sábado, 20 de abril de 2019

LA AGRESIVIDAD DE LA MENTE


Desde que la mente nace, siempre se está salvaguardando. Nuestro entrenamiento, nuestra educación, nuestra cultura humana es así. Nuestra mente descansa en la agresión, la competencia, el conflicto. Aún no hemos madurado lo suficiente para aprender el secreto de la cooperación, para saber que el mundo existe no en conflicto; que el prójimo no es un competidor, sino la existencia complementaria que me enriquece; que sin él yo valdría menos. Incluso cuando un individuo muere en el mundo, valgo yo, un poco menos, porque ya no existen sus valores. En algún lugar algo quedó vacío. Nosotros existimos pues, en convivencia, no en oposición. Y es que a causa del entrenamiento de la mente el inconsciente colectivo está pensando siempre en términos de lucha. Si hay alguien, pienso ahí está un enemigo: el enemigo, presunción básica. Puedes desarrollar una amistad, pero debe desarrollarse. La amistad puede alternar con la enemistad, porque la base es conflictiva: no puedes relajarte nunca.

Por eso, muchas veces no confías en tus amistades, porque en la base hay enemistad. Y te quedas con la amistad fingida. Has agregado algo superficial; y así, incluso con el amigo no te portas con naturalidad. Ni siquiera con el ser amado eres natural. Siempre que hay alguien estás tenso, y aunque la tensión es menor si has creado la fachada de la amistad, existe.

Es explicable esta actitud: corresponde al proceso evolutivo. El hombre ha salido de la jungla, su desarrollo ha pasado por muchas etapas animales. Fisiológicamente también, y el cuerpo lo sabe, porque el cuerpo no es tuyo. Cuando digo mi cuerpo, me estoy adjudicando algo que no puedo adjudicarme. Me ha llegado a través de siglos de desarrollo. La célula básica es heredada, y en ella yo heredo todo lo que me ha precedido: vida animal, vegetal, todo esto ha contribuido a mi célula básica. En esa célula se ha acumulado la entera experiencia de conflictos, luchas, violencias, agresiones. Toda célula encierra el pasado evolutivo. Fisiológica y mentalmente tu mente no se ha formado en esta vida; la recibiste tras larga jornada, tal vez más larga aún que tu mismo cuerpo, que desarrollado en esta Tierra, no puede tener más de cuarenta millones de años: no puede ser más viejo que la Tierra.

Pero la primera mente procede de otro planeta. Y ha vivido más hondas experiencias evolutivas, esas experiencias que te hacen violento y agresivo. Uno tiene que estar alerta de este fenómeno, pues a menos de que lo estés; no puedes liberarte de tu propio pasado. Y el problema es que hay que liberarse de él, tan grande ¡tan incomprensiblemente grande!

Todo lo que ha vivido, está viviendo todavía en ti. Todo lo que ha sido es aún semilla en ti, potencialidad. Arrancas del pasado, eres el pasado; y la mente orientada por lo que ha sido, sigue creando agresión, sigue pensando en términos de agresión.

Así, cuando la religión dice: "sé receptivo", el consejo queda sin oír: la mente ha conocido solamente una cosa para la que es receptiva; la muerte, y sobre la cual nada ha podido hacer, en nada ha podido actuar. Así cuando alguien dice: "sé receptivo", en algún lugar entre las sombras, sientes a la muerte. Si te digo "sé receptivo", la mente dirá: "Entonces morirás; sé agresivo si quieres sobrevivir; el más apto el más agresivo sobrevive".

He ahí por qué la receptividad no es entendida, ni siquie¬ra oída. Se ha explicado de tantos modos. Algunos dicen: "entrégate", que significa: "sé receptivo"; no seas agresivo, o "ten fe", o no seas agresivo con tu lógica. Acepta la Existencia tal como es; deja que entre. La mente no puede amar porque amor corresponde a ser receptivo hacia alguien. Incluso en el amor somos agresivos. Si observas, verás que el amor no es más que un tipo de violencia, violencia mutua en la que dos están de acuerdo. Y el que sabe esto, sabe algo. Si tú ahondas cualquier manifestación conocida como amor, encuentras raíces animales. El beso puede convertirse en mordida, simple forma de la mente. Algunas veces los amantes se dicen: "quiero comerte", como una expresión muy amorosa. Y realmente tratan de hacerla. Algunas veces esto se intensifica, entonces el sexo no es sino una pelea. Así, dos amantes siempre alternarán amor y lucha. En la tarde pelean, en la noche se aman; en la mañana pelean, en la tarde se aman y en la noche vuelven a pelear. El círculo sigue: peleando y amándose. Si preguntas a D.H. Lawrence te responderá: "Si no puedes pelear con tu amante, no puedes amar". La pelea hace al amor intenso; crea una situación.

La mente humana tal como es procedente del pasado, no puede amar porque no puede ser receptiva, sólo agresiva. Así que tú no eres amoroso, sino que siempre pides amor. E incluso si actúas amorosamente es sólo para forzar la demanda. Hay una lógica artera: siempre estás pidiendo amor; y si lo das es sólo para obligar al otro: la mente humana no puede amar.

Si preguntas por quienes saben, quienes realmente han conocido el amor, a Buda, te dirán: "Hasta que la mente no muera, el amor no puede nacer". Y únicamente en el amor podrás sentir tal gracia, pues sólo en el amor te abres. No puedes amar a un individuo en particular porque es imposible estar abierto a uno y cerrado a todos: no es en modo alguno posible.

Si te digo "te amo", es como decir que cuando estás junto a mí respiro, de otra manera no respiraré. Si este fuera el caso, cuando volvieras me encontrarías muerto. Pero respirar no es algo que puedas hacer o dejar de hacer; tampoco el amor. Pero lo que conocemos como amor es así. He ahí por qué tarde o temprano encontrará el amante que el amor del amado ha muerto y ambos lo sabrán. Ambos reconocerán que ya el amor no existe. Cuanto más se conozcan uno a otro, más triste es la situación; cuanto más se tratan, menor es la esperanza y mayor la desilusión: saben que el amor muere. Le han hecho tan angosto el pasaje que no puede sobrevivir.

Uno tiene que ser amante, no un amante; tiene que amar; amor que ha de ser una manifestación intensa natural, no un atributo, un agregado, una cualidad. Ha de ser como un florecimiento interior, no como un perfume externo. Puede existir esta manifestación del amor. Pero uno tiene que estar alerta a su entero pasado y en el momento en que eres consciente de él lo has trascendido. Estás más allá, porque lo que está alerta no es la mente. Es la conciencia que no tiene pasado; es eterna, está siempre en el presente; es siempre nueva, está siempre aquí y ahora. Esa conciencia la conoces cuando estás alerta, cuando no te has identificado con tu mente. Hay una brecha entre tú y la mente. Conoces que esto es la mente: la agresividad, el odio, el infierno. . .

