sábado, 14 de octubre de 2017

JESÙS Y EL AMOR


El amor no puede ser probado en ningún laboratorio, y el amor no puede ser probado por ninguna lógica. Si tratas de probarlo por lógica, llegarás a la conclusión de que no existe eso que llaman amor, que el amor es imposible. No puede existir ¡pero existe! Hasta los grandes científicos se enamoran. No pueden probarlo en sus laboratorios, no pueden argumentar a su favor, pero también se enamoran. Hasta un Einstein se enamora.

El amor llena de humildad a todo el mundo. Incluso a Einstein, tan orgulloso de su lógica, sus argumentos, su ciencia, de repente, un día, se enamora de una mujer corriente: Frau Einstein. Repentinamente, toda su ciencia desapareció, y comenzó a creer en lo imposible. Hasta sus últimos años solía encogerse de hombros: "Sucede, pero si me preguntas como científico, no lo puedo comprobar o avalar. Pero si me preguntas como hombre sí, sucede".

En sus últimos días dijo: "Si el amor existe, también Dios debe existir. Si un imposible es posible, ¿por qué no el otro?. Murió siendo un hombre profundamente humilde y religioso.

Alguien le preguntó: "Sí nacieras de nuevo, ¿Qué te gustaría ser?.

El contestó: no serìa un científico nuevamente. Más bien, sería un plomero".

¿Qué está diciendo? Está diciendo que ha visto la falsedad de toda lógica y que se ha dado cuenta de la inutilidad de todo argumento científico. Lo que está diciendo es que ha visto una y otra vez que causa y efecto pueden ser el cimiento, pero no son los pináculos. El verdadero templo, el verdadero misterio de la vida, aparece a través del amor, la oración, la felicidad, todos imposibles. Si piensas en ellos, no te es posible creer; pero si les permites que sucedan, surgirán gran confianza y gracia en ti.

La sociedad no puede existir sin Moisés él es imprescindible. La sociedad no puede darse el lujo de prescindir de él; la sociedad sería un caos sin Moisés. El es totalmente necesario, es el cimiento mismo. Pero Jesús es amor. Moisés es necesario; necesario, pero no suficiente. Si sólo Moisés fuese el que dirige al mundo, el mundo no valdría la pena.

Jesús. Una brisa que proviene de lo desconocido, nadie sabe de dónde viene, nadie sabe dónde va. Una penetración de la eternidad en el mundo del tiempo, la entrada de lo misterioso en lo conocido.

Jesús no puede venir sin Moisés, recuérdalo. Moisés será necesario. Èl es el pan; Jesús es el vino. Puedes vivir de pan, pero el pan no tiene nada romántico. El vino, ése es el romance, la poesía, la danza, la celebración, el goce, el éxtasis.

Sí, Moisés puede existir sin Jesús ... Jesús no puede existir sin Moisés. Por eso, Jesús dice una y otra vez: "He venido a completar, no a destruir". Moisés era sólo el cimiento. Jesús levantó el templo de Dios sobre ese cimiento.

Moisés es el ciudadano totalmente correcto, el buen hombre. Jesús no es tan bueno. A veces, uno no sabe si es bueno o malo; él produce confusión. Anda con borrachos, se queda con una prostituta. No, nunca, no puedes imaginarte a Moisés haciendo eso. Moisés es un hombre totalmente recto; pero ahí es donde algo le falta: la belleza, la libertad. Siempre se mueve en la senda adecuada, es como la línea del ferrocarril. Jesús es como un río. Cambia, a veces a la izquierda, otras a la derecha, y a veces cambia totalmente de dirección.

Moisés es absolutamente creíble; Jesús no lo es. Y ocurre a veces que uno no sabe si este hombre tiene razón o está equivocado. Ese fue el problema para los judíos. Ellos habían vivido con el pan de Moisés, habían seguido a Moisés y sus Diez Mandamientos, y de pronto llega este hombre y dice: "Soy la culminación de todo lo que me ha precedido" y "No he venido a destruir, sino a completar".

Pero, ¿qué tipo de culminación es ésta? Èl no se parece a Moisés en absoluto.

