sábado, 18 de noviembre de 2017

EL ESPÌRITU SANTO


“Yo os bautizo con agua para moveros al arrepentimiento;
màs el que viene tras de mí es más grande que yo,
y no soy digno de llevar sus sandalias:
él os bautizará con Espíritu Santo y con fuego.”

El Espíritu Santo es sólo un símbolo del equilibrio. En el Cristianismo, el concepto de la tríada corresponde a la Trinidad. Dios, el padre; Cristo, el hijo, pero éstos son dos polos, padre e hijo. Algo tiene que equilibrar a los dos: el Espíritu Santo. Ni es hijo ni es padre, sólo puro espíritu entre los dos, es el equilibrio. Entre el fuego y el agua, ocurre el Espíritu Santo.

Estos son términos simbólicos; el Espíritu Santo no es un ser que se halle en algún sitio. El Espíritu Santo es la música, la armonía, entre los dos. El Espíritu Santo es el río entre dos orillas, Si lo buscas, no le encontrarás. El Espíritu Santo aparece cuando una dualidad desaparece en tu interior. La dualidad amor/ odio se extingue en tu interior, un equilibrio repentino. No puedes decir si es amor, no puedes decir si es odio, no es ninguno de los dos. Es algo totalmente desconocido, nunca lo has conocido antes ... el Espíritu Santo ha sucedido.

“Y en aquellos días llegó Jesús de Galilea al Jordán en busca de Juan, para ser por él bautizado.”

Este debió ser uno de los momentos más excepcionales en la historia de la consciencia humana, el Maestro iba a ser iniciado por el discípulo.

“Màs Juan se resistió a ello, diciendo: Yo debo ser por ti bautizado, ¿y tú vienes a mí?”

Unas pocas cosas antes de que podamos entender esto.

Hasta el momento, Jesús había vivido una vida muy corriente. Èl era sólo el hijo de José el carpintero, ayudaba a su padre en el taller, hacía las cosas corrientes que fuera necesario hacer. Nadie sabía nada de él, ni siquiera su familia se daba cuenta de lo que él era. Un velo le cubría, una nube que debía ser disipada.

Estaba esperando el momento adecuado. Cuando el trabajo de Juan estuvo listo, cuando el terreno estuvo preparado, pudo acercarse a él. Entonces rompería el velo, y la nube desaparecería. Necesitaba entablar una relación con Juan, porque ésta era la única manera de conectarse con los discípulos de Juan; de otra manera., no habría vínculo.

De inmediato, Juan se dio cuenta de la situación: "Este es el hombre que he estado esperando, éste es el hombre para quien he estado trabajando. Èl ha llegado".

“¿Y tú has venido a ser bautizado por mi", parece absurdo. Jesús está en un plano más elevado, el plano del fuego; Juan está en un plano inferior, el plano del agua. Juan aún no es un alma totalmente realizada. Ha obtenido su primer satori, de otra manera, no hubiera sido capaz de trabajar para Jesús; ha tenido su primer vislumbre, de otra manera, no le hubiera sido posible reconocer a Jesús, pero no ha obtenido la iluminación total, aún no es un Cristo.

Yo debo ser por ti bautizado, ¿ y tú vienes a mí? No, se resistió; no me pidas esto.

A lo cual respondió Jesús, diciendo: “Déjame hacer ahora, pues es así como conviene que nosotros cumplamos toda justicia. Entonces, Juan condescendió con él.”

Jesús dijo : "Deja que sea así, porque está escrito en las escrituras que sea de esta forma". Jesús vivió como judío y murió como judío, nunca fue un cristiano, y se esforzó mucho por integrarse al medio judío. Lo intentó de varias maneras:

En las viejas escrituras estaba escrito que el Mesías que viniera sería bautizado por un hombre llamado Juan, quien estaría bautizando a la gente cerca del Río Jordán. Esta profecía había sido sostenida durante mucho tiempo. Jesús dijo: "Deja que sea así, tal como está escrito en las escrituras". Se esforzó mucho por volverse parte de la tradición, de modo que la revolución interior que intentaban impulsar no se perdiera en el desierto de la política.

Sin embargo, a pesar de eso sucedió así; aún así se perdió en el desierto de la política, porque impulsar esa revolución interior casi equivale a pedirle lo imposible a la mente humana. La mente humana se aferra a lo viejo. Por eso es por lo que Jesús está diciendo: "Deja que sea así. Por favor bautízame, y así no pareceré un extraño y un intruso; así llegaré a formar parte de la tradición, y desde adentro podré trabajar hacia afuera, desde adentro podré crear una gran revolución. Me gustaría trabajar desde adentro".

Pero no es así como se iban a dar las cosas. Jesús lo intentó, pero fue imposible; Buda lo intentó, y fue imposible. Buda siguió siendo un Hindú toda su vida, sólo quería crear una revolución en la mente Hindú, desde adentro, pero apenas comenzó a decir cosas, la mente tradicional se puso alerta.

He oído una historia. Había una iglesia muy vieja, muy antigua, muy bella, venerada por la tradición, pero casi en ruinas. Existía el peligro de que se desmoronara en cualquier instante. Los fieles habían dejado de entrar, en cualquier momento podía caerse. Ni siquiera los fiduciarios de la iglesia se reunían en ella: se reunían en algún otro sitio para decidir las cosas de la iglesia.

Pero no querían destruirla. Consultaron a grandes arquitectos, pero todos sugirieron que el edificio era demasiado peligroso, que estaba más allá de toda reparación. Tenía que ser destruida, y debía construirse una nueva iglesia. Estaban muy reacios, no querían que se destruyera; era muy antigua, tenía una larga tradición, había llegado a ser parte de su ser; destruir la iglesia parecía una auto, destrucción, a regañadientes propusieron un encuentro de los fiduciarios, y llegaron a tres resoluciones. Son hermosas.

La primera resolución, que la iglesia, la vieja iglesia, debía ser destruida, y que debía construirse una nueva iglesia, fue aprobada unánimemente. La segunda resolución, que continuarían orando en la vieja iglesia hasta que la nueva fuera construida, fue aprobada unánimemente. Y la tercera resolución, que la nueva iglesia debía ser construida exactamente en el mismo punto donde estuvo la vieja ... ¡y con las piedras de la vieja iglesia!, fue aprobada unánimemente.

