sábado, 23 de junio de 2018

LA CONSCIENCIA Y LA MUERTE


Los animales viven, pero no son conscientes de que viven porque no son conscientes de muerte alguna. La muerte no es un problema para ellos; por lo tanto viven, pero no están vivos en el mismo sentido en que el hombre está vivo. El hombre está vivo, consciente de que está vivo, solamente debido a la muerte. Con el saber nace el extremo opuesto, y con la polaridad surgen los problemas. Entonces, cada instante es un conflicto. En todo momento te hallas dividido en dos. Nunca volverás a ser uno. Estarás siempre dividido, en conflicto, en agitación interna.

Por eso, ésa fue realmente una revolución; más bien “la revolución”. Adán y Eva fueron expulsados, fueron desterrados. En realidad ésa es una historia muy bonita. Nadie los expulsó, nadie se lo ordenó, nadie les dijo, “¡Marchaos!”. Ellos estaban ya fuera. En el momento en que se hicieron conscientes dejaron de estar en el Jardín. Fue automático. Piensa en esto: un perro sentado aquí y que de repente se vuelve consciente de la situación. Ha sido expulsado. Nadie le expulsa, sino que ya no es más un animal. Ha sido expulsado del estado animal y nunca más podrá volver a ser el mismo.

Adán y Eva trataron una y otra vez de entrar, pero aún no han encontrado la puerta de nuevo. Siguen y siguen dando vueltas, pero no encuentran la puerta. No hay tal puerta. La expulsión es total y definitiva. No pueden entrar otra vez porque el conocimiento es un fruto amargo y dulce; amargo y dulce al mismo tiempo. Dulce, porque por primera vez te vuelves un ego, y amargo, porque con el ego adquieres todos los males. Es una espada de doble filo.

Adán fue tentado porque el Diablo le dijo, “Te volverás como los dioses. Serás poderoso”. El saber es poder, pero si sabes, tienes que conocer ambas caras de la moneda. Puedes sentirte más vivo, puedes sentirte más dichoso, pero serás consciente de la muerte. Serás más dichoso, pero en la misma proporción sufrirás mayor angustia. Este es el problema, esto es lo que es el hombre: una profunda angustia, una profunda escisión entre dos polaridades.

Puedes sentir la vida, pero cuando la muerte se halla presente todo resulta envenenado. Cuando la muerte está ahí, cada instante está envenenado. ¿Cómo puedes estar vivo si la muerte está ahí? ¿Cómo vas a sentirte dichoso si el sufrimiento está ahí? incluso si alcanzas un instante de felicidad, es efímero. Y cuando la ocasión se presenta, eres consciente de que en algún lugar, oculta tras la felicidad, la infelicidad está presente, la desgracia está ahí, escondida. Surgirá pronto, antes o después. Por eso, incluso un solo instante de felicidad se halla envenenado si se es consciente de que la infelicidad está oculta, aproximándose. Está a la vuelta de la esquina y tendrás que afrontarla.

El hombre se hace consciente del futuro, consciente del pasado, consciente de la vida, consciente de la muerte. Kierkegaard lo ha denominado “angustia consciente”. Puedes volver atrás, pero es una medida temporal. De nuevo ascenderás. Por eso, la única posibilidad es crecer. Crecer en conocimiento hasta un punto desde el que puedes saltar, porque el salto solo es posible en los extremos. Poseemos un extremo: el retroceder. Podemos hacerlo, pero es imposible desde el momento en que no podemos quedarnos para siempre en él. Somos lanzados hacia delante, una y otra vez. La otra posibilidad es la de que, si creces en consciencia, alcanzas un punto en el que eres totalmente consciente, y desde allí trasciendes.

Ya hemos “conocido”. Ahora debemos descubrir algo más allá del conocimiento. Hemos salido del Jardín por causa del conocimiento y podemos entrar en ese jardín, de nuevo, solamente si nos desprendemos de este conocimiento. Pero este desprenderse no es posible mediante la regresión. No podremos encontrar nunca otra vez esa puerta a través de la cual Adán fue expulsado. Podemos encontrar otra puerta, a través de la cual Cristo fue invitado o Buda fue invitado. Podemos abandonar ese conocimiento, podemos desprendernos de esa consciencia, pero solamente desde el punto extremo en el que seamos totalmente conscientes.

Cuando uno se vuelve totalmente consciente, cuando se ha desprendido hasta del sentimiento de que “Soy consciente”, cuando uno se vuelve simplemente como los animales en el estado en que son felices y dichosos –ellos no sabes que cuando eres totalmente consciente, te conviertes en un dios-, si esa consciencia es total, entonces eres sencillamente consciente sin darte cuenta de que eres consciente. Esta simple consciencia será el comienzo, será la entrada. Estarás de nuevo en el Jardín, ahora no como un animal, sino como Dios. Y este proceso es inevitable. Esta expulsión del Adán y el surgimiento de un Jesús, es un proceso ineludible. Uno ha de ser expulsado de su propia ignorancia; éste es el primer paso. Y luego uno ha de ser expulsado de su propio conocimiento; ése es el segundo paso.

sábado, 16 de junio de 2018

CIENCIA Y RELIGIÒN


La ciencia cree que los problemas son objetivos, que provienen de alguna parte en el exterior, que pueden ser cambiados sin que tú cambies. La religión cree que los problemas están en el interior, en mí, o mejor, que yo soy el problema. A menos que yo cambie, nada será distinto. Las apariencias cambiarán, los hombres serán diferentes, pero la substancia seguirá siendo la misma. Crearé otro mundo de problemas. Seguiré proyectando nuevos problemas.

