sábado, 15 de julio de 2017

EL MIEDO Y LA INSEGURIDAD

Cuando el miedo te rodee, recuerda que en la vida hay solamente una cosa segura, y esta es la muerte. De ahí, que aquellos que lo entiendan abandonen el miedo. Porque, ¿qué puede ser más inseguro que la vida? Estar vivo significa que la muerte puede llegar en cualquier momento. Solamente en la tumba, la seguridad es posible, nunca se ha oído que alguien haya muerto en la tumba. Allí todo está a salvo y seguro.

Una vez a Confucio uno de sus discípulos le hizo la misma pregunta; por supuesto, de una forma un poco diferente, con palabras diferentes: “Maestro, dinos algo acerca del miedo a la inseguridad”.

Y Confucio le contestó: “No te preocupes por eso, la muerte hará que todo sea muy seguro. Mientras estés vivo, disfruta de la inseguridad”.

La inseguridad es sinónimo de estar vivo. Cuanto más vivo, más inseguro estás. Cuanto menos vivo, menos inseguro estás. ¿Quieres la seguridad de la muerte? En ella es absoluta.

Una historia sufí: “Un gran rey tenía mucho miedo a morir. Había invadido muchas tierras, creado muchos enemigos, y esto le ocasionaba muchísimas pesadillas en las que le iban a asesinar, a matar; y no podía confiar en nadie. Estaba rodeado de espías enemigos tratando de recuperar sus reinos. Finalmente, no pudo soportarlo más. Ordenó que se construyera un hermoso edificio, con instrucciones especiales: no debería tener ninguna ventana, ninguna puerta excepto aquella por la que él pudiera entrar y salir. Sólo para estar seguro, de que nadie pudiera asesinarle…como protección.

Delante de esta única puerta, puso siete filas de guardias. Porque no podía confiar en una sola fila: ¿quién sabe?, puede que conspiraran y estaría totalmente perdido. Entonces ni siquiera podría obtener ayuda del exterior. Un guardia simplemente podría entrar y matarle.

Una segunda fila de guardias para mantener vigilada a la primera. Luego una tercera para vigilar a la segunda. Pero uno tiene que detenerse en alguna parte, sino ¿dónde acabará todo esto? A esto en lógica se le llama: “Regresión infinita”.

El pensó que siete filas serían suficientes. Sería imposible que todos los guardias estuvieran de acuerdo. Se las compuso para formar aquellas siete filas con guardias que eran antagonistas entre ellos. Por ejemplo una fila de guardias era de musulmanes, otra de cristianos, otra de hindúes, y así sucesivamente.

El rey vecino (amigo de este rey, y a su vez un gran emperador) se enteró de que había construido ese edificio. Él también sufría la misma paranoia. Vino a visitarle y a ver su nuevo palacio. Y se quedó asombrado ante la forma en que había dispuesto la seguridad.

Y cuando se marchaba… el mismo rey salió a despedirle; eran viejos amigos. El rey vecino le dijo: “Nunca he visto tanta seguridad como la que tú has conseguido. Yo también me haré una casa como esta sin ventanas ni puertas, sin ninguna posibilidad de que alguien entre. Con el mismo sistema de guardias”.

En ese momento un mendigo que estaba sentado en la calle, empezó a reírse. Ambos se sintieron molestos, y le preguntaron: “¿Qué pasa, estás loco o qué?”.

El mendigo respondió: “No estoy loco. He estado observando cómo construían este palacio tan seguro. Y me preocupaba que quizás no fueras consciente de que para la muerte, basta con una puerta. Y ni siquiera todos estos guardias serán capaces de pararla. Siempre he querido verte para sugerirte que sería más seguro que entrará dentro y les ordenaras a los guardias que cerraran la puerta. Hasta una sola puerta es peligrosa. Sería una grieta en tu sistema de seguridad”.

Ambos reyes le escucharon con asombro. Lo que estaba diciendo tenía sentido. Pero el rey del palacio dijo: “Tú lógica no tiene ni un error y serás recompensado por ello. Pero tú no entiendes que si yo entro y también cierro esta puerta, ya no será un palacio, se convertirá en una tumba”.

