sábado, 22 de abril de 2017

¿QUIÉN ES UN VERDADERO AMIGO?

Tú preguntas desde el extremo erróneo. Nunca preguntes: “¿Quién es mi verdadero amigo?”. Pregúntate: “Soy yo el verdadero amigo de alguien’”. Esa es la pregunta correcta. ¿Por qué te preguntas si los demás son tus amigos o no?

Hay un proverbio: “un amigo necesitado es verdaderamente un amigo”. ¡Pero en lo profundo eso es egoísmo! Eso no es amistad, eso no es amor. Tú quieres usar a los demás como un medio, y ningún hombre lo es, cada hombre es un fin en sí mismo. ¿Por qué te preocupa tanto quién es un verdadero amigo?

Una pareja de jóvenes en luna de miel viajaba por el sur de Florida e hicieron una parada en un criadero de serpientes de cascabel que estaba en el camino. Después de mirar el paisaje entablaron una corta conversación con el hombre que cuidaba las serpientes.

“¡Caramba –exclamó la joven esposa-, usted sí que tiene un trabajo peligroso! ¿Nunca le han mordido?”.
“Sí, me han mordido” -contestó el hombre.
“Y bien –insistió ella-, ¿qué hace cuando una le muerde?”.
“Yo siempre llevo una navaja en el bolsillo, y tan pronto como me muerde, hago una profunda marca en forma de cruz sobre la herida colmillo y absorbo el veneno que ha hecho el” –respondió él.
“¿Qué? ¿Y qué ocurriría si accidentalmente se sentara sobre una serpiente?” –preguntó la esposa.
“Señora –contestó el hombre que cuidaba las serpientes-, ese día sabré quiénes son mis verdaderos amigos”.

¿Por qué te preocupas?

La verdadera pregunta sería: ¿Soy yo realmente el amigo de alguien? ¿Sabes lo que es la amistad? Es la forma más elevada del amor. En el amor, tiene que haber forzosamente algo de lujuria; en la amistad no hay nada así de grosero; se vuelve absolutamente sutil.

No es cuestión de usar al otro, ni siquiera de necesitarle, es cuestión de compartir. Tienes demasiado y quisieras compartirlo. Y a quienquiera que esté dispuesto a compartir contigo tu alegría, tu danza, tu canción, le estarás agradecido, te sentirás en deuda con él. No es que él te deba, no es que él tenga que sentirse agradecido contigo por haberle dado tanto. Un amigo nunca piensa de esa manera; un amigo siempre se siente agradecido con aquellas personas que le permiten que les ame, que le des lo que sea que tengas.

El amor que conoces es egoísmo. Te sorprendería saber que la palabra inglesa love viene de la palabra sánscrita lobh; lobh significa egoísmo. Cómo lobh se convirtió en love es una extraña historia. En sánscrito es egoísmo; su raíz original significa egoísmo. Y el amor tal como lo conocemos no es otra cosa que egoísmo enmascarado como amor; es egoísmo escondido.

Hacer amistades con la idea de usar a la gente es dar un paso en falso desde el principio. La amistad debe ser un compartir. Si tienes algo, compártelo; y quienquiera que sea que esté dispuesto a compartir contigo, es un amigo. No es cuestión de necesidad; no se trata de que cuando tú estás en peligro el amigo tenga que venir en tu ayuda. Eso es irrelevante; puede que venga, puede que no venga, pero si no viene, no tienes que quejarte. Si viene estás agradecido, pero si no viene, está perfectamente bien; es su decisión venir o no venir. Tú no quieres manipularle, no quieres hacerle sentirse culpable. No le guardarás ningún rencor. No le dirás: “Cuando yo te necesitaba tú no apareciste; ¿qué clase de amigo serías?”.

La amistad no es una mercancía. La amistad es una de esas cosas raras que pertenece al templo, no al comercio. Pero tú no eres consciente de esa clase de amistad, tendrás que aprenderla.

La amistad es un gran arte. Detrás del amor hay un instinto natural; detrás de la amistad no hay ninguno. La amistad es algo consciente; el amor es inconsciente. Te enamoras de una mujer…

¿Por qué decimos caer enamorado? Esa frase es significativa: “caer enamorado”. ¡Nunca nadie se eleva enamorado, todo el mundo cae enamorado! ¿Por qué caes enamorado?: porque es una caída desde lo consciente a lo inconsciente, desde la inteligencia al instinto.

Lo que nosotros llamamos amor es más animal que humano. La amistad es absolutamente humana. Es algo para lo que no existe un mecanismo innato en tu biología; no es biológico. Por eso uno se eleva en la amistad, uno no cae en la amistad. Tiene una dimensión espiritual.

Pero no preguntes: “¿Quién es un verdadero amigo?”. Pregunta: “¿Soy yo un verdadero amigo?”. Ocúpate siempre de ti mismo. Siempre estamos pensando acerca de los demás: el hombre pregunta si verdaderamente la mujer le ama o no; la mujer pregunta si de verdad el hombre la ama o no. ¿Y cómo puedes estar absolutamente seguro acerca del otro? ¡Es imposible! Puede repetir mil veces que te ama y que siempre te amará, pero la duda tiene necesariamente que persistir: “¿Quién sabe si está diciendo la verdad o no?”. De hecho, repetir algo mil veces simplemente significa que tiene que ser mentira, porque la verdad no se necesita repetir tanto.

Adolf Hitler en su autobiografía dice: “No hay tanta diferencia entre la verdad y la mentira. La única diferencia es que la verdad es una mentira repetida tan a menudo que olvidas que es una mentira”.

Los expertos en publicidad dirían: “Repite y repite, anúncialo”. No te preocupes por si alguien lo escucha o no: aunque no le pongan ninguna atención, no te preocupes, sus mentes subliminales están escuchando, se está impresionando la capa más profunda. No miras a los anuncios muy conscientemente, pero simplemente cuando los ves de pasada en el cine, en la TV o en los periódicos, una simple mirada y se te imprimen. Y repetirán otra vez: “Jabón de baño Lux” o “Coca-cola”…

La coca-cola es la única cosa verdaderamente internacional. Hasta en Rusia soviética: coca-cola… Todas las otras cosas americanas son prohibidas y desterradas, pero no la coca-cola. La coca-cola es la única cosa verdaderamente internacional. ¡Sigue repitiéndolo!

Al principio se usaba la luz eléctrica para los anuncios; se usaban luces estáticas. Te recordaban “coca-cola”. Pero más tarde descubrieron que si la luz se encendía y se apagaba era mucho más efectivo, porque si la luz permanecía estática, se leería sólo una vez al pasar. Pero si cambiaba, si se encendía y se apagaba una y otra vez, aunque alguien pasase en un automóvil, lo leería entre cinco y siete veces por lo menos: “COCA-COLA, COCA-COLA, COCA-COLA…”. Eso llega mucho más hondo. Y más tarde o más temprano se te quedará impresionado.

Así es como todas las religiones han vivido hasta ahora: siguen repitiendo las mismas creencias estúpidas, pero esas creencias se convierten en una verdad para la gente. La gente está dispuesta a morir por ellas. Ahora bien, nadie ha visto donde está el Cielo, pero millones de personas han muerto por él.

Los mahometanos dicen que si mueres en una guerra santa irás inmediatamente al Cielo y todos tus pecados te serán perdonados. Y los cristianos también dicen que si mueres en una guerra religiosa; en una cruzada, irás inmediatamente al cielo; entonces se te perdona todo lo demás. Y millones de personas han muerto o matado creyendo que esto era verdad.

Aún en este siglo hemos visto ocurrir cada cosa…; en ese sentido no parece muy civilizado. Adolf Hitler repitió continuamente durante veinte años que “Los judíos son la causa de toda desgracia”, y una nación tan inteligente como Alemania le creyó. ¿Qué decir de la gente común?: hasta personas como Martin Heidegger, uno de los más grandes filósofos que Alemania ha producido en este siglo, creía que Adolf Hitler tenía razón y le apoyó.

Un hombre de la inteligencia de Martin Heidegger apoyando a una persona tan estúpida como Adolf Hitler… ¿Cuál es el secreto? El secreto es: repetir y seguir repitiendo. Hasta los judíos empezaron a creer que debía de ser verdad: “Nosotros debemos ser la causa; si no ¿cómo podría creerlo tanta gente? Si tanta gente lo cree, es que tiene que haber algo”.

Has sido educado con unas creencias, unas ideas, que en realidad no tienen ningún fundamento. Y si sigues viviendo de acuerdo a ellas vivirás en vano. Tienes que ir a través de un cambio radical.

Haz preguntas acerca de ti mismo, no preguntes acerca del otro. Es imposible estar seguro acerca del otro, y tampoco hay necesidad. ¿Cómo puedes estar seguro del otro? El otro está continuamente cambiando. Este momento el otro puede ser cariñoso, y el próximo momento no. No es algo que se pueda prometer; sólo puedes estar seguro acerca de ti mismo, y además tan sólo por un momento. Y no hay necesidad de pensar en todo el futuro; piensa en términos de momento y de presente. Vive en el presente.

Si este momento está lleno de amistad y de fragancia de la amistad, ¿por qué preocuparse por el próximo momento? El próximo momento nacerá de este. Tiene necesariamente que se de una calidad más alta, más profunda. Llevará esa misma fragancia a cotas más altas. No hay necesidad de pensar en ello; sólo vive el momento en profunda amistad.

Y la amistad no necesita dirigirse a una persona en particular; esa es también otra idea podrida, que tiene que ser amigo de cierta persona; tan sólo sé amistoso. Mejor que ser amigo de alguien, crea amistad. Deja que sea una cualidad de tu ser, un clima que te rodea; y así serás amistoso con quienquiera que te pongas en contacto.

¡A toda esta existencia se le tiene que ofrecer amistad! Y si le puedes ofrecer amistad a la existencia, la existencia te la devolverá multiplicada por mil. Te lo devuelve en la misma moneda pero multiplicada. Si le tiras piedras a la existencia, recibirás muchas más piedras. Si le tiras flores, volverán flores. Te hace eco.

La vida es un espejo, refleja tu rostro. Sé amistoso, y todo en la vida reflejará amistad. Todo el mundo sabe que si eres cariñoso con un perro, hasta este se vuelve tu amigo, así que sé amistoso. Algunas personas han descubierto que si eres amable con un árbol, el árbol se vuelve amable contigo.

Experimenta con la amistad. Prueba con un rosal, y observa el milagro; ocurrirá poco a poco, se ha vuelto muy miedoso porque el hombre no se ha comportado amistosamente con los árboles.

Pero ahora los científicos dicen que cuando llegas con un hacha a talar un árbol, aún antes de haber empezado a cortarle, al árbol le entra un temblor, un escalofrío. Le entra un gran miedo, pánico. Ni siquiera has empezado, pero basta sólo la intención; ¡como si el árbol fuera consciente de tus intenciones! Ahora tienen instrumentos sofisticados como los cardiógrafos, que pueden hacer un gráfico en el papel mostrando lo que el árbol está sintiendo. Cuando el árbol se siente alegre, hay un ritmo en el gráfico; cuando el árbol tiene miedo, el miedo se muestra en el gráfico.

Cuando el árbol ve venir al amigo se alegra, salta, danza; el gráfico inmediatamente muestra una danza. Cuando el árbol ve al jardinero venir…

¿Le has dicho “¡hola!” alguna vez a un árbol? Pruébalo, y un día te sorprenderás: el árbol también dice “¡hola!” en su lengua, en su propio idioma. Abraza a un árbol, y pronto llegará el día que sientas que no sólo tú estabas abrazando. El árbol no tiene manos, pero tiene su propia forma de expresar su alegría, su tristeza, su ira, su miedo.

Toda la existencia es sensible. Esto es lo que quiero decir cuando digo que la existencia es Dios.

Sé amistoso, y no te preocupes por si alguna lo es contigo o no, no es una cuestión de negocios. ¿Por qué preocuparse? ¿Por qué perderse un reino tan grande?


sábado, 15 de abril de 2017

PORQUÈ ESCAPAMOS DE LA SOLEDAD

La soledad es fundamental. No hay otra manera de estar que solo. Uno puede olvidarlo, uno puede olvidarse de sí mismo en muchísimas cosas, pero una y otra vez la verdad se reafirma. Por eso después de cada experiencia profunda te sentirás solo.