Así es como funciona la mente tradicional. Se aferra y se aferra, aunque resulte contradictorio, se sigue aferràndose. Rehuye ver la contradicción. Trata de no ver a la muerte, que ya ha hecho su aparición, evita ver que el cuerpo ya no está vivo, es un cadáver: apesta, se está deteriorando.

Jesús trató de relacionarse con la vieja mente. Le dice a Juan: "Bautízame. Deja que sea así. “Déjame hacer ahora, pues es así como conviene que nosotros cumplamos toda justicia" Entonces, Juan condescendió con él.”

Juan entendió su punto de vista; de otra manera, Jesús hubiera sido un extraño desde el principio y las cosas hubiesen sido casi imposibles.

Aún así, todo fue un imposible, pero nadie puede decir que Jesús no lo intentó; nadie puede decir que Buda no lo intentó. Hicieron todo lo que pudieron para convertirse en una continuación de lo antiguo, de lo viejo, de lo tradicional. No deseaban una revolución en contra de la tradición, sino en ella. Pero eso nunca sucedió; la vieja mente es, realmente, muy, muy obstinada, testaruda.

sábado, 11 de noviembre de 2017

LA CONVERSIÒN


Un Hindú puede convertirse en Mahometano, un Mahometano puede convertirse en Cristiano, un Cristiano puede convertirse al Hinduismo, eso no es conversión. Esto es un nuevo cambio de máscaras. Conversión no es cambiar de una religión a otra, porque no hay dos religiones en el mundo. No pueden haber dos. La religión es una.

La religiosidad es una cualidad; no guarda relación alguna con sectas, doctrinas y dogmas, iglesias, templos y mezquitas. Si estás en una mezquita y te vuelves religioso, dejarás de ser un Mahometano, simplemente, te transformarás en un ser puro que no tiene un adjetivo adjudicado. Si estás rezando en un templo, el templo desaparece; dejas de ser un Hindú, te has vuelto religioso. Esta es la conversión.

Estaba leyendo la vida de un obispo muy famoso. Fue a la iglesia de Santa María en Cambridge para pronunciar un sermón a una universidad. Èl había sido estudiante allí cuando joven, treinta, cuarenta años antes.

Estaba lleno de reminiscencias, recuerdos de su juventud. Miró a su alrededor ¿podía reconocer a alguien que estuviese allí cuando él era un estudiante?

Reconoció a un viejo sacristán. Después del sermón se le acercó y le dijo: "¿Me reconoces? Fui estudiante aquí hace cuarenta años. Todos los demás se han ido, sólo he podido reconocer tu cara. Gracias a Dios, tienes buena salud. Le has servido bien”

El sacristán dijo: "Sí, doy gracias a Dios. Le agradezco mucho, porque después de escuchar ... ¡y he escuchado todos y cada uno de los sermones que han sido pronunciados en esta iglesia durante cincuenta años! ... gracias a Dios, que después de escuchar toda clase de disparates durante cincuenta años, todavía soy Cristiano".

Es difícil ser Cristiano si escuchas todos los disparates que se han predicado en nombre del Cristianismo. Es difícil ser Hindú si conoces todas las tonterías que se han escrito en nombre del Hinduismo. Es difícil ser Mahometano si sabes lo que significa ser un Mahometano. Como no lo sabes, te resulta fácil. Sigues siendo un Hindú porque no sabes lo que eso significa; no sabes el odio que hay implicado en ello, no conoces la política que el Hinduismo implica.

Es fácil ser Cristiano si no sabes lo que el Cristianismo ha hecho en el pasado. Ha sido asesino; el Cristianismo ha matado más gente que el comunismo. Pero es fácil, si no lo sabes. Cuanto más sabes, más difícil será ser un Cristiano, un Mahometano, un Hindú. Y en realidad, entenderás que éstas son las formas de no ser religioso, que éstas son las formas que te impiden ser religioso, que éstos son los obstáculos. Te hacen creer que eres religioso, te dan una moneda falsa; es una falsificación. Ser religioso no es ser Mahometano, no es ser Cristiano, no es ser Hindú; ser religioso es sólo ser religioso, no es necesario nada más. Eso es conversión.

Sí te arrepientes, la conversión ocurre. La conversión es el producto secundario del arrepentimiento. No debes arrepentirte de tus actos, porque eso no es verdadero arrepentimiento. Debes arrepentirte de todo tu ser. Sólo entonces es posible la transformación.

sábado, 4 de noviembre de 2017

LA MUERTE Y LA MENTE


Juan el Bautista, y más tarde, Cristo, estaban diciendo que tú vas a terminar, pero es difícil que la mente comprenda eso. La mente puede concebir y creer que todo lo demás va a terminarse, pero no que ella vaya a desaparecer. La mente sigue preservándose a sí misma, defendiéndose a sí misma.

Alguien muere. Ves el cuerpo muerto, pero nunca se te ocurre, conscientemente, que tú vas a morir. Sientes compasión por la familia del muerto. Dices: "Pobre hombre. Pudo haber vivido un poco más. No era tan viejo. Su familia dependía tanto de él ¿qué pasará ahora?".

La esposa está llorando y lamentándose, los niños están desesperados. ¿Qué pasará? Piensas acerca del muerto, piensas en la familia del muerto, piensas en el futuro de los niños huérfanos, piensas en la esposa viuda, pero nunca piensas que esta muerte es también tu muerte. Siempre te escondes, siempre te defiendes. Para sus adentros, nadie, conscientemente, cree que vaya a morir. Siempre son los demás los que se mueren.

La mente interpreta de tales maneras que yerra totalmente el punto. El mundo va a continuar; siempre ha estado ahí y lo seguirá estando. Sólo tú ya no estarás; la muerte te llevará consigo. Así como entraste, con las manos vacías, tendrás que marcharte. Sólo si esa comprensión penetra en tu ser será posible el arrepentimiento. El arrepentimiento no es otra cosa que obtener esta claridad de visión.

