sábado, 16 de junio de 2018

CIENCIA Y RELIGIÒN


La ciencia cree que los problemas son objetivos, que provienen de alguna parte en el exterior, que pueden ser cambiados sin que tú cambies. La religión cree que los problemas están en el interior, en mí, o mejor, que yo soy el problema. A menos que yo cambie, nada será distinto. Las apariencias cambiarán, los hombres serán diferentes, pero la substancia seguirá siendo la misma. Crearé otro mundo de problemas. Seguiré proyectando nuevos problemas.

El hombre, inconsciente de su propio ser, inconsciente de sí mismo, es el creador de los problemas. Sin saber quién es, qué es, con un desconocimiento absoluto de sí mismo, sigue generando problemas porque, a no ser que te conozcas a ti mismo, no puedes saber para qué estás viviendo y existiendo.

No puedes saber adónde has de ir, no puedes saber cuál es tu destino, y nunca podrás percibir cuál es el sentido. Seguirás haciendo muchas cosas, pero todo te conducirá, en último término, a la frustración. Porque si haces algo sin saber por qué existes, sin saber qué es lo que eres, eso no te va a proporcionar satisfacción alguna. Carecerá de sentido. Has errado el objetivo, tu esfuerzo será desperdiciado y al final todo el mundo se sentirá frustrado. Los que alcanzan el éxito se sienten más frustrados que los que no lo alcanzan porque los que no lo alcanzan pueden seguir albergando esperanzas. Pero aquellos que tienen éxito no poseen ni esperanzas. Su caso no tiene solución. Por eso digo que no hay fracaso tan grande como el éxito.

La religión piensa en términos subjetivos, en términos objetivos: “Cambia la situación no al hombre”. La religión dice: Cambia al hombre; la situación es irrelevante”. Sea cual sea la situación, una mente distinta, un ser transformado se sitúa más allá de los problemas. Por eso Buda puede estar en absoluta paz viviendo como un mendigo y un Midas no puede vivir tranquilo ni poseyendo el milagro alquímico: toque lo que toque se transforma en oro. La situación con Midas se ha vuelto dorada; todo lo que toca se convierte en oro. Pero esto no cambia nada, al contrario, Midas se encuentra en una situación más complicada.

Nuestro mundo ha creado, mediante la ciencia, una situación como la de Midas. Todo lo que tocamos se convierte en oro. Un Buda, viviendo como un mendigo, se encuentra en una paz y en un silencio tan absoluto que los emperadores se sienten celosos de él. ¿Cuál es el secreto? El énfasis en el hombre, en el interior del hombre, es lo importante, no la situación. Debes, pues, cambiar el interior del hombre. Y solamente hay un cambio posible. Si creces en consciencia, cambias, mutas. Si disminuyes tu consciencia, también cambias, mutas. Pero si tu consciencia es disminuida, retrocedes hacia el mundo animal. Si tu consciencia es incrementada, asciendes hacia el mundo de los dioses.

Este es el único problema para la religión: cómo incrementar la consciencia. Por eso las religiones han estado en contra de las drogas desde siempre. La razón no es moral ni ética, ¡no! Y los llamados puritanos moralistas le han dado un tinte equivocado a todo el asunto. Para la religión no es una cuestión de moralidad el que alguien ingiera drogas. No es una cuestión concerniente a la moralidad, porque la moralidad sólo aparece en escena cuando yo entro en contacto con alguien más. Si bebo alcohol y caigo inconsciente, no es asunto de nadie más. Estoy haciendo algo conmigo mismo. La violencia concierne a la moralidad, no al alcohol. Si prometo encontrarme contigo a una hora determinada y no acudo, es inmoral, porque hay alguien más implicado. El alcohol concierne a la moral solamente si implica a alguien más; sino, no es una cuestión moral en absoluto. Es algo que haces contigo mismo. Para las religiones éste no es un tema de moralidad. Para las religiones existe un tema más profundo: la cuestión de incrementar o disminuir la consciencia.

Una vez que adquieres el hábito de sumergirte en la inconsciencia, será más y más difícil incrementar tu consciencia. Será más y más difícil, porque tu cuerpo será incapaz de sostenerte en un estado de consciencia incrementada. Te ayudará a mantenerte inconsciente. No te ayudará a ser consciente. Y cualquier cosa que se convierta en una barrera en la adquisición de consciencia es un problema religioso, no un problema moral.

Por eso, a veces sucede que puedes encontrar que un alcohólico sea una persona de mayor moralidad que un no-alcohólico, pero nunca será una persona más religiosa. Un alcohólico puede ser más compasivo que un no-alcohólico, puede ser más tierno que un no-alcohólico, puede que sea más honesto, pero nunca más religioso. Y cuando digo “no será nunca más religioso”, quiero decir que “no será nunca una persona más consciente y despierta”. Este crecimiento en consciencia provoca angustia.






sábado, 9 de junio de 2018

LOS PROBLEMAS DE LA CONSCIENCIA


Para la filosofía, son muchos los problemas; infinitos. Pero para la religión sólo existe un problema, y ese problema es el hombre en sí mismo. No es que el hombre tenga problemas, sino que el hombre mismo es el problema. Y ¿por qué es el hombre el problema?

Los animales no tienen problemas. Son tan inconscientes, tan dichosamente inconscientes, tan ignorantes, que no existe la posibilidad de la existencia de conciencia alguna sobre los problemas. Los problemas existen, pero los animales no son conscientes. No hay problema para los dioses, porque ellos son totalmente conscientes. Cuando la mente es totalmente consciente, los problemas sencillamente desaparecen como la oscuridad. Pero para el hombre existe la angustia. La misma existencia del hombre, su mismo ser, es un problema porque el hombre existe entre esos dos espacios: el reino de los animales y el reino de los dioses.

El hombre existe como un puente entre dos infinitos: el infinito de la ignorancia y el infinito de la sabiduría. El hombre ni es animal, ni es divino. O bien, el hombre es ambas cosas, animal y divino. Ese es el problema. El hombre es un ser inacabado, es algo incompleto, algo por terminar, un proyecto, no una realidad.

Los animales poseen un “ser”. El hombre es un proyecto. No “es”; solamente es un proyecto. El hombre es un proceso. El proceso está incompleto. Ha abandonado el mundo de la ignorancia y todavía no ha alcanzado el mundo de la sabiduría. El hombre está entre dos aguas. Eso crea el problema, la tensión, la angustia y el conflicto constante.

Solamente hay dos formas de estar en paz, de estar sin problemas: una es retroceder, volver atrás, regresar al mundo de los animales; la otra es trascender, ir hacia delante y ser una parte del Divino Ser. Ser o animales o dioses; esas son las dos alternativas.

Retroceder es fácil, pero es algo temporal porque una vez que has crecido no puedes retroceder de forma permanente. Puedes regresar por un instante, pero luego eres lanzado de nuevo hacia delante porque realmente no existe el camino para regresar. No hay ninguna posibilidad real de retroceder. No puedes ser un niño de nuevo si ya te has convertido en un adolescente, y tú no puedes ser otra vez un adolescente si ya te has vuelto viejo. Si sabes algo, no puedes retroceder al estado en que estabas cuando eras ignorante. No puedes retroceder, pero por un instante puedes olvidarte del presente y liberar el pasado en tu memoria, en tu mente.

De este modo el hombre puede regresar al estado animal. Es algo dichoso, pero temporal. Esta es la razón por la que los intoxicantes, las drogas, el alcohol, tienen de atractivo. Cuando te quedas inconsciente mediante algún químico, has vuelto atrás por un instante. En ese momento dejas de ser un hombre, dejas de ser un problema. De nuevo eres parte del mundo animal, de la existencia inconsciente. Entonces no eres un hombre; por eso tienes problemas.

La Humanidad ha estado constantemente buscando cosas, a través de las drogas para poder olvidar, para regresar, para ser simplemente un niño, para recuperar la inocencia animal, para no tener problemas. O sea, para carecer de humanidad, porque, para mí, humanidad significa ser un problema. Este retroceso, esta regresión, es posible, pero sólo temporalmente. Tendrás que volver otra vez, serás de nuevo un hombre y habrá los mismos problemas aguardándote. En realidad se habrán agudizado. Tu ausencia no va a disolverlos. Se habrán vuelto más complicados y complejos. Así se crea un círculo vicioso.

Cuando estás de vuelta y eres consciente tienes que afrontar problemas que se han complicado debido a tu ausencia. Se han multiplicado. Y así has de olvidarte de ti mismo una y otra vez, y cada vez que te olvidas y regresas, tus problemas se han acrecentado. Tendrás que enfrentarte a tu humanidad una y otra vez. Uno no puede escapar de este modo. Uno puede engañarse, pero no puede escapar de ese modo.

La otra alternativa es ardua. Es crecer hasta llegar a ser un “Ser”. Cuando digo “regresar”, quiero decir volver a ser inconsciente, perder la poca consciencia que tenemos. Cuando digo, “ser un Ser”, quiero decir, perder la inconsciencia y ser totalmente consciente.

Tal como somos, solamente una parte de nosotros es consciente, un diminuto fragmento del Ser es consciente y el continente restante es pura oscuridad. Una pequeña isla es consciente, y todo el continente, la tierra firme está a oscuras. Cuando esta islita también se queda a oscuras, has vuelto atrás, has retrocedido. Esta ignorancia es dichosa porque entonces no eres consciente de los problemas. Los problemas están ahí, pero no eres consciente de ellos. De modo que, para ti, parece que no existen los problemas. Es el método del avestruz: cierras tus ojos y tu enemigo desaparece solamente porque no puedes verlo. Esta lógica infantil, juvenil, dice que cuando no alcanzas a ver algo, esto deja de ser real. A menos que veas algo, esto no existe. ¡De modo que si no eres capaz de percibir los problemas, estos no existen!

Cuando digo “ser un Ser”, “trascender la humanidad”, “volverse divino”, quiero decir ser totalmente consciente, ser no sólo una isla, sino todo el continente. Esta consciencia también te llevará más allá de los problemas porque los problemas existen básicamente en función de ti. Los problemas no son realidades objetivas; son fenómenos subjetivos. ¡Tú creas tus problemas! ¡Y a menos que seas transformado, seguirás creando problema! Resuelves uno y, en realidad, al solucionar ese uno creas muchos otros porque tú permaneces siendo el mismo. Los problemas no son algo objetivo. Son parte de ti. Debido a que eres de cierto modo, creas determinados problemas.

La ciencia trata de resolver los problemas objetivamente y opina que si no existieran los problemas el hombre estaría en paz. Los problemas podrán ser resueltos objetivamente, pero el hombre no estará en paz, porque el hombre es en sí mismo el problema. Si soluciona algún problema, crea otros. Èl es el que los crea. Si creas una sociedad mejor, los problemas cambiarán, pero los problemas seguirán. Si se consigue un nivel de salud mejor, un sistema médico màs eficiente, los problemas serán otros, pero los problemas seguirán.

Cuantitativamente, habrá tantos problemas como siempre, porque el hombre permanece siendo el mismo, solamente son las situaciones las que cambian. Cambias de situaciones. Los antiguos problemas desaparecerán pero surgirán nuevos problemas. Y los nuevos problemas son más graves que los viejos problemas porque tú ya te habías acostumbrado a los viejos problemas. Con los nuevos problemas te sientes más incómodo. Por eso, hoy en día, hemos alterado por completo nuestro entorno, pero los problemas siguen ahí, peores, creando aún más angustia.

sábado, 2 de junio de 2018

LA MEDITACIÓN


Hay algo que debe recordarse respecto a la meditación: es un camino largo y no hay atajos.

Es un viaje largo, porque el cambio es muy profundo y se le alcanza después de muchas vidas, muchas vidas de hábitos rutinarios…pensando…deseando…

Y la estructura de la mente: debes tirarla mediante la meditación. De hecho es casi imposible, pero sucede. Un hombre convirtiéndose en un meditador: es la responsabilidad más grande del mundo, no es fácil.