Es por eso que las grandes experiencias ponen a la gente triste. En el despertar de una profunda experiencia, siempre se posa la tristeza. Es debido a este fenómeno que millones de personas anhelan experiencias profundas. pero las evitan. No quieren profundizar en el amor, el sexo es suficiente para ellos. No les dejará solos, porque el sexo es superficial. Será divertido, un entretenimiento; por un momento lo disfrutarán y luego se olvidarán de él. No les conducirá a su propio centro; el amor es tan profundo que te deja solo.

Esto parecerá muy paradójico, porque ordinariamente la gente cree que el amor les hará sentirse en compañía. Eso es una completa insensatez. Si el amor es profundo te hará consciente de la soledad, no de la compañía. Cuando algo cala hondo, ¿qué ocurre?: dejas la periferia de tu ser y entras en tu centro, y el centro es todo soledad. Allí estás sólo tú; o ni siquiera tú, tan sólo una consciencia sin ego, sin identidad, sin definición, un abismo de consciencia.

Después de escuchar bella música, o después de penetrar en el significado de una gran poesía, o ver la belleza de un atardecer, en el despertar siempre te sentirás triste. Viendo esto, millones de personas han decidido no ver la belleza, no amar, no meditar, no rezar, evitar todo lo que sea profundo. Pero aunque evites la verdad, la verdad te golpea algunas veces. Sin que te des cuenta, te posee.

Puedes distraerte por el momento, pero ninguna distracción te va a ayudar. La consciencia tiene que aceptarse porque es fundamental. No es un accidente; así es como son las cosas: es el Tao. Una vez que lo aceptas, la cualidad cambia; la soledad no crea tristeza. Es tu idea de que estar solo es estar triste es lo que está creando el problema. La soledad es tremendamente bella porque es profundamente libre. Es absoluta libertad; ¿cómo puede crear tristeza?

Pero tu interpretación es errónea. Tendrás que abandonar tu interpretación. De hecho, cuando dices: “Afronto una nueva soledad”, en realidad quieres decir que afrontas un nuevo sentimiento de soledad. Y tú todavía no conoces la diferencia entre la soledad y sentirte solo.

Sentirse solo es la soledad mal interpretada. Sentirse solo significa que echas de menos al otro. ¿Y quién es el otro?: alguna excusa que te ayuda a olvidar tu consciencia, algún toxico: puede ser una mujer, un hombre, un libro, cualquier cosa; cualquier cosa que te ayude a olvidarte de ti mismo, que se lleva el recordarte a ti mismo, eso te quita el peso de la consciencia.

Tú, en realidad, quieres decir sentirte solo. Sentirte solo es un estado negativo: se echa de menos al otro y empiezas a buscarle. La soledad es inmensamente bella. La soledad es un momento en el que ya no se necesita al otro, tú eres suficiente para ti mismo; tan suficiente que puedes compartir tu soledad con toda la existencia. Tu soledad es tan inagotable que aunque inundes toda la existencia, aún te quedará más. Cuando estás solo, eres rico, cuando te sientes solo eres pobre.

El que se siente solo es un mendigo; su corazón es una escudilla. El que está solo es un emperador; Buda está solo.

Y lo que a ti te ha ocurrido ha sido sentirte solo, pero tu interpretación es errónea. Tu interpretación viene de tus experiencias pasadas, de tu mente pasada. Viene de tu memoria. Tu mente te está dando una idea errónea. Abandona la mente. Entra en tu soledad; obsérvala, saboréala. Hay que mirar todos sus aspectos. Entra desde todas las puertas posibles; es el mayor templo que existe. Y es en esta soledad donde te encontrarás a ti mismo; y encontrarse a uno mismo es encontrar a Dios.

Dios está solo, y una vez que lo hayas visto sin que la mente interfiera no querrás distraerte en absoluto; entonces no hay nada de qué distraerse, entonces no hay necesidad de distraerse; entonces no querrás escapar de ello porque es la vida, la vida eterna. ¿Por qué debería uno escapar de ello? Y yo no estoy diciendo que en esta soledad no podrás relacionarte. De hecho, te podrás relacionar por primera vez.

Una persona que se siente sola no se puede relacionar porque su necesidad es muy grande; se aferra, se apoya en el otro. Trata de poseer al otro porque tiene miedo constantemente: “Si el otro se va ¿entonces qué? Me quedaré solo otra vez”. Por eso existe tanta presión en el mundo. Hay una razón, y es simple: tienes miedo; si el otro se va, entonces te quedarás solo, te sentirás completamente solo. Y eso no te agrada, la sola idea te hace sentir desgraciado. ¡Posees al otro! Posees al otro tan solamente que no tiene posibilidad de escaparse de ti. Por eso el amor, que tù conoces, se convierte en algo miserable. El amor se convierte en política; el amor se convierte en dominación, en explotación. Porque la gente que se siente sola no puede amar.

Los que se sienten solos no tienen nada que dar, únicamente se explotan los unos a los otros. Naturalmente, cuando tú no tienes nada que dar y el otro trata de explotarte, comienza la política. Quieres dar el mínimo posible y obtener el máximo; el otro hace lo mismo que tú, y ambos creáis miseria el uno para el otro.

He oído que…

Un hombre detuvo su automóvil en la profundidad del bosque y empezó a mostrarse muy cariñoso con la mujer que estaba sentada a su lado. Pero la mujer le dijo: “Para. En realidad no sabes quién soy. Soy una prostituta, y mi precio son cincuenta dólares”.

El hombre le dio cincuenta dólares a la mujer e hizo el amor con ella. Cuando acabó se quedó sentado en silencio al volante sin moverse.

La mujer preguntó: “¿Bueno, y ahora a qué esperas? Se está haciendo tarde y quiero regresar a casa”.

Y el hombre dijo: “Lo siendo, pero tengo que decírtelo. Soy taxista… y la tarifa de regreso son cincuenta dólares”.

Esto es lo que ocurre en tus relaciones amorosas: unos son prostitutas y otros taxistas. Es un negocio, es esto por aquello. Es un conflicto continuo. Es por eso que las parejas se pelean continuamente. No pueden separarse el uno del otro; aunque sigan peleándose no se pueden separar. De hecho ese es el motivo por el que se pelean: para que ninguno se separe. No pueden sentirse cómodos porque si se sienten cómodos estarán perdidos y el otro explotará aún más: esa es toda su base. Una vez que te das cuenta entiendes toda la miseria del matrimonio.

Uno se pregunta por qué la gente no se separa si no es feliz con el otro. ¡No se pueden separar! No pueden vivir juntos ni tampoco separados. De hecho, la misma idea de la separación crea el conflicto. Se mutilan el uno al otro para que el otro no pueda escapar, aunque él o ella quieran escaparse. Cargan al otro con tales responsabilidades, tales moralidades, que aunque sea el otro el que se separe, él o ella se sentirá culpable; le dolerá en su propia consciencia y sentirá que ha hecho algo malo. Y juntos, lo único que hacen es pelear. Juntos, lo único que hacen es regatear el precio. Tu matrimonio, tu mal llamado amor, es un negocio; no es amor.

Cuando te sientes solitario no hay posibilidad de amor. Cuando la gente se siente sola, empieza a meditar, entonces tampoco hay posibilidad de meditación. Se sienten solos y quieren algo con que llenarse a sí mismos. Necesitan un mantra, meditación trascendental o cualquier clase de insensateces. Les gustaría tener algo con que llenarse a sí mismos porque se sienten solos y vacíos. Repetir “Rama, Rama, Krishna, Krishna” o “Ave María”, o cualquier otra cosa, les ayudará por lo menos a olvidar el vacío. ¡Esto no es meditación!, esto es tan sólo cubrir el sentirte solo, el vacío. Eso es tan sólo cubrir un agujero negro en ti mismo.

O empiezan a rezar en las iglesias y en los templos y a hablar con Dios. Ahora bien Dios es su imaginación; no pueden encontrar al otro en el mundo porque es muy costoso y problemático, así que crean “al otro” ahí arriba, en el Cielo. Empiezan a hablar con Dios, pero no pueden vivir sin el otro, tiene que haber otro. Pueden escapar al desierto, pero hasta en una cueva en el desierto mirarán hacia arriba y hablarán con el otro. Esto es pura fantasía, y nada más. Y si esto continúa durante suficiente tiempo, puedes empezar a alucinar con que el otro está ahí.

Tu necesidad es tal que puedes crear al otro a través de tu imaginación. Es por eso que las mal llamadas religiones han tratado de separarte de los otros, que son ordinarios y están a tu alcance. Querrían que no te casases; ¿por qué? porque si estás casado y tienes una mujer, un hombre, no necesitas a Dios. Es una estrategia: no te permitirán ser mundano porque entonces estarás ocupado y no sentirás tu soledad. ¿Entonces para qué ibas a necesitar hablar con Dios?, puedes hablar con la gente. Te llevarán a cuevas en los Himalayas, a monasterios, para que llegues a sentirte tan solo que en la miseria de este sentimiento tengas que hablar con Dios, tengas que crear a Dios para la tranquilidad de tu corazón. Y entonces, cuanto más se te priva de compañía, mayor es la posibilidad de la visión de Dios; esas visiones no son otra cosa que ilusiones, sueños vistos con los ojos abiertos. Es como cuando una persona lleva a cabo un ayuno, puede empezar a imaginar comida, puede llegar a verla.

He oído hablar de un poeta que estuvo perdido en el bosque durante tres días, hambriento. Y llegó la noche de luna llena; miró a la luna y se sorprendió, porque durante toda su vida cuando la veía le recordaba rostros de mujeres hermosas, sus amadas, y cosas así. Pero aquella noche, después de tres días de ayuno, cansado, hambriento, sediento, miró a la luna y vio un enorme queso flotando en el cielo sobre las nubes. ¡No podía dar crédito a lo que estaba viendo! “¿Qué clase de poesía era esa?”. Un gran poeta, y la luna llena le parecía un queso!

Y todos sabéis que si se os priva de algo demasiado, empezaréis a sustituirlo con la imaginación. Si has tenido que vivir solo en un bosque durante muchos días y no has visto una mujer, hasta la mujer más fea del mundo te parecerá Cleopatra.

Sentirse solo no puede crear amor, crea necesidad. El amor no es una necesidad.

¿Entonces qué es el amor? El amor es un lujo; procede de tu soledad: cuando estás solo y feliz y alegre y celebrando, y una gran energía se va almacenando en ti. No necesitas a nadie; en ese momento que la energía es tanta, te gustaría compartir tu ser. Entonces das, das porque tienes mucho, das sin pedir nada a cambio: eso es amor.

Muy pocas personas llegan a conocer el amor, y son las que han alcanzado antes la soledad. Y en tu soledad, la meditación es natural, simple, espontánea. Entonces simplemente sentándote en silencio, sin hacer nada, estás en meditación; no necesitas repetir un mantra ni canturrear ningún estúpido sonido. Simplemente te sientas o caminas, o haces tus cosas, y la meditación es como un clima que te rodea, que te envuelve como una nube; te inunda de luz.

Estás inmerso en ella, bañado en ella y esa frescura va aumentando en ti; entonces empiezas a compartir. ¿Qué otra cosa puedes hacer? El amor es una consecuencia de la soledad. Cuando una canción nace en tu corazón tienes que cantarla. Y cuando el amor nace en tu corazón tienes que dejarlo salir. Cuando la nube está cargada de lluvia, llueve, y cuando la flor está rebosante de fragancia, la emana a los vientos. Sin dirección alguna, esparce su fragancia. Y la flor no pregunta: “¿Qué recibo a cambio?”. La flor está feliz de que los vientos hayan sido lo bastante amables para liberarla de su carga.

El amor verdadero ocurre cuando no hay posesividad.

Y la verdadera meditación ocurre cuando no hay esfuerzo.

Lo que a ti te ha ocurrido es algo inmensamente valioso; sólo que tu interpretación es errónea. Por favor no lo llames soledad, o si lo llamas soledad trata de entender su naturaleza.