La mente perdura, y seguirá perdurando hasta que estés alerta. Y esto es el milagro: tan pronto como te haces consciente, la continuidad no existe: tú eres, pero ya sin el pasado; eres en el momento, espontáneo, joven, nuevo. Entonces a cada momento mueres y resucitas.

sábado, 13 de abril de 2019

LA DIVINIDAD Y LA GRACIA


Decir que la Divinidad existe no es correcto, porque todo lo que existe es divino. Todas las cosas existen, sólo la Divinidad no puede decirse que exista: Divinidad es Existencia. Ser divino y existir es decir lo mismo de dos modos diferentes. Así, la cualidad de la existencia no puede atribuirse a la Divinidad.

Todas las demás cosas pueden decirse que existen, pues pueden llegar a ser inexistentes. Yo puedo decir que existo porque no existiré: tú puedes llamarte existente porque hubo un tiempo que eras inexistente. Pero la Divinidad no puede considerarse que existe porque siempre está ahí, su no existencia es inconcebible. Así que la existencia no puede atribuirse a la Divinidad, puesto que significa Existencia.

Nada existe que no sea divino, lo sepas o no; esto no importa en lo que concierne a tu divinidad. Si tú lo sabes, entonces te conviertes en Existencia, gozo; si no lo sabes sigues sufriendo, pero eres divino. Aunque duermas, aunque ignores, eres divino. Incluso la piedra es divina, ignorante de sí misma.

La Existencia es divina. Los que tratan de probar que Dios existe no saben: esto es crasa tontería. También lo es el tratar de demostrar que Dios no existe. Nadie probará que la Existencia existe. La pregunta para que se demuestre es absurda. Para mí, la afirmación de que Dios existe significa lo mismo, que la Existencia existe: Dios y Existencia son sinónimas. En cuanto te percatas de lo que la Existencia es, la llamas Dios, pero tan pronto como tomas conciencia del Ser total, no puedes usar la palabra Existencia. Al ponerte en íntimo contacto con ella, usas un nombre más personal: Dios. Llamar a la Existencia, Dios, significa esto y nada más; que puedes establecer una íntima relación con El. O sea, llamar a la Existencia. Dios, significa que estás en contacto personal con la Existencia.

Esto no es algo muerto; no es algo con lo que tú no puedes relacionarte; indiferente hacia ti. Cuando decimos que Existencia es Dios, implica que ella está íntimamente relacionada con nosotros, que no es indiferente a nosotros. Pero en lo que a la mente humana se refiere, no podemos usar palabra más adecuada que Dios.

Si preguntas a un judío ortodoxo, no usará la palabra Dios, sino DIS: la O se elimina. Los judíos ortodoxos no usan el término completo. Si les preguntas por qué, te responden que las palabras son menos de lo que son: así la "O" se elimina para simbolizar que usamos un vocablo que no puede comprender el todo, que no puede ser totalmente inclusiva. "O" es símbolo de cero, símbolo de perfección, símbolo de totalidad, del todo; así, pues, se elimina y sólo "DIS" queda.

La palabra nunca incluye el todo, lo que indica, no algo acerca de lo Divino, sino de la mente humana. Si dices "Existencia" usas un término neutral, al que puedes ser indiferente, como ella serIo en relación contigo. Con "Existencia" no hay diálogo entre tú y ella, no hay un puente. Pero aquellos que han conocido la Existencia saben que hay un diálogo con todo lo que existe, y que la relación puede ser íntima, amorosa. Esta posibilidad de diálogo, de relación, de enamoramiento, hace al término Dios más dignificante que Existencia, pero quieren decir lo mismo.

No diré, pues, que la Divinidad existe, sino que todo lo que existe es divino. Existir es ser divino. No hay nada que no lo sea. Puede que lo sepamos, puede que no; que seamos conscientes, de ello, o que no lo seamos. Esto no importa.

¿Cuál es la diferencia entre cualidad y naturale¬za? Una cualidad es algo de lo que puedes privarte; existir con la cualidad o sin ella; no es tu naturaleza intrínseca, es algo atribuido a ti, agregado; no tu naturaleza.

Naturaleza es algo sin lo cual no puedes existir. Así que cuando alguien dice que Dios es amoroso, no corresponde exactamente a lo correcto. Jesús dice bien: "Dios es amor". Amor es su naturaleza, no su cualidad; no puede reemplazarse. Dios puede ser amor, amor puede ser Dios, porque amor es la naturaleza intrínseca de Dios.

Amor no es algo agregado. No es posible concebir a Dios sin amor. Si lo concibes sin amor, estás concibiendo un Dios que no es Dios, un Dios sin deidad, porque en cuanto el amor se borra la deidad se elimina. Así que, repito, amor no es un atributo, ni tampoco la gracia lo es: son naturaleza.

Esopo nos ha contado la siguiente fábula: a la orilla de un río un alacrán le pidió a una tortuga: "por favor, llévame hasta la otra orilla en tu espalda". La tortuga le respondió: "No seas tonto, no me creas tan estúpida; puedes picarme a mitad de la corriente y yo me ahogaría". El alacrán insistió: "No soy tonto; tú eres la tonta, porque no conoces la simple lógica. Pertenezco a la escuela aristotélica, así que te enseñaré una simple lección de lógica: si te pico y te ahogas, yo también me ahogaré contigo. Así que por lógica, no puedo picarte". La tortuga lo pensó un momento y dijo: "Está bien, parece sensato, salta sobre mí y vámonos". Y exactamente a mitad de la corriente sintió la tortuga el piquete: ambos se estaban ahogando. Antes de morir la tortuga pregunta: "¿Dónde está tu lógica? Me has dicho que, por lógica, nunca lo harías y lo has hecho. Dame otra lección de lógica antes de morir". El alacrán manifestó: "No es cuestión de lógica, éste es mi carácter, mi naturaleza. No puedo evitar el hacerlo; sólo hablar de ello".

Algo que eres incapaz de hacer, o no hacer, indica tu naturaleza. No podemos concebir a la Divinidad sin amor o sin gracia. El amor siempre está ahí, la gracia también. Usamos dos palabras: amor y gracia, debido a nuestras limitaciones lingüísticas, pero tú puedes llamarlo de igual manera amor o gracia.

Usamos dos palabras porque con el amor esperamos siempre algo en retorno, no así con la gracia. Cuando amamos a alguien, algo esperamos de él. Es una transacción, aunque velada; expresada o no; conocida o ignorada; es una transacción interna. Algo se espera en cambio. Por esto usamos dos palabras: amor y gracia, pues con la gracia nada se espera, y Dios nada espera de nosotros.
Para la Divina Existencia, amor y gracia son lo mismo. Èl es amor y eso es Su gracia, pero no son cualidades atribuibles a Èl: son su naturaleza. La diferencia es una falacia; Dios es siempre gracia y amor. Pero nosotros no somos siempre receptivos, y a menos que lo seamos no podemos recibirla. Si no recibes la gracia no es por causa de la Divinidad, sino por la barrerá que la intercepta. No estás abierto y vulnerable a ella. Somos naturalmente agresivos.