Esto no puede ser algo instantáneo.

De manera que desde el principio no comiences a esperar demasiado, y nunca te sentirás frustrado. Siempre estarás contento, por las cosas crecerán muy despacio.

La meditación no es una flor de estación que aparece en un plazo de seis semanas.

Es un árbol muy, muy grande…necesita tiempo para extender sus raíces.

Cuando la meditación florece, simplemente no hay nadie que tome nota de esto, nadie que reconozca este estado, nadie que diga: “Sí, esto ha ocurrido”. Apenas dices: “Sí, esto ha ocurrido”, ya se ha perdido.

Cuando la meditación está realmente ahí…un silencio te invade…sin ningún sonido…una gracia palpita…

Hay armonía. Pero no hay nadie para tomar nota de esto.

Meditación es un estado de no-mente. Meditación es un estado de conciencia pura, sin contenido.
Por lo regular, tu conciencia está demasiado llena de basura, igual que un espejo cubierto de polvo.

La mente es un tráfico constante: los pensamientos se están moviendo…los deseos se mueven…los recuerdos se mueven…las ambiciones de mueven. ¡Es un tráfico constante…! Día tras día.

Aun cuando duermes sigue inmersa en los pensamientos, aún sigue inmersa en preocupaciones y ansiedades.

Se está preparado para el día siguiente: está ocurriendo una preparación subterránea.

Este es el estado de no-meditación. Justo lo opuesto de lo que es la meditación: cuando no hay tráfico y el pensamiento se ha detenido…los pensamientos no se mueven…los deseos no se agitan y te encuentras en completo silencio.

Ese silencio es meditación. Y es en ese silencio que la verdad es conocida…nunca de otra manera.
La meditación es un estado de no-mente…no puedes encontrar la meditación a través de la mente, porque la mente se va a perpetuar a sí misma.

Sólo te será posible encontrar la meditación si colocas la mente a un lado…permaneciendo sereno…indiferente, sin identificarte con la mente; viendo la mente pasar, pero no identificándote con ella, no pensando que “Yo soy ella”.

Meditación es la conciencia de que: “Yo no soy la mente”.

Cuando esta conciencia entra más y más profundo en ti…lentamente, aparecen unos pocos momentos…momentos de silencio…momentos de espacio puro…momentos de transparencia…momentos en los que nada se agita en ti y todo está quieto…en estos momentos de quietud sabrás quién eres…y conocerás el misterio de esta existencia.

Llega un día ¡un día de grandes bendiciones! En el que la meditación se convierte en tu estado natural.

La mente es algo antinatural; nunca se transforma en tu estado natural. Pero la meditación es un estado natural, que has perdido. Es un paraíso perdido, pero el paraíso puede ser recuperado.
Observa los ojos de los niños…mira y encontrarás tremendo silencio e inocencia…

Cada niño viene en estado meditativo, pero debe ser entrenado en la forma de funcionar de la sociedad. Debe aprender cómo pensar, cómo calcular, cómo razonar, cómo discutir; debe aprender palabras, lenguaje, conceptos…y lenta…lentamente, pierde contacto con su propia inocencia.

La sociedad lo contamina, lo corrompe…se transforma en un mecanismo eficiente; deja de ser un hombre.

Todo lo que necesita es recuperar ese espacio una vez más.

Lo has conocido antes; así que cuando conozcas la meditación por primera vez te sorprenderás, pues surgirá en ti una clara sensación de haberla conocido antes. Y esa sensación es real: la has conocido antes…la has olvidado.

El diamante está perdido entre montones de basura…pero si puedes removerla, encontrarás el diamante nuevamente: es tuyo. En realidad, no se puede perder, sólo puede ser olvidado.

Nosotros nacemos como meditadores, y después aprendemos las formas de obrar de la mente…pero nuestra naturaleza real permanece escondida en algún lugar, en lo profundo como una corriente subterránea.

Cualquier día, una pequeña excavación y vas a encontrar la fuente fluyendo…la fuente de aguas frescas. ¡Y la alegría más grande en la vida es encontrarla!

Meditación no es concentración. En la concentración existe un Yo concentrándose y hay un objeto sobre el cual se ejerce la concentración. Hay una dualidad.

En la meditación no hay nadie adentro y nada afuera. No es concentración.

No hay división entre lo de adentro y lo de afuera…lo interno fluye y fluye hacia lo externo, lo externo fluye y fluye hacia lo interno.

La demarcación, el límite, el borde, ya no existe.

Lo interno está afuera, lo externo está adentro: es una conciencia no dual.

La concentración es una conciencia doble; es por eso que produce cansancio; es por eso que cuando te concentras te sientes exhausto.

No te puedes concentrar durante las veinticuatro horas; tendrás que tomar vacaciones para descansar.

La concentración jamás se podrá convertir en tu naturaleza.

La meditación puede convertirse en algo constante durante veinticuatro horas, día tras día, año tras año…

Puede transformarse en la eternidad…Es la relajación en sí misma.

La concentración es un acto, un acto de la voluntad.

La meditación es un estado de no voluntad, un estado de inacción…es relajación.

Sencillamente, uno se ha dejado caer en su propio ser, y ese ser es el mismo que el ser del Todo.

En la concentración, tu mente funciona a partir de una conclusión: estás haciendo algo… la concentración surge del pasado.

En la meditación no hay una conclusión detrás, no estás haciendo algo en particular, estás simplemente siendo.

Esto no tiene pasado, el pasado no lo ha contaminado. No tiene futuro, está desprovista de todo futuro…es lo que Lao Tzu ha llamado: wu wei: acción a través de la inacción.

Es lo que los maestros Zen han estado diciendo:
“Sentado en silencio sin hacer nada, llega la primavera y la hierba crece por sí sola”,

Recuerda: “por sí sola”, nada se está haciendo…no estás tironeando la hierba hacia arriba. La primavera llega y la hierba crece por sí sola.

sábado, 26 de mayo de 2018

ETAPAS EN LA CUALIDAD CRÍSTICA


No hay etapas. La iluminación o cualidad de Cristo o cualidad de Buda sucede en una décima de segundo, no hay etapas graduales. Jesús inició el viaje, no la cualidad de Cristo, cuando fue bautizado por Juan el Bautista, en el río Jordán.

La semilla empezó a movilizarse hacia el transformarse en un árbol, la semilla se rompió en la tierra. Ahora el árbol y su desarrollo es sólo cuestión de tiempo. No puedes decir que tienes un árbol cuando la semilla se rompe en la tierra, no puedes decirlo, porque el árbol no está ahí.

No puedes decir que el árbol existe. No puedes decirlo, porque ¿dónde puedes ver el árbol? No puedes descansar debajo de él, no puedes coger la fruta, no tienes la fragancia de las flores. El árbol no existe.

Sí, en cierta forma, no puedes decir que el árbol es. Pero por otra parte, el árbol existe, porque la semilla está rota. El árbol está creciendo; está en camino. Ahora es sólo cuestión de tiempo. En cierta forma, el árbol ha llegado, porque el proceso de crecimiento ha comenzado.

La semilla se rompió el día en que Juan el Bautista inició a Jesús. Los cielos se abrieron y el espíritu de Dios descendió como una paloma. Este fue el principio, no de la cualidad de Cristo, sino el principio hacia la cualidad de Cristo; la semilla moviéndose hacia el árbol.

Jesús se convirtió en Cristo en la cruz, cuando dijo: "Que se haga tu voluntad, no la mía". Ese día él se convirtió en un árbol, se convirtió en un enorme y gigantesco árbol. Ahora, miles podían refugiarse debajo de él. El árbol floreció, llenó la tierra entera con su fragancia.

Así que, en cierta forma, puedes decir que se logró el primer vislumbre cuando fue iniciado en el Río Jordán. En la cruz, el último. Depende de cómo lo quieres expresar. Pero creo que les he transmitido el significado: ese día empezó el viaje para ser un Cristo.

También puedes llamarle Cristo desde ese día; depende de cómo quieras expresarlo. Pero yo señalo que él comenzó el camino hacia el ser un Cristo. Llegó a ser Cristo en la cruz.

La cualidad del Cristo, la cualidad del Buda, o nirvana, moshka, iluminación, suceden en una fracción de segundo, no es algo que suceda gradualmente. Son transformaciones repentinas.

La misma naturaleza de la llamada es tal que sólo aquellos que están a punto de despertar pueden oírla. Sólo aquellos cuyo sueño casi se ha completado, que se acercan a la mañana y están preparándose para despertar: sólo ellos pueden escuchar. Pero no puedes ver cuáles serán éstos.

Llama a mil: cien escucharán y sólo diez comenzarán a moverse. Noventa escucharán y aún así no se moverán. Escucharán, pero no entenderán o entenderán otra cosa o lo mal interpretarán. Diez empezarán a moverse. Y cuando diez se mueven, sólo uno llega; nueve se perderán en el camino. Llama a mil y sólo has llamado a uno. Pero así es como son las cosas.

Sucedió que cuando Buda se iluminó, permaneció en silencio durante siete días. Pensó: "¿Quién me escuchará?". Pensó: "¿Qué es lo que voy a decir? ¿Quién me entenderá?". Pensó: "Las cosas que me han sucedido, si alguien me las hubiera dicho cuando aún no me habían pasado, ni siquiera yo las hubiera entendido. Por lo tanto, ¿quién lo va a entender? ¿Por qué molestarse?".

Durante siete días sólo estuvo sentado debajo del Árbol Bodhi. La tradición dice que los devas en el cielo se pusieron muy inquietos. " ¿Por qué se mantiene en silencio? Es sólo después de miles de años que uno llega a iluminarse. ¿Por qué no está llamando a la gente? Se inclinaron ante Buda y dijeron: "Deberías decir algo. Has llegado; deberías llamar a la gente. Deberías difundir la palabra ¿por qué te quedas en silencio? Hemos esperado y esperado. Siete días han parecido siete siglos. ¿Qué estás haciendo? no pierdas tiempo. Sólo estarás aquí durante poco tiempo, y después desaparecerás para siempre. Antes de desaparecer, haz una llamada".

Buda dijo: "¿Quién escuchará? ¿Quién entenderá?".

Pero esos devas eran muy astutos. Y es bueno que fueran astutos. Discutieron, persuadieron. Dijeron: "Sí, tienes razón. Escasas, escasas son las posibilidades de que alguien escuche, y aún más escasa es la posibilidad de que alguien entienda. Pero existe. Llama a mil; cien escucharán, noventa no entenderán; diez caminarán, nueve se perderán en el camino. En un punto u otro creerán que han llegado; se sentarán a un lado del camino y creerán haber llegado a casa. Sólo uno llegará, pero uno es más que suficiente".

Buda entendió. Comenzó a predicar.

Sé que es un esfuerzo muy carente de esperanzas. Teniendo muy claro que no entenderán, seguiré hablándoles. Es como hablarle a una pared.

Cuando Bodhidharma se iluminó, estaba sentado cerca de una pared, con la espalda apoyada contra la pared. Inmediatamente se volvió y se puso de cara a la pared. Durante nueve años no se sentó de ninguna otra forma. Cuando fuera que se sentara, lo hacía mirando a la pared. Si alguien estaba Allí, un investigador, un buscador, tenía que hacer sus preguntas desde atrás.

La gente preguntó: "¿Qué postura más absurda has elegido? Ha habido muchos Budas en el mundo, pero ninguno se ha sentado mirando a la pared. ¿Por qué estás sentado así? ¿Por qué eres tan loco?".

Bodhidharma respondía: "Hasta donde yo sé, todos los Budas han estado mirando a la pared, porque donde sea que mires habrá una pared. Ese no es el punto.

Bodhldharma decía: "Todos han mirado a la pared, pero eran un poco más corteses". Decía: "Yo no soy tan cortés, eso es todo. No me importa en absoluto lo que ustedes piensen de mí. Sólo volveré la cara hacia ustedes cuando vea que hay alguien que pueda entenderme".