El hombre, inconsciente de su propio ser, inconsciente de sí mismo, es el creador de los problemas. Sin saber quién es, qué es, con un desconocimiento absoluto de sí mismo, sigue generando problemas porque, a no ser que te conozcas a ti mismo, no puedes saber para qué estás viviendo y existiendo.

No puedes saber adónde has de ir, no puedes saber cuál es tu destino, y nunca podrás percibir cuál es el sentido. Seguirás haciendo muchas cosas, pero todo te conducirá, en último término, a la frustración. Porque si haces algo sin saber por qué existes, sin saber qué es lo que eres, eso no te va a proporcionar satisfacción alguna. Carecerá de sentido. Has errado el objetivo, tu esfuerzo será desperdiciado y al final todo el mundo se sentirá frustrado. Los que alcanzan el éxito se sienten más frustrados que los que no lo alcanzan porque los que no lo alcanzan pueden seguir albergando esperanzas. Pero aquellos que tienen éxito no poseen ni esperanzas. Su caso no tiene solución. Por eso digo que no hay fracaso tan grande como el éxito.

La religión piensa en términos subjetivos, en términos objetivos: “Cambia la situación no al hombre”. La religión dice: Cambia al hombre; la situación es irrelevante”. Sea cual sea la situación, una mente distinta, un ser transformado se sitúa más allá de los problemas. Por eso Buda puede estar en absoluta paz viviendo como un mendigo y un Midas no puede vivir tranquilo ni poseyendo el milagro alquímico: toque lo que toque se transforma en oro. La situación con Midas se ha vuelto dorada; todo lo que toca se convierte en oro. Pero esto no cambia nada, al contrario, Midas se encuentra en una situación más complicada.

Nuestro mundo ha creado, mediante la ciencia, una situación como la de Midas. Todo lo que tocamos se convierte en oro. Un Buda, viviendo como un mendigo, se encuentra en una paz y en un silencio tan absoluto que los emperadores se sienten celosos de él. ¿Cuál es el secreto? El énfasis en el hombre, en el interior del hombre, es lo importante, no la situación. Debes, pues, cambiar el interior del hombre. Y solamente hay un cambio posible. Si creces en consciencia, cambias, mutas. Si disminuyes tu consciencia, también cambias, mutas. Pero si tu consciencia es disminuida, retrocedes hacia el mundo animal. Si tu consciencia es incrementada, asciendes hacia el mundo de los dioses.

Este es el único problema para la religión: cómo incrementar la consciencia. Por eso las religiones han estado en contra de las drogas desde siempre. La razón no es moral ni ética, ¡no! Y los llamados puritanos moralistas le han dado un tinte equivocado a todo el asunto. Para la religión no es una cuestión de moralidad el que alguien ingiera drogas. No es una cuestión concerniente a la moralidad, porque la moralidad sólo aparece en escena cuando yo entro en contacto con alguien más. Si bebo alcohol y caigo inconsciente, no es asunto de nadie más. Estoy haciendo algo conmigo mismo. La violencia concierne a la moralidad, no al alcohol. Si prometo encontrarme contigo a una hora determinada y no acudo, es inmoral, porque hay alguien más implicado. El alcohol concierne a la moral solamente si implica a alguien más; sino, no es una cuestión moral en absoluto. Es algo que haces contigo mismo. Para las religiones éste no es un tema de moralidad. Para las religiones existe un tema más profundo: la cuestión de incrementar o disminuir la consciencia.

Una vez que adquieres el hábito de sumergirte en la inconsciencia, será más y más difícil incrementar tu consciencia. Será más y más difícil, porque tu cuerpo será incapaz de sostenerte en un estado de consciencia incrementada. Te ayudará a mantenerte inconsciente. No te ayudará a ser consciente. Y cualquier cosa que se convierta en una barrera en la adquisición de consciencia es un problema religioso, no un problema moral.

Por eso, a veces sucede que puedes encontrar que un alcohólico sea una persona de mayor moralidad que un no-alcohólico, pero nunca será una persona más religiosa. Un alcohólico puede ser más compasivo que un no-alcohólico, puede ser más tierno que un no-alcohólico, puede que sea más honesto, pero nunca más religioso. Y cuando digo “no será nunca más religioso”, quiero decir que “no será nunca una persona más consciente y despierta”. Este crecimiento en consciencia provoca angustia.






sábado, 9 de junio de 2018

LOS PROBLEMAS DE LA CONSCIENCIA


Para la filosofía, son muchos los problemas; infinitos. Pero para la religión sólo existe un problema, y ese problema es el hombre en sí mismo. No es que el hombre tenga problemas, sino que el hombre mismo es el problema. Y ¿por qué es el hombre el problema?

Los animales no tienen problemas. Son tan inconscientes, tan dichosamente inconscientes, tan ignorantes, que no existe la posibilidad de la existencia de conciencia alguna sobre los problemas. Los problemas existen, pero los animales no son conscientes. No hay problema para los dioses, porque ellos son totalmente conscientes. Cuando la mente es totalmente consciente, los problemas sencillamente desaparecen como la oscuridad. Pero para el hombre existe la angustia. La misma existencia del hombre, su mismo ser, es un problema porque el hombre existe entre esos dos espacios: el reino de los animales y el reino de los dioses.