Si la mente es agresiva, no puede ser receptiva. Sólo una mente no agresiva está en estado de receptividad; así las cualidades que encierran algún tipo de agresividad tienen que suprimirse y uno quedar como una puerta para entrar: como una matriz, en total receptividad. La gracia está en constante fluencia, como el amor. En todo momento y lugar está fluyendo; es la naturaleza de la Existencia, pero nosotros no la recibimos, debido a la mente, siempre agresiva.

Por esto insisto en que la meditación significa "no-mente", no agresividad, sino receptividad y abertura. La lógica no puede ser tampoco receptiva, sino agresiva; cuando actúas no puedes ser receptivo; sólo en estado inactivo, no haciendo nada absolutamente, simplemente existiendo, estás abierto a todas partes, y de todas llega el flujo de la gracia; llega, pero estamos cerrados, nos escapamos, y aunque toque a nuestra puerta, nada oímos.

sábado, 6 de abril de 2019

JESÙS


Jesús murió para el cristianismo a la edad de treinta y tres años. En realidad él no murió; vivió hasta los ciento doce. Pero ésa es otra historia, sin relación alguna con el cristianismo, y murió como uno plenamente Iluminado como Buda, Mahavira y Krishna. Esto es lo primero que ha de ser entendido.

El cristianismo solamente dice esto, que él fue visto resucitado después de su crucifixión. Durante tres días fue visto por algunos discípulos en unos sitios y por otros en lugares distintos, y luego desapareció. Una cosa es pues cierta: incluso el cristianismo cree que, tanto si murió como si no murió en la cruz, él fue visto durante tres días después de su crucifixión.

Ellos creen que murió en la cruz y que luego resucitó, pero entonces no dicen nada de lo que le sucedió a este Jesús resucitado. La Biblia guarda silencio. ¿Qué le sucedió a ese hombre que vieron? ¿Cuándo murió de nuevo? ¿Qué le sucedió pues a este hombre Jesús? La Biblia está incompleta porque Jesús desapareció de Israel.

En Cachemira se encuentra una sepultura que se cree fue la de Cristo; su tumba. Él vivió en Cachemira, en la India, y luego murió cuando tenía ciento doce años. Al ser crucificado estaba entrando en el centro de la luna. En ese mismo día de la crucifixión. Eso es lo siguiente que hemos de entender.

El Jesús de la Biblia no es como Buda, Mahavira o Lao Tse. ¡No lo es! No te puedes imaginar a un Buda yendo a un templo y golpeando a los prestamistas. ¡No puedes imaginártelo! Pero Jesús lo hizo. Fue al templo; se estaba celebrando la fiesta anual. Muchas cosas estaban relacionadas con ese gran templo de Jerusalén. Asociado a él coexistía un gran negocio de préstamos. Esos prestamistas del templo explotaban al país entero. La gente acudía a la reunión anual y a otras celebraciones durante el año y obtenían dinero a un elevado interés, pero resultaba imposible ir amortizándolo. Lo perdían todo y este templo se iba haciendo más y más rico. Era un imperialismo religioso. Todo el país estaba sumido en la pobreza y en el sufrimiento, pero el dinero fluía automáticamente hacia este templo.

Jesús entró en él un día con el látigo en la mano. Volcó los puestos de los prestamistas y luego empezó a pegarles. Creó el caos en el templo. No puedes imaginarte a un Buda haciendo esto. ¡Imposible!

Jesús fue el primer comunista y, en realidad, por esto pudo el cristianismo originar el comunismo. Los hindúes no podrían haberlo hecho, ninguna otra religión podría haberlo engendrado; ¡imposible! ¡Solamente el cristianismo! Con Jesús esto posee una relevancia. Èl fue el primer comunista, y era ardiente y rebelde.

El lenguaje mismo que emplea es absolutamente diferente. Se enfada con una higuera. La destruyó porque él y sus discípulos estaban hambrientos. Profirió amenazas en un lenguaje que Buda nunca hubiera empleado. Los que creyeran en él y en su Reino de Dios serían “arrojados al fuego del infierno”, al fuego eterno del infierno, y no podrían regresar.

Únicamente el infierno cristiano es eterno. Todos los demás infiernos son castigos temporales. Vas allí, sufres, y regresas. Pero el infierno de Jesús es eterno. Parece injusto, absolutamente injusto. Sea cual fuere el pecado, el castigo eterno no tiene justificación, ¡no puede tenerla! ¿Y qué son los pecados? Bertrand Russell ha escrito un libro, “Porqué no soy un cristiano” y en ese libro una de las razones que argumenta es que “Jesús parece absurdo”. Bertrand Russell dice, “Si confesara todos los pecados que he cometido y todos los pecados en los que pensado, pero no cometido, entonces a lo sumo, no me impondrías más de cinco años de prisión”. ¿Castigo eterno? ¿Un castigo que nunca acaba? ¡Jesús emplea el lenguaje de un revolucionario!
Los revolucionarios siempre miran al otro polo, al extremo.

Èl le dice a un rico, y no puedes imaginarte a un Buda o a un Mahavira diciendo esto, que “Un camello pasará por el ojo de una aguja, pero un rico no atravesará las puertas de mi Padre que llevan al Reino de Dios”. ¡No podrá cruzarlas! Esta es la semilla del comunismo, la simiente básica. Jesús fue un revolucionario. No se preocupaba solamente de la espiritualidad, sino de la economía, de la política, de todo.

En realidad, si hubiera sido un hombre espiritual no hubiera sido crucificado. Fue crucificado porque se convirtió en un peligro para todos, para toda la estructura social, para el status quo.

Pero no fue un revolucionario como Lennin o Mao. Desde luego, Marx y Mao son inconcebibles, si no hubiera habido un Jesús en la historia. Pertenecen a ese mismo Jesús, al Jesús de los primeros tiempos, al Jesús que fue crucificado.

Era un hombre fiero, rebelde, dispuesto a acabar con todo, pero no era un simple revolucionario. También era un hombre espiritual. En cierto modo era una mezcla de Mahavira y Mao. Pero el Mao fue crucificado y el Mahavira permaneció con él.

El día en que Jesús fue crucificado no solamente fue el día de la crucifixión. Fue el día de una profunda transformación interna. El día en que fue crucificado, Pilatos, el Gobernador Romano, le preguntó, “¿Qué es la Verdad?”. Jesús permaneció en silencio. Esto no era propio de Jesús. Era más propio de un Maestro zen. Si analizas la vida previa de Jesús, este quedarse en silencio cuando se le pregunta, “¿Qué es la Verdad?”, no es propio de Jesús. Èl no era esa clase de Maestro que permanece en silencio.