No condena el mal. Dice, ¡No juzguéis!". Moisés es un gran juez, y Jesús dice,
"No juzguéis, de modo de no poder ser juzgados". Moisés dice: "No hagáis el mal", y Jesús dice, "No resistáis al mal, produce mucha confusión. Debe haber creado un gran caos. Donde quiera que fue debe de haber traído confusión y conflicto a las mentes de la gente, debe haber creado ansiedad. Por eso es por lo que tomaron venganza y le mataron; es absolutamente lógico.

Buda no fue asesinado en la India, Mahavir tampoco lo fue, algunas veces les arrojaron piedras o cosas así, pero no fueron asesinados, crucificados. Nunca produjeron tanta confusión en la mente como Jesús. Había en ellos algo de Moisés, Y Jesús no tiene nada de Moisés. Mahavir tiene mucho de Moisés. Tiene algo de la ley y algo del amor, ambas cosas.

Jesús es puro amor. Por eso fue crucificado. Tenía que ser crucificado, un amor tan puro no puede ser tolerado, una gracia tan pura es totalmente insoportable; su sola presencia es intolerable, porque duele. La sola presencia de Jesús te sume en la confusión, y la única manera de protegerte y defenderte es matando a este hombre, destruyéndole.

Al destruir a Jesús, la gente trató de vivir sólo con Moisés y con la ley, y olvidarse del amor. El día que Jesús fue crucificado no fue otra cosa que una indicación de que a la mente corriente le gustaría vivir sin amor. El amor fue crucificado, no Jesús. El es un mero símbolo.

Existen muchas complicaciones. Los judíos nunca han logrado entender por qué este hombre, Jesús, influyó tanto al mundo entero y no logró influir en absoluto a los Judíos. Los Judíos son grandes eruditos, sus rabinos son grandes sabiondos; han intentado probar que Jesús no dijo ni una sola palabra nueva, que todo lo que dijo está en las escrituras judías. De ser así, ¿Por qué este hombre se ha convertido en el eje mismo de la humanidad? ¿Qué sucedió? parece increíble.

En parte tienen razón: Jesús no ha dicho una sola palabra que no pueda ser encontrada en los dichos de los viejos rabinos. No, no ha dicho ni una sola palabra nueva. Pero no es por eso que él es único; es único por la forma en que las ha dicho, no por las palabras, sino la forma en que las ha afirmado. En el Viejo Testamento, te cruzas una y otra vez con la expresión: "El Señor ha dicho ... ... Pero eso no es característico de Jesús. Cuando él dice esto, dice: "Yo os digo ... ", no "El Señor ... ..”. Èl es el Señor. El Viejo Testamento dice: "El Señor dice esto"; Jesús dice, "Yo os digo". Los viejos rabinos tartamudean, Jesús habla; la gloria de los viejos rabinos es prestada, la de Jesús es suya propia. Los viejos rabinos hablan desde la autoridad y Jesús habla con autoridad y ésa es una gran diferencia.

Se cuenta que una vez los enemigos de Jesús enviaron a un hombre a prenderle y llevarle al templo. Èl estaba enseñando cerca del templo, y una multitud se había reunido. El hombre fue a prenderle, a tomarle prisionero, pero había mucha gente y tuvo que abrirse paso en medio de la multitud para llegar hasta él y le llevó tiempo. Mientras se habría paso, tuvo que oír lo que este hombre estaba diciendo. De pronto se detuvo, y olvidó por qué había venido. Y entonces le resultó imposible apresar a este hombre. Regresó.

Los enemigos preguntaron: "¿Por qué has vuelto? ¿Por qué no le has apresado?".

El contestó: “Iba a hacerlo, pero sus palabras se quedaron en mis oídos. ¡Y les digo que nadie ha hablado nunca como lo hace este hombre! Me subyugaron la calidad, la autoridad, el poder con que habla. Estaba hipnotizado; me resultó imposible apresarle".

Jesús es amor. El amor tiene autoridad propia, no es algo prestado. Los viejos rabinos y la gente del Viejo Testamento son como la luna, la luz es prestada. Jesús es el sol; él tiene su propia luz. El amor tiene su propia autoridad; la ley nunca tiene su propia autoridad. La autoridad es de Moisés, Manu, Marx; la autoridad es de las escrituras, la tradición, la convención. La autoridad siempre proviene de lo viejo, nunca es fresca y nueva.

Toda moralidad, toda ley, es buena para el fin para el cual está creada, pero no va lo bastante lejos. El amor es necesario. El amor es una forma de locura: lógico e irracional.

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