Y el hombre dijo: “Eso es exactamente lo que quiero decir. Solamente en la tumba podrás estar completamente seguro. Una vez yo también la he encontrado: renuncié al mundo y me hice un mendigo. Ahora nadie quiere asesinarme. Nadie siquiera se interesa por mí.

“La gente camina por las calles a mi alrededor, y yo duermo sin ningún miedo en la oscura noche, porque ahora, ya no tengo ni amigos ni enemigos. He descubierto la seguridad bajo las estrellas en el cielo abierto. Y con la seguridad he descubierto que vivir es una tremenda emoción.

“De acuerdo a tu propia lógica, si cierras una puerta más, esto se convertirá en una tumba. Ya se ha convertido en una tumba en el noventa y nueve por ciento, sólo queda el uno por ciento. Cuántas más puertas y ventanas cierras por el miedo, más mueres. ¿Por qué no acabar de una vez con el miedo entonces?”.

El rey nunca volvió a vivir en esa casa: Se dio cuenta que era absolutamente cierto que cuanto más seguro estuviera, más muerto tendría que estar. Y viceversa también es verdad; tú quieres vivir en las alturas, en los picos luminosos, no tienes nada que perder. Un día la muerte se lo llevará todo. Eso es absolutamente cierto, sin ninguna probabilidad. Y no hay forma de protegerse de ella. Esa misma comprensión dejará a un lado la paranoia. ¿Entonces por qué preocuparse?

Mientras estés vivo, vive tan total e intensamente como te sea posible. De hecho, la muerte debería ser un incentivo de la vida. Si no hubiera muerte, podrías posponer la vida. debido a la muerte, que no es posible posponer. Tienes que vivir este momento porque no puedes estar seguro acerca del próximo. Es absolutamente impredecible si volverás a respirar; no está en tus manos.

Deja que tu anhelo se convierta en tu realidad. El anhelo es siempre en el fondo un aplazamiento, significa: mañana… “despertaré, me elevaré a las alturas, pero mañana. En este momento estoy disfrutando de mi anhelo”. Pero tales anhelos son impotentes. Y ante la evidencia de la inseguridad de si mañana estarás aquí o no, todos los anhelos, todos los deseos son peligrosos, arriesgados.

No anheles la libertad, sé libre.

¿Quién te lo impide sino tú mismo?

Es un fenómeno extraño que el hombre se haya mutilado a sí mismo. Él mismo se encadena, se convierte en una prisión para sí mismo. Y entonces comienza a anhelar la libertad, comienza a soñar con la libertad…y siente un potencial para la expansión.

¿Durante cuánto tiempo lo has estado sintiendo, y durante cuánto más lo sentirás? No pierdas más tiempo innecesariamente en ejercicios insignificantes de la mente. El crecimiento y la expansión de tu potencial tienen que ocurrir en el mismo momento en que sientes que esa dimensión se abre, en el momento en que estás claro. Entonces no hay nada que temer; no tienes nada que perder.

¿Qué tienes que perder? ¿Qué es tu vida? Es la cosa más preciosa que tienes, pero reducida a sus elementos, ¿qué es?: un corazón latiendo (esto lo podría hacer cualquier corazón de plástico), unos pulmones respirando (los pulmones mecánicos lo podrían hacer mucho mejor, más eficiente).

Por un momento, deja que la mente se pare y deja que el tiempo se pare. Y simplemente observa el hecho: ¿qué es tu vida? Un corazón que late, la sangre que circula, la respiración entrando y saliendo. ¿Algo más? Si eso es todo, yo no veo por qué deberías tener miedo. Si la sangre no circula y el corazón no late, o si la respiración se para, ¿entonces qué? Estarás descansando, habrás ido al descanso eterno. ¿Pero qué has perdido? No vivías, sólo vegetabas.