¿Por qué permaneció en silencio? ¿Qué ocurrió? ¿Por qué no habló? ¿Por qué fue incapaz de hablar? ¿Por qué se quedó callado? Èl fue uno de los más grandes oradores que haya conocido el mundo, o, podemos afirmar sin dudarlo, el mejor. Sus palabras son realmente penetrantes. Era un hombre de palabras, no un hombre de silencio. ¿Por qué de repente guardó silencio? Estaba ascendiendo, camino de la cruz. Pero Pilatos le dijo, “¿Qué es la Verdad?”. Durante toda su vida estuvo definiendo exclusivamente eso; durante toda su vida estuvo hablando únicamente de la Verdad. Ese es el motivo por el que Pilatos le preguntó. Pero él guardó silencio.

¿Qué le había sucedido al mundo interior de Jesús? Nunca se ha dicho nada sobre ello porque es difícil hablar sobre lo que sucedió. La teología cristiana ha permanecido superficial, porque el mundo interior de Jesús puede ser únicamente interpretado en la india y en ninguna otra parte. Solamente la India conoce los cambios internos, la transformación interna que tuvo lugar.

¿Qué sucedió de repente? Jesús se encuentra a las puertas de la muerte. Va a ser crucificado. Ahora, toda la revolución carece de sentido. Haya dicho lo que haya dicho es fútil, haya vivido lo que haya vivido, está llegando a su final. Todo se ha acabado y debido a la proximidad de la muerte él debe ir hacia adentro. ¡No hay tiempo que perder! ¡Ahora no se puede desperdiciar ni un solo segundo! Debe ir hacia adentro antes de que sea crucificado; debe completar el viaje interior.

El ha estado inmerso en el viaje interior, pero también ha estado inmerso en problemas exteriores. Y debido a esos problemas exteriores, no podía alcanzar ese frío punto que los Upanishads llaman “el punto de la luna”!. Seguía siendo ardiente, fiero. En cierto modo, debió de hacerlo conscientemente.

Hay una historia, Vivekananda alcanzó su primer satori, su primer vislumbre de samadhi, y Ramakrishna le dijo, “Ahora guardaré esta llave conmigo, no voy a entregártela. Te la daré solamente tres días antes de tu muerte. Antes de que mueras, solamente tres días antes, te será devuelta la llave. Se acabaron los vislumbres de samadhi”.

Vivekananda empezó a llorar y dijo, “¿Por qué? No deseo nada. No deseo todo el imperio del mundo. Entrégame tan sólo mi samadhi. El único vislumbre fue muy bello. No quiero nada más”.

Ramakrishna dijo, “El mundo te necesita y hay algo que se ha de hacer. Y si entras en samadhi no serás capaz de hacer nada. No te apresures. El samadhi te esperará. Ve al mundo, esparce mi mensaje. Y cuando mi mensaje haya sido divulgado, la llave te será devuelta”.

Ramakrishna murió, pero esas no son llaves visibles. Y solamente tres días antes de su muerte fue Vivekananda capaz de alcanzar el samadhi, ¡solamente tres días antes! De modo que debió de ser algo muy consciente cuando Jesús no entró directamente en el centro lunar, porque una vez entras en él te vuelves absolutamente inactivo.

Una historia más. Jesús fue iniciado por Juan el Bautista. El mismo fue discípulo de Juan el Bautista, que a su vez fue un gran revolucionario y un gran espiritualista. Esperó durante años a Jesús. El día en que inició a Jesús en el río Jordán, le dijo a Jesús, “Asume ahora mi trabajo y yo desapareceré. Es suficiente”. Y desde esa fecha fue visto en pocas ocasiones. Desapareció en el bosque. En el lenguaje interior, desapareció del punto solar para ir al punto lunar. Se volvió silencioso. Había hecho el trabajo y había entregado el trabajo a alguien que podía completarlo.

Justo en el día de la crucifixión, Jesús debió de tomar consciencia de que el trabajo que estaba realizando estaba llegando a su término. Debió de pensar, “No puedo ir más allá. Ahora no puedo hacer nada más, he de ir hacia adentro. No debo perder esta oportunidad”. Por eso, cuando Poncio Pilatos le preguntó, “¿Qué es la Verdad?”, él guardó silencio. No es lo habitual en Jesús. Son los modos de un Maestro zen; es más propio de Buda. Y debido a esto, sucedió el milagro que ha permanecido siendo un enigma para la cristiandad. Debido a esto, el milagro sucedió.
Cuando se estaba dirigiendo hacia su punto más frío, hacia el punto lunar, fue crucificado. Y cuando por primera vez alguien llega al centro lunar, su respiración se detiene, porque ese respirar es también una actividad del punto solar. Todo se vuelve silencioso; todo aparenta estar como muerto.

Cuando fue crucificado entró en el punto lunar, y ellos creyeron que estaba muerto, y no lo estaba. Fue un error, un malentendido. Aquellos que le crucificaban pensaron que estaba muerto, pero realmente él había alcanzado el punto lunar donde la respiración se detiene. No hay aliento entrante ni saliente. El estaba en el punto medio.

Cuando uno permanece en esta brecha, existe tal equilibrio que uno está virtualmente muerto. Pero no era la muerte. Por eso los que le crucificaron, los que mataron a Jesús, pensaron que estaba muerto, así que permitieron a los discípulos que desclavaran el cuerpo. Como era costumbre en tierra judía, este cuerpo había de ser guardado en una cueva cercana durante tres días y luego entregado a la familia. Se dice, y de nuevo el cristianismo posee sólo fragmentos, que cuando su cuerpo estaba siendo llevado a la cueva, su cuerpo se hirió contra una piedra y manó sangre. Si hubiera estado realmente muerto, hubiera sido imposible que sangrara.

No estaba muerto. Y cuando al cabo de los tres días se abrió la cueva, él no estaba allí. El cadáver había desaparecido, y en esos tres días, él fue visto. Cuatro o cinco personas le vieron, pero nadie les creyó. Fueron al pueblo y dijeron que había resucitado, pero nadie les hizo caso.

De modo que él escapó de Jerusalén. Llegó a Cachemira y se quedó allí. Pero entonces su vida no fue la vida de Jesús, sino la vida de Cristo. Jesús fue el punto solar y Cristo el punto lunar. Y permaneció totalmente en silencio; por eso es que no hay testimonios. No habló, no predicó, no entregó ningún mensaje. Permaneció totalmente en silencio. Dejó de ser entonces revolucionario; fue simplemente un Maestro viviendo su propio silencio, de modo que muy poca gente viajó para verle.

Aquellos que se dieron cuenta, sin tener otra información sobre él, viajaron para verle. Y no fueron pocos, sino muchos. Muy pocos en comparación con el mundo, pero muchos en cierto modo. Y un pueblo entero se llegó a formar a su alrededor. El pueblo todavía se llama Belén. En Cachemira, al pueblo todavía se le llama Belén concordando con el lugar de nacimiento de Jesús, y la tumba se conserva; la tumba de Jesús.