“Los esfuerzos por compartir o escaparme con distracciones dan malos resultados”.

Tienen necesariamente que dar malos resultados; porque es soledad, auténtica soledad. Te perderás algo si escapas de ella; sería escapar de tu tesoro más íntimo; sería escapar de tu riqueza, de tu propio reino. El resultado sería desastroso. No escapes; profundiza en ella; olvídate de todas las escapatorias; eso es lo que has estado haciendo toda tu vida. ¡Esta vez, no! Esta vez tienes que adentrarte en ella; esta vez tienes que saborearla en su totalidad; tienes que convertirte en ella; tienes que ver lo que es, hasta la raíz. Y una vez que lo hayas visto y vivido, saldrás como una persona totalmente nueva, renacida.

Abandona todo miedo, abandona todas las memorias y entra en la nueva faceta de la soledad. Es auténtica soledad, no es sentirse solo. No necesitas escapar; si escapas de sentirte solo te sentirás bien. Si escapas de la soledad te sentirás mal.

No compartas en este momento. Deja que se acumule, deja que se convierta en una nube cargada de lluvia; entonces el compartir sucederá por sí solo. Compartir no será un esfuerzo. Ahora mismo, si empiezas a compartir, sería otra vez una manera de encontrar al otro en el nombre de compartir. Sería escapar. Tú simplemente ve acumulando esta soledad y verás que un día se esparce una fragancia a los cuatro vientos. Un día verás que el compartir ha comenzado. Tú serás su testigo; tú no serás el que haga, si no sólo un testigo.

¿Por qué te aferras a este hábito de escapar de la soledad?

¡Porque tú todavía no lo has entendido como soledad! Continúas interpretándolo como sentirse solo. Y puedo entenderlo: eso es lo que hace todo el mundo. Cuando sientes la soledad por primera vez la interpretas como sentirte solo, porque ese es un fenómeno conocido; lo has sentido toda tu vida.

El momento en que el niño deja el vientre de la madre, la primera experiencia es la de sentirse solo; empieza sintiéndose solo, tiene que abandonar su hogar. El mayor trauma que el niño sufre es cuando tiene que dejar el vientre. Se aferra al vientre, no quiere salir de él. Ha vivido ahí durante nueve meses, amaba el espacio, el calor, y se le ha cuidado maravillosamente, sin tener responsabilidad, sin preocupación. ¿Por qué se tiene que ir? Se le echa fuera, se le expulsa; no quiere salir. A la vida, nosotros la llamamos nacer, pero el niño piensa que se va a morir. Para él es la muerte, porque es el fin de la vida que ha conocido durante nueve meses. Está conmocionado, se siente castigado, y aún no puede pensar, así que el sentimiento profundiza mucho en el cuerpo. Es un sentimiento de todo su ser, no un pensamiento, por eso empapa cada cédula de su cuerpo y se queda: esta es la primera experiencia de sentirse solo.

Y muchas experiencias vendrán una y otra vez. Un día la madre le retirará el pecho, y otra vez el niño se sentirá solo; un día se retirará al niño de la madre y le cuidará una niñera: otra vez se sentirá solo. Un día no le permitirán dormir en la habitación de la madre, le darán una habitación separada: otra vez se sentirá solo. Recuerda tu niñez el día que tuviste que dormir solo en una habitación por primera vez: la oscuridad, la frialdad, nadie a tu alrededor. Y nunca antes había sido así; el calor de la madre, su suave cuerpo siempre estaba a mano. Ahora el niño se aferrará a un juguete (un osito de peluche), ¿pero es eso un sustituto? O se aferrará a la manta, ¿pero es eso un sustituto? Un pobre sustituto, pero de alguna manera, se las tiene que arreglar; se siente muy solo, abandonado, rechazado, en la oscuridad. Estas son heridas que se van acumulando y van haciendo la idea de sentirse solo algo más profundo. Un día tiene que dejar el hogar e ir a una guardería, con personas extrañas, desconocidos. Recuerda todas esas heridas; ¡están ahí! Y continúan.

Toda tu vida es un largo proceso de sentirte solo. Entonces por azar suceden algunas profundas experiencias, y es debido a esas profundas experiencias que tienes un destello de tu ser. Pero toda tu mente sólo conoce el sentirse solo, así que transforma la experiencia de soledad en la sentirse solo. Lo ha etiquetado como sentirse solo.

La experiencia de estar solo se define como soledad.

Olvida la interpretación; ahí es donde te pierdes, lo que está ocurriendo es algo verdaderamente nuevo. Es nuevo, así que no puedes explicártelo. La única manera de conocerlo es entrar en ello, familiarizarse con ello. Exactamente como el maestro Lu-tsu dijo: “Es como cuando bebes agua; sólo tú sabes si está fría o caliente”.

Ahora bebe de esta soledad, esta energía fresca que está brotando de ti. Bébela, saboréala, y te sorprenderá: no es como nada que hayas conocido antes. Es libertad, libertad del otro; es lo que en oriente llamamos moksha, libertad total. Y después de esta libertad, el amor se hará posible. Después de esta libertad, el compartir sucederá. Después de esta libertad, tu vida tendrá un significado totalmente diferente, un esplendor totalmente diferente. Tu esplendor oculto se liberará.

sábado, 8 de abril de 2017

¿ES POSIBLE ESTAR CASADO Y SER LIBRE?

Es difícil pero no imposible. Tan sólo se necesita un poco de comprensión; darse cuenta de algunas verdades básicas. Una es que nadie ha nacido para otro. La segunda es que nadie está aquí para satisfacer tus ideales de cómo él debería ser. La tercera es que tú eres el maestro de tu propio amor, y puedes dar tanto como quieras; pero no puedes pedirle amor a la otra persona, nadie es esclavo.

Si se entienden estos tres simples hechos. Entonces qué importa si estáis casados o no, podéis estar juntos; dejándoos espacio el uno al otro, sin interferir nunca en la individualidad del otro.

En primer lugar, vivir bajo una institución no es bueno, todas son destructivas. El matrimonio ha destruido casi todas las posibilidades de felicidad en millones de personas; y todo por cosas banales. En primer lugar el mismísimo ritual de la boda es falso.

Yo trabajaba en una universidad. A uno de mis colegas, un profesor de psicología, su mujer le torturaba continuamente. Es muy difícil encontrar una pareja que no se torture; y curiosamente es la mujer quien tortura al hombre. Hay una larga historia detrás de esto; la mujer aprovecha cada oportunidad para vengarse, porque el hombre la ha reducido a la esclavitud. Todo es inconsciente.

Esa mujer era un verdadero monstruo; solía pegar al pobre hombre. Un día vino y me dijo: “Eres la única persona a quien se lo puedo contar y confiar en que no se lo va a contar a nadie”.

“Te lo prometo” –contesté.
“Mi mujer me pega” -me dijo.
“Eso no es ningún secreto –repliqué yo.

De una u otra forma, todas las mujeres pegan al marido. Puede que no físicamente, pero que te peguen psicológicamente es más peligroso y más lesivo.

Pero no se le puede hacer responsable a la mujer por ello. Durante siglos ha sido torturada, asesinada, golpeada, enterrada viva; y todo eso se ha acumulado en su inconsciente. El hombre más cercano es el marido, así que con cualquier excusa empieza a crear problemas. El marido no quiere que el vecino se entere; y las esposas conocen esta debilidad, armar escándalo es uno de sus métodos: tirar cosas, gritar; para que todo el vecindario se entere. Y el marido tiene que ceder inmediatamente, porque está en tela de juicio su respetabilidad.

Así que le dije al profesor: “No te preocupes; todos vienen y me cuentan lo mismo. Cuando alguien empieza a decirme: “Por favor no se lo cuentes a nadie”, ya sé cuàl es el secreto. Puedo adivinarlo incluso antes de que me lo digan”.

“Pero quiero salir de esta prisión; he vivido en ella demasiado tiempo. Es una tortura las veinticuatro horas al día” –dijo él.

“No veo ningún problema” –contesté yo.
“¿No ves el problema? Pero yo estoy casado con ella –replicó él.
“El matrimonio es un juego de niños. ¿Cómo te casaste?” -dije yo.
“Un sacerdote canturreaba mantras, el fuego ardía… -dijo él (se cree que el fuego es lo divino, la presencia de lo divino. Así que si haces una promesa delante del fuego, no puedes romperla-.) Caminé en círculo siete veces, y el sacerdote ató mi traje al sari de mi esposa. Hicimos la promesa, mientras él recitaba dimos siete vueltas al fuego”.
“¿En la dirección de las manillas del reloj, o…?” -pregunté yo.
“Siempre es en la dirección de las manillas del reloj” -contestó él.
“Entonces no hay ningún problema –comenté yo-. Trae a tu mujer, yo haré de sacerdote; porque lo que fuera que el sacerdote susurrara tú no lo entendiste…”.
“No” –dijo él.
“Perfecto –dije yo-. Yo canturrearé algo que tú no entenderás ni yo tampoco. Me lo inventaré según lo vaya canturreando, y tú darás siete vueltas alrededor del fuego en dirección contraria a las manillas del reloj; entonces yo desataré el nudo que el sacerdote ató, con lo que el matrimonio quedará deshecho”.
“¡Dios mío! –Exclamó él-; ¿pero quién va a traer a mi esposa aquí? Sugieres una solución muy simple, pero tú no la conoces”.
“La conozco –respondí yo-; ¡porque ella vino a verme antes que tú! También ella quisiera acabar con este continuo pelear; tampoco ella lleva una vida feliz. Podéis ser felices ambos o desgraciados ambos; no es posible que uno sea feliz y el otro desgraciado. Así que la convenceré; ella ya está casi dispuesta; tú simplemente ve y dile que te he mandado yo. Y venid con el traje de boda…”.
“¿El traje de boda?” -me contestó sorprendido.
“Sí –afirmé-. Todo el ritual tiene que hacerse en orden inverso”.

El hombre, nunca regresó. Yo tenía que pasar por su casa muchas veces. Llamaba, y él me suplicaba: “Olvídate de lo que te conté. Cuando llegué a casa me llevé tal paliza ¡que olvidé todas las que había recibido antes! En esta vida no hay salida; ahora entiendo por qué los hindúes han inventado las vidas futuras”.

Pero yo le dije: “¿Sabes que cada año, un día en particular, las esposas hindúes ayunan rezan a Dios en el templo para casarse con el mismo marido en la próxima vida?”.

“Eso mismo es verdad; pero nunca he pensado en ello. ¿Cómo podría evitarlo?” –preguntó él.

“Muy sencillo: el mismo día ayuna –respondí yo-. Ve al templo y reza; silenciosamente, para que tú esposa no lo pueda oír. Ella estará rezando para que le sea concedido el mismo marido; tú simplemente di: “Una vida es suficiente. Mi esposa es fenomenal; ahora dásela a otro”.
“Está bien; eso lo puedo hacer” –dijo él.

Tú preguntas: “¿Es posible estar casado y ser libre?”.

Si no te tomas el matrimonio en serio, puedes ser libre. Si te lo tomas en serio, entonces la libertad es imposible. Tómatelo como un juego; es un juego. Ten un poco de sentido del humor, es un papel que representas en el escenario de la vida; pero no es algo que forme parte de la existencia o tenga alguna realidad; es una ficción.

Pero la gente es tan estúpida que hasta toma la ficción por realidad. He visto gente leyendo ficciones con lágrimas en sus ojos, en la ficción las cosas son muy trágicas. Que en los cines se apaguen las luces para que todo el mundo pueda disfrutar de las películas, es una idea muy ingeniosa. Saben perfectamente bien que la pantalla está vacía, que no hay nadie, que tan sólo es una imagen proyectada; y además, ¿qué pensarán los demás? Es algo muy difícil de lograr pero consigue que la gente se olvide de todo.

Y lo mismo ocurre en nuestras vidas. Muchas cosas que son para tomárselas simplemente en broma, nos la tomamos muy en serio; y de esa seriedad surge nuestro problema.

En primer lugar, ¿por qué deberías casarte? Si amas a alguien, vive con alguien; forma parte de tus derechos básicos. Puedes vivir con alguien, puedes amar a alguien.