Deja de vegetar. Es el tiempo del éxtasis, del amor, de la expansión de la consciencia. Ya has esperado suficiente, has desperdiciado muchas cosas. No desperdicies más. Pero tú dices: De alguna manera necesito, o creo necesitar, seguridad”. ¿Para qué? ¿Quieres seguir siendo un vegetal toda la vida; a salvo, seguro, congelado?

Hay algunos hombres en América (diez de ellos son bien conocidos) que han dejado de respirar y sus corazones han dejado de latir. Pero eran suficientemente ricos y, por supuesto, tenían miedo a morir. Así que dispusieron que sus cuerpos se congelaran. Cuesta mucho dinero al año mantener un solo cuerpo y allí están ellos, esperando en esos frigoríficos el momento en que la ciencia descubra cómo revivir a los muertos. Los científicos piensan que en unos diez años como mucho, serán capaces de revivir cualquier cuerpo muerto; porque entonces se podrá reemplazar los órganos.

Los hospitales se volverán, más o menos, talleres donde simplemente irás a cambiar tu corazón, porque ya no funciona bien. Así que simplemente habrá que cambiar algunos tornillos, o habrá que cambiar el corazón por un nuevo, por uno de plástico que será mejor, que durará eternamente.

Cuanto tu energía vital se esté acabando, simplemente tendrás que ir a ese taller (quiero decir, ese hospital del futuro) y enchufarte para que te recarguen. O quizás, si así lo prefieres, podrás ponerte baterías; lo cual será un servicio inmediato. Sería un mundo realmente gracioso. Alguien te estará diciendo “te amo”, y entonces comenzará a hacer “ghrrr, ghrrr”… porque la batería estará comenzando a fallar.

Irá corriendo al taller, cambiará la batería y continuará repitiendo la misma grabación: “Te amo”; es sólo una grabación. La gente tendrá que estar atenta a cuando alguien empiece con el “ghrrr, ghrrr” para llamar enseguida a la ambulancia, porque la batería del hombre, o el fusible, se estará gastando.

No esperes esos días. La vida será muy segura, pero absolutamente vegetal. La propia inseguridad hace de la vida una emoción porque no puedes concebir posponer; el mismo peligro de que mañana puede que no estés aquí hace vivir el hoy lo más intensamente posible, amar lo más totalmente posible.

Ya basta de pensar: “Este miedo, esta falta de valor para saltar, bucear profundamente en la vida y dejarme llevar totalmente, me está paralizando…”. Entonces simplemente salta; no tienes nada que perder y todo que ganar.

Al final del Manifiesto Comunista de Karl Marx hay una cita muy hermosa. Con un pequeño cambio, podría ser mejor. La cita es: “Proletarios del mundo, uníos; porque no tenéis nada que perder excepto vuestras cadenas”. Sólo hay que hacer un pequeño cambio: Pensadores del mundo, uníos, no tenéis nada que perder, excepto vuestras cadenas, y toda la existencia que ganar.

Tú puedes continuar anhelando cosas grandes y hermosas. La gente se vuelve adicta a los sueños; los sueños son más adictivos que cualquier droga. De hecho, la gente se hace adicta a las drogas porque le da hermosos sueños. Los sueños son la raíz que causa la adicción, también son drogas. Ten valor, no eres un paralítico. Y sólo se necesita un momento para saltar.

En Raipur, donde yo solía dar clase en la universidad, conocí, vi con mis propios ojos, a una mujer que llevaba diez anos tumbada, pues estaba paralítica. Todos los esfuerzos por curarla habían fracasado, los doctores habían declarado unánimemente que no había ninguna posibilidad de curación. Ella permanecería paralizada el resto de su vida. Era una mujer rica; vivía justo en frente de mi casa.

Un día su casa se incendió. Fui corriendo, toda la vecindad se reunió allí; y la gran sorpresa no fue ver que la casa se estaba quemando, sino ver a la mujer paralítica saliendo de la casa. No se había movido de su cama en diez años. Nadie se lo podía creer, era un milagro. Pero alguien le recordó: “¡Qué haces, tu estás paralítica!”.