Durante nueve años estuvo mirando a la pared. Entonces llegó un hombre.

El hombre dijo: "Vuélvete hacia mí o me mataré", tenía una espada en la mano. Pero Bodhidharma no se volvía. Se cortó la mano y dijo: "Mira, la mano se ha ido. La segunda cosa será la cabeza".

Entonces Bodhidharma se volvió. Le dijo: "¡Espera! Así que has venido" porque sólo aquellos que están dispuestos a cortarse la cabeza pueden entender.

sábado, 19 de mayo de 2018

SOMOS FALSOS


Muchas veces sentimos que en nuestras vidas somos deshonestos y falsos, o también vemos esto en nuestras relaciones a lo largo de la vida. Vemos que no hemos sido justos con nuestros padres, ni esposa, ni hijos, ni amigos ni vecinos, etc. Sentimos que no somos rectos y sinceros y esto puede ser motivo de gran sufrimiento para nosotros, para la mente. ¿Qué deberíamos hacer?

Si empiezas a pensar en términos de hacer, serás de nuevo falso, porque en todo lo que has hecho, has sido falso. Tu “hacer” se ha corrompido.

Por lo tanto, la primera cosa: ¡resiste la tentación de hacer algo! Sólo permanece alerta, alerta a tu falsedad. No tengas prisa en hacer nada, porque serás tú quien nuevamente haga eso; todo tu pasado estará involucrado en tu hacer.

¡Resiste! Limítate a permanecer con este sentimiento de que has sido falso: eso es suficiente. Es purificante, tiene una tremenda capacidad de purificarte y limpiarte.

Sólo permanece con la sensación de que "He sido falso", que "Soy falso" y no trates de hacer nada al respecto. Eso nuevamente equivale a intentar crear una buena imagen de ti mismo: que no eres falso, que eres un hombre sincero. Tu ego te está doliendo, porque has sido falso.

Trata de tomar consciencia del hecho; no trates de hacer nada al respecto. A todo lo que hagas le faltará madurez. Es demasiado pronto. Limítate a permanecer con la idea; vive con ella.

Vive con la idea de que eres falso. Si puedes vivir con esa idea la sola idea, la sola consciencia matará totalmente a tu ego. El ego no puede seguir vivo si crees que no eres sincero. El ego necesita una buena imagen: que eres un hombre sincero, muy honesto. Eso es lo que el ego está diciendo: "Haz algo para que puedas repintar la imagen, renovar la imagen".

Has sido falso. Esto te ha sido revelado a través de la meditación. El ego corre ahora peligro de muerte. El ego dice: haz algo. A través de la acción, tratará de reclamar nuevamente su imagen caída, de re acomodarse con lo viejo, de modo de que puedas sentir nuevamente: "Soy bueno, soy hermoso. Soy sincero, soy moral, soy esto y aquello".

Lo primero, muy difícil, arduo, pero tiene que hacerse: sólo permanece alerta a la insinceridad. Mira la idea de que eres insincero, y no te preocupes de modificarla.

Cambiará por su propia cuenta, pues una vez que entiendes que no eres sincero, no puedes seguir siendo falso. Es imposible; nunca ha sucedido. No puede suceder: es imposible. Si sabes que eres falso, la falsedad se caerá por su propio peso. Así que si quieres que la situación siga igual, haz algo para crear el sentimiento de que eres sincero.

Si sabes que eres un mentiroso, la mentira caerá por su propio peso. Sí sientes que eres inmoral, no trates de hacer nada: no te arrepientas, no te sientas culpable, ésos son trucos. Permanece con la idea: el hecho desnudo de quién eres. No te muevas, no te entretengas en hacer algo. Permanece desnudo, con la idea desnuda, la realidad desnuda, y verás que está ocurriendo un cambio. No a través de algo que tú hagas...

Y cuando un cambio que no se origine en tus actos viene a ti, proviene de Dios. Sólo Dios puede volverte moral, sincero; sólo Dios puede hacerte religioso; sólo Dios puede hacerte puro. es Su don; tú no lo puedes hacer.

Todo tu hacer será un deshacer. Por favor, recuérdate a ti mismo una y otra vez que no debes hacer nada.

Sí, es motivo de gran sufrimiento para tu mente y para tu ego son lo mismo: mente y ego porque el ego se siente dañado. Tú ¿falso? Siempre creíste que eras un hombre muy sincero, siempre creíste que eras el pináculo de un hombre: un crescendo de la humanidad, el oro más puro. Siempre creíste eso.

Ahora la meditación ha roto una ventana que destapa la falsedad. Has sido capaz de mirar dentro de ti mismo: la realidad. Te has cruzado con un espejo. Ahora, no trates de escapar de él, permanece con el hecho. Quien quiera que seas, ésa es tu realidad. Permanece con el hecho. Si puedes permanecer con el hecho, cambiarás. Pero ese cambio no será producto de tus actos; sólo sucederá.

Cuando una transformación llega a ti, tiene una gracia totalmente diferente. Todo lo que tú hagas será siempre pequeño, mediocre y, finalmente, inútil. Todo lo que Dios te haga es infinito. Sólo puede ser infinito lo que proviene de lo infinito.

No trates de hacer nada. Acepta el hecho, permanece con él, relájate... y de pronto llegará una transformación.

Yo enseño transformación repentina, y enseño la transformación a través de Dios, no a través de ti. Tú sólo tienes que permitírselo. Eso es todo lo que por tu parte tienes que hacer. Abre la puerta, espera. Sólo abre la puerta, es todo lo que tienes que hacer.

Permite... así, cuando El toque tu puerta puedes darle la bienvenida, cuando El venga puedas reconocerle, cuando Èl venga puedas hacerle entrar. Simplemente, no te quedes sentado con las puertas cerradas, eso es todo. La meditación no es otra cosa que eso: abrir la puerta.

La meditación no te dará la iluminación, recuerda. Ninguna técnica podrá nunca darte la iluminación; la iluminación no es algo técnico. La meditación sólo puede preparar el terreno, la meditación sólo puede abrir la puerta. La meditación sólo puede hacer algo en forma negativa; lo positivo llegará. Una vez que estás listo, siempre llega.

Por favor no trates de hacer nada. Limítate a ser.

sábado, 12 de mayo de 2018

EL REINO DE DIOS


“Nadie que pone su mano en el arado y luego mira hacia atrás es apto para el reino de Dios.”

"Si quieres seguirme, sígueme. No hay forma de regresar. No hay necesidad; ¿qué sentido tiene decir adiós? ¿De qué va a servir? Si quieres seguirme" Jesús dice una y otra vez en el evangelio "entonces tendrás que negar a tu padre, a tu madre; tendrás que negar a tu familia".

A veces parece casi cruel. Un día estaba parado en el mercado del pueblo, y una multitud le rodeaba. Alguien dijo: "Señor, tu madre está esperando, al margen de la multitud".

Jesús respondió: "¿Quién es mi madre, quién es mi hermano, quién es mi padre? Aquellos que me siguen, aquellos que están conmigo: ellos son mi hermano, ellos son mi padre, ellos son mi madre".

Parece realmente cruel, pero no lo era. No le está diciendo nada a su madre; está diciéndole a esa gente que si te aferras demasiado a la familia, la revolución interior no será posible, porque la familia es la primera atadura. Después, la religión a la que perteneces es la segunda atadura después, la nación a la que perteneces es la tercera atadura. Uno tiene que romperlas todas, uno tiene que trascenderlas todas. Sólo entonces puedes encontrar la fuente: la fuente que es la libertad, la fuente que es Dios.

“Nadie que pone su mano en el arado y luego mira hacia atrás es apto para el reino de Dios”. Uno tiene que renunciar a todo lo que es fútil para obtener lo que tiene asignado.

Una vez, un grupo de amigos estaban sentados hablando acerca de la cosa más esencial, aquella a la que no se podía renunciar.

Alguien dijo: "Yo no puedo renunciar a mi madre. Ella me ha dado la vida; a ella le debo la vida. Puedo renunciar a todo, excepto a mi madre".

Alguien más dijo: "Yo no puedo renunciar a mi esposa, porque mi padre y mi madre me fueron dados, nunca fueron mi elección, pero a mi esposa la he elegido yo. Tengo una responsabilidad hacia ella, no puedo renunciar a ella. Pero puedo renunciar a todos los demás".

Y así siguieron. Alguien dijo que no podía renunciar a su casa, alguien más dijo otra y otra cosa.

Pero todos tus apegos son así de absurdos. A todo se puede renunciar, excepto a tu consciencia más interna. No es que yo diga: "Renuncia a ello", pero en lo profundo uno debería vivir en renuncia: uno debiera estar en el mundo, pero permaneciendo en constante renuncia.

Puedes vivir con la familia, sin ser parte de ella; puedes vivir en la sociedad y, aún así, fuera de ella. Se trata de una actitud interna. No se trata de mudarte de lugar: se trata de cambiar la mente.

Las cosas a las cuales estás demasiado apegado no son malas en sí, recuerda. Padre, madre, familia, esposa, hijos, dinero, casa: no son malas en sí mismas. El apego no es malo debido a que estas cosas sean malas, o que estas personas o estas relaciones lo sean: el apego es malo.

Te pueden volver muy estúpido. Mullá Nasrudín se hizo rico de un día para otro: heredó una gran fortuna. Y, naturalmente, lo que sucede con los nuevos ricos le sucedió a él también: quería mostrarlo, exhibirlo.

Llamó al pintor más grande del país para que le hiciera un retrato a su mujer. Nasrudín sólo le impuso una condición: "Recuerda, no lo olvides: las perlas deben aparecer en el cuadro". Su esposa usaba muchas perlas y diamantes: había que mostrarlas. No estaba preocupado por la mujer, cómo aparezca ella en el cuadro no es el punto, pero las perlas y los diamantes deben salir.

Después de un tiempo, cuando la pintura estuvo lista, el pintor trajo el cuadro. Mullá Nasrudín dijo: "Muy bueno, muy bueno. Sólo una cosa: ¿no puedes hacer los pechos un poco más pequeños y las perlas un poco más grandes'.

La mente de un exhibicionista, la mente de quien desea mostrar que tiene algo precioso, valioso; la mente del ego. La cuestión no es el vivir en un palacio, vive en un palacio, ése no es el punto, o vive en una cabaña o al lado del camino: ése no es el punto. Es del ego que se trata.

Puedes ser un exhibicionista en un palacio; puedes ser un exhibicionista en el camino. Si tu mente quiere que alguien sepa que posees algo o que has renunciado a algo, estarás en una profunda oscuridad, que deberá ser disipada.

Jesús dice que uno no debe estar apegado, y que uno no debe mirar atrás. Mirar atrás es un viejo hábito de la mente humana: miras y miras atrás. O miras hacia atrás o miras hacia el futuro y así es como te pierdes el presente.

El presente es divino. El pasado es recuerdo muerto; el futuro es sólo esperanza, ficción. La realidad está sólo en el presente. Esa realidad es Dios, esa realidad es el reino de Dios.

Sólo hay que entender esto; no es necesario hacer nada más. Sólo escúchame: sabes muy bien que el pasado es el pasado; que ya no es, que nada se puede hacer al respecto. No sigas rumiándolo, perdiendo tiempo y energía. Ese rumiar por el pasado crea una pantalla a tu alrededor, y no puedes ver lo que ya está aquí.

Te lo has estado perdiendo, y se ha convertido en un hábito. Siempre que estás sentado, estás pensando en el pasado. ¡Sé consciente! No estoy diciendo que trates de dejar de hacer esto, porque si tratas de dejar de hacerlo, estarás aún involucrado en ello. Estoy diciendo: ¡desinvolúcrate de ello!

¿Así que qué es lo que harás? porque hagas lo que hagas, te involucrarás en ello.

Sólo tienes que estar consciente. Cuando el pasado empiece a llegar a la mente, relájate, aquiétate, tranquilízate. Sólo permanece alerta, ni siquiera es necesario verbalizar. Sólo tienes que saber que el pasado se ha ido; es inútil seguir masticándolo una y otra vez.