Esta palabra, "arrepentimiento", es muy, muy significativa. No hay otra palabra que sea más importante en la terminología de Jesús, porque el arrepentimiento abrirá la puerta de lo divino. ¿Qué es este arrepentimiento?

Por lo tanto, todo lo que has creído que el arrepentimiento es, es absolutamente falso. Trata de entender. Cuando te arrepientes, no te arrepientes verdaderamente. Cuando te arrepientes estás, en realidad, tratando de reparar la imagen. No es arrepentimiento; es una reparación de la imagen que tenías de ti mismo, que se ha roto.

Te enfureciste y luego te arrepientes. Lo sientes; te has comportado mal con alguien. Te arrepientes y pides perdón. ¿Este es el arrepentimiento a que se refieren Jesús y Juan el Bautista? Si es así, no es gran cosa, porque te has arrepentido muchas veces y no has cambiado. ¿Cuántas veces te has arrepentido? ¿Cuántas veces te has sentido furioso, codicioso, violento, agresivo, y te has arrepentido de ello? Pero tu arrepentimiento no te ha transformado, no te ha acercado al reino de Dios. No ha abierto nuevas puertas, nuevas dimensiones, sigues siendo el mismo. Tu arrepentimiento y el de Jesús no son iguales. En realidad, son casi diametralmente opuestos.

Por ejemplo: estuviste iracundo y dijiste muchas cosas. Màs tarde, cuando la ira se ha ido la locura se ha ido, te enfrías y miras hacia atrás. Ahora hay un problema. El problema consiste en que siempre has pensado que eras muy pacífico, un hombre amante de la paz; nunca creíste que podías enfurecerte. Ahora la imagen se ha roto. Tu ego se tambalea; ahora sabes que todo lo que has creído hasta ahora era erróneo. Estuviste furioso, estuviste muy enfadado, e hiciste y dijiste cosas que van en contra de tu ego. Has destrozado tu propia auto imagen. Ahora tienes que repararla.

La única manera de repararla es arrepintiéndote. Vas y te arrepientes, dices cosas bonitas. Dices: "Todo ocurrió en contra de mí voluntad. Nunca quise que, esto ocurriera. Estaba enfadado; no estaba en mis cabales. La ira se posesionó tanto de mí que estaba casi inconsciente; por lo tanto, perdóname por todo lo que he dicho, no hablaba en serio. No quise decir lo que dije".

¿Qué estás haciendo, arrepentirte? Simplemente estás reparando. El otro se relaja; cuando alguien pide ser perdonado, debe ser perdonado. Si no puede perdonarle, no es un buen hombre. Estaba furioso contigo, estaba planeando tomar venganza, pero ahora has llegado a pedir perdón. Si no te perdona, no le será posible perdonarse a sí mismo. Y entonces su propia imagen se romperá.

Y ésa es la trampa que le tiendes. Ahora, si él no te perdona, tú serás el bueno y él será el malo. Todo el asunto se ha volcado hacia él. Esto es un truco, un truco muy astuto. Si él no te perdona, es un mal hombre. Ahora estás tranquilo, tu imagen ha sido reparada; toda la culpa recae sobre él. Se sentirá culpable si no puede perdonarte; un hombre bueno tiene que perdonar. Si perdona, está bien; si no perdona también eso es bueno para ti. Ahora la decisión es suya.

Esto no es arrepentimiento. Cuando Juan el Bautista y Jesús dicen: "¡Arrepiéntete!", se refieren a algo total y absolutamente diferente. ¿A qué se refieren? Quieren decir: trata de ver, trata de comprender lo que has estado haciendo. Observa una y otra vez, examina las raíces mismas de tu existencia, de tu ser, de tu comportamiento y mira lo que has estado haciendo, qué es lo que has estado siendo. No es que tengas que arrepentirte de ningún acto en particular; se trata de tu forma total de ser. Ni ira, ni avaricia, ni odio, no, ni enemistad, nada. No se refiere a ningún acto determinado: se refiere a tu ser mismo, la forma, el estilo de tu existencia. No guarda relación con ningún acto aislado.

Cuando te arrepientes, te arrepientes de cierto acto. Tu arrepentimiento siempre se refiere a actos determinados. El arrepentimiento que menciona Jesús no se refiere a actos determinados, se refiere a tu ser. La manera en que has sido, ha sido absolutamente equivocada. Puede que no hayas sentido ira, aún así has estado equivocado. Puede que no te hayas llenado de odio, aún así has estado equivocado. Puede que no hayas poseído muchas riquezas, aún así has estado equivocado. No se trata de lo que has hecho; se trata de cómo has sido. Has estado dormido, has estado inconsciente. No has vivido con luz interior; has vivido en la oscuridad. Cuando dicen: "¡Arrepentíos!", quieren decir, arrepiéntete de toda la forma en que has vivido hasta ahora, de tu forma de ser.

No es cuestión de pedirle perdón a alguien, no, en absoluto. es sólo un retorno. La palabra "arrepentirse" significó, originalmente, "retornar". En Arameo, el idioma que utilizaban Jesús y Juan, "arrepentirse" significa ''retorna, retorna a tu fuente; regresa a tu ser original".

Lo que dicen los Maestros zen: busca tu rostro original", significa arrepiéntete. Abandona todas tus máscaras. Esto no es un asunto entre tú y los demás, es un asunto entre tú y tu Dios. Arrepiéntete significa, abandona todas las máscaras y párate frente a Dios con tu rostro original tal como Èl te creó. Permite que ese sea tu único rostro: la forma en que Èl quería que fueses. Deja que ése sea tu único ser. Retorna a la fuente original, regresa al centro más profundo de tu ser. El arrepentimiento es un retorno; es uno de los más grandes giros espirituales.

sábado, 28 de octubre de 2017

EL SUEÑO DE LA VIDA


Llegas con las manos vacías y te vas con las manos vacías… Una vez que te das cuenta de esto, todo se aclara como en un destello de luz. Este mundo no puede ser tu hogar, a lo más, el alojamiento de una noche. Por la mañana nos vamos.