Y la mujer mirando alrededor dijo: “Es verdad”, e inmediatamente cayó al suelo, paralizada. ¿Qué te parece esta parálisis? Sólo estaba en la mente, no en el cuerpo. Debido al fuego, cuando todo el mundo salió corriendo, ella se olvidó por un momento de su parálisis. Y en el momento que volvió a recordarlo, su estado de mente anterior regresó: “¡Dios mío, qué he hecho! Soy paralítica y estoy corriendo”.

Todas vuestras parálisis están en vuestra mente; la cual no quiere vivir, la cual no es realmente capaz de vivir y crea toda clase de miedos.

Aquellos que realmente quieren vivir, abandonan todos los miedos, todos los pensamientos, toda seguridad. Arriesgan todo porque la vida es tan preciosa y tan fugas, tan momentánea que no pueden seguir posponiéndose. Y pensar es una forma de posponer, sentir es una forma de posponer, desear es una forma de posponer. Deja de posponer.

sábado, 8 de julio de 2017

RESPONSABILIDAD Y COMPROMISO

Si quieres cabalgar en dos caballos al mismo tiempo, te será muy difícil. Tendrás que entender una cosa: si tienes un anhelo de libertad, espontaneidad y estar en el momento, tendrás que dejar de tener una actitud de negociante. Puedes continuar con un negocio pero tendrás que transformar tu actitud, tu enfoque hacia él. No te puedes comprometer con ambos, no puedes sintetizarlos. Tienes que sacrificar uno a favor del otro.

Recuerdo a mi abuelo. Mi padre y mis tíos no querían al viejo en la tienda. Le solían decir: “Descansa o, vete a dar un paseo”. Pero había clientes que preguntaban por él, y decían: “Ya volveremos cuando él esté aquí”. El problema radicaba en que él no era un negociante.

Él simplemente diría: “Esto nos cuesta diez rupias y yo no voy a sacarle más de un beneficio del diez por ciento. Esto quiere decir que te costará once rupias, ¿te parece demasiado? ¿Entonces cómo vamos a vivir, cómo vamos a sobrevivir?”. Y la gente inmediatamente cerraba el trato con él.

Pero a los ojos de mi padre y de mis tíos eso era una pérdida, porque ellos lo hubieran ofrecido por veinte rupias en principio; para luego regatear… y si el cliente se las arreglaba de alguna forma para bajar el precio a quince rupias se sentiría feliz por haberlo rebajado cinco rupias. Pero de hecho ellos ganarían cuatro rupias más. Así que, naturalmente, echaban a mi abuelo. “Vete, vete al río, tómate un buen baño. Vete al parque, descansa. Tú ya eres viejo, no necesitas trabajar”.

Pero él solía decir: “Hay clientes que me conocen y que os conocen. Saben que no soy un negociante. Y que vosotros sois gente de negocios. Y les he dicho a mis clientes que si no estoy, que me esperen, que pronto estaré de vuelta. Les he estado diciendo: “Recordad una cosa: caiga la sandía en el cuchillo o el cuchillo en la sandía, es siempre la sandía la que se parte en dos trozos, nunca el cuchillo. Así que cuidado con la gente de negocios”. Él tenía sus propios clientes, que ni siquiera decían a lo que venían; se sentaban y decían: “Esperaremos a que venga el viejo”.

Los negocios también se pueden hacer con honestidad, con autenticidad, con lealtad; no requieren que seas necesariamente pícaro, explotador, tramposo. Así que no preguntes por ninguna síntesis entre “llevar un negocio, continuidad, compromiso y responsabilidad”, y “estar en el momento, libertad y espontaneidad, las cuales anhela el corazón”. Escucha al corazón, porque el corazón es en definitiva el que va a decidir el calibre de tu ser, el mismísimo crecimiento de tu consciencia, y finalmente la transcendencia que os conducirá a ti y a tu consciencia más allá de la muerte. Cualquier otra cosa sería simplemente mundana. ¿En qué consiste tu constancia?; en que debido a que tu padre y tus antepasados hayan estado llevando un negocio, tú también tienes que hacerlo, de la misma manera que ellos lo han estado haciendo. ¿Estás acaso tú aquí para repetir el pasado?