El matrimonio no es algo que ocurra en el cielo; ocurre aquí, a través de la sociedad y no quieres sentirte solo y separado, ponle claro a tu esposa o a tu marido que este matrimonio es sólo un juego: “Nunca lo tomes en serio”. Yo seguiré siendo tan independiente como antes de la boda, y tú seguirás siendo tan independiente como antes de la boda. Ni yo voy a interferir en tu vida ni tú vas a interferir en la mía; viviremos como dos amigos juntos, compartiendo nuestras alegrías, compartiendo nuestra libertad; pero sin convertirnos en una carga el uno para el otro.

Y en cualquier momento que sintamos que la primavera ha pasado, que la luna de mil ha pasado, seremos lo suficientemente sinceros como para no seguir aparentando, y decirnos que nos hemos amado mucho y que seguiremos estando agradecidos el uno al otro para siempre, y los días de amor continuarán en nuestras memorias, en nuestros sueños, como algo maravilloso; pero la primavera se acabó. Nuestros caminos han llegado a un punto donde, aunque sea triste, tenemos que partir, porque ahora, vivir juntos ya no es una canción de amor.

“Si yo te amo, te dejaré en el momento que vea que mi amor se ha vuelto un sufrimiento para ti. Si tú me amas, me dejarás en el momento que veas que tu amor se está convirtiendo en una prisión para mí”.

El amor es el más elevado valor de la vida.

No debería ser reducido a estúpidos rituales.

Y el amor y la libertad van juntos; no puedes elegir a uno y dejar al otro. Un hombre que conoce la libertad está lleno de amor, y un hombre que conoce el amor siempre está dispuesto a dar libertad. Si no puedes dar libertad a la persona que amas, ¿a quién se la vas a dar? Dar libertad no es otra cosa que confiar.

La libertad es una expresión del amor.

Así que, estés casado o no, recuerda: todos los matrimonios son falsos; son sólo conveniencias sociales. Su propósito no es encarcelaros y ataros el uno al otro; su propósito es ayudaros a crecer el uno al otro. Pero el crecimiento necesita libertad; y en el pasado, todas las culturas han olvidado que sin libertad el amor muere.

Ves un pájaro en el cielo, volando junto al sol, y es algo muy bello. Atraído por su belleza, puedes cazarlo y ponerlo en una jaula de oro. ¿Crees que será el mismo pájaro? Superficialmente, sí; será el mismo pájaro que volaba en el cielo; pero profundamente no será el mismo pájaro, porque ¿dónde está su cielo?, ¿dónde está su libertad?

Esta jaula de oro puede ser valiosa para ti, no lo es para él. Para el pájaro, estar libre en el cielo es lo único que tiene valor en la vida. Y lo mismo es verdad para los seres humanos.

sábado, 1 de abril de 2017

LA INTERDEPENDENCIA Y LA RELACIÒN

La vida es una interdependencia. Nadie es independiente, ni por un momento puedes existir solo. Necesitas que toda la existencia te apoye a cada momento en cada inspiración y espiración. No es una relación, la vida es una total interdependencia. Recuerda, no estoy diciendo que sea dependencia, porque la idea de dependencia sugiere que eres independiente. Si somos independientes entonces la dependencia es posible. Pero ambas son imposibles; la vida es una interdependencia.

¿Tú que crees? ¿Son las olas independientes del océano, o dependen del océano? Ni lo uno ni lo otro es verdad. Ni son independientes ni dependientes. El océano no puede existir sin las olas y las olas no pueden existir sin el océano. Son totalmente uno, es una unidad. Y así es toda nuestra vida. Somos olas del océano cósmico de la consciencia.

Eso significa que el amor puede tener tres dimensiones. Una es la dependencia; que es lo que le pasa a la mayoría de la gente. El marido depende de la esposa, la esposa depende del marido; se explotan mutuamente, se dominan el uno al otro, se poseen el uno al otro, se reducen el uno al otro a una mercancía. En el noventa y nueve por ciento de los casos, eso es lo que está pasando en el mundo. Es por eso que el amor, que puede abrir las puertas del paraíso, sólo abre las puertas del infierno.

La segunda posibilidad es la del amor entre dos personas independientes. Ocurre de vez en cuando, pero esto también trae miseria, porque conlleva un conflicto constante. No hay forma de cambiarlo; ambos son tan independientes que ninguno está dispuesto a comprometerse, a ajustarse al otro. Los poetas, artistas, pensadores, científicos, los que viven en cierta independencia, por lo menos en sus mentes, son gente con la que es imposible vivir; son gente excéntrica, difícil vivir con ellos. Dan libertad al otro, pero su libertad se parece más a la indiferencia que a la libertad, parece como si no se preocuparan, como si no les importara. Se dejan el uno al otro en sus propios espacios. La relación parece ser sólo superficial; tienen miedo de profundizar el uno en el otro, porque están más comprometidos con su libertad que con el amor, y no se quieren comprometer.

Y la tercera posibilidad es la interdependencia. Raramente ocurre, pero cuando ocurre una parte del paraíso desciende sobre la Tierra. Dos personas, ni independientes ni dependientes, sino en una tremenda sincronicidad, como si respiraran el uno por el otro, un alma en dos cuerpos; cuando esto ocurre, ha ocurrido el amor. Sólo a esto se le puede llamar amor. Las otras dos no son verdadero amor, no son más que arreglos: sociales, psicológicos, biológicos, pero arreglos. La tercera es algo espiritual.

Es difìl relacionarse porque tú todavía no eres. Hay un vacío interior, y el miedo a que si te relacionas con alguien más tarde o más temprano se demostrará que estás vacío. Por eso parece más seguro mantener una distancia con la gente; por lo menos puedes simular que eres.

Tú no eres. No has nacido todavía, eres tan sólo una posibilidad. Pero todavía no eres su realización; y sólo dos personas que se hayan realizado pueden relacionarse. Relacionarse es una de las cosas más grandes de la vida; relacionarse significa amar, relacionarse significa compartir. Pero antes de poder compartir y antes de poder amar tienes que estar lleno de amor, rebosante de amor.

Dos semillas no se pueden relacionar, están cerradas. Dos flores pueden relacionarse, están abiertas, pueden mandar su fragancia de una a otra, pueden danzar bajo el mismo sol y en el mismo viento, pueden tener un diálogo, pueden susurrarse. Pero esto no es posible para dos semillas. Las semillas están totalmente cerradas, no tienen ventanas; ¿cómo van a relacionarse?

Y esta es la situación. El hombre nace como una semilla; puede convertirse en una flor, o puede que no. Todo depende de ti, de lo que tú hagas contigo mismo; todo depende de si tú creces o no. Es tu elección; y la elección tiene que afrontarse cada momento; cada momento estás en un cruce de caminos.

Millones de personas prefieren no crecer. Permanecen como semillas, se quedan en potencialidades, nunca llegan a realizarse. No saben lo que es la autorrealización, no saben nada acerca de la existencia. Viven totalmente vacíos y mueren totalmente vacíos. ¿Cómo van a relacionarse?

Sería exponerte a ti mismo; tu desnudez, tu fealdad, tu vacío; parece más seguro mantener una distancia. Hasta los amantes mantienen cierta distancia; llegan hasta un punto, y permanecen alerta cuando se dan la espalda. Tienen sus límites; permanecen confinados en sus límites.

Sí, hay cierta clase de relación, pero no es la de relacionarse, es la de la posesión: el marido posee a la esposa, la esposa posee al marido, los padres poseen a los hijos, y así sucesivamente. Pero poseer no es relacionarse; de hecho poseer es destruir toda posibilidad de relacionarse. Si te relacionas, respetas; no puedes poseer. Si te relacionas, se crea una gran reverencia. Si te relacionas te vas acercando y llegas muy, muy cerca, en profunda intimidad, superponiéndose, sin interferir en la intimidad del otro, y a su vez el otro sigue siendo un individuo independiente. Es la relación del yo-tú, no la del yo-ello, superponiéndose, interpenetrándose, y a la vez en cierto sentido independiente.

Khalil Gibran dice: “Sed como dos pilares que sostienen el mismo tejado, pero no os poseáis el uno al otro, dejad, dejad al otro independiente. Sostened el mismo tejado; ese tejado es el amor”.

Dos amantes sostienen algo invisible e inmensamente valioso: una poesía de ser, una música escuchada en el profundo seno de su existencia. Ambos sostienen una armonía, pero permanecen independientes. Pueden exponerse al otro, porque no tienen miedo. Saben quiénes son. Conocen su belleza interior, conocen su perfume interior; no tienen miedo.

Pero normalmente tienes miedo, porque tú no tienes ninguna fragancia. Si te expones a ti mismo simplemente apestarás; apestarás a celos, odios, iras, lujuria. No tendrás el perfume del amor, la oración, la compasión.

Millones de personas han preferido quedarse en semillas. ¿Por qué? Cuando pueden convertirse en flores y danzar al viento, bajo el sol, bajo la luna, ¿por qué han decidido quedarse en semillas? Hay una razón para esta decisión: la semilla está más segura que la flor. La flor es frágil; la semilla no lo es, la semilla parece más fuerte. La flor puede ser destruida muy fácilmente; sólo un golpe de viento y sus pétalos volarán. La semilla no puede ser destruida por el viento tan fácilmente, la semilla está muy protegida, segura. La flor estará expuesta; una cosa tan delicada, y expuesta a tantos riesgos: puede soplar un viento fuerte, puede llover tormentosamente, el sol puede calentar demasiado, cualquier tonto puede arrancar la flor. Cualquier cosa puede ocurrirle a la flor, le puede pasar de todo; la flor está constantemente en peligro. Pero la semilla está segura; por eso millones de personas han decidido permanecer como semillas. Pero quedarse en semilla es quedarse muerto, quedarse en semilla no es en absoluto vivir. Es seguro ciertamente, pero no tiene vida. La muerte es segura, la vida es inseguridad. Lo que realmente quiere vivir tiene que vivir en peligro, en constante peligro. El que quiere alcanzar la cima tiene que arriesgarse a perderse. El que quiere escalar las más altas cimas tiene que arriesgarse a caerse, escurrirse.

Cuanto mayor es el anhelo de crecer, más y más riesgos se tienen que aceptar. El verdadero hombre acepta el peligro como su propio estilo de vida, como el verdadero clímax del crecimiento.

Jesús dice a su manera: “Primero, busca el reino de Dios, todo lo demás te será dado”. Esto es sólo una vieja expresión que quiere decir lo mismo que yo estoy diciendo: primero sé, luego todo lo demás te será dado.

Pero ser es el requerimiento básico. Si eres, el coraje viene como consecuencia. Si eres, surge un gran anhelo por la aventura; y cuando estás listo para explorar, puedes relacionarte. Relacionarse es explorar; explorar la consciencia del otro, tienes que darle la bienvenida y permitir que él te explore a ti; no puede ir en una sola dirección. Y puedes permitir que el otro te explore sólo cuando tienes algo, algún tesoro dentro de ti. Entonces no hay miedo. De hecho invitas al huésped, abrazas al huésped, le llamas, le quieres dentro. Quieres que vea lo que has descubierto en ti mismo, quieres compartirlo.

Primero sé, luego puedes relacionarte; y recuerda, relacionarse es muy bello. La relación en pareja, como la conocemos, es un fenómeno completamente diferente; es algo muerto, fijo, ha llegado a un punto final. Te casas con una mujer; ha llegado un punto final. Desde aquí las cosas sólo declinarán. Has llegado al límite, ya no crece nada. El río se estanca y se convierte en un pantano. La relación en pareja es algo que ya está acabado; relacionarse es un proceso. Elude las relaciones y profundiza más y más en el relacionarte.

Mi énfasis está en los verbos no en los nombres; evita los nombres tanto como te sea posible. En el lenguaje no los puedes evitar, lo sé; pero en la vida, evítalos; porque la vida es un verbo. La vida no es un nombre, es un verbo; en realidad es “vivir” no “vida”. No es amor, es amar. No es la relación, es relacionarse. No es la canción, es cantar. No es la danza, es danzar.

No es cuestión de relacionarse con alguien en particular. El hecho básico es que si tú eres, toda tu vida se vuelve un relacionarse. Es una canción constante, una danza constante; es una continuidad, como el fluir de un río.