Una vez que tienes la sensación de que sólo estás aquí de momento y que aquí no puedes poseer nada, no puedes tener nada, todo se convierte en un sueño, lo que los Hindúes llaman maya. Se vuelve ilusorio. Esa es la definición de maya: algo que parece ser tuyo y no lo es; algo que parece ser real y no lo es; algo que parece ser eterno y sólo es momentáneo, algo que está hecho del mismo material del que están hechos los sueños.

A menos que uno comprenda esto, sigue haciendo cosas a las que, eventualmente, no se les verá sentido alguno. El día que llega la muerte, se demuestra que tu vida entera no tiene sentido. Al enfrentarte a la muerte, verás que tus manos están vacías ¡y trabajaste duro! Viviste tanta angustia y ansiedad por cosas que no se pueden poseer.

No está en la naturaleza de las cosas que éstas puedan ser poseídas. La posesión es imposible, porque solamente estás aquí por unos pocos instantes. Las cosas estaban aquí antes que tú aparecieras; las cosas estarán aquí después que te vayas. Tú vas y vienes, y el mundo permanece.

Sé un invitado, y no comiences a sentir y a creer que eres el dueño aquí. Y entonces, tu vida cambia de inmediato; tu vida toma un nuevo cariz, un nuevo color, una nueva dimensión. Esa dimensión es la religión.

Una vez que entiendes esto, necesitas una iniciación, iniciación para el otro mundo. Está allí, a la vuelta de la esquina. Una vez que comprendes que este mundo es sólo un sueño, el otro mundo se pone A tu alcance.

Este era todo el mensaje de Juan el Bautista cuando dijo:

Arrepentíos, pues está cerca el reino de los cielos.

Esto ha sido tremendamente, terriblemente malinterpretado por los Cristianos. El mensaje fue malinterpretado desde un principio. La gente pensó que el mundo se iba a acabar y que Juan el Bautista estaba pronosticando, estaba prediciendo, el fin del mundo.

“…pues está cerca el reino de los cielos.” La gente creyó que el mundo estaba llegando a su fin, eso fue lo que creyeron entender, así que esperaron. Juan el Bautista murió, y aún no aparecía ninguna señal del advenimiento del reino. Este reino continuó, y aquél reino nunca llegó. Y entonces, Jesús apareció hablando nuevamente de lo mismo: “Arrepentíos, pues está cerca el reino de los cielos”. Y entonces esperaron...después, él fue crucificado ... y el reino nunca llegó.

Y desde entonces, los Cristianos han esperado durante màs de veinte siglos.

Ahora han surgido muchas dudas en la mente. En el púlpito, el sacerdote sigue repitiendo estas palabras, pero ya no tienen significado. El mismo sabe que no tienen significado. Sigue diciendo: "Arrepentíos, pues está cerca el reino de los cielos", pero él sabe que en veinte siglos no ha sucedido, y que el mundo sigue estando aquí.

Pero éste no era en absoluto el significado. El mundo no va a terminar; tú vas a terminar. Cuando Juan el Bautista dijo: "Arrepentíos, pues está cerca el reino de los cielos", nunca quiso decir que este mundo fuese a llegar a su fin. Simplemente, quiso decir que tú vas a desaparecer, y que debes tomar contacto con el otro mundo antes de morir. Arrepiéntete de todo lo que has hecho para poseer este mundo, arrepiéntete de la manera en que has vivido este sueño como si fuera la realidad, arrepiéntete de todo lo que has estado haciendo y pensando, porque todo eso no tiene fundamento.

A menos que te arrepientas, no podrás ver que el reino de Dios está a la vuelta de la esquina. Tus ojos seguirán llenos de este mundo; no te será posible ver el otro. Antes de que te sea posible ver el otro, tus ojos deben ser lavados totalmente de este mundo, el mundo de las cosas; el mundo de la materia; el mundo de la codicia, de la posesión; el mundo de la avaricia y la ira; el mundo de los celos y la envidia; el mundo del odio; el mundo del ego. Tus ojos deben ser limpiados, lavados totalmente antes de que puedas ver el reino de Dios. De hecho, en el momento en que tus ojos alcanzan la claridad, este mundo desaparece, tal como en la mañana, cuando te despiertas, el mundo de los sueños desaparece y otro mundo abre sus puertas. El reino de Dios es una realidad y éste mundo es sólo un producto de tu mente.

sábado, 21 de octubre de 2017

COMPRENDIENDO AL BAUTISMO


Escucha estas palabras del evangelio:

“Yo os bautizo con agua para moveros al arrepentimiento,
màs el que viene tras de mí es más grande que yo,
y no soy digno de llevar sus sandalia:
él os bautizará con Espíritu Santo y con fuego”.

El nombre de Juan se ha convertido en Juan el Bautista. En toda la historia de la humanidad, ningún otro nombre ha llegado a estar tan conectado con el bautismo. Inició a cientos de buscadores, y su forma de iniciación era algo único. Los iniciaba en el Río Jordán. Primero meditaban con él por unos pocos días, pocos meses, o a veces, durante algunos años. Cuando estaban listos, les llevaba al río. Se paraban en el río y él derramaba agua sobre sus cabezas y algo transpiraba, algo sucedía en su ser más recóndito, y ya no eran los mismos que eran antes. Era un rito secreto, una ceremonia secreta. Algo era transferido del Maestro al discípulo. El agua era utilizada como instrumento.

Han habido dos tipos de iniciación en el mundo. En una forma de iniciación se ha utilizado siempre el agua, y en la otra forma de iniciación se ha utilizado el fuego.

En la India, el fuego ha sido utilizado durante siglos como medio de iniciación. Zaratustra empleaba el fuego como medio de iniciación.

Juan el Bautista usó agua. Ambos se pueden usar, y ambos deben ser comprendidos. El agua y el fuego tienen cualidades diferentes; y sin embargo, están profundamente conectados. Son opuestos, pero complementarios. Si pones un recipiente con agua sobre el fuego, el agua desaparece, se evapora. Si arrojas agua sobre el fuego, el fuego desaparece.

Son opuestos, pero en una profunda unidad. El agua fluye hacia abajo, el fuego fluye hacia arriba. En forma natural, el agua nunca irá hacia arriba; y en forma natural, el fuego nunca se dirigirá hacia abajo. Se mueven en diferentes dimensiones, en diferentes direcciones. Si algo debe descender sobre ti, el agua debe ser utilizada como instrumento, como vehículo. Si algo en ti debe ascender, el fuego será el instrumento, el vehículo.