El hombre existe como un puente entre dos infinitos: el infinito de la ignorancia y el infinito de la sabiduría. El hombre ni es animal, ni es divino. O bien, el hombre es ambas cosas, animal y divino. Ese es el problema. El hombre es un ser inacabado, es algo incompleto, algo por terminar, un proyecto, no una realidad.

Los animales poseen un “ser”. El hombre es un proyecto. No “es”; solamente es un proyecto. El hombre es un proceso. El proceso está incompleto. Ha abandonado el mundo de la ignorancia y todavía no ha alcanzado el mundo de la sabiduría. El hombre está entre dos aguas. Eso crea el problema, la tensión, la angustia y el conflicto constante.

Solamente hay dos formas de estar en paz, de estar sin problemas: una es retroceder, volver atrás, regresar al mundo de los animales; la otra es trascender, ir hacia delante y ser una parte del Divino Ser. Ser o animales o dioses; esas son las dos alternativas.

Retroceder es fácil, pero es algo temporal porque una vez que has crecido no puedes retroceder de forma permanente. Puedes regresar por un instante, pero luego eres lanzado de nuevo hacia delante porque realmente no existe el camino para regresar. No hay ninguna posibilidad real de retroceder. No puedes ser un niño de nuevo si ya te has convertido en un adolescente, y tú no puedes ser otra vez un adolescente si ya te has vuelto viejo. Si sabes algo, no puedes retroceder al estado en que estabas cuando eras ignorante. No puedes retroceder, pero por un instante puedes olvidarte del presente y liberar el pasado en tu memoria, en tu mente.

De este modo el hombre puede regresar al estado animal. Es algo dichoso, pero temporal. Esta es la razón por la que los intoxicantes, las drogas, el alcohol, tienen de atractivo. Cuando te quedas inconsciente mediante algún químico, has vuelto atrás por un instante. En ese momento dejas de ser un hombre, dejas de ser un problema. De nuevo eres parte del mundo animal, de la existencia inconsciente. Entonces no eres un hombre; por eso tienes problemas.

La Humanidad ha estado constantemente buscando cosas, a través de las drogas para poder olvidar, para regresar, para ser simplemente un niño, para recuperar la inocencia animal, para no tener problemas. O sea, para carecer de humanidad, porque, para mí, humanidad significa ser un problema. Este retroceso, esta regresión, es posible, pero sólo temporalmente. Tendrás que volver otra vez, serás de nuevo un hombre y habrá los mismos problemas aguardándote. En realidad se habrán agudizado. Tu ausencia no va a disolverlos. Se habrán vuelto más complicados y complejos. Así se crea un círculo vicioso.

Cuando estás de vuelta y eres consciente tienes que afrontar problemas que se han complicado debido a tu ausencia. Se han multiplicado. Y así has de olvidarte de ti mismo una y otra vez, y cada vez que te olvidas y regresas, tus problemas se han acrecentado. Tendrás que enfrentarte a tu humanidad una y otra vez. Uno no puede escapar de este modo. Uno puede engañarse, pero no puede escapar de ese modo.

La otra alternativa es ardua. Es crecer hasta llegar a ser un “Ser”. Cuando digo “regresar”, quiero decir volver a ser inconsciente, perder la poca consciencia que tenemos. Cuando digo, “ser un Ser”, quiero decir, perder la inconsciencia y ser totalmente consciente.

Tal como somos, solamente una parte de nosotros es consciente, un diminuto fragmento del Ser es consciente y el continente restante es pura oscuridad. Una pequeña isla es consciente, y todo el continente, la tierra firme está a oscuras. Cuando esta islita también se queda a oscuras, has vuelto atrás, has retrocedido. Esta ignorancia es dichosa porque entonces no eres consciente de los problemas. Los problemas están ahí, pero no eres consciente de ellos. De modo que, para ti, parece que no existen los problemas. Es el método del avestruz: cierras tus ojos y tu enemigo desaparece solamente porque no puedes verlo. Esta lógica infantil, juvenil, dice que cuando no alcanzas a ver algo, esto deja de ser real. A menos que veas algo, esto no existe. ¡De modo que si no eres capaz de percibir los problemas, estos no existen!

Cuando digo “ser un Ser”, “trascender la humanidad”, “volverse divino”, quiero decir ser totalmente consciente, ser no sólo una isla, sino todo el continente. Esta consciencia también te llevará más allá de los problemas porque los problemas existen básicamente en función de ti. Los problemas no son realidades objetivas; son fenómenos subjetivos. ¡Tú creas tus problemas! ¡Y a menos que seas transformado, seguirás creando problema! Resuelves uno y, en realidad, al solucionar ese uno creas muchos otros porque tú permaneces siendo el mismo. Los problemas no son algo objetivo. Son parte de ti. Debido a que eres de cierto modo, creas determinados problemas.

La ciencia trata de resolver los problemas objetivamente y opina que si no existieran los problemas el hombre estaría en paz. Los problemas podrán ser resueltos objetivamente, pero el hombre no estará en paz, porque el hombre es en sí mismo el problema. Si soluciona algún problema, crea otros. Èl es el que los crea. Si creas una sociedad mejor, los problemas cambiarán, pero los problemas seguirán. Si se consigue un nivel de salud mejor, un sistema médico màs eficiente, los problemas serán otros, pero los problemas seguirán.

Cuantitativamente, habrá tantos problemas como siempre, porque el hombre permanece siendo el mismo, solamente son las situaciones las que cambian. Cambias de situaciones. Los antiguos problemas desaparecerán pero surgirán nuevos problemas. Y los nuevos problemas son más graves que los viejos problemas porque tú ya te habías acostumbrado a los viejos problemas. Con los nuevos problemas te sientes más incómodo. Por eso, hoy en día, hemos alterado por completo nuestro entorno, pero los problemas siguen ahí, peores, creando aún más angustia.

sábado, 2 de junio de 2018

LA MEDITACIÓN


Hay algo que debe recordarse respecto a la meditación: es un camino largo y no hay atajos.