¿No tienes el valor de introducir lo nuevo y dejar el pasado, y con él lo viejo y podrido, de traer una brisa fresca a tu vida y a la de aquellos que te rodean? ¿Para qué la constancia? Esa no es la cuestión… De hecho tienes que ser inconstante a cada momento, no solamente con el pasado de los demás (tus padres y antepasados) tienes que ser inconstante hasta con tu propio pasado a cada momento. El momento que se va, se va. No tienes ninguna obligación de continuarlo y cargar con el cadáver de un momento muerto.

El compromiso siempre procede de la inconsciencia. Por ejemplo, tú amas a una mujer y quieres que se case contigo, pero ella quiere que te comprometas. Y tú eres tan inconsciente…; comprometes muy fácilmente el futuro, que no está en tus manos. ¿Cómo puedes asegurar algo para mañana? El mañana no es de tu propiedad. Puede que estés aquí, y puede que no. ¿Y quién sabe qué pasará mañana? El amor que tan de repente te ha poseído puede desaparecer.

Pero casi todo hombre se compromete con su mujer: “Te amaré toda la vida”. Y la mujer también se compromete: “No solamente te amaré en esta vida sino que rezaré a Dios para que vuelvas a ser mi marido en todas las vidas”.

Pero nadie es consciente de que ni un solo momento del futuro está en sus manos. Todos los compromisos crearan problemas. Mañana, de repente, puede acabar tu vida de la misma manera que ha aparecido. Fue algo que ocurrió, no fue un acto tuyo, no lo hiciste tú. Mañana, cuando el amor haya desaparecido y encuentres tu corazón completamente marchito, ¿qué harás?

La única salida que la sociedad te deja es volverte falso, ser hipócrita. Aunque ya no haya amor, sigue aparentándolo, sigue al menos diciendo: “Te amo”. Tú sabes que tus palabras no llevan ningún significado y la mujer también se da cuenta, porque tus palabras no suenan sinceras. Y en lo que al amor se refiere, no se puede engañar a una mujer; ella tiene una tremenda sensibilidad. De hecho, cuando hay amor no hay necesidad de repetirlo. Tú lo sabes y ella lo sabe. La repetición surge solamente cuando el corazón ya no irradia amor, y lo tienes que sustituir con palabras.

Pero las palabras son muy pobres. Tus acciones estarán mostrando algo, tu rostro estará mostrando algo, tus ojos estarán mostrando algo, y tus palabras tratarán de probar justo lo opuesto. Pero el problema ha surgido porque no has sido lo suficientemente consciente para decirle a la mujer: “¿Cómo puedo yo comprometerme? Soy un frágil ser humano, no soy absolutamente consciente. La mayor parte de mi ser está en una profunda oscuridad, que yo ni siquiera conozco. No soy consciente de los deseos que tendré mañana, tampoco tú lo eres.

“Así que por favor no te comprometas a nada conmigo y yo no me comprometeré a nada contigo. Nos amaremos el uno al otro mientras el amor siga siendo auténtico y verdadero, pero en el momento en que sintamos que ha llegado el tiempo de aparentar, nos apartaremos; eso sería feo e inhumano. Simplemente aceptaremos que el amor que solía haber ya no existe y es tiempo de partir. Recordaremos todos los días y momentos hermosos que hemos pasado juntos. Permanecerán siempre frescos en nuestra memoria. Y no quiero destruirlos aparentando; tampoco quiero que tù te conviertas en una hipócrita”.

En lo que a mi gente se refiere, nunca forméis ningún compromiso. Poned bien claro que los compromisos crearán situaciones difíciles. Y pronto descubriréis que casi nunca podéis cumplirlos.

Y la responsabilidad… Se os ha cargado con la idea de la responsabilidad, que sois responsables para con vuestros padres, que sois responsables para con vuestra esposa o esposo, que sois responsables de vuestros niños, responsables para con vuestros vecinos, de que eres responsable para con la sociedad, que eres responsable para con la nación. Parece ser que solamente estás aquí para ser responsable para con todo el mundo; excepto contigo mismo. Es una situación extraña.