Juan el Bautista derramaba agua, y con el agua que caía ... después de una larga preparación y meditación, todo tu ser se concentraba en el agua que caía y su frescura, que te refrescaría también por dentro. Y por medio del agua, el magnetismo de este hombre, Juan el Bautista, fluirá dentro de ti. El agua es un vehículo muy, muy vulnerable. Si un hombre que tiene poderes curativos en sus manos tan sólo toca el agua, el agua se convierte en una medicina curativa. Y el agua está profundamente relacionada con tu cuerpo; el ochenta por ciento o más de tu cuerpo no es otra cosa que agua.

¿Y has observado lo que la respiración produce en ti? La respiración trae fuego, es oxidación. Tu cuerpo es agua, tu respiración es fuego; existes con estas dos cosas. Cuando la respiración se detiene, el fuego desaparece: el cuerpo pierde calor y muere. Si el cuerpo pierde su agua, se pondrá demasiado caliente, enfebrecido y pronto morirás. Es necesaria una permanente y profunda comunión entre agua y fuego, un profundo equilibrio.

Ingieres alimento a través de la comida, el fuego del sol llega a tu cuerpo. Respiras a través de la respiración, el oxígeno llega a tu cuerpo. Bebes agua; el cuerpo reemplaza continuamente su agua. Existes entre el fuego y el agua.

Juan el Bautista usó el agua para traer algo desde lo alto a tu interior. Esa es una forma de iniciación. Hay una forma más elevada; llevar algo de tu interior hacia lo alto. Esa es la iniciación por fuego.

Juan el Bautista preparó a la gente para que Dios pudiera descender en ellos. Después, Jesús preparó a la gente para que Dios pudiera ascender en ellos. Estas dos son las posibilidades: o asciendes hacia Dios o Dios desciende a ti. El descenso es más fácil, porque simplemente esperas receptivo, como un útero.

Debes haberlo observado : Lao Tze nunca menciona el fuego, siempre habla del agua. Su método de iniciación era como el de Juan el Bautista. Por eso habla acerca de la mente femenina; uno tiene que volverse femenino para recibir. Tal como el agua desciende desde las nubes, así desciende Dios.

Jesús dice: “Juan el Bautista les bautizará con fuego”. Es decir, les guiará a Dios; les ayudará a ir hacia arriba". Es difícil vas de subida. Antes de poder ascender, debes primero aprender cómo ir hacia abajo. Antes de que uno esté listo para ser bautizado por fuego, tiene que estar dispuesto al bautismo por agua y haberlo llevado a cabo. Si no puedes ir hacia abajo, no podrás ir hacia arriba. Ir hacia abajo es muy fácil, esperar y recibir es fácil, pero si incluso eso te resulta difícil, ¿para qué hablar de ascender? Va a ser muy difícil.

Por lo tanto, permite primero que Dios descienda a ti. En el momento en que Dios descienda en ti te volverás muy poderoso, porque ya no serás el mismo. Entonces, ir hacia arriba se vuelve muy fácil; puedes volar, puedes convertirte en fuego.

Juan el Bautista preparó a la gente, preparó el terreno para que descendiera la semilla. Mira, cuando tiras una semilla sobre la tierra, ésta desciende al interior de la tierra. Una vez que se rompe, comienza a subir hacia arriba. El primer acto es bautismo por agua; pones la semilla en la tierra, en donde desciende profundamente y descansa. La semilla no tiene nada que hacer; sólo tiene que descansar y todo sucede. Entonces una energía ascendente: la semilla empieza a moverse, brota, se convierte en un gran árbol, se dirige hacia el cielo.

El árbol necesita agua todos los días, de modo que las raíces puedan hundirse más y más profundamente dentro de la tierra; y el árbol necesita sol, el fuego, de modo que las ramas puedan subir más y más. En los espesos bosques de África, los árboles crecen muy alto, porque los bosques son tan densos que si los árboles no crecen a gran altura, no alcanzan el fuego. Tienen que subir más y más, de modo de poder abrir su ser al sol y recibir el fuego. Si sólo le das agua al árbol, éste morirá; si sólo le das fuego, también morirá. El árbol no puede existir sólo con agua y no puede existir sólo con fuego, en un desierto. Requiere de una estrecha combinación.

Por lo tanto, al principio es necesario un bautismo de agua; ésa es la primera iniciación. Después, es necesario un bautismo de fuego; ésa es la segunda iniciación. Y entre ambos, cuando se obtiene el equilibrio, está la trascendencia.

Cuando el equilibrio está totalmente logrado, y ninguno de los dos es demasiado grande o demasiado pequeño justo en la debida proporción de pronto surge la trascendencia. En el equilibrio está la trascendencia.

sábado, 14 de octubre de 2017

JESÙS Y EL AMOR


El amor no puede ser probado en ningún laboratorio, y el amor no puede ser probado por ninguna lógica. Si tratas de probarlo por lógica, llegarás a la conclusión de que no existe eso que llaman amor, que el amor es imposible. No puede existir ¡pero existe! Hasta los grandes científicos se enamoran. No pueden probarlo en sus laboratorios, no pueden argumentar a su favor, pero también se enamoran. Hasta un Einstein se enamora.

El amor llena de humildad a todo el mundo. Incluso a Einstein, tan orgulloso de su lógica, sus argumentos, su ciencia, de repente, un día, se enamora de una mujer corriente: Frau Einstein. Repentinamente, toda su ciencia desapareció, y comenzó a creer en lo imposible. Hasta sus últimos años solía encogerse de hombros: "Sucede, pero si me preguntas como científico, no lo puedo comprobar o avalar. Pero si me preguntas como hombre sí, sucede".

En sus últimos días dijo: "Si el amor existe, también Dios debe existir. Si un imposible es posible, ¿por qué no el otro?. Murió siendo un hombre profundamente humilde y religioso.

Alguien le preguntó: "Sí nacieras de nuevo, ¿Qué te gustaría ser?.

El contestó: no serìa un científico nuevamente. Más bien, sería un plomero".