La gente usa el pasado como goma de mascar; lo mastican incesantemente. Nada sale de la goma, no es nutritiva; es vana, inútil, pero con el ejercicio de la boca uno se siente bien. Con sólo ejercitar la mente, uno siente que está haciendo algo valioso.

Sólo permanece alerta; y si puedes estar alerta respecto al pasado, te darás cuenta de que, poco a poco, el futuro habrá automáticamente desaparecido. El futuro no es otra cosa que la proyección del pasado; el futuro es el deseo de tener esa parte del pasado que fue hermosa una y otra vez, en formas más bonitas; y no tener la parte del pasado que fue dolorosa, nunca tenerla de nuevo.

Eso es lo que es el futuro. Estás escogiendo una parte del pasado, glorificándolo, decorándolo, e imaginando que en el futuro tendrás una y otra vez aquellos momentos de felicidad, naturalmente, magnificados, más inflados. Y nunca tendrás el dolor que tuviste que experimentar en el pasado. Eso es lo que el futuro es.

Una vez que el pasado desaparece, no desaparece solo. Se lleva consigo también al futuro. De repente estás aquí, ahora, el tiempo se detiene. Este momento que no pertenece al tiempo es lo que yo llamo meditación... este momento que no pertenece al tiempo: Jesús lo llama "el reino de Dios".

Sólo recuérdalo más y más. No hay nada que hacer, sólo recordar, una profunda recordación que te sigue como la respiración en lo que sea que estés haciendo, que permanece en alguna parte del corazón. Sólo una profunda recordación de que hay que arrojar el pasado, y el futuro se va con él. Aquí/ahora es la puerta: del aquí/ahora vas del mundo hacia Dios, vas de lo exterior a lo interior.

De repente, en el mercado, el templo desciende: el cielo se abre y el espíritu de Dios desciende como una paloma. Puede suceder en cualquier sitio. Cada lugar es santo y sagrado; sólo son necesarias tu madurez, tu consciencia.

La palabra "consciencia" es la llave maestra. Nos cruzaremos con muchas situaciones en el evangelio en donde Jesús dice una y otra vez: "¡Despierta!" ¡Permanece alerta!". "¡Sé consciente!". "¡Recuerda!". Buda dice una y otra vez a sus discípulos: "Es necesaria la correcta atención"; Krishnamurti dice: "Consciencia"; Gurdjieff basa toda su enseñanza en una sola expresión: “el recuerdo de sí mismo".

Este es todo el evangelio: recordarse a sí mismo.

sábado, 5 de mayo de 2018

LA POESÌA


El que se dice poeta, primero: no puedes estar identificado como poeta, porque la poesía sucede solamente cuando tú no estás ahí. Si tú estás presente, será sólo una falacia. Sólo ocurre cuando estás ausente.

Por eso es tan hermosa. Penetra en tu vaciedad; te llena, llena tu vacío. Quedas preñado con lo desconocido, con lo extraño.

El poeta es, simplemente, una madre. La madre no va a producir al hijo. El niño ha sido concebido; a lo más, la madre lo va a cuidar, protegiéndolo en lo profundo de su corazón, tratando de darle un cuerpo, no el alma.

La poesía te viene tal como un niño es concebido: en profundo amor. En profunda receptividad, te conviertes en un útero y la poesía es concebida. Es una preñez. Y uno tiene que tener mucho cuidado, porque el aborto siempre es posible; puedes abortar, puedes tener demasiado apuro y puedes destruirlo.

Permite que se asiente dentro de tu ser. Tomará su tiempo; crecerá poco a poco. Crecerá en tu inconsciente. Tu consciente no es necesario; tu consciente sólo será una interferencia. Olvídate de él, déjalo crecer.

Te sentirás pesado, todo tu ser se sentirá como si estuvieras llevando una carga. Grato, agradable; pero aún así, una carga. Y entonces, un día, nace el niño. En ese momento, no solo nace el niño: también nace la madre.

Cuando nace la poesía, también nace el poeta. No es el poeta el que escribe la poesía. En realidad, es el nacimiento de la poesía lo que crea al poeta. Antes no eras un poeta, sólo lo eres cuando nace la poesía.

Una mujer se convierte en madre. Ser madre es entrar en una categoría totalmente diferente de la de una mujer corriente. Una mujer es una mujer, una madre es algo totalmente diferente. Ella ha concebido algo del más allá; ha llevado el más allá en su útero, y le ha dado un cuerpo.

El poeta nace cuando nace la poesía, Es una sombra de la poesía, una consecuencia de la poesía. Sucede a la poesía, no la precede. Antes no hubo poeta, antes no hubo madre. Había un hombre, había una mujer; pero no había un poeta, no había una madre. La madre comienza a existir después de que la poesía ha sucedido.

Pero normalmente, lo que llamas poesía no lo es. Es sólo una cosa mental. La piensas y la escribes. Todo lo que tú escribes es prosa, y todo lo que Dios escribe a través de ti es poesía. Puede que tenga forma de prosa, no importa. Todo lo que dicen Buda o Jesús es poesía. La forma está en prosa: eso da igual. Es poesía, porque Dios la escribe; la totalidad la escribe a través de la parte; el océano trata de enviarte un mensaje a través de la gota.

Siempre que escribes, es prosa, prosa corriente. Cuando Dios escribe a través de ti, es poesía. Puede que sea prosa... pero aún así es poesía.

No puedes identificarte como poeta. Eso será una molestia, destruirá toda la música y toda la armonía. Por lo tanto, es bueno, bueno que la identificación se desmorone, bueno que te hayas olvides de la poesía, bueno que no parezca afectarte ahora en modo alguno el que escribas o no. Esta es la situación correcta. Ahora, por primera vez, existe la posibilidad de que la poesía pueda suceder.

No puedo decir: “Sucederá", porque la poesía no se puede predecir. Si la predices, nuevamente la mente comenzará a funcionar, y esperará y tratará de hacer algo al respecto. No, olvídate de ello completamente. Puede que tarde meses, puede que tarde años, puede que tarde toda tu vida, pero un día, si en verdad has olvidado completamente tu identificación, te convertirás en el canal. Algo fluirá a través de ti.

Vendrá a través de ti, pero será algo del más allá. Entonces serás un observador, un testigo. No serás un poeta, serás un testigo. Y cuando la poesía nazca, una diferente cualidad de ser vendrá como secuela.

Eso es lo que es un poeta. Todos los grandes poetas son humildes, no son pretenciosos.

Los Upanishads ni siquiera están firmados, nadie sabe quién los escribió. La poesía más grande; y los más grandes poetas ni siquiera han tratado de firmarla, no han dejado sus firmas. Eso hubiera sido profano. Han dejado la poesía, pero no se han dado importancia. Fueron sólo vehículos.

Un verdadero poeta es un vehículo, un medio. Por eso alabo tanto la poesía, porque está muy cerca de la meditación, muy cerca de la religión, es su vecino más cercano. El político trabaja con lo práctico, el científico con lo posible, el poeta con lo probable y el místico con lo imposible. Lo probable es el vecino más cercano de lo imposible, es por ese motivo que alabo la poesía.

Pero cuando la alabo, no estoy alabando a sus poetas. El noventa y nueve por ciento de ellos sólo escribe basura. Están haciendo algo mental, están en una empresa del ego. Se las arreglan para hacerlo, eso es todo, pero la poesía no pasa a través de ellos.

La poesía es la comunicación del misterio de la vida. A menos que lo hayas sentido, ¿cómo puedes comunicarlo? La poesía es una relación que estableces con lo absoluto. Algo se transmite entre la gota y el océano, entre la hoja y el árbol. Algo se transmite entre lo absoluto y la parte; y la parte empieza a danzar, la parte está tan rebosante de gozo que canta... tan encantada que sus movimientos se convierten en poesía. Ya no camina sobre la tierra: vuela.

La prosa equivale a caminar sobre la tierra; la poesía es un vuelo hacia el cielo. La prosa es sólo caminar, la poesía es danza. Los movimientos son los mismos, pero la cualidad es tremendamente diferente.

sábado, 28 de abril de 2018

EL SER HUMANO, UN SER EXTRAÑO


Jesús dice:

Los zorros tienen madrigueras, y las aves del cielo, nidos; mas el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar su cabeza.

El hombre es un extraño. Por eso creamos la ficción de que estamos en casa, que no somos extraños. El hogar es una ficción: creamos una unión con la gente; creamos comunidades, naciones, familias, de modo de no estar solos, para poder sentir que los demás están cerca, alguien que nos es familiar, alguien que conocemos, tu madre, tu padre, tu hermano, tu hermana, tu esposa, tu marido, tus hijos: alguien que es conocido, familiar.

Pero... ¿has pensado alguna vez en ello? ¿Conoces realmente a tu esposa? ¿Existe realmente una forma de conocer a la esposa, al marido o al hijo? Un niño nace de ti. ¿ Le conoces, sabes quién es?

Pero nunca preguntas cosas tan inquietantes. De inmediato le pones un nombre, para saber quién es. Sin un nombre creará problemas; sin nombre, el niño se moverá por la casa y cuando te lo encuentres, lo desconocido te estará mirando.

Para olvidar que ha llegado un extraño, le etiquetas; le adscribes un nombre. Después, empiezas a controlar su carácter, qué es lo que debe hacer, qué es lo que no debe hacer, de modo que sepas, de modo que puedas predecir sus actos. Esa es una forma de crear falsa familiaridad. El niño sigue siendo un desconocido; todo lo que hagas estará en la superficie: en el fondo, él es un extraño.

Hay momentos, algunos momentos excepcionales, en los que de pronto tomas consciencia de esto. Sentado al lado de tu amada, de pronto tomas consciencia de que estás muy lejos. Miras el rostro de tu amor y súbitamente no puedes reconocer quién es él o ella. Pero de inmediato te olvidas de esos momentos; comienzas a hablar, dices algo, empiezas a planear, empiezas a pensar.

Es por ese motivo que la gente no se sienta en silencio: porque el silencio crea una inquietud. En silencio, la ficción de la familiaridad se rompe.

Si un visitante llega a tu casa y tú no dices nada, simplemente te sientas en silencio, se pondrá furioso, se enfadará mucho. Si te quedas sentado, sólo mirándole, no le gustará nada. Dirá: "¿Qué estás haciendo? ¿Te pasa algo? ¡Di algo! ¿Te has quedado mudo? ¿Por qué te quedas callado? ¡Habla!".

Hablar es una manera de rehuir, de rehuir el hecho de que somos desconocidos el uno para el otro. Cuando alguien empieza a hablar, todo está bien. Es por eso que te sientes un poco incómodo con los extranjeros, porque no pueden hablar la misma lengua.

Si tienes que estar con un extranjero en la misma habitación y no puedes entenderte con él, te va a resultar muy difícil. El te recordará continuamente que "Somos extraños". Y cuando tienes la sensación de que alguien es un extraño, de inmediato sientes peligro. ¿Quién sabe lo que hará? ¿Quién sabe si de repente va a saltarte encima en medio de la noche y te va a cortar el cuello? ¡Es un extraño!

Es por ese motivo que los extranjeros siempre resultan sospechosos. En realidad, no hay nada de qué sospechar, todo el mundo es extranjero en todas partes. Hasta en tu propia tierra eres un extranjero; sin embargo, allí la ilusión está establecida: hablas la misma lengua, crees en la misma religión, vas a la misma iglesia, crees en el mismo partido, crees en la misma bandera, familiaridad. Por lo tanto, crees que se conocen unos a otros. Estos son sólo trucos.

Jesús dice: "El Hijo del hombre no tiene hogar".

Jesús usa dos palabras una y otra vez para referirse a sí mismo: algunas veces usa "el hijo de Dios" y otras, "el hijo del hombre". Usa "el hijo de Dios" más raramente; "el hijo del hombre", con más frecuencia. Esto ha constituido un problema para la teología Cristiana. Si él es el hijo de Dios, ¿por qué dice "el hijo del hombre"?