Nunca deberías hacer nada por deber. Haz algo porque lo amas, o no lo hagas. Entiende claramente que tu vida tiene que ser una vida de amor; y responder desde este amor es a lo que yo llamo responsabilidad. Divide la palabra en dos partes: respuesta-habilidad,* no la unas. Juntar estas dos palabras ha creado una enorme confusión en el mundo. No es responsabilidad, es respuesta-habilidad. Y el amor tiene la habilidad de responder. No hay ninguna otra fuerza en el mundo que tenga mayor capacidad para responder. Si amas, serás capaz de responder; no es una carga. El deber es una carga.

Cualquier respuesta que surja del amor será hermosa. Sin amor, la responsabilidad es fea y simplemente muestra que tienes mente de esclavo.

Así que en lo que a mí concierne, si de verdad anhelas libertad, espontaneidad, estar en el momento, no es cuestión de hacer una síntesis. Tendrás que cambiar tu actitud respecto al negocio: tu negocio tendrá que volverse tu meditación, tu sinceridad, tu verdad; tendrá que dejar de ser explotación. Tu constancia simplemente desaparece; tú traer algo nuevo a la existencia. El compromiso es absolutamente absurdo. Tú no te puedes comprometer a ti mismo porque el tiempo no está en tus manos; ni la vida está en tus manos, ni el amor está en tus manos. ¿Entonces sobre qué bases te vas a comprometer?

Cuando el hombre dice: “Te amaré para siempre”, està diciendo absolutamente la verdad; pero no es consciente de que el mañana no està bajo su control. Solamente puede hablar acerca de este momento: “Te amo ahora. En cuanto a mañana, ya veremos lo que ocurre. Ni yo estoy ligado ni tú estás ligada a mí. Si mañana de nuevo sentimos que estamos enamorados, será una gran sorpresa”.

¿Por qué cerrar tu vida con compromisos? ¿Por qué no dejarla abierta a la sorpresa?, ¿por qué no dejarla abierta a las aventuras? ¿Por qué encerrarse en una tumba? Sufres, porque empiezas a pensar: “He prometido, me he comprometido. Ya no importa si quiero cumplir la promesa o el compromiso. Mi integridad está en juego. Puedo aparentar, pero no puedo aceptar que fui un imbécil por comprometerme”.

No es cuestión de hacer una síntesis con la fidelidad y la infidelidad, con lo auténtico y lo falso. Tendrás que dejar lo falso y escuchar a tu corazón y seguirle a cualquier precio; siempre será barato. Cualquier cosa que tengas que perder, piérdela, pero si escuchas al corazón, al final tú serás el vencedor, tuya será la victoria.

sábado, 1 de julio de 2017

LIBERTAD Y RESPONSABILIDAD

La libertad y la responsabilidad van juntas; son dos caras de una misma moneda. Si quieres libertad, tendrás que ser responsable de todo lo que hagas. Si no quieres responsabilizarte, perderás la libertad.

Todo el mundo quiere ser libre pero nadie quiere ser responsable. Nos vamos pasando la responsabilidad de uno a otro. Y al poner responsabilidad en el otro, a la vez pierdes toda posibilidad de libertad. ¡Sé responsable! Si te has enfadado, te has enfadado; no digas: “Es por los demás o por alguna otra fuerza que me ha poseído”. No, nadie te posee.

Lo que sea que ocurra, será tu propia elección. Tú lo has elegido. Puede que no te des cuenta en absoluto de cómo lo has elegido, porque algunas veces tú quieres una cosa pero eliges otra; esto causa el problema. Tú crees que quieres una cosa y eliges otra. O elegiste lo que querías, pero el resultado fue diferente al que esperabas.

Por ejemplo, tratas de dominar a alguien; por tu propia elección. Quieres dominar a alguien, pero cuando le vas a dominar él también quiere hacer lo mismo contigo. Tratará de dominarte, y a ti no te gustará; producirá lucha, envidia, se creará un infierno. Y dirás: “Nunca quise que esto ocurriera”. Pero tú quisiste dominar a alguien, esta fue la semilla.