¿Qué está diciendo? Está diciendo que ha visto la falsedad de toda lógica y que se ha dado cuenta de la inutilidad de todo argumento científico. Lo que está diciendo es que ha visto una y otra vez que causa y efecto pueden ser el cimiento, pero no son los pináculos. El verdadero templo, el verdadero misterio de la vida, aparece a través del amor, la oración, la felicidad, todos imposibles. Si piensas en ellos, no te es posible creer; pero si les permites que sucedan, surgirán gran confianza y gracia en ti.

La sociedad no puede existir sin Moisés él es imprescindible. La sociedad no puede darse el lujo de prescindir de él; la sociedad sería un caos sin Moisés. El es totalmente necesario, es el cimiento mismo. Pero Jesús es amor. Moisés es necesario; necesario, pero no suficiente. Si sólo Moisés fuese el que dirige al mundo, el mundo no valdría la pena.

Jesús. Una brisa que proviene de lo desconocido, nadie sabe de dónde viene, nadie sabe dónde va. Una penetración de la eternidad en el mundo del tiempo, la entrada de lo misterioso en lo conocido.

Jesús no puede venir sin Moisés, recuérdalo. Moisés será necesario. Èl es el pan; Jesús es el vino. Puedes vivir de pan, pero el pan no tiene nada romántico. El vino, ése es el romance, la poesía, la danza, la celebración, el goce, el éxtasis.

Sí, Moisés puede existir sin Jesús ... Jesús no puede existir sin Moisés. Por eso, Jesús dice una y otra vez: "He venido a completar, no a destruir". Moisés era sólo el cimiento. Jesús levantó el templo de Dios sobre ese cimiento.

Moisés es el ciudadano totalmente correcto, el buen hombre. Jesús no es tan bueno. A veces, uno no sabe si es bueno o malo; él produce confusión. Anda con borrachos, se queda con una prostituta. No, nunca, no puedes imaginarte a Moisés haciendo eso. Moisés es un hombre totalmente recto; pero ahí es donde algo le falta: la belleza, la libertad. Siempre se mueve en la senda adecuada, es como la línea del ferrocarril. Jesús es como un río. Cambia, a veces a la izquierda, otras a la derecha, y a veces cambia totalmente de dirección.

Moisés es absolutamente creíble; Jesús no lo es. Y ocurre a veces que uno no sabe si este hombre tiene razón o está equivocado. Ese fue el problema para los judíos. Ellos habían vivido con el pan de Moisés, habían seguido a Moisés y sus Diez Mandamientos, y de pronto llega este hombre y dice: "Soy la culminación de todo lo que me ha precedido" y "No he venido a destruir, sino a completar".

Pero, ¿qué tipo de culminación es ésta? Èl no se parece a Moisés en absoluto.

No condena el mal. Dice, ¡No juzguéis!". Moisés es un gran juez, y Jesús dice,
"No juzguéis, de modo de no poder ser juzgados". Moisés dice: "No hagáis el mal", y Jesús dice, "No resistáis al mal, produce mucha confusión. Debe haber creado un gran caos. Donde quiera que fue debe de haber traído confusión y conflicto a las mentes de la gente, debe haber creado ansiedad. Por eso es por lo que tomaron venganza y le mataron; es absolutamente lógico.

Buda no fue asesinado en la India, Mahavir tampoco lo fue, algunas veces les arrojaron piedras o cosas así, pero no fueron asesinados, crucificados. Nunca produjeron tanta confusión en la mente como Jesús. Había en ellos algo de Moisés, Y Jesús no tiene nada de Moisés. Mahavir tiene mucho de Moisés. Tiene algo de la ley y algo del amor, ambas cosas.

Jesús es puro amor. Por eso fue crucificado. Tenía que ser crucificado, un amor tan puro no puede ser tolerado, una gracia tan pura es totalmente insoportable; su sola presencia es intolerable, porque duele. La sola presencia de Jesús te sume en la confusión, y la única manera de protegerte y defenderte es matando a este hombre, destruyéndole.

Al destruir a Jesús, la gente trató de vivir sólo con Moisés y con la ley, y olvidarse del amor. El día que Jesús fue crucificado no fue otra cosa que una indicación de que a la mente corriente le gustaría vivir sin amor. El amor fue crucificado, no Jesús. El es un mero símbolo.

Existen muchas complicaciones. Los judíos nunca han logrado entender por qué este hombre, Jesús, influyó tanto al mundo entero y no logró influir en absoluto a los Judíos. Los Judíos son grandes eruditos, sus rabinos son grandes sabiondos; han intentado probar que Jesús no dijo ni una sola palabra nueva, que todo lo que dijo está en las escrituras judías. De ser así, ¿Por qué este hombre se ha convertido en el eje mismo de la humanidad? ¿Qué sucedió? parece increíble.

En parte tienen razón: Jesús no ha dicho una sola palabra que no pueda ser encontrada en los dichos de los viejos rabinos. No, no ha dicho ni una sola palabra nueva. Pero no es por eso que él es único; es único por la forma en que las ha dicho, no por las palabras, sino la forma en que las ha afirmado. En el Viejo Testamento, te cruzas una y otra vez con la expresión: "El Señor ha dicho ... ... Pero eso no es característico de Jesús. Cuando él dice esto, dice: "Yo os digo ... ", no "El Señor ... ..”. Èl es el Señor. El Viejo Testamento dice: "El Señor dice esto"; Jesús dice, "Yo os digo". Los viejos rabinos tartamudean, Jesús habla; la gloria de los viejos rabinos es prestada, la de Jesús es suya propia. Los viejos rabinos hablan desde la autoridad y Jesús habla con autoridad y ésa es una gran diferencia.

Se cuenta que una vez los enemigos de Jesús enviaron a un hombre a prenderle y llevarle al templo. Èl estaba enseñando cerca del templo, y una multitud se había reunido. El hombre fue a prenderle, a tomarle prisionero, pero había mucha gente y tuvo que abrirse paso en medio de la multitud para llegar hasta él y le llevó tiempo. Mientras se habría paso, tuvo que oír lo que este hombre estaba diciendo. De pronto se detuvo, y olvidó por qué había venido. Y entonces le resultó imposible apresar a este hombre. Regresó.