Aquellos que están en contra de Cristo, dicen: "Si es el hijo del hombre, ¿por qué insiste en que también es el hijo de Dios? No puedes ser ambos. Si eres el hijo del hombre, todo el mundo es hijo del hombre. Pero si eres el hijo de Dios, ¿por qué usar la otra expresión?".

Pero Jesús insiste en ambas, porque es ambos. Y yo te digo, todo el mundo es ambos. Por un lado, hijo del hombre; por otro lado, hijo de Dios. Naces del hombre, pero no naces sólo para ser hombre. Naces del hombre, pero naces para ser un dios.

La humanidad es tu forma; la divinidad es tu ser. La humanidad son tus ropas; la divinidad es tu alma. Jesús usa ambas expresiones. Siempre que dice: "hijo del hombre", quiere decir "Estoy unido a ti. Soy igual que tú y más. Soy tal como tú y más". Para indicar ese más, a veces dice "el hijo de Dios". Pero raramente lo usa, rara vez, porque muy poca gente podrá entenderlo.

Cuando dice "el hijo del hombre", no está diciendo algo sólo acerca de sí mismo. Observa esta frase: está diciendo algo acerca de todos los hombres, que el hombre esencial no tiene hogar. Si crees que tienes raíces, si crees que tienes un hogar, estás por debajo de lo humano, puede que pertenezcas a los animales.

Los zorros tienen madrigueras, los pájaros tienen nidos... mas el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar su cabeza.

Si crees que tienes raíces, y que este mundo es tu hogar, debes estar viviendo por debajo de lo humano, porque cualquiera que es realmente humano inmediatamente se da cuenta de que ésta no puede ser la vida. Puede ser una transición, un viaje, pero ésta no puede ser la meta. Y la búsqueda comienza cuando sientes que no tienes un hogar en este mundo.

sábado, 21 de abril de 2018

EL ESCEPTICISMO


Cuando Jesùs dijo: “Ven, sìgueme”, fue exactamente lo que dice: "Ven, sígueme".

¿Hay profundo escepticismo dentro de ti? Esa es la pregunta que hay que formular. En todo el mundo predomina un profundo escepticismo; ¿quién eres tú para preocuparte por todo el mundo? Esta es una manera de rehuir el problema real. El escepticismo está en lo profundo de ti, en tu interior: el gusanillo de la duda está ahí en tu corazón, pero lo proyectas; lo ves en la pantalla del mundo entero.

"El mundo es escéptico ¿cuál es la salida?". Ahora estás trasladando el problema. Mira dentro de ti mismo. Si hay duda, entonces descúbrela. Así podrás hacer algo. El mundo no te escuchará, y no es necesario que lo haga, pues si están felices con su escepticismo, tienen derecho a estar felices con su escepticismo. ¿Quién eres tú?

Nunca trates de pensar como un misionero: éstos son la gente más peligrosa. Siempre quieren salvar al mundo; y si el mundo no quiere ser salvado, aún así lo intentan. Dicen: "Aunque no te guste, nosotros te salvaremos".

Pero, ¿por qué molestarse? Si alguien es feliz comiendo, bebiendo, disfrutando de la vida y no está en forma alguna interesado en Dios, ¿para qué forzarle? ¿Quién eres tú? Deja que llegue a su propia comprensión. Algún día ocurrirá.

Pero la gente está muy preocupada: ¿cómo salvar a los demás? ¡Sálvate a ti mismo! Si puedes, sálvate a ti mismo porque ésa es también una tarea difícil, casi imposible.

Este es un truco de la mente: el problema está adentro y lo proyecta hacia afuera. Entonces, dejas de preocuparte por ello, no te preocupas de tu propia angustia. Así, te interesas por el mundo entero, y de esta manera puedes postergar tu propia transformación.

Insisto una y otra vez en que deberías interesarte por ti mismo. No estoy aquí para entrenar misioneros. Los misioneros son la gente más dañina. Nunca seas un misionero; es un trabajo muy sucio. No trates de cambiar a nadie. Sólo cámbiate a ti mismo.

Y sucede. Cuando tú cambias, muchos vienen a compartir tu luz contigo. Comparte, pero no trates de salvar. Muchos se salvarán de esta manera. Si tratas de salvarlos, puede que les hundas antes de lo que se hubiesen hundido ellos por sí solos.

No trates de imponer a Dios sobre nadie. Si dudan, está perfectamente bien. Si Dios les permite que duden, debe haber alguna razón en ello. Lo necesitan: ése es su entrenamiento; todo el mundo tiene que pasar por eso.

El mundo siempre ha sido escéptico. ¿Cuánta gente estuvo cerca de Buda? No todo el mundo. ¿Cuánta gente estuvo cerca de Jesús? No todo el mundo, sólo una pequeña minoría: puedes contarles con los dedos. Estas cosas nunca le importaron a todo el mundo.

Y nadie tiene autoridad para forzar nada sobre nadie. ¡Ni siquiera sobre tu propio hijo! ¡Ni siquiera sobre tu propia esposa! Guarda para ti mismo lo que tú crees que es la meta de tu vida. Nunca la fuerces sobre nadie. Eso es violencia, violencia absoluta.

Si quieres meditar, medita. Pero esto es un problema; si el marido quiere meditar, trata de forzar a su esposa también. Si la esposa no quiere meditar, ella fuerza al marido a no hacerlo. ¿No pueden acaso dejar a la gente con sus propias almas? ¿No les pueden permitir que sigan su propio camino?

Esto es lo que yo llamo actitud religiosa: permitir la libertad. Un hombre religioso siempre dejará en libertad a los demás. Aunque quieras ser un ateo, un creyente te lo va a permitir. Ese es tu camino, perfectamente adecuado para ti. Atraviesas ese camino: todos los que han llegado a Dios han llegado a través del ateísmo. El desierto del ateísmo debe ser cruzado: forma parte del crecimiento.

El mundo siempre permanecerá escéptico. Sólo unos pocos llegan a confiar. Date prisa, para que tú puedas llegar a confiar.




sábado, 14 de abril de 2018

VIVIR AHORA


Hubo una vez un hombre que poseía una gran laguna. Un pequeño nenúfar estaba creciendo en ella. El hombre estaba muy contento; siempre le habían gustado las flores blancas de los nenúfares. Pero después se empezó a preocupar, pues la planta doblaba en tamaño todos los días; tarde o temprano cubriría todo el estanque. Tenía truchas en el estanque, y le encantaba comer esas truchas. Cuando el estanque estuviera cubierto por los nenúfares, toda vida desparecería de él, incluso las truchas.

No quería cortar las plantas ni quería que las truchas desaparecieran: estaba en un dilema. Fue a ver a un experto. El experto calculó y dijo: "No te preocupes. El nenúfar tardará mil días en cubrir todo el estanque. La planta es muy pequeña y el estanque es muy grande; por lo tanto, no hay de qué preocuparse". El experto sugirió entonces una solución que parecía totalmente acertada. Dijo: "Espera; corta la planta cuando la mitad del estanque esté cubierto por los nenúfares. Mantenlo siempre medio cubierto, para que puedas disfrutar de las flores blancas y tus truchas no estén en peligro. Mitad y mitad: la mitad del estanque para los nenúfares, la mitad para las truchas".

La solución parecía totalmente correcta, y mil días parecía un lapso de tiempo suficiente, así que no había motivo para preocuparse. El hombre se relajó. Dijo: "Cuando el estanque esté medio cubierto, entonces cortaré los nenúfares".

La mitad del estanque quedó cubierta, pero esto ocurrió en el día novecientos noventa y nueve. Normalmente, podría haberse pensado que iba a estar medio cubierto a los quinientos días, pero no fue así, la planta solía doblarse en tamaño todos los días; así que la mitad del estanque estaría cubierta en el día novecientos noventa y nueve, y sólo quedaría un día. Pero entonces no habría tiempo suficiente para cortar la planta o mantenerla en la mitad.

Y sucedió. En el día novecientos noventa y nueve la mitad del estanque estuvo cubierto, y el hombre que no se sentía muy bien, porque estaba algo enfermo, dijo: "No hay prisa. He esperado novecientos noventa y nueve, días y no hubo problema. Ahora sólo se trata de un día más. En un día más lo haré".

A la mañana siguiente todo el estanque estaba cubierto, y todas las truchas estaban muertas.

Este es el enigma de la vida. Es un dilema: uno tiene que elegir. Si sigues acumulando cosas y posesiones, la planta duplica su tamaño en el estanque. Todos los días tus cosas aumentan y tu vida se sofoca. La vida parece demasiado larga, setenta años, ochenta años. No hay prisa. La gente piensa: "Cambiaré cuando llegue a la mitad".

La gente siempre deja la religión para cuando son viejos. La gente dice una y otra vez que la religión es para los viejos. Ve a las iglesias, a los templos, y encontrarás gente vieja, a punto de morirse. Tienen un pie en la tumba: el día novecientos noventa y nueve. A la mañana siguiente la vida va a estar sofocada. Entonces empiezan a rezar, entonces empiezan a meditar, entonces empiezan a reflexionar en lo que es la vida ¿cuál es el significado de la existencia? Pero ya es demasiado tarde.

La religión requiere de una profunda urgencia. Si la postergas, nunca llegarás a ser religioso. Es algo que debe hacerse ahora mismo. En este momento ya es tarde, ya has perdido demasiado tiempo y lo has perdido en cosas fútiles, lo has perdido en cosas que te van a ser arrebatadas.

Por todas estas cosas tendrás que pagar con la vida. Pierdes tu vida por todo lo que posees. No es barato, es muy costoso. Llega el día en que ya tienes muchas posesiones, pero tú ya no estás ahí. Las cosas están allí; el dueño, muerto. Grandes montones de cosas... pero el que quería vivir con ellas ya no está.

La gente se prepara y se prepara para la vida y mueren antes de que su preparación se complete. La gente se prepara y nunca vive. Ser religioso es vivir la vida, no prepararse para ella. Estás haciendo una cosa muy absurda: tus ensayos siguen y siguen, y el verdadero drama nunca empieza.

He oído acerca de una pequeña compañía dramática. Estaban ensayando. La obra se postergaba todos los días, pues los ensayos nunca se completaban. Un día la heroína no se presentaba, otro día otro actor no estaba, un día otra cosa ocurrió, falló la electricidad o algo así y se siguió postergando. Pero el Director estaba al menos satisfecho respecto a una cosa: el héroe de la pieza teatral siempre había estado presente, nunca había faltado.

Felicitó al héroe el último día de los ensayos. Le dijo: "Eres la única persona en la que puedo confiar. Todos los demás no son confiables. Eres el único que nunca ha faltado. Verano o invierno, calor o frío, siempre has estado aquí". ,

El héroe respondió: "Quisiera decirle algo. Me voy a casar el día del estreno de la obra, así que pensé que al menos asistiría a los ensayos. No estaré aquí ese día, es por eso que nunca he faltado".

Para que lo sepas: cuando la obra vaya a estrenarse, no estarás aquí. Sólo los ensayos; preparación y más preparación.

Poseer cosas es simplemente la preparación para la vida, arreglar las cosas para poder vivir. Pero para vivir, no hay que arreglar nada; ya todo está dispuesto.

Todo está absolutamente dispuesto; sólo hace falta que tú participes. No falta nada. Esto es lo que yo llamo actitud religiosa: esta urgencia de que tienes que vivir ahora, que no hay otra manera de vivir. La única manera de vivir y de ser es ahora, y aquí se encuentra el único hogar. Allí y entonces son ilusiones, espejismos... Cuidado con ellos.

sábado, 7 de abril de 2018

FORASTEROS EN LA TIERRA


Dice el evangelio:
“Y ocurrió que, mientras iban en camino, cierto hombre le dijo: Señor, te seguiré a donde quiera que vayas”.