Busca siempre la causa. Si hay un efecto, también habrá una causa. Si en primer lugar no hubieras elegido la causa, el efecto no podría existir, no sería posible. La gente estaría dispuesta a cambiar al efecto, pero no quiere cambiar la causa. Así es la mente ordinaria, la mente estúpida.

La mente inteligente es de una cualidad totalmente diferente. Cuando no quiere algún efecto, profundiza en la causa y la abandona; ¡y se acabó el problema!

La libertad es un gran riesgo. La gente habla sobre la libertad, pero nadie realmente quiere ser libre; es pura charla. Todo el mundo quiere ser dependiente, todo el mundo quiere que algún otro se responsabilice. En libertad tú eres responsable de cada acto, de cada pensamiento, de cada movimiento. No puedes responsabilizar a los demás.

Observa a un psiquiatra freudiano, un psicoanalista: el paciente se tumba en un sofá y el psicoanalista se sienta detrás de él, para que el paciente no pueda verle. Se sienta detrás del sofá; él puede ver al paciente, pero el paciente no le puede ver a él. Algunos psicoanalistas usan hasta biombos para que el paciente sienta que no necesita guardar sus secretos.

¿Y qué ocurre, qué es lo que está ocurriendo en todas las sesiones de psicoanálisis del mundo? El paciente lo va echando todo: sobre la madre, o sobre el padre; mayormente sobre la madre. Pero no asume ninguna responsabilidad sobre sí mismo. Trata de probar que es absolutamente inocente, que todo el mundo tiene la culpa y le ha obligado a hacer lo que en principio el nunca quería hacer.

Quizás haya alguna verdad en ello, ocurre así: las madres obligan a sus hijos… las madres tratan de que sus hijas sean auténticas damas; ¡damas inglesas! Americanas no sería suficiente. De hecho, en América la figura de la dama ha desparecido, sólo hay mujeres, no damas. El padre trata de hacer de su hijo un verdadero hombre, un caballero. Así que algo de verdad habrá.

Pero cuando eres adulto y contemplas toda la escena de lo que ha ocurrido, podrías simplemente dejarlo a un lado; ¡sencillamente así! Pero tú no quieres, porque entonces serías responsable. Si ahora haces algo equivocado, siempre puedes encontrar otro responsable.

Todo el mundo tiene miedo a la libertad. Por eso en todo el mundo hay tantos niveles de esclavitud en uno mismo. Todas las personas son esclavos múltiples: son esclavos de sus padres, esclavos de las religiones, esclavos del estado, esclavos de sus vecinos; y toda clase de esclavitudes que no son visibles.

Cuando yo estudiaba en la universidad, tuve un compañero de habitación conmigo durante un año, y nunca creí que él tuviera ningún problema con el habla. Un día vino a verle su padre y comenzó a tartamudear. Esto me sorprendió y le pregunté: “¿Qué te pasa?, has estado tartamudeando desde que tu padre llegó, ya no hablas como hablabas antes”.

“Desde mi infancia él me ha estado enseñando cómo hablar, qué decir y qué no decir, con quién y cuándo hablar –dijo él-. Me ha confundido tanto que he perdido mi propia sensibilidad y he llegado a tartamudear. Yo también me sorprendí cuando llegué a la universidad: al dejar mi casa, el tartamudeo me desapareció. Y siempre que regreso a mi casa, a mi familia y a mi pueblo, el tartamudeo empieza de nuevo”.

Los niños pequeños son dependientes de sus padres, y los padres abusan de esa dependencia. Ellos saben que no te puedes revelar, que no puedes irte a ningún sitio.

Ya en mi infancia deduje lo que les hace tan autoritarios: “Quizás crean que no me puedo revelar. Quizá piensen que no podré conseguir comida si no estoy con ellos, que estaré perdido en este vasto mundo sin su protección”. Así que tuve que hacer todas esas cosas; sólo entonces entendieron que la autoridad no iba a funcionar conmigo. Desde el principio se lo dejé bien claro a mi padre: “Una cosa es cierta: si quieres que haga algo, por favor no me lo ordenes autoritariamente”.