Es un viaje largo, porque el cambio es muy profundo y se le alcanza después de muchas vidas, muchas vidas de hábitos rutinarios…pensando…deseando…

Y la estructura de la mente: debes tirarla mediante la meditación. De hecho es casi imposible, pero sucede. Un hombre convirtiéndose en un meditador: es la responsabilidad más grande del mundo, no es fácil.

Esto no puede ser algo instantáneo.

De manera que desde el principio no comiences a esperar demasiado, y nunca te sentirás frustrado. Siempre estarás contento, por las cosas crecerán muy despacio.

La meditación no es una flor de estación que aparece en un plazo de seis semanas.

Es un árbol muy, muy grande…necesita tiempo para extender sus raíces.

Cuando la meditación florece, simplemente no hay nadie que tome nota de esto, nadie que reconozca este estado, nadie que diga: “Sí, esto ha ocurrido”. Apenas dices: “Sí, esto ha ocurrido”, ya se ha perdido.

Cuando la meditación está realmente ahí…un silencio te invade…sin ningún sonido…una gracia palpita…

Hay armonía. Pero no hay nadie para tomar nota de esto.

Meditación es un estado de no-mente. Meditación es un estado de conciencia pura, sin contenido.
Por lo regular, tu conciencia está demasiado llena de basura, igual que un espejo cubierto de polvo.

La mente es un tráfico constante: los pensamientos se están moviendo…los deseos se mueven…los recuerdos se mueven…las ambiciones de mueven. ¡Es un tráfico constante…! Día tras día.

Aun cuando duermes sigue inmersa en los pensamientos, aún sigue inmersa en preocupaciones y ansiedades.

Se está preparado para el día siguiente: está ocurriendo una preparación subterránea.

Este es el estado de no-meditación. Justo lo opuesto de lo que es la meditación: cuando no hay tráfico y el pensamiento se ha detenido…los pensamientos no se mueven…los deseos no se agitan y te encuentras en completo silencio.

Ese silencio es meditación. Y es en ese silencio que la verdad es conocida…nunca de otra manera.
La meditación es un estado de no-mente…no puedes encontrar la meditación a través de la mente, porque la mente se va a perpetuar a sí misma.

Sólo te será posible encontrar la meditación si colocas la mente a un lado…permaneciendo sereno…indiferente, sin identificarte con la mente; viendo la mente pasar, pero no identificándote con ella, no pensando que “Yo soy ella”.

Meditación es la conciencia de que: “Yo no soy la mente”.

Cuando esta conciencia entra más y más profundo en ti…lentamente, aparecen unos pocos momentos…momentos de silencio…momentos de espacio puro…momentos de transparencia…momentos en los que nada se agita en ti y todo está quieto…en estos momentos de quietud sabrás quién eres…y conocerás el misterio de esta existencia.

Llega un día ¡un día de grandes bendiciones! En el que la meditación se convierte en tu estado natural.

La mente es algo antinatural; nunca se transforma en tu estado natural. Pero la meditación es un estado natural, que has perdido. Es un paraíso perdido, pero el paraíso puede ser recuperado.
Observa los ojos de los niños…mira y encontrarás tremendo silencio e inocencia…

Cada niño viene en estado meditativo, pero debe ser entrenado en la forma de funcionar de la sociedad. Debe aprender cómo pensar, cómo calcular, cómo razonar, cómo discutir; debe aprender palabras, lenguaje, conceptos…y lenta…lentamente, pierde contacto con su propia inocencia.

La sociedad lo contamina, lo corrompe…se transforma en un mecanismo eficiente; deja de ser un hombre.

Todo lo que necesita es recuperar ese espacio una vez más.

Lo has conocido antes; así que cuando conozcas la meditación por primera vez te sorprenderás, pues surgirá en ti una clara sensación de haberla conocido antes. Y esa sensación es real: la has conocido antes…la has olvidado.

El diamante está perdido entre montones de basura…pero si puedes removerla, encontrarás el diamante nuevamente: es tuyo. En realidad, no se puede perder, sólo puede ser olvidado.

Nosotros nacemos como meditadores, y después aprendemos las formas de obrar de la mente…pero nuestra naturaleza real permanece escondida en algún lugar, en lo profundo como una corriente subterránea.

Cualquier día, una pequeña excavación y vas a encontrar la fuente fluyendo…la fuente de aguas frescas. ¡Y la alegría más grande en la vida es encontrarla!

Meditación no es concentración. En la concentración existe un Yo concentrándose y hay un objeto sobre el cual se ejerce la concentración. Hay una dualidad.

En la meditación no hay nadie adentro y nada afuera. No es concentración.

No hay división entre lo de adentro y lo de afuera…lo interno fluye y fluye hacia lo externo, lo externo fluye y fluye hacia lo interno.

La demarcación, el límite, el borde, ya no existe.

Lo interno está afuera, lo externo está adentro: es una conciencia no dual.

La concentración es una conciencia doble; es por eso que produce cansancio; es por eso que cuando te concentras te sientes exhausto.

No te puedes concentrar durante las veinticuatro horas; tendrás que tomar vacaciones para descansar.

La concentración jamás se podrá convertir en tu naturaleza.