Cuando te cruzas con un hombre como Jesús o Buda, algo explota de improviso. Tienen un magnetismo, una presencia, que te atrae, que te rodea, que te invoca, que te invita, que se transforma en una profunda llamada en el corazón de los corazones. Simplemente, te olvidas de ti mismo, olvidas tu forma de vida. En presencia de un Jesús, estás casi ausente. Su presencia es tan potente que por un momento te quedas deslumbrado, por un momento no sabes lo que estás diciendo, por un momento pronuncias cosas que nunca quisiste decir, como si estuvieras hipnotizado.

Es una hipnosis. No es que Jesús te esté hipnotizando, su misma presencia se transforma en una concentración de tu ser. Se convierte en una atracción tan profunda que el mundo entero queda olvidado. Ibas a algún sitio a hacer algo, pero lo has olvidado. Venías de alguna parte, pero lo has olvidado. Repentinamente, en su presencia, el pasado y el futuro desaparecen. De pronto te encuentras aquí y ahora, y un mundo diferente se abre: se revela una nueva dimensión.

Este hombre no sabìa lo que estaba diciendo. Fue un impulso del momento. Al cabo de un rato se arrepentirá, al cabo de un rato empezará a mirar atrás, después de un rato empezará a reflexionar acerca de lo que ha hecho.

Este hombre: el evangelio no menciona su nombre, a propósito. Simplemente dice: cierto hombre, porque no se refiere a un hombre en particular. No se trata de un hombre en particular: cierto hombre. Cada hombre está implicado en ello.

Mucha gente se encontrará con Jesús en el camino, y es siempre en camino. Eso también debe ser entendido.

Jesús siempre se está moviendo. Ese es el significado: que siempre está en camino. No es que se esté moviendo continuamente, que nunca descanse; el significado de “en camino” es que Jesús es un río. Puede que lo sepas o puede que no lo sepas, pero el río está fluyendo. El río es un flujo; imaginarse un río que no fluye es imposible, porque no será un río. Un Jesús es un flujo, un torrente tremendo. Siempre está en camino, siempre se está moviendo.

Tú viniste a mí ayer, pero yo ya no estoy allí. Esa tierra ya se ha perdido en el pasado, esas riberas ya no están en ninguna parte. Puede que las lleves en tu memoria, pero el río se ha movido. Y si llevas el pasado en tu memoria, no te será posible ver al río; dónde exactamente está ahora, en este momento.

“Y ocurrió que, mientras iban en camino..”. Jesús es un vagabundo, porque una vez que tu consciencia se ha liberado, cuando tu consciencia ha entrado en lo eterno, va a ser un eterno vagabundeo. Entonces tu hogar es lo absoluto; el hogar ya no está en ningún lugar.

Entonces estarás fluyendo todo el tiempo. Nunca habrá un momento de erudición; sólo sabrás y sabrás y sabrás. Este proceso nunca se completará, porque una vez que el saber está completo, está muerto. Estarás aprendiendo, pero nunca llegarás a ser un erudito. Siempre estarás vacío.

Es por ese motivo que un hombre como Jesús es tan humilde. Jesús dice: "Bienaventurados son los pobres de espíritu". ¿A qué se refiere con "pobres de espíritu"? Se refiere exactamente a lo que estoy diciendo: la gente que no se vuelve erudita, es porque el conocimiento es la riqueza del espíritu. Acumulas cosas en el exterior, alrededor del cuerpo; y acumulas conocimiento en tu interior, alrededor de alma.

Un hombre puede ser pobre respecto a las cosas y puede ser rico en lo que se refiere al conocimiento. Jesús dice que sólo ser pobre en el cuerpo no basta: ésa no es gran cosa, ésa no es auténtica pobreza.

Auténtica pobreza es no acumular cosas dentro, no llegar al punto en que declares: "¡Yo sé!". Siempre estás conociendo, sigues siendo un proceso, siempre en el camino.

Muchas veces nos encontraremos con la expresión: "Jesús en el camino". Èl es un vagabundo, pero este vagabundeo es una indicación de su fluir más interno. Es dinámico, no es estático. No es como una piedra; es como una flor: siempre floreciendo. Un movimiento, no un acontecimiento.

“Cierto hombre…”: ése puedes ser tú, puede ser cualquiera. No tiene nombre. Es bueno que el evangelio no haya mencionado un nombre. Ha sido hecho a sabiendas: si mencionas un nombre, la gente cree que lo dicho se refiere a ese hombre. No, simplemente se refiere a la mente humana: cualquier hombre es totalmente representativo.

Cuando te cruzas con Jesús, cuando te encuentras con él, sientes de pronto algo de lo divino. Cuando te separes de Jesús, puede que empieces a pensar si este hombre era o no era un dios; pero en su presencia, él es tanto, es tan poderoso en su pobreza interna, su humildad tiene tal gloria... Su pobreza es un reino; está entronado. Está en lo más alto de la consciencia. De pronto te rodea, te cubre, te envuelve desde todas partes, como una nube. En ella, te olvidas de ti mismo.

“Señor”: ésa es la única expresión que puede utilizarse para Jesús. “Señor, te seguiré a donde quiera que vayas”. Y en ese momento de despertar, en ese momento de regocijo, en ese momento de intensidad, dices algo de lo que quizás no estés consciente.

Ese hombre dijo: Señor, te seguiré. No sabe lo que está diciendo. Seguir a Jesús es muy arduo, porque seguir a Jesús significa llegar a ser un Jesús. No hay otra forma de seguirle. Significa arriesgarlo todo por nada. Arriesgas todo por nada; arriesgas tu vida por la muerte. La resurrección puede llegar o no llegar ¿quién sabe? Nunca puedes estar seguro respecto a eso, y no se puede dar ninguna garantía. Es sólo una esperanza: sacrificar todo lo que tienes, sólo por una esperanza.

El hombre no está en sus cabales ¿qué está diciendo? Está intoxicado por Jesús, ha bebido demasiado de su presencia. No tiene la cabeza en su sitio, no tiene sentido común. De vuelta a casa pensará: "¿Qué pasó? ¿Por qué dije esto? ¿Es un brujo este hombre, es un hipnotizador, un mago? Me embaucó: casi fui engañado. ¿Qué es lo que he dicho?".

No, Jesús no es un brujo ni es un magnetizador. No es un mago, no es un hipnotizador; pero su presencia te vuelves poético. En su presencia, algo alcanza una cima en ti, y dices algo que proviene del centro más interno de tu ser. Hasta tu fachada, tu periferia, se sorprende.

“Te seguiré a donde quiera que vayas”. ¡Qué compromiso! hecho en un momento de éxtasis. Puedes arrepentirte de ello para siempre, pero esto sucede.

Jesús lo sabe bien:
“Y Jesús le dijo: Los zorros tienen madrigueras...” Jesús está diciendo: "Pobre hombre, piénsalo de nuevo. ¿Qué estás diciendo? No te entregues tan profundamente, no te comprometas conmigo. Observa, espera, piensa, medita y entonces vuelve a mí".

“Los zorros tienen madrigueras, y las aves del cielo, nidos; mas el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar su cabeza.”

¿A quién vas a seguir? Hasta los zorros tienen madrigueras, si sigues a un zorro, por lo menos tendrás una madriguera en donde apoyar tu cabeza. Hasta los pájaros del cielo tienen nidos, màs el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar su cabeza. Los más grandes, los más elevados, los más sublimes, no tienen hogar.

Esto tiene que ser entendido, éste es uno de los dichos más penetrantes. Es muy significativo. Observa:

Árboles, animales, pájaros: todos ellos tienen raíces profundas en la naturaleza. Sólo el hombre no tiene raíces. Los pájaros no necesitan familias, pueden sobrevivir sin ellas la naturaleza les protege. Los árboles no necesitan a nadie; aunque no hubiera nadie cerca, los árboles estarían allí floreciendo. La misma naturaleza protege; tienen un hogar.

Pero piensa en un niño pequeño, un niño humano. Si la familia no está allí para cuidarle, ¿puedes imaginarte cómo va a sobrevivir? Se moriría. Sin la sociedad, sin la familia, sin el hogar artificial, no le sería posible sobrevivir.

En esta tierra, sólo el hombre es forastero, todos los demás están integrados.

De allí la religión. La religión no es otra cosa que la búsqueda de un hogar. Esta tierra no parece ser un hogar. Si lo piensas, te sentirás un extraño aquí. Tarde o temprano serás expulsado, esta vida es momentánea. No te sientes bienvenido; tienes que abrirte paso con esfuerzo.

Los árboles son bienvenidos: la tierra parece ser feliz con ellos. La tierra da, comparte. Los pájaros cantan, como si la tierra cantase a través de ellos. Fíjate en los animales, tan vivos y vitales. Sólo el hombre parece ser un intruso, como si viniera de alguna otra parte.

Esta tierra puede ser una residencia temporal, pero no es un hogar. Quizás estamos aquí por un tiempo; pero no es un hogar. Por la mañana nos tenemos que ir.

Los dichos de Jesús tienen muchos significados, y me gustaría que entraras en todos ellos.

Uno: el hombre no tiene raíces. Puesto que no tiene raíces, siempre está buscando: ¿dónde encontrar un hogar? Dios no es otra cosa que la búsqueda de un hogar donde nos podamos sentir a gusto y relajados, donde podamos sentir que no hay necesidad de luchar. Donde seamos aceptados, y no sólo aceptados: bienvenidos.

No es necesario abrirse paso con esfuerzo. Puedes ser lo que eres y descansar. Sabes que el amor continuará fluyendo, que la vida continuará fluyendo. No hay miedo al castigo ni anhelo por ningún premio. Estás en tu casa; no eres un extraño en tierra extranjera.

Esta es la búsqueda de la religión. Es por ese motivo que los animales no tienen religión. Las aves no tienen religión: ellas hacen nidos, pero no hacen templos. De otro modo, no les sería difícil hacer templos: podrían hacer un gran nido y reunirse todas, a cantar juntas y a rezar. Pero ellas no rezan; no necesitan hacerlo.

El hombre es el único animal que hace templos, iglesias, mezquitas. La oración es un fenómeno muy extraño. Imagínalo: si alguien llegara de otro planeta y observara a la humanidad...si no existe algo similar a la religión en su planeta, se dirìa: ¿Qué están haciendo? ¿Sentados solos? ¿Mirando al cielo? ¿Hablando solos? ¿A quién? ¿Qué están diciendo?

Y si viene un día determinado, como por ejemplo, en una fiesta religiosa de los Mahometanos, los Cristianos o los Hindúes... Por todas partes de la tierra, millones de Mahometanos rezando, no hablando unos con otros, sino que hablándole al cielo. Simplemente pensará que algo anda mal: "La humanidad se ha vuelto loca, qué es lo que está pasando? ¿Qué son estos gestos que hace esta gente, por qué están gesticulando? ¿A quién le están hablando, a quién llaman "Alá"? ¿A quién le hacen reverencias? parece no haber nadie allí.”

Dios no es visible, Dios está en alguna parte de la mente del hombre. La oración es un monólogo; no es un diálogo. Un hombre de otro planeta pensaría que algo ha ido mal en el sistema nervioso de la humanidad. Pensaría que es una falla de los nervios: millones de personas gesticulándole a nadie, hablándole al cielo, mirando al cielo y gritando: "¡Alá! ¡Alá!". Algo debe andar mal: la humanidad entera parece haber enloquecido.

No comprenderá de qué se trata la oración, porque la oración es absolutamente humana. Es lo único que sólo el hombre hace; todas las demás cosas también las hacen los animales. Buscar alimento: también lo hacen. Cantan, bailan, se comunican, están tristes, están felices ¿pero la oración? Eso no es existencial.


sábado, 31 de marzo de 2018

LA POESÌA DE LOS EVANGELIOS


En política, en ciencia, en economía, en historia, las palabras debieran ser lineales, unidimensionales. Pero si todo el lenguaje se vuelve unidimensional, la religión se resentirá mucho, la poesía se resentirá mucho, el romance se resentirá mucho. En poesía, la palabra debiera ser multidimensional, debiera significar muchas cosas, de modo que la poesía tenga profundidad y puedas seguir y seguir.