“¿Entonces cómo te lo tengo que decir?” –preguntó él.

“Me lo tienes que pedir: “¿Por favor podrías hacer esto?” -contesté yo.

“Eso me parece excesivo. Tenerle que pedir a mi propio hijo “si por favor puede hacer esto” –replicó él.

“Tendrás que hacerlo así –le aseguré-. Si me dices: “¡Haz esto!, seré la última persona en hacerlo. Preferiré morirme de hambre antes que hacerlo. Pero si me preguntas: “¿Por favor podrías hacerlo?”, hasta escalaría el Everest; sin ningún problema. Lo haría si no se me fuerza a hacerlo. No quiero vivir mi vida como un esclavo”.

Tienes que entender una cosa: ¿qué te puede ocurrir? Como máximo te puede ocurrir la muerte. Recuerda este sencillo proverbio: espera lo mejor y estate preparado para lo peor. Entonces nadie en esta vida podría desilusionarte. Nadie podrá esclavizarte, ni física ni psicológicamente.

Un hindú es un esclavo, un cristiano es un esclavo, un mahometano también lo es; todas las religiones son esclavitudes psicológicas porque te dan el consuelo de que si las sigues, si crees, si tienes fe, no te ocurrirá nada. Te dan toda clase de estrategias para seguir siendo dependiente. Te enseñan a rezar; rezar es simplemente mendigar.

Yo no enseño oración alguna. ¿A quién ibas a rezar? Ni siquiera se lo has preguntado a la gente que te está enseñando a rezar. Al arrodillarte en el suelo de la iglesia, te estás humillando a ti mismo. Yo no estoy a favor de ninguna afirmación egoísta, pero tampoco de que ninguna humillación sea aceptada como humildad. Quiero que seáis sencillos, sin ningún ego y sin ninguna falsa humildad; claro y directo.

Y la libertad es un valor enorme, quizá el más elevado de la vida. No puede perderse por nada. Aunque la muerte sea la consecuencia; preferiría aceptar la muerte que aceptar nada que vaya en contra de mi libertad.

¿Son los demás responsables de tu esclavitud mental? No. Tú no quieres ser responsable de tus propios actos, tú no quieres ser responsable de tu forma de vivir; por eso tienes miedo a ser libre. Abandona ese miedo. Ese miedo es peor que cualquier otra cosa que te pueda ocurrir.

Yo enseño responsabilidad. Pero recuerda, no me entiendas mal, porque a vuestro alrededor toda la gente usa la palabra “responsabilidad” con un significado absolutamente diferente; de hecho, el significado que yo entiendo de la palabra responsabilidad es diametralmente opuesto.

Dicen: “Sé responsable con tus padres”. Eso no es responsabilidad, eso es esclavitud. Dicen: “Sé responsable con tu Iglesia, con tu religión, con tu fe”. Eso no es responsabilidad, eso es esclavitud. Estas son hermosas palabras para cubrir un hecho horrible: la esclavitud.

Cuando yo uso la palabra “responsabilidad”, lo hago de la forma que debería usarse. Responsabilidad significa que cualquier cosa que hagas, será tu respuesta. Si te pregunto: “¿Existe Dios?”. Y me contestas: “Sí, porque está escrito en la Biblia”, tu respuesta no es responsable. Procede de tu esclavitud cristiana.

Pero si dices: “No sé. Yo todavía no me he cruzado con él”, esta respuesta será tuya. No estarás repitiendo ningún catecismo; hindú, mahometano, budista, cristiano o judío; no. Estarás afrontando la pregunta directamente y respondiendo. Responder por ti mismo es el significado de responsabilidad.

La libertad trae la responsabilidad. La responsabilidad te ayuda a hacerte cada vez más libre. Y solamente una persona que conoce el sabor de la libertad, que conoce la belleza de la responsabilidad, merece llamarse a sí mismo ser humano; de otra forma, seréis sólo camellos y nada más.

Buscar este blog