Los enemigos preguntaron: "¿Por qué has vuelto? ¿Por qué no le has apresado?".

El contestó: “Iba a hacerlo, pero sus palabras se quedaron en mis oídos. ¡Y les digo que nadie ha hablado nunca como lo hace este hombre! Me subyugaron la calidad, la autoridad, el poder con que habla. Estaba hipnotizado; me resultó imposible apresarle".

Jesús es amor. El amor tiene autoridad propia, no es algo prestado. Los viejos rabinos y la gente del Viejo Testamento son como la luna, la luz es prestada. Jesús es el sol; él tiene su propia luz. El amor tiene su propia autoridad; la ley nunca tiene su propia autoridad. La autoridad es de Moisés, Manu, Marx; la autoridad es de las escrituras, la tradición, la convención. La autoridad siempre proviene de lo viejo, nunca es fresca y nueva.

Toda moralidad, toda ley, es buena para el fin para el cual está creada, pero no va lo bastante lejos. El amor es necesario. El amor es una forma de locura: lógico e irracional.

sábado, 7 de octubre de 2017

DISFRUTAR LA VIDA


El goce no está permitido; estás condicionado en contra del goce. Desde tu infancia misma te han enseñado que si estás contento, significa que algo anda mal, si eres desgraciado, todo está bien. Nadie se preocupa si eres desgraciado; pero si estás demasiado contento, todo el mundo se inquieta por ti. Debes haber hecho algo malo.

Cuando quiera que un niño está contento, los padres empiezan a buscar la causa: debe haber hecho alguna fechoría o algo. ¿Por qué está tan alegre? los padres no están contentos. Sienten profunda envidia de la alegría del niño. Puede que no se den cuenta de ello, pero están envidiosos. Es fácil tolerar la desgracia de otros, pero es casi imposible tolerar la felicidad de los demás.

Pero desde muy al principio, a cada niño le enseñan a no ser tan alegre. Ser alegre es ser infantil. Ser alegre es ser natural, pero no civilizado; ser alegre equivale, de algún modo, a ser primitivo, inculto. Por lo tanto, has sido educado para no ser alegre, y todo lo que siempre has disfrutado fue condenado una y otra vez. Sí te divertías corriendo y gritando alrededor de la casa, siempre había alguien que estuviese ahí diciendo: "!Deja de hacer tonterías! ¡Haz silencio! ¡Estoy leyendo el periódico!" como si el periódico fuera algo muy valioso.

Un niño gritando y corriendo es una vista mucho más hermosa que cualquier periódico. Y el niño no puede entender: ¿Por qué tengo que detenerme? ¿Por qué no dejas de leer tu periódico?. El niño no puede entender: "¿Qué hay de malo en que corra y esté alegre?".

¡Detente! toda la jovialidad es suprimida, el niño se pone serio. Ahora se sienta en una esquina y se siente infeliz. La energía necesita movimiento: el niño es energía, se deleita en ella. Quiere moverse y bailar y gritar y chillar. Está tan lleno de energía que desea rebalsarse, pero todo lo que hace es malo. O la madre le dice: "Quédate tranquilo", o se lo dice el padre, o la sirvienta, o los hermanos o los vecinos. Todo el mundo parece estar en contra de ese fluido de energía.

Todo el mundo le persigue. El exceso de energía les resulta molesto. Y eso es una delicia para el niño. El no pide mucho; simplemente, pide un poco de libertad para ser feliz y ser él mismo. Pero eso no se le concede.

"Es hora de ir a dormir". Cuando él no tiene ganas de ir a dormir, es hora de hacerlo. Tiene que obligarse a sí mismo. Y cómo vas a forzar el sueño ¿has pensado alguna vez en ello? El sueño no es algo voluntario, ¿cómo puedes forzarlo? Se da vueltas en su cama infeliz, desgraciado y no se imagina cómo va a conciliar el sueño. Pero ya es hora; hay que producir sueño, porque de otro modo, irá en contra de las reglas.

Y entonces, por la mañana, cuando quiere dormir un poco más es entonces cuando tiene que levantarse. Cuando quiere comer algo, se lo impiden; cuando no quiere comer nada, se le fuerza. Y esto sigue y sigue. Poco a poco, el niño llega a la conclusión de que todo lo que le produce alegría tiene algo malo. Todo lo que le hace feliz es malo, y todo lo que le pone triste y serio está bien, es bueno y es aceptado.

Ese es el problema. "¿Por qué se vacila en disfrutar cualquier cosa?". Porque tus padres, tu sociedad, todavía te persiguen.

Si estás realmente conmigo, arroja ese disparate que te han forzado a asimilar. Sólo hay una religión en el mundo y esa religión es, ser feliz. Todo lo demás es inmaterial e irrelevante. Si eres feliz, estás en lo correcto; si eres desgraciado, estás equivocado.

De hecho, siempre que veas a alguien rezando puedes sospechar que algo ha ido mal. Estará rezando por una mujer, rogando por dinero, rogando por algo, rogando por la felicidad. Una persona realmente feliz no reza. La felicidad es su oración, y no puede haber una oración más alta o mayor que el ser feliz.

Una persona feliz no sabe nada acerca de Dios, no sabe nada acerca de la oración. Su felicidad es su Dios, su felicidad es su oración, está realizado. Sé feliz y serás religioso; la felicidad es la meta.

Cada día viene gente a verme, viene la esposa o viene el marido, y la esposa dice ser muy desgraciada porque el marido está haciendo algo malo. Siempre le digo a esa gente que si el marido está haciendo algo malo, lo deje a él ser infeliz. "¿Por qué sufres? El mal, por sí solo, le llevará a ser infeliz ¿Porqué te preocupas tù?".

Pero la esposa dice: "Pero él no es desgraciado. Se va a la taberna y se divierte. No es en absoluto desgraciado".

Entonces yo digo: "Hay algo mal en ti, no en él. La infelicidad es el índice. Tú eres la que debe cambiar; olvídate de él. Si èl es feliz, está en lo correcto .

