sábado, 4 de julio de 2026

ABANDONAR LA MENTE


Leí un aviso en la ventana de un restaurante, estaba escrito en el vidrio de la ventana: "No te quedes parado ahí afuera luciendo desgraciado, ¡entra y come hasta empacharte!". Si estás parado afuera, eres desgraciado; si entras y te empachas te vuelves desgraciado.

La mente es la desgracia. "Adentro" y "afuera" no será de ayuda, cien años, mil años, no ayudarán; una vida, muchas vidas, no ayudarán, a menos que te hagas consciente de que la propia mente que estás llevando, la mente de un comerciante, es la barrera. Abandona la mente, y el sannyas sucede.

Y Jesús dijo: "Comerciantes y mercaderes no entrarán a los lugares de mi padre".

Se los perderán por sí mismos ¡no es que las puertas no estén abiertas! Se los perderán por sí mismos ¡no es que la invitación no haya sido dada! La invitación está eternamente dada; es una invitación permanente, por siempre y por siempre. Y el mensajero viene todos los días: Jesús es un mensajero, pero los judíos lo rechazaron. Buda es un mensajero, los hindúes lo rechazaron. Los mensajeros vienen todos los días, tocan a sus puertas, pero ustedes dicen: "Estamos ocupados".

Sucedió durante la vida de Buda: Había pasado por un pueblo muchas, muchas veces, casi treinta veces. Y un hombre había estado pensando en ir y escucharlo, pero siempre había algo: su esposa estaba enferma o estaba encinta, o había mucha gente invitada en la casa, o había algún problema de negocios o alguna otra cosa. Buda venía y se iba, pero el hombre no podía ir a verlo.

En treinta años, treinta veces pasó Buda por el pueblo. Y entonces una mañana, el hombre iba a abrir su tienda, de pronto escuchó que Buda iba a morir ese día. Entonces se hizo consciente de que se lo había estado perdiendo, pero ahora era demasiado tarde. Corrió -Buda estaba a diez o quince millas- llegó por la noche.

Buda ya se había retirado... Había preguntado a sus discípulos si tenían algo que preguntar...

Pero ellos estaban llorando y gritando y decían: "Ya has dicho suficiente y nosotros ni siquiera hemos entendido eso. No tenemos nada que preguntar".

Buda preguntó por tres veces, como era siempre su costumbre de preguntar por tres veces, porque decía: "Ustedes son sordos, pueden no oír por muchas veces". Solía decir cada frase tres veces para que la puedan escuchar. Después fue detrás del árbol; se sentó descansadamente, cerró sus ojos, y comenzó a disolverse en el universo.

Entonces llegó este hombre, corriendo, sudando, y dijo: "¿Dónde está Buda? Tengo que preguntarle algo. Y he esperado por mucho tiempo".

El discípulo dijo: "Llegaste demasiado tarde. Buda pasó por tu pueblo y sabemos que él siempre preguntaba por ti, pero tú nunca viniste. Treinta veces pasó por tu pueblo. Siempre estuvo cerca a tu casa; el pueblo era pequeño, con tan sólo una caminata de un minuto habrías llegado donde él. Y él siempre preguntaba si ese comerciante había venido o no, y teníamos que decirle que no. Y a veces, aun los bhikkhus iban donde ti a preguntarte, y tú decías: 'En esta vez es imposible porque es la temporada; en esta época es imposible, mi esposa está encinta; en este momento es imposible, porque tengo invitados en mi casa'. Y ahora has venido, pero es demasiado tarde".

Y es una de las historias más compasivas: Buda salió de su meditación, y dijo: "Puede haber errado, pero mi invitación continúa. Puede haber llegado tarde, pero aún estoy vivo. Así que déjalo preguntar. Estuve esperándolo, estuve retrasando mi disolución, porque estaba esperando que ahora, al escuchar que iba a morir, podría venir".

¡Abandona tu mente de comerciante! Porque ya has perdido a muchos Budas antes, puedes perderlo otra vez y otra vez. Y se vuelve una rutina para ti el perderlo, te acostumbras. Jesús está en lo cierto:

"Comerciantes y mercaderes no entrarán a los lugares de mi padre".

Ese reino no es para ellos, porque ellos no están interesados en ese reino en absoluto, su interés es por el reino de este mundo. Sus ojos están enfocados, miran hacia abajo, miran a lo material, al mundo. A causa de su mirada focalizada, no pueden mirar hacia arriba. Entonces la invitación no los toca, la escuchan, pero se disculpan.

Has escogido lo no esencial, y has rechazado lo esencial. Has escogido lo sin valor, has escogido aquello que intrínsecamente va a morir, y has rechazado lo inmortal. Has escogido el cuerpo y has rechazado lo interno, el interior, la consciencia. Irás en la dirección de aquello que escojas.

Presta atención a eso. Mira toda la situación, y no comiences a pensar en los otros, que: "Ese hombre es un comerciante". Obsérvate a ti mismo, porque de cien casos, noventa y nueve son comerciantes. Hay todas las posibilidades de que tú seas un comerciante. No creas que eres la excepción, porque esa excepción siempre es totalmente diferente. Esa excepción ya ha entrado, ya está cenando con Dios.

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