Medita, primero encuentra tu centro. Antes de relacionarte con alguien más, relaciónate contigo mismo: este es el requisito básico que hay que cumplir. Sin él, nada es posible.

sábado, 25 de marzo de 2017

CÒMO SUPERAR LAS ATADURAS

El amor de relación es dos cosas. Es emociòn y dolor, es agonía y es éxtasis; porque el amor es el encuentro de la tierra y el cielo, de lo conocido y lo desconocido, de lo visible y lo invisible.

El amor es el límite que separa la materia y la consciencia, el límite entre lo más bajo y lo más elevado. El amor tiene raíces en la tierra que son su dolor, su agonía. Y el amor tiene sus ramas en el cielo que son su éxtasis.

El amor no es un fenómeno simple, es dual. Es un acuerdo tirante entre dos polaridades. Tendrás que comprender estas dos polaridades: una es el sexo, la otra es la oración. El amor es la cuerda tirante entre el sexo y la oración; parte de él es sexo y parte oración.

La parte sexual tiene necesariamente que traer muchas miserias, la parte que pertenece a la oración traerá muchas alegrías. Por eso es difícil renunciar al amor, porque uno tiene miedo de que se renuncie también a las alegrías que vienen con él. Uno tampoco es capaz de estar totalmente en él, porque todos esos dolores te recuerdan una y otra vez que renuncies a él. Esta es la miseria del amante: el amante vive en una tensión, tirante.

Es el problema básico de todos los amantes, porque el amor trae muchas espinas y muchas flores, y ambas vienen juntas. El amor es un rosal. Uno no quiere esas espinas, a uno le gustaría que el rosal fuera todo flores, sin espinas; pero vienen juntas, son aspectos de una misma energía.

Pero yo no estoy diciéndote que renuncies a eso que llamas amor, no te estoy diciendo que te separes. Lo que te estoy diciendo es: hazlo más y más una oración. Mi enfoque es el de la transformación, no el de la renuncia. Has debido malinterpretarme. Yo no estoy en contra del sexo, sino a favor de hacer del sexo una oración. Lo más bajo puede ser poseído por lo más elevado, entonces el dolor desaparece.

¿Qué dolor hay en la sexualidad? Te recuerda tu animalidad; ese es su dolor. Te recuerda el pasado, te recuerda tu límite biológico, te recuerda que no eres libre, que estás bajo la esclavitud de los instintos dados por la naturaleza; que tus hilos son manejados por la naturaleza, que eres tan sólo una marioneta en manos de lo desconocido, de fuerzas inconscientes.

El sexo se siente como una humillación. En el sexo sientes que estás perdiendo tu dignidad, de ahí el dolor. Además la satisfacción es tan momentánea…; más tarde o más temprano cualquier persona inteligente se da cuenta de que la satisfacción es momentánea y seguida de largas noches de dolor.

El éxtasis es como una brisa, viene y se va, te deja en un estado desértico, profundamente frustrado, decepcionado. Has tenido muchas esperanzas; tu parte instintiva te ha prometido muchas cosas, y no ha cumplido ninguna.

De hecho, el sexo es una estrategia de la naturaleza para perpetuarse a sí misma. Es un mecanismo que te mantiene reproduciéndote; si no, la gente desaparecería. Imagínate una humanidad donde el sexo no fuera un instinto y tú fueras libre, donde entrar en el sexo o no, fuera tu elección. Entonces todo este asunto parecería absurdo y ridículo. Imagínate: si no hubiera fuerzas instintivas tirando de ti, no creo que nadie estuviera dispuesto a entrar al sexo. Nadie va por voluntad propia; uno va a él reluctante, resistiéndose.

Si el sexo se dejara a la libre elección no creo que la gente fuera a él. Hay razones por las que la gente hace el amor ocultándose del público, de los demás; porque parece muy ridículo. Al hacer el amor en público sabrás que los demás verán lo ridículo que es; tú mismo sabes que lo es. Uno siente que está cayendo por debajo de la humanidad; ese es el gran dolor, eres arrastrado hacia atrás.

Pero trae algunos momentos de pureza total, de gozo e inocencia. Trae algunos momentos de intemporalidad, donde de repente no hay tiempo. También trae momentos en los que el ego desaparece, en esos momentos de profundos espasmos orgásmicos se olvida el ego. Te trae algunos destellos de Dios, de ahí que no se pueda renunciar a él.

La gente ha tratado de renunciar al sexo. A través de los tiempos los monjes han tratado de renunciar a él, por la simple razón de que es muy humillante, de que va muy en contra de la dignidad de los seres humanos. Estar bajo el impacto de un instinto inconsciente es deshumanizador, desmoralizador. Los monjes han renunciado a él, han dejado el mundo, pero con él también ha desaparecido toda la alegría de sus vidas. Se han vuelto muy serios y tristes, suicidas. Ahora no le ven significado a la vida, toda la vida pierde su sentido. Entonces simplemente esperan que llegue la muerte y se les lleve.

Es un problema muy delicado; ¿cómo resolverlo? Los monjes no han sido capaces de hacerlo. Por el contrario, crearon muchas perversiones en el mundo. Todas las perversiones que vuestros mal llamados santos han condenado, han sido creadas por ellos mismos. La primera idea de homosexualidad surgió en los monasterios, porque mantenían a los hombres juntos, distantes y separados de las mujeres, y mantenían a las mujeres juntas, distantes y separadas de los hombres.

Hay monasterios católicos donde no ha entrado mujer alguna desde hace mil años. Ni a una niña de seis meses se le permite. La sola idea parece horrible; esos frailes deben ser realmente peligrosos; ni siquiera a una niña de seis meses se le permite entrar en el monasterio. ¿Qué muestra esto? ¡Qué miedo! ¡Qué paranoia!

Naturalmente los frailes empezaron a tener contacto entre ellos, entonces el instinto creó maneras nuevas, inventó perversiones; se volvieron homosexuales. La homosexualidad, en muchos casos, es una consecuencia de la religión, la religión le ha dado al mundo muchas cosas; la homosexualidad es una de ellas. Toda clase de perversiones…

Ahora no se oye hablar de mujeres haciendo el amor con el diablo; ¡de repente el diablo parece haber perdido todo interés por las mujeres! El diablo no existe. Pero si mantienes a las mujeres separadas de toda posibilidad de enamorarse, de estar enamoradas, la mente empezará a crear sus propias proyecciones, y por supuesto estas proyecciones serán muy, pero muy animadas.

Así que, los frailes y las monjas no han sido capaces de resolver el problema, por el contrario lo han liado aún más. Y la persona mundana, la sensual, la persona indulgente, tampoco ha sido capaz de resolverlo: vive miserablemente; toda su vida es un sufrimiento. Sigue esperando, va de una esperanza a otra esperanza, y sigue fracasando, poco a poco una gran desesperación se pose en su ser.

Mi forma de ver las cosas no es de este mundo ni del otro.

Mi forma de ver las cosas no es rechazarlas sino usarlas.

Mi comprensión es que cualquier cosa que se te dé es preciosa. Puede que conozcas su valor o puede que no, pero es preciosa; si no fuera así, la existencia no te la hubiera dado. Así que tienes que encontrar maneras de transformarla. Debes procurar que hacer el amor sea más como una oración, tienes que hacer que tu sexo sea más amoroso. Poco a poco el sexo tiene que transformarse en una actividad sagrada, tiene que ser elevado.

Es mejor que tú tires del sexo hacia arriba, a que el sexo te empuje a ti hacia abajo, el fango de la animalidad.

La misma energía que te empuja hacia abajo, puede tirar de ti hacia arriba, y esa misma energía puede darte alas. Tiene un poder tremendo; es ciertamente la fuerza más poderosa del mundo. Porque toda vida surge de ella. Si puede dar a luz a un niño, a una nueva vida, si puede traer una nueva vida a la existencia, te puedes imaginar su potencial: te puede traer una vida nueva a ti también. Igual que puede traer un nuevo niño al mundo, puede darte un nuevo nacimiento.

Y eso es lo que Jesús quiere decir cuando le dice a Nicodemus: “A menos que vuelvas a nacer otra vez, no podrás entrar en el reino de Dios”; a menos que vuelvas a nacer otra vez, a menos que seas capaz de darte a luz a ti mismo, con una nueva visión, con una nueva cualidad de tus energías, con una nueva afinación en tus instrumentos. Tus instrumentos contienen una gran música, pero tienes que aprender a tocarlos.

El sexo tiene que transformarse en un gran arte meditativo. Esa es la contribución del tantra al mundo. La contribución del tantra es la mayor, porque te da claves para transformar lo más bajo en lo más elevado. Te da las claves para transformar el fango en flores de loto. Es una de las ciencias más grandes que han existido; pero por los moralistas, los puritanos y los mal llamados religiosos el tantra no ha podido ayudar a la gente. Se han quemado sus escrituras, miles de maestros de tantra han sido asesinados, quemados vivos. Toda la tradición ha sido casi destruida, se les ha forzado a esconderse…

Pero los estúpidos políticos y sacerdotes han estado siempre conspirando. No quieren que la gente se transforme, porque entonces ya no estaràn bajo su dominio. La gente que se transforma se vuelve independiente, libre; la gente que se transforma se vuelve tan consciente y tan inteligente que puede ver a través de todos los juegos de los políticos y los sacerdotes. No siguen a nadie; empiezan a vivir un tipo de vida totalmente diferente; no la vida de la masa, sino la del individuo. Se convierten en leones, dejan de ser corderos.

El interés de los políticos y los sacerdotes es que todo ser humano siga siendo un cordero. Sólo entonces pueden ser sus pastores, sus líderes, grandes líderes. Gente mediocre y estúpida aparentando ser grandes líderes; pero esto sólo es posible si toda la humanidad permanece en un nivel de inteligencia muy bajo, si se la mantiene reprimida.

Hasta ahora, sólo se han hecho dos experimentos. Uno ha sido el de la indulgencia, que ha fracasado, el cual se está probando otra vez en occidente y va a fracasar, fracasar rotundamente. Y el otro, el de la renunciación, que se ha probado en Oriente, y también en Occidente por el cristianismo. Este también ha fracasado rotundamente.

Se necesita un nuevo experimento y se necesita urgentemente. El hombre está hecho un lío, en una gran confusión. ¿Dónde ir? ¿Qué hacer con uno mismo?

Yo no estoy diciendo: renuncia al sexo. Estoy diciendo: transfórmalo. No tienes que ser sólo biológico; añádele un poco de espiritualidad. Mientras hagas el amor, también medita. Cuando hagas el amor, hazlo con más devoción. El amor no debería ser sólo un acto físico; pon tu alma en él.

Entonces, poco a poco, el dolor empieza a desaparecer y la energía contenida en el dolor se libera y se vuelve más y más una bendición. Entonces, la agonía se transforma en éxtasis.

La gente realmente desgraciada es aquella que nunca se ha enamorado y nunca ha sufrido; no han vivido en absoluto. Enamorarse y sufrir enamorado es bueno. Es pasar a través del fuego; purifica, te da visión, te pone más alerta. Este es el desafío que hay que aceptar.

No está en mi mano cambiar la naturaleza de las cosas; simplemente estoy declarando un hecho. Si estuviera en mi mano me hubiera gustado que encontraras la satisfacción definitiva en el amor. Pero no es así.

Es una ley fundamental de la vida que al que llamas amor te lleve hacia más y más profundas insatisfacciones. En definitiva, el amor trae tal descontento que empiezas a desear al amado supremo, Dios; empiezas a buscar la relación amorosa Suprema.

Sannyas es la relación amorosa suprema: la búsqueda de Dios, la búsqueda de la verdad. Es sólo posible cuando has fracasado muchas veces, amado y sufrido, y cada sufrimiento te ha traído más y más consciencia, más y más comprensión. Un día llega el reconocimiento de que el amor puede darte unos pocos destellos, y esos destellos están bien, son destellos de Dios; pero sólo te puede dar destellos; más que eso no es posible. Hasta eso es demasiado; pero sin esos destellos tú nunca buscarías a Dios.

sábado, 18 de marzo de 2017

QUÈ SIGNIFICA AMARSE A UNO MISMO

No se debe empezar por amarse a uno mismo, porque tú no sabes quién eres. ¿A quién vas a amar?