La meditación puede convertirse en algo constante durante veinticuatro horas, día tras día, año tras año…

Puede transformarse en la eternidad…Es la relajación en sí misma.

La concentración es un acto, un acto de la voluntad.

La meditación es un estado de no voluntad, un estado de inacción…es relajación.

Sencillamente, uno se ha dejado caer en su propio ser, y ese ser es el mismo que el ser del Todo.

En la concentración, tu mente funciona a partir de una conclusión: estás haciendo algo… la concentración surge del pasado.

En la meditación no hay una conclusión detrás, no estás haciendo algo en particular, estás simplemente siendo.

Esto no tiene pasado, el pasado no lo ha contaminado. No tiene futuro, está desprovista de todo futuro…es lo que Lao Tzu ha llamado: wu wei: acción a través de la inacción.

Es lo que los maestros Zen han estado diciendo:
“Sentado en silencio sin hacer nada, llega la primavera y la hierba crece por sí sola”,

Recuerda: “por sí sola”, nada se está haciendo…no estás tironeando la hierba hacia arriba. La primavera llega y la hierba crece por sí sola.

sábado, 26 de mayo de 2018

ETAPAS EN LA CUALIDAD CRÍSTICA


No hay etapas. La iluminación o cualidad de Cristo o cualidad de Buda sucede en una décima de segundo, no hay etapas graduales. Jesús inició el viaje, no la cualidad de Cristo, cuando fue bautizado por Juan el Bautista, en el río Jordán.

La semilla empezó a movilizarse hacia el transformarse en un árbol, la semilla se rompió en la tierra. Ahora el árbol y su desarrollo es sólo cuestión de tiempo. No puedes decir que tienes un árbol cuando la semilla se rompe en la tierra, no puedes decirlo, porque el árbol no está ahí.

No puedes decir que el árbol existe. No puedes decirlo, porque ¿dónde puedes ver el árbol? No puedes descansar debajo de él, no puedes coger la fruta, no tienes la fragancia de las flores. El árbol no existe.

Sí, en cierta forma, no puedes decir que el árbol es. Pero por otra parte, el árbol existe, porque la semilla está rota. El árbol está creciendo; está en camino. Ahora es sólo cuestión de tiempo. En cierta forma, el árbol ha llegado, porque el proceso de crecimiento ha comenzado.

La semilla se rompió el día en que Juan el Bautista inició a Jesús. Los cielos se abrieron y el espíritu de Dios descendió como una paloma. Este fue el principio, no de la cualidad de Cristo, sino el principio hacia la cualidad de Cristo; la semilla moviéndose hacia el árbol.

Jesús se convirtió en Cristo en la cruz, cuando dijo: "Que se haga tu voluntad, no la mía". Ese día él se convirtió en un árbol, se convirtió en un enorme y gigantesco árbol. Ahora, miles podían refugiarse debajo de él. El árbol floreció, llenó la tierra entera con su fragancia.

Así que, en cierta forma, puedes decir que se logró el primer vislumbre cuando fue iniciado en el Río Jordán. En la cruz, el último. Depende de cómo lo quieres expresar. Pero creo que les he transmitido el significado: ese día empezó el viaje para ser un Cristo.

También puedes llamarle Cristo desde ese día; depende de cómo quieras expresarlo. Pero yo señalo que él comenzó el camino hacia el ser un Cristo. Llegó a ser Cristo en la cruz.

La cualidad del Cristo, la cualidad del Buda, o nirvana, moshka, iluminación, suceden en una fracción de segundo, no es algo que suceda gradualmente. Son transformaciones repentinas.

La misma naturaleza de la llamada es tal que sólo aquellos que están a punto de despertar pueden oírla. Sólo aquellos cuyo sueño casi se ha completado, que se acercan a la mañana y están preparándose para despertar: sólo ellos pueden escuchar. Pero no puedes ver cuáles serán éstos.

Llama a mil: cien escucharán y sólo diez comenzarán a moverse. Noventa escucharán y aún así no se moverán. Escucharán, pero no entenderán o entenderán otra cosa o lo mal interpretarán. Diez empezarán a moverse. Y cuando diez se mueven, sólo uno llega; nueve se perderán en el camino. Llama a mil y sólo has llamado a uno. Pero así es como son las cosas.

Sucedió que cuando Buda se iluminó, permaneció en silencio durante siete días. Pensó: "¿Quién me escuchará?". Pensó: "¿Qué es lo que voy a decir? ¿Quién me entenderá?". Pensó: "Las cosas que me han sucedido, si alguien me las hubiera dicho cuando aún no me habían pasado, ni siquiera yo las hubiera entendido. Por lo tanto, ¿quién lo va a entender? ¿Por qué molestarse?".

Durante siete días sólo estuvo sentado debajo del Árbol Bodhi. La tradición dice que los devas en el cielo se pusieron muy inquietos. " ¿Por qué se mantiene en silencio? Es sólo después de miles de años que uno llega a iluminarse. ¿Por qué no está llamando a la gente? Se inclinaron ante Buda y dijeron: "Deberías decir algo. Has llegado; deberías llamar a la gente. Deberías difundir la palabra ¿por qué te quedas en silencio? Hemos esperado y esperado. Siete días han parecido siete siglos. ¿Qué estás haciendo? no pierdas tiempo. Sólo estarás aquí durante poco tiempo, y después desaparecerás para siempre. Antes de desaparecer, haz una llamada".

Buda dijo: "¿Quién escuchará? ¿Quién entenderá?".