He dicho que el cristianismo es incompleto porque conoce solamente el Jesús de los comienzos. Pero Jesús mismo murió como un hombre plenamente Iluminado, como una luna llena.

sábado, 30 de marzo de 2019

ALEJARSE DEL CONOCIMIENTO


Ve más allá de la ignorancia, pero no te olvides de que el conocimiento no es la meta. Es solamente el medio. Has de trascenderlo. Y cuando alguien va más allá del conocimiento, se convierte en un Buda. Entonces es sabio, no erudito; es sabio, no está simplemente más enterado. No es que sea más erudito. Simplemente es sabio, simplemente es más consciente. Por eso el conocimiento es bueno porque te saca de la ignorancia, y el conocimiento es malo si empiezas a apegarte a él. Si se convierte en un apego, es malo. Emplea el conocimiento para ir más allá de la ignorancia, y entonces, mediante el conocimiento, trasciéndela.

Buda cuenta una historia que le gustaba mucho. Contó esta historia miles y miles de veces. El dice que el conocimiento es como una balsa. Cruzas un río con una balsa y luego abandonas la balsa y el río y sigues. Buda cuenta que había cinco hombres eruditos. Cruzaron el río con una balsa y entonces cavilaron y pensaron, “Ya que esta balsa nos ha ayudado a cruzar la corriente, debemos trasportarla sobre nuestras cabezas. ¿Cómo vamos a ser unos desagradecidos? Esto es pura gratitud”.

De modo que esos cinco eruditos transportaron esa balsa sobre sus cabezas hasta el mercado. Entonces se congregó todo el pueblo y les preguntaron, “¿Qué es lo que estáis haciendo? Esto es una novedad”.

Ellos dijeron, “Ahora no podemos abandonar esta balsa. Esta balsa nos ha ayudado a cruzar la corriente y estamos en tiempo de lluvias y el río está crecido. Era imposible sin esa balsa. Esta balsa es un amigo y simplemente nos mostramos agradecidos.

Todo el pueblo se rió. Dijeron, “Sí, esta balsa fue un amigo, pero ahora esta balsa es un enemigo. Ahora sufriréis por causa de esta balsa, ahora se convertirá en una atadura. Ahora no podréis ir a ninguna parte, ahora no podréis hacer nada”.

El saber es una balsa para ir más allá de la ignorancia, pero siendo así no has de llevarla sobre tu cabeza tal y como esos eruditos la llevaban. En realidad no es correcto decir “la llevaban”, porque la carga se va haciendo tan grande que no puedes ni moverte. ¡Tira esa balsa! Es difícil tirarla porque te ha salvado. Has cruzado la corriente y puede que tu lógica discurra así, “Si nos deshacemos de esta balsa, estaremos en la misma situación en la que estábamos entonces, antes de emplear la balsa”. Esto suena lógico, pero no lo es, porque cuando no existía la balsa estabais en una orilla del río; cuando usasteis la balsa llegasteis a la otra orilla del río y si os deshacéis de ella no estaréis en la misma situación de nuevo.

El hombre teme desembarazarse del saber porque teme convertirse de nuevo en ignorante. No puedes volverte ignorante de nuevo. Uno que ha conocido no puede caer otra vez en la ignorancia. Pero si ahora se apega a su saber, no podrá tampoco ir más allá. ¡Tíralo! No vas a regresar a la ignorancia. Ascenderás hasta la Iluminación.

Uno asciende hasta el conocimiento desprendiéndose de la ignorancia, y luego uno asciende hasta la Iluminación desprendiéndose del conocimiento. Por eso es bueno enseñar conocimiento al ignorante, y es bueno enseñar otra vez otra clase diferente de ignorancia a los que poseen el conocimiento. Uno ha de volverse ignorante en una dimensión diferente, con una cualidad distinta, simplemente desembarazándose del conocimiento.

Por eso es inevitable que uno alcance el conocimiento, pero luego no es inevitable el que uno haya de permanecer allí. Debes pasar por él. Es un deber, no lo puedes evitar, pero no te has de quedar ahí, debes irte, alejarte del conocimiento; esto es lo que significa. ¿Cómo alejarte de este conocimiento? Como dije, si te vuelves consciente del sufrimiento, lo trasciendes. Si te vuelves consciente de tu conocimiento, trasciendes el conocimiento. Ser consciente es la única técnica para trascender, sea cual sea el problema. ¡Ser consciente es la única técnica!
Sabes muchas cosas, entonces te identificas con lo que sabes, si alguien niega lo que conoce o lo contradice, te sientes herido como si te hubiese negado a ti o te hubiese contradicho a ti. Tu saber es algo distinto de ti. Siente la separación. Tú no eres lo que sabes. En el momento en que percibes esto, que “Yo no soy lo que sé”, entonces trata de ser consciente de ello. Sé consciente de que “Esto sé, esto no sé y eso que sé, puede que sea cierto o puede que no”.

No te vuelvas loco con ello, no te impliques.

Sócrates solía decir, solía decir siempre, “Por lo que respecta a lo que sé esto parece ser cierto, únicamente parece ser cierto. Y eso solamente por lo que respecta a mi conocimiento. Puede que no lo sea porque mi saber puede aumentar; puede que no sea cierto porque puede que solamente me parezca que es cierto”. Entonces si alguien te contradice, no te sentirás herido. Al contrario, esa persona te está ayudando. ¿Por qué has de sentirte herido?

Si alguien te dice, “Estás equivocado”, te está aportando más saber, algo más, algo distinto. Si no te identificas, te sentirás agradecido; si estás identificado, te sentirás herido. Entonces no es cuestión de saber, es cuestión de un ciclo egoísta. Entonces no es lo que ha dicho, “Digas lo que digas no es verdad”. En realidad él ha dicho, “Tú estás equivocado”. Lo percibes así. Si lo percibes así nunca podrás ser consciente de tu conocimiento. ¡Sé consciente! Es algo que has acumulado, pero ha ayudado. Tiene su utilidad.

Los budistas, la palabra de los budistas zen para el conocimiento es upaya. Lo llaman “solamente un instrumento”. Empléalo, pero no te vuelvas loco, no te obsesiones con él, no te identifiques con él. Permanece en la distancia, permanece separado. Esta distancia, este permanecer separado es lo primero que es necesario. Y entonces sé consciente. Cuando estés diciendo algo, dilo con plena consciencia de que lo que dices no eres tú, sino sólo lo que sabes. Está consciencia te llevará más allá.
Sea cual sea pues el problema, al identificarte con él creas inconsciencia, y retrocedes. Siendo consciente de él creas consciencia y lo trasciendes.

sábado, 23 de marzo de 2019

LA PARADOJA DEL SUFRIMIENTO


¿Qué es lo que realmente sucede cuando ganas en conocimiento? Te das cuenta de la ignorancia. Y, realmente, la riqueza quiere decir: abarcar ambos polos. No puedes ser rico si solamente conoces una parte. Cuando conoces ambos extremos opuestos, cuanto te desplazas a ambos extremos, entonces te vuelves rico.