Si empiezas por amarte a ti mismo, amarás sólo a tu ego, que no eres tú; es una personalidad falsa. Casi todo el mundo ama su personalidad; todo el mundo ama su ego. Hasta la mujer más horrible, si le dices: “Qué bonita eres”, no se negará a aceptarlo.

He oído que una vez…

Dos viejos se encontraron en una esquina:
“¿Dónde has estado estos dos últimos meses?” –dijo uno de ellos.
“En la cárcel” –contestó el otro.
“¿En la cárcel?”. ¿Y cómo ha sido eso?” –replicó el primero.
“Pues hace como dos meses estaba en una esquina –respondió el segundo- y se acercó una chica preciosa corriendo con un policía y le dijo: “Es este, agente. Este es el que me ha atacado”. Y ¿sabes?, me sentí halagado, lo admito”.

Cuántas cosas que sabes perfectamente bien que no son verdad has admitido. La gente dice que eres muy cariñoso, sincero, noble, majo y honesto; y nunca lo niegas. Este no es el amor del que yo hablo.

Sí. Me gustaría que te amaras a ti mismo, porque hasta que no te ames a ti mismo no puedes amar a nadie más. Y si no te has amado a ti mismo, no sabes lo que es amor. Pero antes de poder amarte a ti mismo tienes que conocerte; por eso el amor es secundario y la meditación es primordial.

El milagro es que si meditas, y poco a poco te sales del ego y de tu personalidad y descubres tu auténtico ser, el amor vendrá por sí mismo. No tienes que hacer nada, es un florecimiento espontáneo. Pero sólo florece en cierto clima, y a ese clima yo le llamo meditación. En un clima de silencio, de repente verás que miles de flores se abren en tu interior, y su fragancia es el amor.

Naturalmente, primero te amarás a ti mismo, porque ese será tu primer encuentro. Primero serás consciente de la fragancia que está surgiendo en ti, la luz que ha nacido en ti, y la felicidad que cae sobre ti. Luego, el amor se volverá tu misma naturaleza. Entonces amarás a muchos; lo amarás todo.

De hecho, lo que conocemos en nuestra ignorancia es una relación, y lo que conocemos en nuestra consciencia ya no es una relación. No es que yo te amo; es que soy amor.

Y tienes que entender la diferencia. Cuando dices “te amo”, ¿qué pasa con los demás? ¿Qué pasa con toda la existencia? Cuanto más estrecho es tu amor más aprisionado está. Se le cortan las alas; no puede volar a través del cielo cruzando el sol. No tiene libertad, casi está en una jaula de oro. La jaula es bonita, pero dentro de la jaula el pájaro no es el mismo que tú has visto en el cielo desplegando las alas.

El amor no tiene que convertirse en una relación, en una contracción, sino en una expansión.

El amor tiene que ser tu cualidad, tu carácter, tu ser, tu resplandor. Igual que el sol irradia su luz a todas partes, la meditación irradia amor sin una dirección, sin destinarlo a alguien en particular.

Por supuesto, primero se siente dentro de uno mismo, para uno mismo, luego empieza a irradiar todo a su alrededor. Entonces no sólo amas a los seres humanos, amas a los árboles, amas a los pájaros; simplemente amas, eres amor.

Entonces, amarse uno mismo significa:

-Meditación.

-Ser uno mismo.

La naturaleza traerá el amor como recompensa.

No escuches a los sacerdotes; son enemigos del amor. Te han enseñado a odiarte a ti mismo y a odiar al mundo, porque te han estado enseñando que sufres en esta vida o bien porque has nacido en pecado, o bien por los malos actos de tu vida pasada. Pero ninguna religión ha aceptado esta vida con alegría y regocijo, como un regalo, como una gracia que no te mereces, que no tienes ningún derecho a reclamar; no te lo has ganado.

Así que lo primero es evitar a los sacerdotes. Te enseñan a negar la vida. Y mi intención es devolverte la capacidad de afirmarla. Eso es lo que yo llamo amarte a ti mismo, no aceptarte a ti mismo como pecador. ¿Cómo puedes aceptarte a ti mismo si crees que eres un pecador? ¿Cómo puedes amarte a ti mismo si crees que no eres otra cosa que un saco de culpabilidad, que un pasado de malos actos acumulados durante millones de vidas?

Te odiarás a ti mismo. Y eso es lo que vuestros sacerdotes os han estado diciendo: renuncia a la vida, odia la vida, odia el placer. Ódialo todo, y sacrifícalo todo si quieres entrar en el paraíso. Nunca ha regresado nadie del paraíso, así que no hay evidencias de ninguno en ningún sitio, ninguna prueba; es sólo un ejercicio inútil que nunca será capaz de llegar a una conclusión.

Un viejo sacerdote sermoneaba a una congregación sobre el pecado.

“El pecado –dijo- es como un gran perro. Está el gran perro del orgullo, el gran perro de la envidia, el gran perro de la avaricia, y finalmente, está el gran perro del sexo. Tienes que matar a esos grandes perros antes de que ellos te maten a ti y te impidan llegar al cielo. Es posible; lo sé, porque durante años yo lo he hecho. Maté al gran perro de la envidia, al gran perro del orgullo, al gran perro de la avaricia y sí: hijos míos maté al gran perro del sexo”.

“Padre –se oyó una voz desde atrás- ¿está seguro de que el último perro no murió de muerte natural?”.

No puedes cambiar la naturaleza. Si puedes vivir naturalmente, la transformación llega. Cuando llega, el sexo desaparece; pero no por tus esfuerzos. Es por ello que sigue a tu alrededor. Cuando más lo reprimes, más presente está. Cuanto más lo vives, mayor es la posibilidad de trascenderlo.

Una pareja de ancianos estaban sentados en su casa escuchando a un curandero en la radio.

“De acuerdo amigos –comenzó-, Dios os quiere curar a todos. Lo único que tenéis que hacer es poner una mano en la radio y la otra en la parte del cuerpo que esté enferma”.

La anciana se levantó, arrastró los pies hasta la radio y puso la mano sobre su artrítica cadera. Entonces el anciano puso una mano en la radio y la otra en su bragueta.

Su mujer le miró con desprecio y dijo: “Idiota. El hombre dijo que curaría a los enfermos no que resucitaría a los muertos”.

Vive naturalmente. Vive pacíficamente. Vive interiormente. Date un poco de tiempo a ti mismo, para estar solo, en silencio, observando la escena interior de tu mente. Lentamente los pensamientos desaparecen. Poco a poco un día la mente estará tan quieta, tan en silencio como si no estuviera. Solamente este silencio; en este momento vosotros no estáis aquí.

En este silencio de tu interior, encontrarás una nueva dimensión de la vida. En esta dimensión no hay avaricia, ni sexo, ni ira, ni violencia. No es algo que tú consigues; es una nueva dimensión más allá de la mente donde el amor existe puro, impoluto por la necesidad biológica; donde la compasión existe sin ningún otro motivo; no para recibir alguna recompensa en el cielo, ya que la compasión es una recompensa en sí misma.

Existe un gran deseo de compartir todos los tesoros que has descubierto dentro de ti, y de gritar desde lo alto de los tejados a la gente: “¡No sois pobres! El paraíso está en vuestro interior”.

No necesitas ser mendigo, has nacido emperador. Tan sólo tienes que descubrir tu imperio, y tu imperio no es del mundo exterior; tu imperio es el de tu propia interioridad. Está dentro de ti y siempre ha estado ahí. Esperando que vuelvas a casa.

El amor vendrá y vendrá en abundancia; tanto que no podrás contenerlo. Descubrirás que es algo desbordante, que llega de todas las direcciones.

Tan sólo descubre tu esplendor oculto.

La vida puede ser simplemente una canción, una canción de alegría.

La vida puede ser simplemente una danza, una celebración, una continua celebración. Lo único que tienes que aprender es un estilo de vida afirmativo.

Yo sólo llamo religioso al hombre que afirma la vida. Todos aquellos que la niegan puede que se crean religiosos, pero no lo son. Su tristeza y su seriedad lo muestran.

Un hombre verdaderamente religioso tendría sentido del humor. Es nuestro Universo, nuestro hogar. No somos huérfanos. Esta Tierra es nuestra madre. Este Cielo es nuestro padre. Todo este vasto Universo es para nosotros, y nosotros para él.

De hecho, no hay división entre nosotros y el todo. Estamos unidos orgánicamente a él, somos parte de una gran orquesta.

La única religión que yo puedo aceptar como auténtica, como válida, es sentir la música de la existencia. Sin escrituras, no necesita tenerlas. Sin estatuas de Dios, porque no cree en ninguna hipótesis. Sin nada que venerar, sólo tener que ser silenciosa; de ese silencio viene la gratitud, la oración, y toda la existencia se vuelve divina.

No existe Dios como persona. Dios se expande por todas partes: en los árboles, en los pájaros, en los animales, en la humanidad, de mil y una formas.

Todo lo que está vivo no es otra cosa que divinidad lista para desplegar sus alas, lista para volar hacia la libertad, la libertad definitiva de la consciencia.

Sí, te amarás a ti mismo y también amarás toda la existencia.

sábado, 11 de marzo de 2017

LA PERFECCIÒN Y EL AMOR

El otro día leí esta declaración: “Perfeccionista es el que recibe un gran dolor y devuelve un dolor aún mayor”.

¡Y el resultado es un mundo desgraciado!

Nuestra educación misma es tan neurótica, tan psicológicamente enferma que destruye toda posibilidad de crecimiento interior. Desde el principio te enseñan a ser perfeccionista y naturalmente le vas aplicando tu perfeccionismo a todo, hasta al amor.

Todo el mundo trata de ser perfecto. Y cuando alguien empieza a tratar de ser perfecto, también empieza a esperar que todos los demás sean perfectos. Se convierte en un censor; empieza a humillar a la gente. Eso es lo que vuestros mal llamados santos han estado haciendo a través de los tiempos. Eso es lo que vuestras religiones os han estado haciendo: envenenando vuestro ser con la idea de la perfección.

Al no poder ser perfecto, empiezas a sentirte culpable, te pierdes el respeto a ti mismo. Y el hombre que se ha perdido el respeto a sí mismo pierde toda dignidad de ser humano. Tu orgullo ha sido aplastado, tu humanidad ha sido destruida por bonitas palabras como perfección.

El hombre no puede ser perfecto.

Sí, hay algo que el hombre puede experimentar, pero está más allá de la concepción del hombre corriente. Hasta que el hombre corriente no experimente también algo de lo divino, no podrá conocer la perfección.

La perfección no es como la disciplina; no es algo que se pueda cultivar. No es algo que tengas que practicar. Pero eso es lo que se le enseña a todo el mundo, y el resultado es un mundo lleno de hipócritas que saben perfectamente bien que están huecos y vacíos pero siguen aparentando toda clase de cualidades que no son otra cosa que palabras vacías.

Cuando le dices a alguien “te amo”, ¿has pensado alguna vez qué quieres decir? ¿Es tan sólo el capricho biológico entre los dos sexos? Si es así, una vez que hayas satisfecho tu apetito animal todo ese seudo amor desaparecerá. Y empezarás a pensar cómo deshacerte de esa misma mujer que antes te parecería la más hermosa del mundo o de ese hombre que te parecía el mismísimo Alejandro Magno.

Si realmente quieres conocer el amor, olvídate del amor y acuérdate de la meditación. Si quieres tener rosas en tu jardín olvídate de las rosas y cuidad el rosal. Nútrelo, riégalo, cuida de que reciba la cantidad adecuada de sol y de agua. Si se cuida de todo, a su debido tiempo brotarán las rosas. Antes no puedes traerlas, ni forzarlas a abrirse antes, ni pedirles que sean más perfectas.

¿Has visto alguna vez una rosa que no fuera perfecta? ¿Qué más quieres? Cada rosa en su singularidad es perfecta. Danzando al viento, bajo la lluvia, bajo el sol… ¿No ves su tremenda belleza, el gozo absoluto? Una rosa cualquiera irradia el esplendor oculto de la existencia.