Pero esos devas eran muy astutos. Y es bueno que fueran astutos. Discutieron, persuadieron. Dijeron: "Sí, tienes razón. Escasas, escasas son las posibilidades de que alguien escuche, y aún más escasa es la posibilidad de que alguien entienda. Pero existe. Llama a mil; cien escucharán, noventa no entenderán; diez caminarán, nueve se perderán en el camino. En un punto u otro creerán que han llegado; se sentarán a un lado del camino y creerán haber llegado a casa. Sólo uno llegará, pero uno es más que suficiente".

Buda entendió. Comenzó a predicar.

Sé que es un esfuerzo muy carente de esperanzas. Teniendo muy claro que no entenderán, seguiré hablándoles. Es como hablarle a una pared.

Cuando Bodhidharma se iluminó, estaba sentado cerca de una pared, con la espalda apoyada contra la pared. Inmediatamente se volvió y se puso de cara a la pared. Durante nueve años no se sentó de ninguna otra forma. Cuando fuera que se sentara, lo hacía mirando a la pared. Si alguien estaba Allí, un investigador, un buscador, tenía que hacer sus preguntas desde atrás.

La gente preguntó: "¿Qué postura más absurda has elegido? Ha habido muchos Budas en el mundo, pero ninguno se ha sentado mirando a la pared. ¿Por qué estás sentado así? ¿Por qué eres tan loco?".

Bodhidharma respondía: "Hasta donde yo sé, todos los Budas han estado mirando a la pared, porque donde sea que mires habrá una pared. Ese no es el punto.

Bodhldharma decía: "Todos han mirado a la pared, pero eran un poco más corteses". Decía: "Yo no soy tan cortés, eso es todo. No me importa en absoluto lo que ustedes piensen de mí. Sólo volveré la cara hacia ustedes cuando vea que hay alguien que pueda entenderme".

Durante nueve años estuvo mirando a la pared. Entonces llegó un hombre.

El hombre dijo: "Vuélvete hacia mí o me mataré", tenía una espada en la mano. Pero Bodhidharma no se volvía. Se cortó la mano y dijo: "Mira, la mano se ha ido. La segunda cosa será la cabeza".

Entonces Bodhidharma se volvió. Le dijo: "¡Espera! Así que has venido" porque sólo aquellos que están dispuestos a cortarse la cabeza pueden entender.

sábado, 19 de mayo de 2018

SOMOS FALSOS


Muchas veces sentimos que en nuestras vidas somos deshonestos y falsos, o también vemos esto en nuestras relaciones a lo largo de la vida. Vemos que no hemos sido justos con nuestros padres, ni esposa, ni hijos, ni amigos ni vecinos, etc. Sentimos que no somos rectos y sinceros y esto puede ser motivo de gran sufrimiento para nosotros, para la mente. ¿Qué deberíamos hacer?

Si empiezas a pensar en términos de hacer, serás de nuevo falso, porque en todo lo que has hecho, has sido falso. Tu “hacer” se ha corrompido.

Por lo tanto, la primera cosa: ¡resiste la tentación de hacer algo! Sólo permanece alerta, alerta a tu falsedad. No tengas prisa en hacer nada, porque serás tú quien nuevamente haga eso; todo tu pasado estará involucrado en tu hacer.

¡Resiste! Limítate a permanecer con este sentimiento de que has sido falso: eso es suficiente. Es purificante, tiene una tremenda capacidad de purificarte y limpiarte.

Sólo permanece con la sensación de que "He sido falso", que "Soy falso" y no trates de hacer nada al respecto. Eso nuevamente equivale a intentar crear una buena imagen de ti mismo: que no eres falso, que eres un hombre sincero. Tu ego te está doliendo, porque has sido falso.

Trata de tomar consciencia del hecho; no trates de hacer nada al respecto. A todo lo que hagas le faltará madurez. Es demasiado pronto. Limítate a permanecer con la idea; vive con ella.

Vive con la idea de que eres falso. Si puedes vivir con esa idea la sola idea, la sola consciencia matará totalmente a tu ego. El ego no puede seguir vivo si crees que no eres sincero. El ego necesita una buena imagen: que eres un hombre sincero, muy honesto. Eso es lo que el ego está diciendo: "Haz algo para que puedas repintar la imagen, renovar la imagen".

Has sido falso. Esto te ha sido revelado a través de la meditación. El ego corre ahora peligro de muerte. El ego dice: haz algo. A través de la acción, tratará de reclamar nuevamente su imagen caída, de re acomodarse con lo viejo, de modo de que puedas sentir nuevamente: "Soy bueno, soy hermoso. Soy sincero, soy moral, soy esto y aquello".

Lo primero, muy difícil, arduo, pero tiene que hacerse: sólo permanece alerta a la insinceridad. Mira la idea de que eres insincero, y no te preocupes de modificarla.

Cambiará por su propia cuenta, pues una vez que entiendes que no eres sincero, no puedes seguir siendo falso. Es imposible; nunca ha sucedido. No puede suceder: es imposible. Si sabes que eres falso, la falsedad se caerá por su propio peso. Así que si quieres que la situación siga igual, haz algo para crear el sentimiento de que eres sincero.

Si sabes que eres un mentiroso, la mentira caerá por su propio peso. Sí sientes que eres inmoral, no trates de hacer nada: no te arrepientas, no te sientas culpable, ésos son trucos. Permanece con la idea: el hecho desnudo de quién eres. No te muevas, no te entretengas en hacer algo. Permanece desnudo, con la idea desnuda, la realidad desnuda, y verás que está ocurriendo un cambio. No a través de algo que tú hagas...