Por ejemplo, si solamente conoces la belleza y no te das cuenta de la fealdad, tu sentido de la belleza no puede ser muy elevado. ¿Cómo va a serlo? Siempre va en proporción. Cuanto más empiezas a captar la belleza, más empiezas a captar la fealdad. No son dos cosas, sino un solo movimiento en una dirección y con dos sentidos. Pero la dirección es única. No puedes decir, “Solamente soy consciente de la belleza”. ¿Cómo vas a decirlo? Con este sentido, con este sentido estético de la belleza, el sentido de la fealdad va de la mano. El mundo se vuelve más bello, pero al mismo tiempo más feo. Esa es la paradoja.

Empiezas a sentir la belleza del atardecer, pero también simultáneamente empiezas a percibir la fealdad que hay a tu alrededor. Si alguien dice, “Percibo la belleza del atardecer, pero no percibo la fealdad de la pobreza y de los barrios bajos”, está, o bien engañándose a sí mismo o a los demás. ¡Es imposible! Cuando un atardecer se vuelve hermoso, los barrios bajos se vuelven feos. Y, teniendo como contraste una puesta de sol, cuando contemplas los barrios bajos estás simultáneamente en el cielo y en el infierno. Todo funciona así y todo ha de ser así. Una cosa crea su opuesto.

Por esto, si no percibes la belleza, no te darás cuenta de la fealdad. Si eres consciente de lo bello, serás consciente de lo feo. Disfrutarás, percibirás el éxtasis de la belleza y luego sufrirás. Esto forma parte del crecimiento. Crecer siempre implica el conocer los extremos que constituyen la vida. Por eso cuando un hombre se vuelve consciente, también se vuelve consciente de que no es consciente de muchas cosas, y por eso sufre.

En multitud de ocasiones he visto, he observado, a las personas que acuden a mí para meditar. Dicen, “Me encuentro muy alterado, con dolores internos, sufriendo. Ayúdame como sea a aquietar mi mente”. Les sugiero que hagan algo y al cabo de una semana vuelven y me dicen, “¿Qué nos has hecho? ¡Estamos más perturbados!”. ¿Por qué les sucede esto? Porque cuando comienzan a meditar, cuando empiezan a percibir cierto silencio, empiezan a notar más lo que les altera. Teniendo como fondo ese silencio, la perturbación se percibe con más claridad. Antes estaban simplemente perturbados, sin silencio interior. Ahora tienen algo para contrastar, para comparar. Ahora dicen, “¡Me estoy volviendo loco!”.

Por eso siempre que alguien empieza a meditar, se hará consciente de muchas cosas de las cuales no tenía consciencia, y debido a esa consciencia, sufrirá. Así son las cosas y uno ha de pasar por ellas.

Si empiezas a meditar y no sufres, quiere decir que no es meditación, sino hipnosis. Significa simplemente que te estás drogando a ti mismo. Te estás volviendo más inconsciente. Con una auténtica y verdadera meditación sufrirás más porque te volverás más consciente. Verás la fealdad de tu ira, percibirás la crueldad de tus celos, tendrás la evidencia de tu comportamiento. En cada gesto, empezarás a percibir un animal escondido en ti, y sufrirás. Pero así es como uno crece. El crecer es un nacimiento doloroso. El niño sufre cuando sale del vientre, pero es parte del proceso de crecimiento. De modo que está bien que la consciencia y el conocimiento aporten mayor riqueza y profundidad a la vida de un hombre, no porque el hombre no sufra, sino porque el hombre sufre.

Si alguien ha llevado una existencia cómoda, como sucede en las familias ricas, verás, observarás, que si una persona nace rica, si ha vivido sin conocer el sufrimiento, sin conocer lo que supone el dolor de vivir, sin saber nada, entonces siempre que surge la demanda, incluso antes de que surja la demanda, lo que pide está allí. No ha sufrido hambre, no ha sufrido el amor, no ha sufrido nada. Pida lo que pida se le complace, o mejor, se le complace antes de que surja la demanda. Pero mira entonces en los ojos de este hombre: no descubrirás profundidad alguna. Es como si no hubiera vivido. No ha luchado, no sabe lo que es la vida.

Por eso es difícil encontrar profundidad alguna en esos hombres. Son superficiales. Si ríen, su risa es superficial. Solamente está en los labios, nunca proviene del corazón. Si lloran, el llanto es superficial. No proviene de las profundidades del ser; es solamente algo formal. Cuanta más lucha, más profundidad. Esta profundidad, esta riqueza, este conocimiento, creará tal complejidad que te gustaría poder escapar de ella. Cuando sufres, deseas escapar de él. Si buscas escapar del sufrimiento, entonces puede que te atraiga el alcohol, la marihuana o el LSD o lo que sea.

La religión no significa escapar del sufrimiento, sino vivir con él. ¡Vivir con él, no escapar de él! Y si vives con él, te volverás más y más consciente. Si quieres escapar, tendrás que dejar de lado la consciencia. Entonces, de alguna forma, te tendrás que volver inconsciente.

Hay muchos métodos. El alcohol es el más fácil, pero no el único método ni el peor. Puedes escuchar música y quedarte absorto en ella; entonces estás empleando la música como el alcohol. Cuando te das cuenta, tu mente se ha desviado hacia la música y te has olvidado de todo lo demás. La música está funcionando como el alcohol. Puedes emplear todas esas cosas como el alcohol, como un intoxicante.

Cualquier cosa que te haga menos consciente de tu sufrimiento es antirreligioso. Todo lo que te haga más consciente de tu sufrimiento y que te ayude a encararlo, sin huir, es religioso. Si no escapas, si permaneces allí con tu sufrimiento, un día el sufrimiento desaparecerá y tú habrás crecido a una mayor consciencia.

El sufrimiento desaparece de dos maneras. Te vuelves inconsciente; entonces el sufrimiento desaparece para ti, pero, en realidad, el sufrimiento permanece allí. No puede desaparecer. ¡Permanece allí! En realidad ha sido tu consciencia la que ha desaparecido, de forma que eres incapaz de percibirlo, no puedes ser consciente de él. Si te vuelves más consciente, entretanto tendrás que sufrir más. Pero acepta el sufrimiento como parte del crecimiento, como parte del adiestramiento, simplemente como una disciplina y entonces, un día, el sufrimiento desaparecerá no solamente para ti. Desaparecerá objetivamente. Emplea el sufrimiento como un escalón, no escapes de él. Si escapas de él, estás escapando de tu destino, de la posibilidad de ir más allá de tu destino, de la posibilidad de ir más allá del conocimiento empleando el sufrimiento como medio.

Cada día hay sufrimiento. Sufre conscientemente, no trates de escapar. Entonces tendrás una llave, una llave secreta para transformar tu crecimiento en una bendición.


sábado, 16 de marzo de 2019

LA RELATIVIDAD Y LA CERTEZA


Steinbeck ha escrito en alguna parte en su diario, “Es mejor haber vivido y amado que no haber amado en absoluto”.

