere que sea... Si él te ha dado el sexo, pues te ha dado el sexo. El lo sabe mejor. No tienes que tratar de forzar un estado de celibato en ti. Un celibato forzado es repugnante, más repugnante que un sexo natural. Y si aceptas el sexo natural descubrirás que más allá de cierto punto, el sexo se convierte en celibato natural. Entonces surge el brahmacharya, entonces empiezas a vivir de un modo absolutamente diferente.

Pero éste, llega cuando fluyes con el río.

¿Ves? Un río desciende de las montañas, recorre miles de kilómetros y luego, un día, desaparece en el océano. Si el río fuera un gran pensador y empezara a pensar, «Esto es ir hacia abajo. No debería hacer esto. Mi morada está en las montañas. Un río es como las nevadas cumbres de los Himalayas. Allí es mi morada. Y ahora estoy cayendo. Esto es pecado. Cayendo por un glaciar, yendo hacia la tierra desde las alturas del cielo...» Si los ríos fueran pensadores se volverían locos porque esto es ir hacia abajo, descender al infierno. Pero los ríos no son pensadores. Son muy afortunados. Lo aceptan. Era la voluntad de Dios el que estuvieran en las cimas; ahora es su voluntad el que exploren las profundidades.

Y una persona que realmente quiere conocer las alturas también ha de conocer las profundidades, de otro modo no podría conocerlas. La sima es la otra cara de la altura. Cuanto más alto es el pico de la montaña, más profundo es el valle. Si quieres conocer al árbol también has de saber qué son las raíces. El árbol asciende y las raíces descienden, y entre estos dos movimientos existe el árbol. Entre el movimiento ascendente y el movimiento descendente. Esta es la tensión que le da vida al árbol.

El río se mueve, confiando, sin saber hacia donde va. Nunca antes ha ido por allí y no dispone de mapas ni de guías que lo guíen. Pero él confía; si así es como sucede, ha de ser bueno. Continúa bailando y cantando. Y luego, un día, todo río, - tanto si discurre hacia el Este como si discurre hacia el Oeste, o hacia el Sur, o hacia el Norte, no importa - todo río al final, por último, alcanza lo supremo: desaparece en el océano. En el océano ha alcanzado su máxima profundidad.

Ahora se ha completado el viaje. Ha conocido las cumbres de los Himalayas y ha conocido las profundidades del océano. Ahora la experiencia es total, ahora el círculo se ha completado. Ahora el río puede desaparecer en el nirvana, ahora el río puede desaparecer en el moksha.

Esto es lo que es la Liberación. Vive como un río. Un hombre que está demasiado obsesionado con las técnicas es un hombre que no confía, un hombre que duda. No es capaz de confiar en la vida. Solamente confía en sus técnicas.

Oí una bella anécdota:

Un coleccionista de gorilas estaba ansioso por tener más gorilas en su colección, así que se fue a África. Pronto se encontró en la cabaña de un Gran Cazador Blanco.

¿Y cuánto cobras por cada captura? le preguntó el coleccionista.

«Mira» le dijo el cazador, «Cobro quinientos dólares para mí, quinientos dólares más para ese pigmeo que lleva el rifle y quinientos dólares por mi perro».

El coleccionista no podía imaginarse porqué el perro tenía que llevarse esos quinientos dólares, pero siendo un hombre práctico razonó que mil quinientos dólares era un precio justo y que le importaba poco cómo lo dividiera.

En el safari el Gran Cazador Blanco divisó a un gorila en lo alto de un árbol al que trepó y golpeando al gorila en la cabeza éste cayó al suelo. El perro fue hacia él, hizo presa en sus testícülos y lo dejo inerme. Mientras tanto el cazador descendió del árbol, acercó una caja y metió al gorila en ella.

El coleccionista estaba estupefacto. Le dijo al cazador. « ¡Esto es sencillamente fantástico! ¡Nunca había visto algo así en mi vida! Con razón ganas esos quinientos dólares, y ese perro bien... ¿qué puedo decir? Simplemente es terrorífico.

Pero ese pigmeo con el rifle no parece que esté haciendo nada».

El cazador le dijo. «No te preocupes del pigmeo. El se gana su dinero».

Y así siguieron cazando gorila tras gorila hasta que finalmente se encontraron con un gorila que había estado observando todo el proceso. El cazador subió al árbol y estaba a punto de darle al gorila en la cabeza cuando el gorila se giró y le dio a él primero.

Mientras el Cazador caía del árbol, le gritó al pigmeo. «¡Dispara al perro, dispara al perro!»

Esta es la mente orientada hacia la técnica. Lo prevee todo, cada posibilidad. No deja un agujero en el sistema.

Un hombre religioso no puede vivir de un modo tan planeado; no es posible. Ha de dejar muchos orificios por los que Dios pueda entrar. En realidad, si lo entiendes correctamente, un hombre religioso es uno que no planea nada, porque, ¿cómo va a planear? ¿Y cuáles son nuestras facultades para planear? Somos limitados. Poseemos la pequeña luz de la inteligencia, pero es muy poca. Confiar en ella a ciegas da origen a una vida muy mediocre. Lo inmenso nunca entra en esta vida mediocre, lo infinito nunca entra en esta vida mediocre, lo inacabable nunca entra en esta vida mediocre.

El riesgo es abandonar la mente que parece nuestra única seguridad, abandonar la mente que parece ser nuestra única certeza, abandonar la mente que parece ser nuestra única arma. Y entonces, confiar en la no-mente. Llámala Dios. Confiar en la Existencia, sin confiar en uno mismo.

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