sábado, 2 de diciembre de 2017

LA SERIEDAD


Si puedes reírte de ti mismo, todo estará bien. La gente se ríe de los demás, pero nunca de sí mismos. Deben aprender a hacerlo. Si puedes reírte de ti mismo, la seriedad ya se ha ido. Si eres capaz de reírte de ti mismo, la seriedad no podrá morar dentro de ti.

En los monasterios Zen, cada monje tiene que reír. Lo primero que hay que hacer por la mañana es reír, lo primero. En el momento en que el monje se da cuenta de que ya no está dormido, tiene que saltar de la cama, pararse en actitud de bufón, como un payaso de circo, y empezar a reír, a reírse de sí mismo. El día no puede comenzar en mejor forma.

Reírse de uno mismo mata el ego; y, cuando te mueves en el mundo, te vuelves más transparente, más ligero. Y si te has reído de ti mismo, no te molestará que los demás se rían de ti. De hecho, están simplemente cooperando, están haciendo lo mismo que tú estabas haciendo. Te sentirás contento.

Reírse de los demás es egoísta; reírse de uno mismo es muy humilde. Aprende a reírte de ti mismo, de tu seriedad y cosas así. Puedes ponerte serio respecto a la seriedad: entonces, en vez de una enfermedad, has creado dos.

Entonces te puedes poner serio también por eso, y esto puede seguir y seguir. Y en esto no hay fin.

Por lo tanto, toma las riendas desde el principio. En el momento en que te sientas serio, ríete de ello y observa de dónde proviene la seriedad. Ríete, deja que surja una buena carcajada, cierra los ojos y observa de dónde viene. No la encontrarás. Solamente existe en un ser que no puede reír.

No se puede imaginar una situación menos afortunada, no puede concebirse a un ser más pobre que aquél que no puede reírse de sí mismo. Así que comienza la mañana riéndote de ti mismo, y cuando encuentres un momento en el día en que no tienes nada que hacer, suelta una buena carcajada. Sin ningún motivo en particular, sólo porque el mundo entero es tan absurdo, sólo porque la manera en que eres es tan absurda. No es necesario encontrar ninguna razón especial. Todo el asunto es tan absurdo que uno se tiene que reír.

Deja que la risa provenga del vientre, no de la cabeza. La risa puede venir de la cabeza; entonces está muerta. Todo lo que viene de la cabeza está muerto; la cabeza es absolutamente mecánica. Puedes reír desde tu cabeza; y entonces, tu cabeza creará la risa, pero ésta no irá a lo profundo del vientre. No se extenderá a los dedos de los pies, no se extenderá a todo tu cuerpo. Una verdadera risa es tal como la risa de un niño. Observa su vientre sacudirse, todo su cuerpo late con él: quiere revolcarse en el suelo. Es cuestión de compromiso total. Ríe tanto que empieza a llorar; ríe tan profundamente que la risa se convierte en làgrimas, las lágrimas brotan de él. La risa debiera ser profunda y total. Esta es la medicina que yo prescribo para la seriedad.

Te gustaría que te diera alguna medicina seria. Eso no ayuda. Tienes que ser un poco tonto. De hecho, el más alto pináculo de la sabiduría siempre lleva consigo un poco de necedad; los hombres más sabios del mundo fueron también los tontos más grandes.

Puede ser difícil entenderlo. No puedes imaginarte que puedan ser tontos, porque tu mente siempre divide: un sabio nunca puede ser un tonto y un tonto nunca puede ser un sabio. Ambas actitudes están equivocadas. Ha habido grandes necios que fueron muy sabios.

Antiguamente, en la corte de cada rey, había un gran tonto: el bufón de la corte. El bufón producía el equilibrio, porque demasiada sabiduría puede resultar absurda, demasiado de cualquier cosa puede resultar absurdo. Se requería a alguien que pudiera traer las cosas nuevamente a la tierra. En la corte de los reyes, era necesario un tonto que les ayudara a reír; de lo contrario, la gente sabia tiende a ponerse seria, y la seriedad es una enfermedad.