Tensión también ha dicho, “Es mejor haber amado y haber sentido su pérdida, que no haber amado nunca”. El amor posee su propio sufrimiento. En realidad una vida sin amor tiene menos sufrimiento; por eso si eres capaz de soslayar el amor, te evitarás mucho sufrimiento. Si eres vulnerable al amor, sufrirás más. Pero el amor aporta riqueza, profundidad; por tanto si no has amado, no habrás vivido. El amor es una clase de conocimiento más profundo.

El conocimiento al que nosotros llamamos conocimiento es sólo un conocimiento superficial; es conocer a alguien, a algo, solamente desde el exterior. Cuando amas a alguien, lo conoces desde dentro. Esto no es superficial. Ahora has profundizado en alguien y sufrirás más, pero el amor te aportará una nueva dimensión a la vida. Por eso una persona que no haya amado no ha vivido en el plano humano; debido a que el amor conlleva mucho sufrimiento, lo evitamos. Todo el mundo evita el amor. Hemos inventado muchas triquiñuelas para evitar el amor porque el amor conlleva sufrimiento. Pero si triunfas en evitar el amor, has triunfado al evitar una cierta profundidad que solamente el amor puede aportar a tu vida. Crece en conocimiento y crecerás en sufrimiento; crece en amor y sufrirás aún más, porque el amor es un conocimiento más profundo.

Surgirá la riqueza, pero ésta es la paradoja y ha de ser correctamente entendida: cuando más te enriquezcas, más pobreza percibirás. Cuando más rico te sientas, te sentirás también más pobre. En realidad un hombre que es pobre, un auténtico pobre, nunca se percibe a sí mismo como pobre. Solamente un rico empieza a sentir una mayor pobreza. Si observas al mendigo verás que es feliz con calderilla; muy feliz. No puedes ni imaginarte cómo es capaz de sentirse feliz. Recoge unas pocas monedas durante el día, pero es muy feliz.
¡Observa a un rico! Ha acumulado tanto que es incapaz de gastarlo, pero no es feliz. ¿Qué le ocurre? Cuanta más riqueza tienes, más pobre te sientes. Y esto sucede en todos los ámbitos. Cuanto más sabes, más ignorante te sientes. Una persona que nada sabe, nunca siente ser un ignorante. ¡Nunca siente serlo! Es imposible porque este sentimiento forma parte del saber. Cuanto más sabes, más cuenta te das de lo mucho que queda por conocer. Cuanto más sabes, más sientes que todo lo que conoces no es nada.

Se dice que Newton dijo, “He estado en la playa y todo lo que he podido reunir es un puñado de arena, nada más. Es una gran e infinita inmensidad. Todo lo que sé es como un puñado de arena en mi mano y todo lo que no sé es esta infinita inmensidad del océano”. Newton se siente más ignorante de lo que tú te puedas sentir, porque ese sentimiento es parte del saber.

Si eres capaz de amar, podrás sentir la imposibilidad de amar. Podrás sentir que es virtualmente imposible amar a alguien. Pero si no amas a nadie; nunca te darás cuenta de que el amor es un largo y tortuoso viaje, porque solamente cuando te introduces en algo es cuando te das cuenta de la finitud de tu capacidad y la infinitud de aquello en lo que estás entrando. Cuando salgo de casa me encuentro con el cielo. Si me quedo en mi casa, no lo llego a conocer y puede que, finalmente, me llegue a creer que aquella sea todo el universo.

Cuanto menos sabes, más confiado te sientes. Cuanto más sabes, menor es tu confianza. Cuanto mayor es tu conocimiento, más dudará la mente en afirmar, e incluso sólo en opinar, lo que es correcto y lo que está equivocado. Cuanto menos sabes, más certidumbre posees.

Hace tan sólo cincuenta años la ciencia poseía una certeza absoluta, una certeza total. Todo estaba claro y clasificado. Y entonces se presentó Einstein, quién probablemente fue la primera mente científica que se encontró en la plena inmensidad del mundo, del universo. Entonces todo se volvió incierto. Einstein dijo, “El poseer una certeza sobre algo demuestra que eres un ignorante. Si sabes, como mucho podrás estar relativamente en lo cierto”. “Relativamente en lo cierto”, es sencillamente otro nombre para la incertidumbre. “Al ser todo relativo”, enuncia Einstein, “la ciencia nunca podrá volver a ser absoluta”. Y en la actualidad nos hemos encontrado con tanto conocimiento que todo ha resultado alterado y hecho añicos. Todas las certezas han desaparecido.

Mahavira, una de las mentes más penetrantes de toda la historia de la Humanidad, no decía nada sin emplear “quizás” en ello. Si le preguntabas, “¿Existe Dios?”, él te contestaba “Quizás exista o quizás no exista”. Incluso si le preguntabas, “¿Eres tú real?”, él decía, “Quizás soy real y quizás no, porque en cierto sentido sí soy real y en otro sentido no lo soy. Puesto que voy a morir, ¿cómo puedo afirmar que soy real? Un día simplemente me evaporaré y no serás capaz de descubrir ni adonde me he ido. ¿Cómo voy a decir pues que soy real? Desapareceré tal y como un sueño desaparece por la mañana. Pero incluso entonces no podré afirmar con certeza que soy irreal, porque para afirmar que soy irreal, se necesita algo de realidad. Hasta para soñar se necesita de alguien que sueñe, alguien que sea real”. Por eso solía decir; “Quizás sea real y quizás no lo sea”.

Fue por esto que Mahavira no tuvo gran cantidad de seguidores. ¿Cómo vas a tener seguidores si tú mismo posees tal incertidumbre? Los seguidores necesitan de certezas, de dogmatismo absolutos. Di, “Esto está bien y eso está mal”. Si en realidad “eso” está bien es otra cosa, pero muéstrate seguro y crearás confianza en tus seguidores pues ellos han venido para saber, no para preguntar. Han venido a por certezas. Han venido por dogmas, no en busca de una auténtica indagación. Así, una mente inferior a la de Mahavira reunirá multitud de seguidores. En realidad, cuanto más inferior es la mente, más fácil es volverse un líder, porque todo el mundo necesita de certezas. De esta forma se sienten seguros.
Con Mahavira todo se vuelve incierto. Y lo tenían tan claro que si le preguntabas una cosa, te daba siete respuestas diferentes. Te daba siete respuestas, cada una contradiciendo a la anterior. Entonces todo adquiría tal complejidad que retornabas más ignorante que cuando habías llegado.

Con Einstein, por primera vez el genio de Mahavira se introdujo en la ciencia. La relatividad es un concepto de Mahavira. El afirma que todo está en relación, que no hay nada absoluto, y que lo diametralmente opuesto es verdadero en cierto modo. Pero entonces todas las frases se convierten en algo tan elevado, contienen tantos paréntesis, que no puedes tener certeza alguna con ellas.