El amor es como una rosa en tu ser. Pero cultiva tu ser; desecha la oscuridad y la inconsciencia. Hazte cada vez más despierto y consciente, y el amor vendrá por sí solo, a su debido tiempo; y siempre que viene es perfecto. Tú no necesitas preocuparte de eso.

Yo te enseño a ser más consciente, el amor vendrá según te vayas haciendo más consciente. Es un huésped que llega inevitablemente a aquellos que están listos y preparados para recibirle. Tù no estás preparado ni para reconocerle…

Si el amor llega a tu puerta, no le reconocerás. Si el amor llama a tu puerta, puedes encontrar mil y una excusas; puedes pensar que es un golpe de viento o cualquier otra cosa. No abrirás la puerta. Y aunque la abras no lo reconocerás porque nunca antes le has visto; ¿cómo vas a reconocerlo?

Sólo puedes reconocer algo que ya conoces. Cuando llega el amor por primera vez y llena tu ser, te deja absolutamente abrumado y perplejo; no sabes lo que está pasando. Sabes que tu corazón danza, que te rodea una música celestial, descubres fragancias que nunca antes habías conocido. Pero poner todas estas experiencias en orden y recordar que quizá esto es el amor, lleva tiempo. Va penetrando poco a poco en tu ser.

El amor no se encuentra en la poesía. Sé por experiencia propia que la gente que escribe poesía no sabe lo que es el amor. Yo conozco personalmente a algunos grandes poetas que han escrito poesías preciosas acerca de él y sé que nunca lo han experimentado. De hecho sus poemas no son más que sustitutos, consolaciones; creen conocer el amor porque escribe acerca de él, y se engañan a sí mismo y a los demás.

Sólo los místicos conocen el amor. Aparte de los místicos no hay otra categoría de seres humanos que lo hayan experimentado. El amor es absolutamente monopolio de los místicos. Si quieres conocer el amor tendrás que entrar en el mundo de los místicos.

Jesús dice: “Dios es amor”. Él formó parte de una escuela mística, los esenios, una antigua escuela de misticismo. Pero quizá no llegó a graduarse, porque lo que dice no es correcto. Dios no es amor, el amor es Dios, y la diferencia es inmensa, no es sólo un cambio de palabras.

Cuando dices Dios es amor, simplemente dices que el amor es sólo un atributo de Dios, también es compasión, también es perdón. Puede ser millones de cosas además de amor; el amor sólo es uno de los atributos de Dios. Y de hecho hasta reducirle a un pequeño atributo de Dios es irracional e ilógico, porque si Dios es amor no puede ser justo; si Dios es amor, no puede ser tan cruel como para arrojar a los pecadores al infierno eterno. Si Dios es amor, no puede ser la ley.

Un gran místico sufí, Omar Khayyam, muestra la siguiente comprensión del amor, dice: “Seguiré siendo yo mismo. No haré ningún caso a los sacerdotes y predicadores, confío en que el amor de Dios sea lo bastante grande. Así que, ¿por qué preocuparme?; nuestros pecados, al igual que nuestros brazos, son pequeños. Nuestra capacidad no es tan grande; ¿cómo vamos a cometer pecados que Dios no pueda perdonar? Si Dios es amor, no puede estar presente el día del juicio final para poner a un lado a los santos y enviar al infierno por toda la eternidad a los millones y millones de personas restantes”.

Las enseñanzas de los esenios eran justamente opuestas; Jesús les cita erróneamente. Quizá no compartía profundamente sus enseñanzas. Lo que él enseñaba era: “El amor es Dios”. Lo cual es completamente diferente. Así Dios se vuelve sólo un atributo del amor; así Dios se vuelve sólo una cualidad de la maravillosa experiencia de aquellos que han conocido el amor; así Dios se vuelve secundario respecto al amor. Y para mí, los esenios tenían razón.

El amor es el valor supremo, la plenitud final.

No hay nada más allá de él.

Por eso no puedes perfeccionarlo.

De hecho, antes de alcanzarlo tendrás que desaparecer. Cuando el amor esté tú no estarás.

Un gran místico oriental, Kabir, tiene una expresión muy significativa; una expresión que sólo ha podido ser construida por alguien que ha experimentado, que se ha realizado, que ha entrado en el santuario interior de la realidad suprema. La expresión es: “He buscado la verdad, pero resulta extraño decir que mientras el buscador estaba, la verdad no se hallaba. Cuando se hallaba la verdad, el buscador ya no estaba; y cuando el buscador estaba, la verdad no estaba en ninguna parte”.

La verdad y el buscador no pueden existir juntos.

Tú y el amor no podéis existir juntos.

No hay coexistencia posible: tú o el amor, puedes elegir. Si estás preparado para desaparecer, disolverte y fundirte dejando detrás sólo una consciencia pura, el amor florecerá. No puedes perfeccionarlo porque no estarás presente. Y además no necesita perfección; siempre que viene, viene perfecto. Pero amor es una de esas palabras que todo el mundo usa y nadie comprende. Los padres dicen a sus hijos: “Te amamos”; y son ellos mismos los que destruyen a sus hijos, los que les inculcan a sus hijos toda clase de prejuicios, toda clase de supersticiones muertas. Es la misma gente que carga a sus hijos con el fardo de la basura que han cargado durante generaciones y van trasfiriéndolo de una generación a otra. La locura continúa… se hace monótona.

Sí, todos los padres creen que aman a sus hijos. Si realmente les amaran, no querrían que fuesen como ellos, porque ellos son desgraciados y nada más. ¿Cuál es la experiencia de su vida…? Pura miseria y sufrimiento. La vida no ha sido una bendición para ellos, sino una maldición. Y aún así quieren que sus hijos sean como ellos.

Tus padres te quieren y te dicen que les tienes que querer porque son tus padres. Es un extraño fenómeno y nadie parece darse cuenta; que seas madre no significa que tu hijo te tenga que querer. Tendrás que ser cariñosa; ser madre no es suficiente. Puede que seas padre, pero eso no significa que automáticamente seas cariñoso. Que seas padre no es suficiente para crear un inmenso sentimiento de amor en el niño.

Pero se cuenta con ello… y el pobre hijo no sabe qué hacer. Empieza a fingir; es la única salida. Empieza a sonreír cuando no hay sonrisa en su corazón; empieza a mostrar amor, respeto y gratitud, pero todo es falso. Ya desde el principio se convierte en un actor, un hipócrita, un político. Vivimos todos en este mundo donde los padres, los profesores, los sacerdotes, todo el mundo, te ha corrompido, te ha sacado de tu sitio. A este centrarse yo le llamo meditación.

Quisiera que simplemente fueras tú mismo, con un gran respeto por ti mismo, con la dignidad de saber que la existencia te necesita; entonces puedes empezar a buscar por ti mismo. Primero vuelve a tu centro, luego empieza a indagar quién eres.

Conocer el verdadero rostro de uno mismo es el principio de una vida de amor; de una vida de celebración. Serás capaz de amar inmensamente porque el amor es inagotable, inmensurable, no se puede acabar. Y cuanto más lo das, más capacidad de dar tienes.

La mayor experiencia de la vida es cuando simplemente das sin condiciones, sin esperar nada a cambio, ni un simple “gracias”. Por el contrario, un auténtico, un verdadero amante se siente en deuda con la persona que ha aceptado su amor. Podría haberlo rechazado.

Cuando empieces a dar amor con un profundo sentimiento de gratitud hacia todos aquellos que lo acepten, te sorprenderá haberte convertido en un emperador; ya no eres un mendigo con una escudilla, llamando a todas las puertas. Y aquellas personas a cuyas puertas llamas no pueden date amor; ellos mismos son mendigos.

Para mí, este es el estado de iluminación, el amor puro. Y excepto el amor, no hay Dios.

sábado, 4 de marzo de 2017

CÒMO ENTENDER EL AMOR

El amor es la luminosidad, la fragancia de conocerse a uno mismo, de ser uno mismo. Es alegría desbordante. El amor ocurre cuando descubres quién eres; entonces no puedes hacer otra cosa que compartir tu ser con los demás. El amor ocurre cuando te das cuenta de que no estás separado de la existencia, cuando te sientes en una orgásmica unidad orgánica con todo lo que existe.

El amor no es una relación, es un estado del ser, no tiene nada que ver con nadie más. Uno no se “enamora”, uno es amor. Y por supuesto cuando uno es amor, uno está “enamorado”; pero eso es un resultado, una consecuencia; ese no es el origen del amor. Su origen es que uno es amor.

¿Y quién puede ser amor? En realidad si no eres consciente de quién eres no puedes ser amor. Serás miedo. El miedo es justo lo contrario al amor. Recuerda, el odio no es lo contrario al amor, como la gente cree; el odio es amor puesto boca abajo, no es lo contrario al amor. Lo verdaderamente opuesto al amor es el miedo: en el amor uno se expande, en el miedo uno se encoge; en el miedo uno se cierra, en el amor se abre; en el miedo uno duda, en el amor confía; en el miedo uno se siente solo, en el amor desaparece; por lo que no es una cuestión de soledad en absoluto. Cuando uno no es, ¿cómo puede sentirse solo? Entonces los árboles, los pájaros, las nubes, el sol y las estrellas están todavía dentro de ti. El amor ocurre cuando has conocido tu paraíso interior…

Los niños están libres del miedo, nacen sin miedo. Si la sociedad puede apoyarlos, ayudarlos a subir a los árboles, escalar montañas y nadar en océanos y ríos; si puede ayudarlos de cualquier forma posible a convertirse en aventureros, aventureros de lo desconocido; si puede crear una gran búsqueda en lugar de darles creencias muertas, entonces los niños se convertirán en grandes amantes de la vida. Y esa es la verdadera religión. No hay religión más elevada que el amor.

Medita, danza, canta y profundiza más en ti mismo. Escucha más atentamente a los pájaros. Mira a las flores con respeto, maravíllate; no acumules conocimiento, no vayas etiquetando las cosas. Eso es el conocimiento: el gran arte de etiquetarlo todo, categorizarlo todo. A partir de ahora, empieza a aprender a tocar la flauta o la guitarra. Encuéntrate con gente, mézclate con ella, con tanta como puedas, porque a través de cada persona se muestra una cara diferente de Dios. Aprende de la gente. No tengas miedo; esta existencia no es tu enemiga. Esta existencia te protege, está dispuesta a ayudarte en todo lo posible. Si confías, empezarás a sentir una nueva fuente de energía en ti; esa energía es el amor. Esa energía quiere bendecir toda la existencia, porque en esa energía uno se siente bendito. Y cuando te sientes bendito, ¿qué otra cosa puedes hacer excepto bendecir toda la existencia?

El amor es un profundo deseo de bendecir toda la existencia.

El amor es suficiente en sí mismo. No necesita ser mejorado. Es perfecto tal como es, no hay forma de que sea más perfecto. El propio deseo demuestra una mala interpretación del amor y su naturaleza. ¿Existe el círculo perfecto? Todos los círculos son perfectos; si no fueran perfectos no serían círculos.

La perfección es intrínseca al círculo y lo mismo pasa con el amor. Ni puedes amar menos, ni puedes amar más, porque no es algo cuantitativo. Es una cualidad inmensurable.

Nadie que conozca el amor puede preguntarse còmo mejorar el amor.

No debes entender el amor como el capricho biológico que es la lujuria, que se encuentra en todos los animales; no tiene nada de especial, se encuentra hasta en los árboles. Es el sistema reproductivo de la naturaleza. No tiene nada de espiritual ni nada especialmente humano.

Así que en primer lugar hay que hacer una clara distinción entre la lujuria y el amor. La lujuria es una pasión ciega; el amor es la fragancia de un corazón en silencio, sosegado, meditativo. El amor no tiene nada que ver con la biología, la química o las hormonas. El amor es el vuelo de la consciencia hacia las alturas, más allá de la materia, más allá del cuerpo. En el momento que entiendes el amor como algo trascendental, deja de ser una cuestión fundamental.

Cuando le dices a alguien “te amo”, no sabes lo que estás diciendo. No sabes que es sólo lujuria escondiéndose tras una bonita palabra: amor. Se te pasará, es algo muy pasajero.