Esa es la belleza de los viejos libros. Puedes leer el Gita todos los días, puedes leer los evangelios todos los días, y cada vez puedes encontrarte con un significado nuevo y fresco. Puede que hayas leído el mismo párrafo mil veces, y nunca antes se te había ocurrido que éste podía ser el significado. Pero esta mañana ocurrió, estabas en un estado de ánimo diferente. Estabas contento, fluido: surgió un nuevo significado. En otra ocasión, no estás tan contento ni tan fluido, y el significado cambia. El sentido cambia dependiendo de ti, según tu estado de ánimo y clima.

Llevas un clima interno que varía constantemente, tal como el clima externo. ¿Lo has observado? A veces estás triste y miras a la luna y la luna parece triste, muy triste. Estás triste, y una fragancia te llega desde el jardín, y parece muy triste. Miras las flores: más que hacerte feliz, te ponen melancólico.

Y entonces, en otro momento, estás feliz, vivo, fluido, sonriente: la misma fragancia llega y te rodea, baila a tu alrededor y te hace tremendamente feliz. La misma flor... y cuando la ves abrirse, algo también se abre en ti. La misma luna, y no puedes creer cuánto silencio y cuánta belleza desciende sobre ti.

Hay una profunda participación: se transforman en compañeros en un profundo misterio. Pero depende de ti. La luna es la misma, la flor es la misma: depende de ti.

Las viejas lenguas son muy fluidas. En Sánscrito hay palabras... una palabra puede tener doce significados. Puedes jugar con ella., y te revelará muchas cosas. Cambiará junto contigo, siempre se ajustará a ti. Es por ese motivo que las grandes obras de la literatura clásica son eternas. Nunca se agotan.

Pero el periódico de hoy no tendrá valor mañana, porque su significado no tiene vitalidad. Simplemente, dice lo que dice; no hay nada más en él. Parecerás un tonto si lo lees mañana. Es prosa común; te da información, pero no tiene profundidad, es plana.

Dos mil años han pasado desde que habló Jesús, y sus palabras están tan vivas y frescas como nunca. Nunca van a envejecer. No envejecen, permanecen frescas y jóvenes. ¿Cuál es su secreto?

El secreto consiste en que significan tantas cosas que siempre puedes encontrar una nueva puerta en ellas. No es un departamento de un solo cuarto. Jesús dice: "La casa de mi Dios tiene muchas mansiones". Hay muchas puertas, y siempre hay nuevos tesoros por ser revelados, por ser descubiertos. Nunca te encuentras de nuevo con el mismo paisaje. Tiene una cierta infinidad.

Es mucho lo que se ha perdido al traducir la Biblia del Hebreo al inglés. Al traducir el Gita a las lenguas modernas, es mucho lo que se ha perdido. Al traducir el Corán, toda la belleza se ha perdido, porque el Corán es poesía. Es algo que deberías cantar, es algo con lo cual deberías bailar. No es prosa. La prosa no es el estilo de la religión; la poesía lo es.

Recuerda esto siempre, y no te limites. Jesús es vasto, y la Biblia inglesa es muy pequeña. Puedo entender lo reacios que son algunos viejos autores respecto a que sus libros se traduzcan. Esto tiene una profunda significación.

Puedes traducir prosa; no hay problema. Puede que resulte difícil traducir a cualquier lengua un libro sobre la teoría de la relatividad, pero la dificultad no es la misma que existe con la Biblia, el Gita o el Corán. Puede ser traducido, nada se perderá; no tiene poesía.

Pero cuando traduces poesía, es mucho lo que se pierde, porque cada lengua tiene su propio ritmo, cada lengua tiene sus propias formas de expresión. Cada lengua tiene su propio compás y música; no puede ser traducida a otra lengua. Se perderá esa música, se perderá ese ritmo. Tendrás que reemplazarlas por otro ritmo y otra música.

Por lo tanto, es posible: la poesía corriente se puede traducir. Pero cuando la poesía es realmente extraordinaria, de otro mundo... cuanto más grande y profunda es, más difícil resulta casi imposible.

Yo trato a Jesús como a un poeta. Y lo es. Van Gogh ha dicho respecto a él que es el artista más grandioso que haya pisado la tierra. Y lo es. Habla con parábolas y con poesía, y quiere decir muchas más cosas de lo que sus palabras pueden expresar. Permíteme que te transmita la sensación de esa infinidad de significados.

La poesía no es tan clara, no puede serlo. Es un misterio. Es muy temprano por la mañana; por todas partes ves una bruma, fresca, acaba de nacer. Pero hay nubes, no puedes ver muy lejos. No hay necesidad; la poesía no es para lo lejano. Te da una percepción para mirar lo cercano, lo próximo y lo íntimo.

La ciencia investiga e investiga lo lejano; la poesía sigue revelando, de una nueva manera, lo íntimo, lo cercano, aquello que siempre has conocido, aquello que es familiar: el mismo sendero que has estado pisando toda tu vida. La poesía revela el mismo sendero, pero con un nuevo matiz, un nuevo color, una nueva luz. Eres repentinamente transportado a un nuevo plano.

Trato a Jesús como a un poeta. Y esto ha sido muy malinterpretado. La gente le sigue tratando como a un científico. Están locos si le tratan como a un científico. Entonces parecerá absurdo; todo el asunto parecerá milagroso. Si en esas condiciones quieres creer en él, tienes que ser muy supersticioso. O tienes que deshacerte de él completamente: el bebé junto con el agua del baño.

Èl es tan absurdo. Puedes creer en Èl, pero tienes que creer muy ciegamente. Esa creencia no puede ser natural, espontánea. Tienes que forzarla. Tienes que creer por creer, y tienes que forzarte a ti mismo. O bien, tienes que alejarte completamente. Ambas actitudes son erróneas. Debieras amar a Jesús, no creer en él. No hay necesidad de pensar en pro o en contra de él.

¿Has observado?, nunca piensas en pro o en contra de Shakespeare. ¿Por qué? Nunca piensas en pro o en contra de Kalidas. ¿Por qué? Nunca piensas en pro o en contra de Rabindranath. ¿Por qué? Porque sabes que son poetas. Disfrutas con ellos, no estás ni en pro ni en contra.

Pero con Jesús, Krishna, Buda, piensas en pro o en contra, porque crees que están polemizando. Déjame decirte esto: no están argumentando. No tienen tesis que probar, no tienen dogma. Son grandes poetas: más grandes que Rabindranath, más grandes que Shakespeare, más grandes que Kalidas, porque lo que les ha ocurrido a Rabindranath, Kalidas y Shakespeare es sólo un vislumbre. Lo que les ha pasado a Jesús, a Krishna, a Buda, es una comprensión.

Lo que para un poeta es un vislumbre, para un místico es una realidad. Ellos han visto. No sólo visto, han tocado. No sólo tocado, han vivido. Es una experiencia vivida.

Siempre considéralos como grandes artistas. Un pintor simplemente pinta un cuadro; un poeta simplemente escribe un poema... un Jesús crea un ser humano. Un poeta cambia un lienzo: era llano, corriente, pero su toque lo hace precioso.

Pero, ¿no puedes acaso ver que Jesús toca a gente muy corriente, un pescador, Simón llamado Pedro, a él le toca, y por su mero contacto este hombre es transformado en un gran apóstol, un gran ser humano? Surge una cima, se abre una profundidad. Este hombre ya no es corriente. Era sólo un pescador que arrojaba su red al mar; y hubiera hecho esto toda su vida, quizás por muchas vidas, y nunca hubiera pensado, imaginado, soñado, lo que Jesús transformó en realidad.

En la India, tenemos un mito acerca de una piedra llamada paras. La piedra paras es alquímica. Tocas hierro con la paras y se convierte en oro. Jesús es un paras. Toca metal corriente, e inmediatamente el metal es transformado: se convierte en oro. Transforma seres humanos corrientes en deidades, y no ves el arte en ello. No es posible concebir arte más grande.

Para mí, los evangelios son poéticos. Si hablo de nuevo acerca del mismo evangelio, no diré lo mismo, recuerda. No sé en qué estado de ánimo, en qué clima, estaré entonces. No sé por qué puerta entraré entonces. Y la casa de mi Dios tiene muchas mansiones. No es finita.

sábado, 24 de marzo de 2018

JUDAS


Cuando plantas un jardín, también brotan malezas. Las malezas también forman parte. Cuando un Jesús llega, habrá también un judas, porque todo el asunto es tan tremendamente significativo que necesariamente alguien lo traicionará. Tiene tanta altura que alguien se sentirá necesariamente muy herido por ello: el ego.

Judas sufrió mucho daño. Y no era un mal hombre, recuérdalo. De hecho, era el único entre todos los discípulos de Jesús que era educado, cultivado, que pertenecía a una sociedad y a una familia sofisticada. Era, naturalmente, el más egoísta. Los otros eran sólo pescadores, granjeros, carpinteros, gente así, gente corriente, del estrato más corriente de la sociedad. Judas era especial. Y siempre hay conflicto cuando alguien se siente especial. El quería guiar hasta a Jesús. Lo intentó muchas veces. Y si le escuchas, existe la posibilidad de que Judas te convenza más que Jesús.

Sucedió: Jesús llegó a visitar la casa de María Magdalena. María estaba profundamente enamorada. Derramó un perfume precioso, muy precioso, en sus pies, toda la botella. Era un perfume muy escaso: se podría haber vendido.

Judas objetó de inmediato. Dijo: "Deberías prohibir a la gente que hiciera tales tonterías. Todo se ha desperdiciado, y en la ciudad hay gente pobre, que no tiene nada que comer. Podríamos haber distribuido el dinero entre la gente pobre".

Parece un socialista, un precursor de Marx. Mao, Lenin, Trotsky: todos ellos estarían de acuerdo con él.

¿Qué es lo que dijo Jesús? Dijo: “…no te preocupes por esto. El pobre y el hambriento siempre estarán aquí, pero yo me habré ido. Puedes servirles siempre y siempre no hay prisa pero yo me habré marchado. Mira el amor, no el valioso perfume. Mira el amor de María, su corazón”.

¿Con quién estarás de acuerdo? Jesús parece ser muy burgués, y Judas parece ser perfectamente económico. Judas está hablando acerca de los pobres, y Jesús simplemente dice: "Está bien. Yo me iré pronto, así que permite que ella me dé la bienvenida como quiera. Permite que su corazón haga todo lo que desee, y no pongas tu filosofía entremedio. La gente pobre siempre estará ahí; yo no estaré aquí para siempre. Sólo estoy aquí por un breve lapso de tiempo".

Normalmente, tu mente estará de acuerdo con Judas. Parece tener toda la razón. Era un hombre cultivado, de modales pulcros, sofisticado, un pensador.

Y traicionó. Sólo él podía traicionar, porque su ego fue herido a cada paso. Siempre se sintió superior a todos los otros discípulos de Jesús. Siempre se mantuvo aparte, no se mezcló con la multitud. Siempre pensó que él no formaba parte de la multitud. A lo más era un segundo, sólo después de Jesús y eso también, de mala gana. En el fondo, debió creer que él era el primero. No podía decirlo, pero estaba en su corazón.

El fue terriblemente dañado. Jesús estaba dañando continuamente sus egos. Un Maestro tiene que hacerlo, porque si un Maestro mima los egos, no será de ninguna ayuda, lo envenenará todo. Entonces puedes suicidarte a través de él, pero no podrás resucitar.

Judas fue el más dañado, porque era el más egoísta. Y Jesús tenía que herirle más. El tomó venganza. Y era un buen hombre; no hay duda de eso. Ese es el problema con la gente buena.

Vendió a Jesús por treinta rupias. Estaba tan preocupado por el perfume y lo que costaba ¡fíjate en su mente! y vendió a Jesús por treinta rupias, treinta piezas de plata. Jesús ni siquiera era tan costoso.