Con la seriedad pierdes las proporciones, pierdes la perspectiva. Así que en la corte de cada rey había un bufón, un gran tonto, que decía cosas y hacía cosas y bajaba todo a la tierra.

He oído una historia. Un emperador tenía un bufón. Un día, el emperador se estaba mirando en el espejo. El bufón llegó, saltó, y le golpeó con los pies en la espalda. El emperador cayó contra el espejo. Naturalmente, estaba muy furioso, y dijo: " A menos que para tu estúpido acto des un motivo que sea aún más criminal que el acto mismo, serás sentenciado a muerte".

El bufón dijo: "Mi Señor, nunca pensé que estuvieras aquí. Creí que la reina era la que estaba aquí".

Tuvo que ser perdonado, porque dio una razón que era aún más estúpida. Pero para encontrar una razón así el bufón debió haber sido muy sabio. Cada gran sabio, LaoTzu, Jesús, tiene una cierta cualidad de sublime necedad. Esto tiene que ser así, porque de otra manera, un sabio será un hombre sin sal, tendrá un sabor horrible. También tiene que ser un poco tonto. Entonces las cosas se equilibran. Mira a Jesús, cabalgando sobre un burro y diciéndole a la gente, “¡Soy el hijo de Dios!". ¡Observa eso! Debió de haber sido ambos. La gente debió reírse: "¿Qué estás diciendo? Declarando estas cosas y comportándote de esa manera...”

Pero sé que así es como la perfecta sabiduría aparece. Lao Tzu dice: "Todo el mundo es sabio excepto yo. Yo parezco ser un bobo. Todo el mundo tiene la mente clara; sólo la mía parece ser oscura y embrollada. Todo el mundo sabe qué hacer y qué no hacer; sólo yo estoy confuso". ¿Qué quiere decir? Está diciendo que, "En mí, se unen la sabiduría y la tontería". Y cuando la sabiduría y la tontería se encuentran, hay una trascendencia.

Así que no te pongas serio respecto a la seriedad. Ríete de ella, sé un poco bobo. No condenes la tontería; tiene sus propios encantos. Si puedes ser ambas, tendrás algo de la trascendencia en tu interior.

El mundo se ha puesto más y más serio. De ahí que haya tanto cáncer, tanta enfermedad del corazón, tanta presión sanguínea alta, tanta locura. El mundo ha sido demasiado llevado, forzado, hacia un extremo. Sé también un poco tonto. Ríete un poco, sé como un niño.

Diviértete un poco, no lleves una cara seria a todas partes, y de repente encontrarás que surge en ti una salud más profunda, aparecen fuentes más profundas de tu salud.

¿Has oído alguna vez de algún tonto que se haya vuelto loco? Nunca ha sucedido. Siempre he buscado un caso de algún tonto que se haya vuelto loco, Nunca me he encontrado con ninguno. Naturalmente, un tonto no se puede volver loco, porque para estar loco necesitas ser muy serio.

También he investigado para ver si los tontos están de alguna manera más propensos a ser sanos que los mal llamados sabios. Y así es: los tontos son más sanos que los que llaman sabios. Viven en el momento y saben que son tontos; por lo tanto, no se preocupan de lo que los demás puedan decir de ellos. Esa preocupación se transforma en un fenómeno canceroso en la mente y el cuerpo. Ellos viven más y son los últimos en reírse.

Recuerda que la vida debería estar profundamente equilibrada, en un profundo equilibrio. Entonces, tú escapas justo por el medio. La energía sube en una oleada, te empiezas a mover hacia arriba. Y esto debería ser así con todos los opuestos. No seas un hombre y no seas una mujer: sé ambos, de modo de no ser ninguno. No seas sabio, no seas un tonto: sé ambos, y así trascenderás.

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