Por eso solamente existen 2.500.000 de jainos en la India. Si Mahavira hubiera convertido solamente a veinticinco familias, en la actualidad se habrían convertido en esos 2.500.000, solamente reproduciéndose. ¿Únicamente 2.500.000 después de veinticinco siglos? ¿Qué ocurrió en realidad? Mahavira no pudo realmente convertir a nadie. Una mente tan aguda no era capaz de convertir. Se necesita una mente inferior para crear seguidores. Cuanto más estúpido es el líder, mejor, porque entonces podrá decir que sí o que no con plena seguridad y sin saber nada.



sábado, 9 de marzo de 2019

LA IGNORANCIA, EL CONOCIMIENTO Y LA ILUMINACIÒN


La ignorancia es felicidad porque en ella nadie es consciente de sus problemas. Pero uno tampoco es consciente de su dicha. Se asemeja a estar en un estado de coma. No hay sufrimiento, no hay ansiedad, porque los problemas no existen cuando estás dormido. Con el conocimiento uno empieza a darse cuenta de muchos problemas y entonces sobreviene el sufrimiento. Este sufrimiento continúa a menos que uno también trascienda el conocimiento.

Esos son pues los tres estados de la mente humana. El primero es la ignorancia en la cual eres dichoso, pero no eres consciente de ello; el segundo es el conocimiento en el cual eres consciente y dichoso. En cierto sentido la Iluminación se asemeja a la ignorancia y en otro se asemeja al conocimiento. En cierto sentido se parece a la ignorancia porque es dichosa, y contraria al conocimiento porque no contiene sufrimiento. En otro sentido se asemeja al conocimiento porque hay consciencia y es distinto de la ignorancia porque la ignorancia es una absoluta ausencia de consciencia.

La Iluminación es gozo consciente. El conocimiento es un camino, un viaje. Has abandonado la ignorancia, pero aún no has alcanzado la Iluminación. Estás a medio camino. Por eso el conocimiento es tensión. O bien has de trascender el conocimiento o has de volver atrás. Y el volver atrás no es posible. Has de esforzarte en trascender.

Se me pregunta si el conocimiento también aporta riqueza, crecimiento y profundidad a la vida del hombre. ¡desde luego que lo aporta! Aporta riqueza porque cuando te vuelves consciente, con la consciencia que se expande, tú te expandes, con la consciencia que se ensancha tú te vas ensanchando más y más porque tú eres tu consciencia. Cuando eres ignorante es como si no existieras. No sabes que existes. Existes, pero no hay profundidad, no hay un peso específico. Con el conocimiento comienzas a percibir tu ser multidimensional, y la riqueza la aporta al sufrimiento.

El sufrimiento no es algo contrario a la riqueza: el sufrir te enriquece. El sufrir es doloroso, pero el sufrimiento te aporta profundidad. Uno que no haya sufrido será solamente superficial. Cuanto más sufras, tanto más habrás llegado a niveles más profundos. Por ello un hombre sensible sufre más y uno con menor sensibilidad sufre menos. Una mente superficial no sufre en absoluto. Cuanto más profunda es tu mente, más profundo es tu sufrimiento.

De modo que el sufrir supone enriquecimiento. Los animales no pueden sufrir, solamente el hombre sufre. Los animales pueden sentir el dolor, pero el dolor no supone sufrimiento. Cuando la mente empieza a percibir el dolor y a reflexionar sobre él, a pensar en su significado y en la posibilidad de trascenderlo, entonces se convierte en sufrimiento. Si simplemente sientes el dolor, es algo muy superficial.

Se ha observado que las ratas tienen un período pensante de unos cuatro minutos. Son capaces de pensar en el futuro durante cuatro minutos y son capaces de pensar en el pasado durante cuatro minutos. Más allá de esos cuatro minutos no hay nada para ellas. Su espacio pensante tiene esa amplitud. En otros mamíferos ese período se extiende a doce horas. El período de los monos es de veinticuatro horas. El mundo que existía veinticuatro horas antes en su conciencia desaparece y el mundo que existirá después de veinticuatro horas tampoco existe. Sus mentes poseen un límite de veinticuatro horas, no pueden ir más allá.

El hombre posee un período más amplio. Toda su vida, desde la infancia hasta la muerte, es su período y para aquellos que son más sensibles, el período es aún mayor. Son capaces de recordar vidas pasadas y pueden predecir sucesos más allá de esta vida, en el futuro. Con ello se gana amplitud, pero también sufrimiento.

Si una rata no es capaz de ir más allá de los cuatro minutos, sufrir por el futuro es algo imposible; sufrir por el pasado es imposible. El mundo existe solamente en esos cuatro minutos, de modo que si había dolor cuatro minutos antes, ese dolor desaparece al cabo de cuatro minutos; no se guarda recuerdo alguno de él. Si hubiera miedo en esos cuatro minutos posteriores, no serían capaces de pensar en ello, no podría ser percibido, no podría ser observado, no.

Con el hombre el sufrimiento es más hondo porque es capaz de ir hacia el pasado e imaginarse el futuro. No solamente eso: la mente es capaz de percibir el sufrimiento de los demás. Los animales no pueden percibirlo. Los animales superiores poseen ciertos rasgos que los inferiores no poseen. En los animales inferiores, si muere alguien perteneciente al grupo, sencillamente se olvidan de él. Lo dejan. La muerte no supone un problema. Ni pueden imaginarse su propia muerte ni pueden imaginarse lo que le haya sucedido a algún miembro de su grupo. Es imposible. Es como si no existiera. Pero el hombre imagina, siente, contempla, su propio sufrimiento y también los sufrimientos de los demás. Con una mente más sensitiva incluso la simpatía puede convertirse en empatía. Estás sumido en un profundo dolor; me doy cuenta de que sientes dolor, lo comprendo. Siento compasión. Pero si mi mente es aún más aguda, más sensible, puede que empiece a sentir el mismo dolor.

Se dice que Sócrates dijo, “Aunque un cerdo sea absolutamente feliz prefiero seguir siendo un Sócrates e infeliz, que ser un cerdo y feliz”. ¿Por qué? Si un cerdo es feliz, sé un cerdo. ¿Por qué ser un Sócrates e infeliz? La razón es la profundidad. Un cerdo carece absolutamente de profundidad. Sócrates sufre, más que nadie, pero aún así prefiere seguir siendo Sócrates con su sufrimiento a cuestas.

Este sufrir posee su riqueza. Un cerdo es algo pobre. Es parecido a esto: alguien está en coma, inconsciente; no sufre. ¿Te gustaría estar inconsciente, en coma? Entonces no sufrirías. Si la elección que se plantea es ésta, entonces eliges ser tú mismo, sea cual sea el sufrimiento. Dirás, “Prefiero permanecer en coma y sufrir antes que estar en coma y no sufrir, porque ese “no sufrir” se asemeja a la muerte”. El sufrir está ahí, pero también una riqueza, la riqueza del sentir, la riqueza de la mente, la riqueza del vivir.

Buscar este blog