Pero después, cuando Jesús fue asesinado, crucificado, empezó a sentirse culpable. Así es como funciona un buen hombre. Empezó a sentirse muy culpable, su conciencia empezó a remorderle. Se suicidó. El era un buen hombre, tenía conciencia moral. Pero no tenía consciencia (*)
(*) En español no parecen existir palabras diferentes para los conceptos de "consciousness" (aludiendo a lo nuclear del ser humano, al testigo que hay en todos nosotros), y “conscience" (los códigos de conducta implantados por la sociedad, reflejados en nuestra conciencia moral). Por tanto, "consciousness" se traducirá como consciencia, y "conscience", como "consciencia moral" o sólo como "conciencia" (Nota del Traductor).

Esta distinción tiene que ser captada profundamente. La conciencia moral es prestada, dada por la sociedad; la consciencia es tu logro. La sociedad te enseña qué es lo que está bien y qué es lo que está mal; haz esto y no hagas aquello. Te da la ley, la moralidad, el código, las reglas del juego. Esa es tu conciencia moral. Fuera, el policía; dentro, la conciencia. Esa es la manera como la sociedad te controla.

Si vas a robar, el policía está fuera para impedírtelo. Pero puedes engañar al policía, puedes encontrar la forma. Por lo tanto, la sociedad ha implantado un electrodo, profundamente dentro de ti: la conciencia moral. Tu mano empieza a temblar, todo tu ser interno, sientes que tu ser interno está diciendo: "No hagas esto; es malo".

Es la sociedad hablando a través de ti. Es sólo la sociedad, implantada dentro de ti.

Judas tenía una conciencia, pero Jesús tenía consciencia. Esa fue la fisura. Un hombre de conciencia moral nunca puede entender al hombre de consciencia, porque el hombre de consciencia vive momento a momento, no tiene reglas que seguir.

Jesús estaba más interesado en el amor de la mujer, María. Era algo tan profundo que impedir su acto hubiera significado herir su amor; se hubiera encogido dentro de sí misma. Derramar el perfume a los pies de Jesús era sólo un gesto. Detrás de esto, María Magdalena estaba diciendo: "Me gustaría derramar el mundo entero a tus pies. Esto es todo lo que tengo: lo más precioso que poseo. Derramar agua no será suficiente; es algo demasiado barato. Esta es la cosa más preciosa que tengo; pero aún así, esto no es nada. Me gustaría derramar mi corazón, me gustaría derramar todo mi ser ......

Pero Judas estaba ciego a aquello. Era un hombre de conciencia: vio el perfume y dijo "Es muy costoso". Estaba completamente ciego a la mujer y a su corazón, a la expansión de consciencia que había en ese gesto. El perfume le pareció demasiado precioso, y el amor, era completamente desconocido para él.

El amor estaba ahí. Lo inmaterial estaba ahí, y también estaba allí lo material. Lo material es el perfume, lo inmaterial es el amor. Pero Judas no pudo ver lo inmaterial. Para eso, necesitas los ojos de la consciencia.

Un hombre de conciencia moral estará siempre en conflicto con un hombre de consciencia, porque el hombre de consciencia ve cosas que el hombre de conciencia no puede ver. Y el hombre de consciencia sigue su consciencia; no tiene reglas que deba seguir.

Siempre serás consistente si tienes reglas, porque las reglas están muertas. Con ellas, tú también estás muerto: eres predecible. Pero si tienes consciencia, eres impredecible. Uno nunca sabe.

sábado, 17 de marzo de 2018

LA MENTE HUMANA


Cuando al tercer día Jesús revivió, resucitó, trató de acercarse a sus discípulos varones. No le pudieron ver, porque para ellos, el hecho de que estaba muerto ya estaba establecido, y sólo ves las cosas que esperas ver. Si no esperas algo, no lo ves.

Tus ojos seleccionan mucho. Si estás esperando a un amigo, podrás verle hasta en una multitud. Pero si no le estás esperando, si le has olvidado completamente, estarás por un momento desconcertado cuando llegue y llame a tu puerta: ¿quién es esta persona?

Habían establecido el hecho de que Jesús estaba muerto; por lo tanto, cuando Jesús se cruzó en su camino, no pudieron reconocerle, no pudieron verle. Hasta se ha dicho que caminó varias millas con dos discípulos mientras ellos hablaban de la muerte de Jesús. Su muerte les hacía sentir muy desgraciados: ¡y Jesús estaba caminando con ellos, estaban hablando con él! Pero no pudieron reconocerle.

Jesús fue primero reconocido por María Magdalena, una prostituta. Ella fue corriendo a ver a los discípulos varones, que se encontraban en gran conferencia: ¿qué hacer? ¿cómo extender el mensaje al mundo entero? ¿cómo crear la iglesia? Mientras ellos planeaban el futuro, ella llegó corriendo y dijo:" ¿Qué están haciendo? ¡Jesús está vivo!".

Ellos se rieron. Le dijeron: "Mujer loca, has debido imaginártelo" la mente masculina siempre piensa que esas cosas son imaginaciones. Empezaron a hablarse unos a otros: "Esta pobre mujer, María Magdalena. Se ha vuelto loca. La crucifixión de Jesús ha sido tal conmoción para ella". Sintieron lástima por ella.

Ella insistió: "No sientan pena por mí. ¡Jesús ha resucitado!

Ellos se rieron y dijeron: "Lo entendemos. Necesitas descanso, estás demasiado conmovida por su muerte. Es tu imaginación".

Siempre ha habido gran cantidad de mujeres en torno a Buda, Krishna, Jesús, Mahavir. Fueron las primeras en llegar, fueron los primeros discípulos. Es natural.

Por lo tanto, no te sorprendas. Dos mil o dos millones de años... la mente humana siempre seguirá siendo la misma. La humanidad entera sigue siendo la misma; la revolución es individual. Puedes ser transformado como individuo. Entonces, trasciendes la multitud.

Sólo, la otra noche estaba leyendo una obra de Samuel Beckett: un pequeño libro, el más pequeño que puedas imaginar una obra breve. El nombre de la obra es Aliento. La duración de toda la obra es sólo de treinta segundos... treinta segundos. No hay ningún actor en ella, no hay diálogo. Sólo un escenario.

Sube el telón. Muchas cosas están por el suelo. Cachivaches, como si alguien hubiera salido con mucha prisa de la casa. Todo tipo de cosas se hallan revueltas, sin orden. Y desde atrás, se oye un suspiro de un niño pequeño, recién nacido. Entonces, después de treinta segundos, el jadeo de un anciano al morir. Eso es todo; pero esto es todo lo que la vida es. Treinta segundos: un suspiro y un jadeo. El primer esfuerzo para inhalar y el último esfuerzo para aferrarse al aliento... y todo se acaba.

La vida es corta: ni siguiera dura treinta segundos. Ùsala, ùsala como una oportunidad para crecer, úsala como una oportunidad para ser, y no te preocupes de otras cosas: el resto es porquería. Sólo esto es verdad: el suspiro y el jadeo, y todo lo demás es sólo porquería. Olvídate de ello ¿qué tienes tú que ver con eso?

No deberías preocuparte de que el mundo haya o no cambiado. El mundo es el mismo, tiene que ser el mismo. Sólo tú puedes ser diferente; el mundo nunca será diferente. Cuando te vuelves alerta, consciente, trasciendes el mundo.

sábado, 10 de marzo de 2018

LA INFELICIDAD


Sigo diciendo que sean felices, y cuanto más digo: "Sean felices", más conscientes se vuelven de su infelicidad. Si no les digo que sean felices, nunca alcanzarán la cima del dolor y la angustia.

Cuanto más me escuchen, más angustia verán surgir. Esa es la única manera de hacerles infelices, forzarles constantemente: ¡sean felices! No pueden serlo; por lo tanto, sienten la infelicidad a su alrededor. Incluso lo que solían creer que era felicidad: hasta eso desaparece, y se sienten absolutamente desesperados. Hasta la felicidad momentánea desaparece, y el desierto llega a ser total. Todas las esperanzas y todos los oasis desaparecen.

Pero ahí es donde el salto ocurre. Cuando eres realmente infeliz, totalmente infeliz, sin siquiera un rayo de esperanza, de pronto tiras por la borda toda la infelicidad. ¿Por qué? ¿porqué sucede esto? Sucede porque la infelicidad no se aferra a ti; tú te aferras a la infelicidad. Una vez que sientes su angustia en forma total, la tiras; no hay nadie más que la lleve por ti.

Pero nunca la has sentido tan intensamente; siempre te has mantenido a medio camino. Te sientes un poco desgraciado, pero siempre hay una esperanza para el futuro: "La felicidad vendrá mañana. Un pequeño desierto, pero el oasis está cerca". A través de esta esperanza, te mantienes.

La infelicidad permanece a través de tu esperanza. Todo mi esfuerzo consiste en matar la esperanza, en dejarte en una oscuridad tan total que ya no puedas permitir ningún otro sueño.

Una vez que esta intensidad alcanza los cien grados, te evaporas. Entonces ya no puedes aguantarla más; de pronto, como sea que la llames: infelicidad, ego, ignorancia, inconsciencia, o lo que tengas: como quieras llamarlo se derrumba.

Te contaré una historia.

Sucedió: Un granjero tenía un carnero con pedigrí. Era un hermoso animal; pero a veces se volvía loco, y el pastor que le cuidaba estaba muy preocupado. Siempre quería deshacerse de él, pero el granjero le tenía mucho aprecio.

Un día llegó a ser demasiado para el pastor, y entonces dijo: "Ahora elija: o el carnero o yo. Renuncio... o bien, este carnero se va. Es un animal loco y crea problemas todo el tiempo. Se pone tan furioso y tan peligroso que a veces uno siente que va a matar".

El granjero tenía ahora que tomar una decisión, así que preguntó a sus amigos qué podía hacer. En ningún caso quería que el carnero fuera vendido. Sugirieron a un psicólogo de animales.

Vino el psicólogo. El granjero estaba escéptico, pero quería hacer lo posible para salvar al carnero. El psicólogo se quedó cuatro días. Miró, observó, tomó notas, analizó; entonces dijo: "No habrá problema. Anda al mercado, adquiere un gramófono y traes discos de Beethoven, Mozart, Wagner: música clásica.

Cada vez que el carnero se vuelva loco, furioso, pon un disco clásico. Tócalo y eso le calmará; quedará completamente tranquilo".

El granjero no podía creer que todo pudiera arreglarse así; pero había que probar, así que lo hizo. ¡Resultó! El carnero se silenciaba y tranquilizaba de inmediato.

Durante un año no hubo problemas. Un día, el pastor llegó de pronto corriendo, y dijo: "Algo ha ido mal, no sé qué. ¡El carnero se ha matado! Como de costumbre, viendo que se ponía furioso de nuevo, le puse un disco. Pero se puso aún peor. Entonces se volvió totalmente loco y simplemente embistió contra la pared. Se rompió el cuello y murió".

El granjero fue allí. El carnero yacía muerto cerca de la pared. Entonces miró al gramófono para ver qué disco era el que estaba puesto. Había habido una terrible equivocación: no era un disco de música clásica, sino uno de Frank Sinatra... cantando. "Nunca habrá otro como tú". Eso produjo el problema.

"Nunca habrá otro como tú", el ego es el que causa toda locura, infelicidad, sufrimiento. Esa va a ser la causa de tu muerte, eso va a ser lo que te romperá el cuello.

Puedes soportarlo si no le das toda su intensidad. Todo mi esfuerzo está en llevarte a una cima en donde no puedas aguantarlo. O lo tiras o te tiras a ti mismo. Y siempre que surge esa elección, que tienes que tirar tu sufrimiento o tirarte a ti mismo, tirarás el sufrimiento.

Y con el sufrimiento: el ego, la ignorancia, la inconsciencia, todas ellas desaparecen. Son diferentes nombres del mismo fenómeno.

Buscar este blog