Te digo: es mejor ir feliz a la taberna que ser infeliz yendo al templo, porque finalmente, uno descubre que la felicidad es el templo. Por lo tanto, lo que hagas no es el problema sino la calidad que traes al acto mientras lo haces.

Sé feliz y serás virtuoso; sé infeliz y cometerás lo que la gente religiosa llama pecado. Debes haberles oído decir que el pecador sufrirá algún día en el futuro, en alguna vida futura, y que el santo será feliz en algún momento futuro, en una vida futura. Yo digo que esto es absolutamente falso. El santo es feliz aquí y ahora, y el pecador es infeliz. La vida es inmediata, no espera tanto.

Por lo tanto, si te sientes infeliz, significa que has estado haciendo algo malo contigo mismo. Si no puedes disfrutar, si aparece algún tipo de vacilación, si sientes temor o culpa, quiere decir que la sombra de tus padres aún acecha desde algún rincón. Puede que estés disfrutando o tratando de disfrutar un helado, pero en lo profundo del inconsciente acecha la sombra del padre o de la madre. "Esto es malo. No comas demasiado, va a hacerte daño". Estás comiendo, pero la vacilación está allí. La vacilación demuestra que existe contradicción.

Trata de entender tu vacilación y tírala a un lado.

Y éste es uno de los fenómenos más increíbles: si arrojas la vacilación, puede ocurrir que dejes automáticamente de comer demasiado helado (porque comer demasiado puede ser parte de ello). Cuando ellos lo prohibieron, crearon simultáneamente cierta atracción. Cada prohibición produce atracción. Ellos dijeron: "No lo comas", y eso ha producido una atracción hipnótica, magnética, hacia el helado.

Si dejas de estar indeciso, dejas a un lado todas las voces paternales, toda la educación a que te obligaron a someterte. Puede que repentinamente comiences a ver el helado como una cosa corriente. A veces uno puede disfrutarlo, pero no es un alimento. No tiene valor nutritivo, puede ser hasta perjudicial. Pero entonces entiendes. Si es perjudicial, comprendes y no lo comes. Y siempre puedes comerlo de vez en cuando, a veces, hasta las cosas perjudiciales no lo son tanto. De vez en cuando puedes disfrutarlo, pero no existe la obsesión de comer grandes cantidades, Esa obsesión forma parte de la represión.

Arroja las vacilaciones. La gente viene a mí y me asegura que quieren amar, pero dudan; quieren meditar pero dudan; les gustaría bailar, pero dudan. Si esta indecisión está ahí y sigues alimentándola, toda tu vida será un desperdicio. Ya es hora: ¡arrójala! Y no es necesario hacer nada más; sólo toma consciencia de que ésta es solamente la forma en que te criaron, nada más.

Con consciencia, puedes deshacerte de ella; no forma parte de tu ser. Está solamente en tu mente, es sólo una idea que ha sido forzada sobre ti. Se ha convertido en un viejo hábito y un hábito muy peligroso, porque si no puedes disfrutar, ¿para qué está la vida? Y esta gente que no puede disfrutar nada: amor, vida, comida, una bella escena, un crepúsculo, una mañana, hermosa ropa, un buen baño, pequeñas cosas, cosas corrientes ... si no puedes disfrutar estas cosas, y hay gente que no puede disfrutar nada: comienzan a interesarse en Dios. Son la gente más difícil; nunca pueden alcanzar a Dios. Dios disfruta con estos árboles; de otra manera, ¿por qué sigue creándolos? El no está harto en absoluto, en absoluto. Durante milenios, El ha estado trabajando en árboles, flores y aves, y sigue escuchando, sigue reemplazando: nuevos seres, nuevas tierras, nuevos planetas. ¡El está, realmente, lleno de color! Mira la vida, obsérvala, y verás el corazón de Dios tal como es.

La gente muy rígida, incapaz de disfrutar nada, incapaz de relajarse, incapaz siquiera de disfrutar un buen sueño, son aquellos que se interesan en Dios. Y se interesan por razones equivocadas. Piensan que tienen que buscar a Dios porque la vida es inútil y vana. Recuérdalo: su Dios está en contra de la vida.

Gurdjieff solía decir: "He buscado en todas las religiones, en todas las iglesias, mezquitas y templos, y he concluido que el Dios de la gente religiosa está en contra de la vida". ¿Y cómo va a estar Dios en contra de la vida? Si Èl está en su contra, no hay motivo por el cual la vida deba existir, o por el cual se permita que ésta exista. Por lo tanto, si tu Dios está en contra de la vida, significa que tú, para tus adentros, estás en contra del Dios verdadero. Estás siguiendo a un Godot, no a Dios.

'Dios es la plenitud misma, Dios es la fragancia misma de la vida, Dios es la unidad orgánica total de la vida. Dios no es algo que exista como una roca muerta, Dios no es estático. Dios es un fenómeno dinámico. Dios no existe, sucede. Cuando estás listo, sucede. No pienses que Dios existe en alguna parte y que tú encontrarás una manera de llegar a Èl. No, no hay ningún sitio, y no hay ningún Dios que te esté esperando en alguna parte.

Dios es algo que te sucede cuando estás listo. Cuando estás listo, cuando la tristeza ha desaparecido y puedes bailar, cuando la pesadez ha desaparecido y puedes cantar, cuando la pesada carga del condicionamiento ya no está en tu corazón y puedes fluir, Dios sucede. Dios no es una cosa que exista; Èl es algo que sucede. Es una unidad dinámica y orgánica.

Sólo hay una esperanza: puedes traer la luz a tu ser. Y eso está a tu alcance ahora mismo, no es nada del otro mundo. ¿Has visto alguna vez a una serpiente deslizarse fuera de su vieja piel? es igual. Simplemente te escurres fuera: perdona y olvida. No te enfurezcas contra tus padres; ellos también fueron víctimas. Siente compasión por ellos.

No te resientas contra la sociedad, no podía haber sido de otra manera. Pero hay algo que sí es posible: puedes deslizarte fuera ahora mismo. Empieza a ser feliz desde este mismo instante. Todo está a tu alcance, sólo es necesario un profundo cambio de actitud: que desde ahora consideres a la felicidad como lo bueno y al sufrimiento como el pecado.

Buscar este blog