El amor es una experiencia espiritual; no tiene nada que ver con el sexo y nada que ver con el cuerpo, tiene que ver con el ser interior.

Pero tú ni siquiera has entrado en tu propio templo. No sabes en absoluto quién eres, y preguntas acerca del amor. Antes, sé tú mismo; antes, conócete a ti mismo, y el amor vendrá como recompensa. Una recompensa del más allá. Te colma de flores… llena tu ser. Y te seguirá colmando, y traerá consigo un enorme deseo de compartir.

En el lenguaje humano ese compartir se define como amor. No dice mucho, pero indica la dirección correcta. El amor es la sombra de la atención, de la consciencia.

El amor es algo eterno. Es lo que Jesùs proclamò, lo que experimentan los Budas y no la gente inconsciente de la que está en el mundo lleno. Tan sólo unas pocas personas han conocido el amor y estas personas son las más despiertas, las más iluminadas, las cimas más elevadas de la consciencia humana.

La cuestión fundamental es cómo trascender el cuerpo, cómo conocer algo de ti que está más allá, más allá de todo lo que es mesurable. Eso es lo que significa la palabra “materia”. Viene de la raíz sánscrita matra, que quiere decir medida, y significa: lo que puede ser medido. La palabra metro viene de la misma raíz.

La cuestión fundamental es cómo distanciarse de lo mesurable y entrar en lo inmensurable. En otras palabras, cómo ir más allá de la materia y abrir los ojos a una consciencia mayor. Y no hay límites para la consciencia; según te vas haciendo más consciente, comprenderás mejor que en adelante será posible mucho más. Cuando alcances una cima, otra surgirá frente a ti. Es un peregrinaje eterno.

El amor es la consecuencia de una consciencia incipiente. Es como la fragancia de una flor; no la busques en sus raíces, no está ahí. Tus raíces son tu biología, tu florecimiento es tu consciencia.

Según te vas convirtiendo más y más en una flor de loto de consciencia (una experiencia que sólo puede ser definida como amor), te sorprende, te deja estupefacto. Estás tan lleno de alegría, de felicidad, que cada fibra de tu cuerpo baila en éxtasis. Te sientes como una nube de tormenta que quiere llover y llover. Cuando estás rebosante de felicidad, surge un tremendo deseo de compartirla.

El amor no es algo que se pueda obtener de alguien que no ha alcanzado la felicidad. Y esta es la desgracia del mundo entero: todos piden ser amados y aparentan amar. Tú no puedes amar porque no sabes qué es la consciencia.

No conoces la realidad, no tienes la experiencia de lo divino, no conoces la fragancia de la belleza. ¿Qué tienes tú que puedas dar? Estás tan vacío, tan hueco… En tu ser no crece nada, nada germina. No hay flores en tu interior. Tu primavera todavía no ha llegado.

El amor es una consecuencia… de cuando la primavera llega y de repente empieza a florecer y a emanar tu potencial fragancia. Compartir esa fragancia, esa gracia, esa bendición, es amor.

Y no es una cuestión de hacerlo mejor. Ya es perfecto; siempre es perfecto. Si no es perfecto, no es. La perfección y el amor son inseparables.

En esta ceguera, esta ignorancia, esta inconsciencia, no crece el amor. Este es el desierto en el que vives. En esta oscuridad, este desierto, no hay ninguna posibilidad de que florezca el amor.

Primero se tiene que estar lleno de luz y de gozo; tan lleno que se empieza a rebosar. Esa energía desbordante es amor. Luego se conoce el amor con la mayor perfección del mundo. Ni más ni menos.

sábado, 25 de febrero de 2017

VIVIR PLENAMENTE

El arte de vivir plena, total e intensamente no es algo arduo o difícil pero lo han hecho casi imposible. Es tan simple y tan obvio que no hay necesidad de aprenderlo.

Se nace con un sentido intuitivo, intrínseco a la vida misma. Los árboles lo conocen, los pájaros lo conocen, los animales lo conocen. Sólo el hombre es desafortunado. El hombre es la cima más elevada de la vida, y quiere conocer el arte de vivir. Ha habido un continuo condicionamiento contra la vida. Ese es el motivo principal por el que se necesita este arte.

Todas las religiones del mundo que han dominado a la humanidad durante siglos son antivida. Su fundamento básico es que la vida es un castigo. De acuerdo al cristianismo, has nacido en pecado porque Adán y Eva desobedecieron a Dios. Es increíble hasta dónde puede llegar la ficción. Aún si Adán y Eva desobedecieron a Dios, no veo qué relación tiene contigo o conmigo. Y además, la desobediencia no es necesariamente un pecado. Algunas veces es lo más virtuoso que se puede hacer.

Pero todas las culturas, todas las sociedades quieren obediencia, que es otra forma de llamar a la esclavitud, al encarcelamiento espiritual. ¿Qué mal hicieron Adán y Eva al comer de la fruta del conocimiento? ¿Es acaso la sabiduría un pecado? ¿Es acaso la ignorancia una virtud? Dios les prohibió comer de esos dos árboles; uno era el de la sabiduría y el otro, el de la vida eterna. ¿Quién está cometiendo el pecado, Adán y Eva o Dios? Ni la sabiduría es mala, ni el anhelo por la vida eterna es malo: son absolutamente naturales. La prohibición es errónea y su desobediencia es absolutamente correcta. Ellos fueron los primeros revolucionarios del mundo, los primeros seres humanos con algo de dignidad.

Debido a su desobediencia, toda civilización, ciencia, arte y todo lo demás, ha sido posible. Si no hubieran desobedecido, todavía estaríamos masticando hierba desnudos en el Jardín del Edén; ni masticar chicle sería posible.

No sólo el cristianismo, también otras religiones encuentran razones para condenar la vida. El hinduismo, el jainismo, el budismo, todos dicen que sufres, que eres desgraciado, y que no puedes dejar de serlo porque es un castigo por las malas acciones de vidas pasadas. Ahora bien, lo que se haya hecho en vidas pasadas no puede deshacerse; tienes que padecerlo. Tú mismo has creado esta miseria, este sufrimiento, esta angustia, y lo único que puedes hacer es sufrir pacientemente para que en el futuro la vida te recompense. ¡Extraño argumento!

Si haces algo malo en esta vida, deberías ser castigado en esta misma vida. De hecho, la causa y el efecto van siempre unidos. Simplemente pon tu mano en el fuego: ¿crees que te quemarás en tu próxima vida? Te quemarás aquí y ahora. Cada acto tiene su propia recompensa o su propio castigo. Esta distancia entre vidas es una idea muy astuta para hacer que aceptes vivir la vida al mínimo, todas esas religiones te enseñan a renunciar a ella. Los que renuncian a ella se convierten en santos; son venerados. A los que viven plena, totalmente, nadie los venera; ni siquiera se les aprecia. Por el contrario, son condenados.

Toda nuestra educación es tal que va en contra del placer, en contra de gozo, en contra del sentido del humor, en contra de disfrutar de las cosas pequeñas de la vida: cantar una canción o tocar la flauta. Nadie te va a llamar santo por tocar la flauta bellamente; excepto yo.

Te llamaré santo si bailas tan totalmente que desaparezcas en el baile y sólo quede la danza; entonces el que baila se funde completamente, se disuelve y se convierte en la danza. Si tocas la flauta tan totalmente que te olvides de ti mismo, que sólo quede la música y ya no seas el flautista sino sólo un oyente, entonces la flauta estará en los labios de Dios.

Si amas, eres condenado.

Hablar acerca del amor como algo animal es un gran disparate. Los animales no saben lo que es el amor. Ni siquiera millones de seres humanos de saben. El amor necesita, como base, estar algo centrado en tu propio ser, y de algún modo, cerca de él, porque a no ser que estés centrado en tu ser no conocerás todos los tesoros que llevas dentro de ti mismo; el amor es uno de esos tesoros. Hay cosas aún más elevadas: la verdad, el éxtasis y la experiencia de lo divino. A no ser que esté en profunda meditación, no se puede amar y no se puede vivir.

Acerca del arte de vivir plenamente. Empieza con la meditación para que puedas conocer la fuente de tu vida y volver a su origen; es una experiencia sorprendente. De repente te das cuenta de que tienes tantísimo, tal abundancia, que si quieres puedes amar al mundo entero. Puedes llenar el mundo entero con tu amor.

En tu pequeño cuerpo está la semilla que puede crear millones de flores, que contienen toda la fragancia del mundo.

El arte de la vida comienza con la meditación. Y por meditación quiero decir silencio de la mente, silencio del corazón, alcanzar el mismo centro de tu ser y encontrar el tesoro que es tu realidad. Una vez que lo conoces, puedes irradiar amor, vida, creatividad. Tus palabras se volverán poéticas, tus gestos tendrán gracia; hasta en tu silencio habrá una canción. Aunque estés sentado inmóvil, estarás danzando. Cada inspiración, cada espiración, será un gozo; cada latido del corazón será precioso porque es el latido del corazón del mismo Universo: tú eres parte de él.

Si reconoces que tú mismo eres parte de la existencia… empezarás a vivir plenamente, sin miedo a las religiones ni a los sacerdotes ni a todas esas enseñanzas antivida que quieren que, en vez de gozar, renuncies a la vida, escapes de ella. Una vez que eres libre de tus condicionamientos (y la meditación es casi como el fuego que quema toda la basura que el pasado te ha dejado en herencia) naces de nuevo. Entonces no necesitarás aprender ningún arte. Surgirá espontáneamente dentro de tu ser.

Por el momento hay demasiados obstáculos, demasiadas barreras. Has sido envenenado durante tanto tiempo, y te han enseñado tantas cosas equivocadas, que casi vas arrastrándote. En vez de ser una danza, la vida se ha convertido en un acto de arrastrarse desde la cuna a la tumba.

La gente sigue viviendo, ¿qué otra cosa puede hacer? No se suicidan porque, si la vida es tan miserable, ¿cómo pueden esperar que la muerte vaya a ser algo mejor? Así que en vez de poner tu atención en el arte de vivir ponla en el lugar desde donde mana tu vida, en las mismísimas raíces de las que saca su jugo. Profundiza en ti buscando las raíces de tu vida y te encontrarás con lo que los místicos han llamado iluminación, despertar, o la experiencia de lo divino. Después de esa experiencia eres una persona totalmente diferente.

Entonces tu totalidad estará detrás de cada uno de tus actos.

Entonces no estarás esquizofrénico.

Entonces no reprimirás nada.

Si bailas, eres la danza. Si cantas, eres la canción. Si amas, eres el amor. Si escuchas, eres sólo oídos y todo lo demás desaparece. Entonces cada momento adquiere plenitud, y esta plenitud continúa expandiéndose.

De no ser así, la gente se conforma con el mínimo, consolándose con el “Benditos sean los pobre, benditos los mansos”. No es necesario ser pobre ni es necesario ser manso.

La vida te da tanto que podrías ser un emperador. Para serlo no necesitas un imperio; ser emperador es sólo una forma de vivir auténtica y plenamente. De no ser así también vuestros emperadores son mendigos. No están vivos, están en el mismo bote que tú; por dentro están tan vacíos como tú. Tú pides más y ellos piden más.

Al pedir más pierdes lo que tienes.

Un meditador ni se preocupa por el pasado que ya se ha ido, ni por el futuro que no ha llegado todavía. Está centrado en el presente, y lo que tiene lo disfruta en su plenitud. Naturalmente, su vida no es la vida de un mendigo. Nunca pide más, no obstante está viviendo al máximo con totalidad e intensidad. De no ser así, tendrás que conformarte. Eso es lo que vuestras religiones os enseñan: a conformaros con poco.

Al hecho de conformarse se le ha dado un gran valor. Para que por lo menos puedas aguantar el sufrimiento que te rodea y la miseria en la que te ahogas continuamente.

Vive de acuerdo a tu propia luz. Encuentra tu propia luz interior y vive de acuerdo a ella, sin ningún miedo. Es nuestra existencia, somos parte de ella, y nos ha dado el potencial para ser cualquier cosa que quiera que seamos. ¡Utilízalo! ¡Actualízalo! Nunca reprimas, y no seas tacaño viviendo, amando, compartiendo, cantando, danzando, en todo lo que hagas o dejes de hacer.

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