Y cuando un cambio que no se origine en tus actos viene a ti, proviene de Dios. Sólo Dios puede volverte moral, sincero; sólo Dios puede hacerte religioso; sólo Dios puede hacerte puro. es Su don; tú no lo puedes hacer.

Todo tu hacer será un deshacer. Por favor, recuérdate a ti mismo una y otra vez que no debes hacer nada.

Sí, es motivo de gran sufrimiento para tu mente y para tu ego son lo mismo: mente y ego porque el ego se siente dañado. Tú ¿falso? Siempre creíste que eras un hombre muy sincero, siempre creíste que eras el pináculo de un hombre: un crescendo de la humanidad, el oro más puro. Siempre creíste eso.

Ahora la meditación ha roto una ventana que destapa la falsedad. Has sido capaz de mirar dentro de ti mismo: la realidad. Te has cruzado con un espejo. Ahora, no trates de escapar de él, permanece con el hecho. Quien quiera que seas, ésa es tu realidad. Permanece con el hecho. Si puedes permanecer con el hecho, cambiarás. Pero ese cambio no será producto de tus actos; sólo sucederá.

Cuando una transformación llega a ti, tiene una gracia totalmente diferente. Todo lo que tú hagas será siempre pequeño, mediocre y, finalmente, inútil. Todo lo que Dios te haga es infinito. Sólo puede ser infinito lo que proviene de lo infinito.

No trates de hacer nada. Acepta el hecho, permanece con él, relájate... y de pronto llegará una transformación.

Yo enseño transformación repentina, y enseño la transformación a través de Dios, no a través de ti. Tú sólo tienes que permitírselo. Eso es todo lo que por tu parte tienes que hacer. Abre la puerta, espera. Sólo abre la puerta, es todo lo que tienes que hacer.

Permite... así, cuando El toque tu puerta puedes darle la bienvenida, cuando El venga puedas reconocerle, cuando Èl venga puedas hacerle entrar. Simplemente, no te quedes sentado con las puertas cerradas, eso es todo. La meditación no es otra cosa que eso: abrir la puerta.

La meditación no te dará la iluminación, recuerda. Ninguna técnica podrá nunca darte la iluminación; la iluminación no es algo técnico. La meditación sólo puede preparar el terreno, la meditación sólo puede abrir la puerta. La meditación sólo puede hacer algo en forma negativa; lo positivo llegará. Una vez que estás listo, siempre llega.

Por favor no trates de hacer nada. Limítate a ser.

sábado, 12 de mayo de 2018

EL REINO DE DIOS


“Nadie que pone su mano en el arado y luego mira hacia atrás es apto para el reino de Dios.”

"Si quieres seguirme, sígueme. No hay forma de regresar. No hay necesidad; ¿qué sentido tiene decir adiós? ¿De qué va a servir? Si quieres seguirme" Jesús dice una y otra vez en el evangelio "entonces tendrás que negar a tu padre, a tu madre; tendrás que negar a tu familia".

A veces parece casi cruel. Un día estaba parado en el mercado del pueblo, y una multitud le rodeaba. Alguien dijo: "Señor, tu madre está esperando, al margen de la multitud".

Jesús respondió: "¿Quién es mi madre, quién es mi hermano, quién es mi padre? Aquellos que me siguen, aquellos que están conmigo: ellos son mi hermano, ellos son mi padre, ellos son mi madre".

Parece realmente cruel, pero no lo era. No le está diciendo nada a su madre; está diciéndole a esa gente que si te aferras demasiado a la familia, la revolución interior no será posible, porque la familia es la primera atadura. Después, la religión a la que perteneces es la segunda atadura después, la nación a la que perteneces es la tercera atadura. Uno tiene que romperlas todas, uno tiene que trascenderlas todas. Sólo entonces puedes encontrar la fuente: la fuente que es la libertad, la fuente que es Dios.

“Nadie que pone su mano en el arado y luego mira hacia atrás es apto para el reino de Dios”. Uno tiene que renunciar a todo lo que es fútil para obtener lo que tiene asignado.

Una vez, un grupo de amigos estaban sentados hablando acerca de la cosa más esencial, aquella a la que no se podía renunciar.

Alguien dijo: "Yo no puedo renunciar a mi madre. Ella me ha dado la vida; a ella le debo la vida. Puedo renunciar a todo, excepto a mi madre".

Alguien más dijo: "Yo no puedo renunciar a mi esposa, porque mi padre y mi madre me fueron dados, nunca fueron mi elección, pero a mi esposa la he elegido yo. Tengo una responsabilidad hacia ella, no puedo renunciar a ella. Pero puedo renunciar a todos los demás".

Y así siguieron. Alguien dijo que no podía renunciar a su casa, alguien más dijo otra y otra cosa.

Pero todos tus apegos son así de absurdos. A todo se puede renunciar, excepto a tu consciencia más interna. No es que yo diga: "Renuncia a ello", pero en lo profundo uno debería vivir en renuncia: uno debiera estar en el mundo, pero permaneciendo en constante renuncia.

Puedes vivir con la familia, sin ser parte de ella; puedes vivir en la sociedad y, aún así, fuera de ella. Se trata de una actitud interna. No se trata de mudarte de lugar: se trata de cambiar la mente.

Las cosas a las cuales estás demasiado apegado no son malas en sí, recuerda. Padre, madre, familia, esposa, hijos, dinero, casa: no son malas en sí mismas. El apego no es malo debido a que estas cosas sean malas, o que estas personas o estas relaciones lo sean: el apego es malo.

Te pueden volver muy estúpido. Mullá Nasrudín se hizo rico de un día para otro: heredó una gran fortuna. Y, naturalmente, lo que sucede con los nuevos ricos le sucedió a él también: quería mostrarlo, exhibirlo.

Llamó al pintor más grande del país para que le hiciera un retrato a su mujer. Nasrudín sólo le impuso una condición: "Recuerda, no lo olvides: las perlas deben aparecer en el cuadro". Su esposa usaba muchas perlas y diamantes: había que mostrarlas. No estaba preocupado por la mujer, cómo aparezca ella en el cuadro no es el punto, pero las perlas y los diamantes deben salir.

Después de un tiempo, cuando la pintura estuvo lista, el pintor trajo el cuadro. Mullá Nasrudín dijo: "Muy bueno, muy bueno. Sólo una cosa: ¿no puedes hacer los pechos un poco más pequeños y las perlas un poco más grandes'.

La mente de un exhibicionista, la mente de quien desea mostrar que tiene algo precioso, valioso; la mente del ego. La cuestión no es el vivir en un palacio, vive en un palacio, ése no es el punto, o vive en una cabaña o al lado del camino: ése no es el punto. Es del ego que se trata.

Puedes ser un exhibicionista en un palacio; puedes ser un exhibicionista en el camino. Si tu mente quiere que alguien sepa que posees algo o que has renunciado a algo, estarás en una profunda oscuridad, que deberá ser disipada.

Jesús dice que uno no debe estar apegado, y que uno no debe mirar atrás. Mirar atrás es un viejo hábito de la mente humana: miras y miras atrás. O miras hacia atrás o miras hacia el futuro y así es como te pierdes el presente.

El presente es divino. El pasado es recuerdo muerto; el futuro es sólo esperanza, ficción. La realidad está sólo en el presente. Esa realidad es Dios, esa realidad es el reino de Dios.

Sólo hay que entender esto; no es necesario hacer nada más. Sólo escúchame: sabes muy bien que el pasado es el pasado; que ya no es, que nada se puede hacer al respecto. No sigas rumiándolo, perdiendo tiempo y energía. Ese rumiar por el pasado crea una pantalla a tu alrededor, y no puedes ver lo que ya está aquí.

Te lo has estado perdiendo, y se ha convertido en un hábito. Siempre que estás sentado, estás pensando en el pasado. ¡Sé consciente! No estoy diciendo que trates de dejar de hacer esto, porque si tratas de dejar de hacerlo, estarás aún involucrado en ello. Estoy diciendo: ¡desinvolúcrate de ello!

¿Así que qué es lo que harás? porque hagas lo que hagas, te involucrarás en ello.

Sólo tienes que estar consciente. Cuando el pasado empiece a llegar a la mente, relájate, aquiétate, tranquilízate. Sólo permanece alerta, ni siquiera es necesario verbalizar. Sólo tienes que saber que el pasado se ha ido; es inútil seguir masticándolo una y otra vez.

La gente usa el pasado como goma de mascar; lo mastican incesantemente. Nada sale de la goma, no es nutritiva; es vana, inútil, pero con el ejercicio de la boca uno se siente bien. Con sólo ejercitar la mente, uno siente que está haciendo algo valioso.

Sólo permanece alerta; y si puedes estar alerta respecto al pasado, te darás cuenta de que, poco a poco, el futuro habrá automáticamente desaparecido. El futuro no es otra cosa que la proyección del pasado; el futuro es el deseo de tener esa parte del pasado que fue hermosa una y otra vez, en formas más bonitas; y no tener la parte del pasado que fue dolorosa, nunca tenerla de nuevo.

Eso es lo que es el futuro. Estás escogiendo una parte del pasado, glorificándolo, decorándolo, e imaginando que en el futuro tendrás una y otra vez aquellos momentos de felicidad, naturalmente, magnificados, más inflados. Y nunca tendrás el dolor que tuviste que experimentar en el pasado. Eso es lo que el futuro es.

Una vez que el pasado desaparece, no desaparece solo. Se lleva consigo también al futuro. De repente estás aquí, ahora, el tiempo se detiene. Este momento que no pertenece al tiempo es lo que yo llamo meditación... este momento que no pertenece al tiempo: Jesús lo llama "el reino de Dios".

Sólo recuérdalo más y más. No hay nada que hacer, sólo recordar, una profunda recordación que te sigue como la respiración en lo que sea que estés haciendo, que permanece en alguna parte del corazón. Sólo una profunda recordación de que hay que arrojar el pasado, y el futuro se va con él. Aquí/ahora es la puerta: del aquí/ahora vas del mundo hacia Dios, vas de lo exterior a lo interior.

De repente, en el mercado, el templo desciende: el cielo se abre y el espíritu de Dios desciende como una paloma. Puede suceder en cualquier sitio. Cada lugar es santo y sagrado; sólo son necesarias tu madurez, tu consciencia.

La palabra "consciencia" es la llave maestra. Nos cruzaremos con muchas situaciones en el evangelio en donde Jesús dice una y otra vez: "¡Despierta!" ¡Permanece alerta!". "¡Sé consciente!". "¡Recuerda!". Buda dice una y otra vez a sus discípulos: "Es necesaria la correcta atención"; Krishnamurti dice: "Consciencia"; Gurdjieff basa toda su enseñanza en una sola expresión: “el recuerdo de sí mismo".

Este es todo el evangelio: recordarse a sí mismo.

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