Jesús
dice: "He
echado fuego sobre el mundo.
Traigo fuego para quemarte. No estoy aquí para consolarte, no estoy
aquí para recrearte. Estoy aquí para destruirte porque tu semilla
es errada". La semilla debe ser quemada y cuando tu semilla sea
quemada, cuando llegues a estar vacío, sólo entonces la semilla de
lo divino podrá ingresar en tu útero. Entonces sucede un nuevo
florecimiento.
"He
echado fuego sobre el mundo, y vean, aguardo hasta que el mundo esté
en llamas".
Y
esto es una promesa. El dice: "Aguardaré, permaneceré aquí
hasta que el mundo entero esté en llamas".
Cuando
un hombre se vuelve un Cristo o un Buda, nunca desaparece. Sólo tú
desapareces, porque no estás presente, eres sólo una apariencia.
Vienes y vas, eres una forma. Eres como una ola en el mar: no tienes
sustancia en ti, no estás cristalizado. Vienes y vas tal como un
sueño viene y va. Cada noche vienes y cada mañana desapareces.
Millones de veces vienes y millones de veces desapareces. Pero cada
vez que sucede un Cristo... ¿Qué significa ser un Cristo?
Significa: el que ha logrado lo substancial, el que ya no es más la
forma sino que ha logrado lo que está más allá de la forma, el que
no puede desaparecer, el que ya no es más la ola, el que se ha
vuelto el océano; el que no puede desaparecer.
Un
Buda permanece, un Cristo permanece, permanece en la existencia. Eso
es lo que quiere decir: "...
aguardo hasta que el mundo esté en llamas.
Estaré aquí". Pero no lo pudiste ver cuando él estuvo en el
cuerpo, ¿cómo podrás verlo cuando no está en el cuerpo? Y mira el
extraño fenómeno: muchos cristianos lo ven cuando están orando,
cuando cierran los ojos, ven una visión y los discípulos más
cercanos no lo pudieron ver cuando estaba presente. ¿Qué está
sucediendo?
Estos
Cristos que ven en sus oraciones son sólo imaginarios, son
alucinaciones, proyecciones. Tú los has creado, es tu mente. Por eso
es que un cristiano ve a Cristo, un judío nunca puede ver a un
Cristo, y un hindú, ¡imposible siquiera pensar en él! Un hindú ve
a Krishna, tiene sus propios parámetros de imaginación, objetos de
imaginación. Un jaina nunca puede ver a Krishna, Mahavira vendrá en
sus visiones. ¿Qué está sucediendo? Tu mente está imaginando,
puedes jugar con la imaginación. Esto es auto-hipnótico y es muy
agradable. Es muy agradable, tú has creado a Cristo en ti. Te
sientes muy feliz, pero esa felicidad es como la de un sueño
agradable. En la mañana te sientes muy feliz porque tuviste un sueño
agradable. Pero aún
si es agradable, es sólo un sueño y es inútil.
¿Por
qué se pierde a Jesús? Cuando está presente, él mismo dice:
"Ustedes no miran al ser viviente". Y después cuando está
muerto, millones de gente cierra sus ojos y lo ven y lo gozan, la
misma gente que lo crucificó cuando estaba aquí en el cuerpo. La
misma gente continúa imaginando y pensando porque la imaginación no
es un fuego, es un consuelo. Te consuela pensar: "He visto a
Cristo".
La
gente viene a verme y dice: "He visto a Cristo", y me mira
esperando que diga: "Sí, lo has visto". Entonces se irían
muy contentos, niños jugando con juguetes. Y si digo: "Esto es
tontería ¡deja tu imaginación!", se sienten muy infelices,
nunca regresan a verme. ¿Para qué ir donde un hombre como él, que
destruye, que destruye tus sueños?
A
Cristo, cuando estuvo vivo, lo perdiste; ¿cómo puedes encontrarlo
cuando no está presente en el cuerpo? Pero de nuevo el mismo
fenómeno vuelve a existir: ahora los cristianos hablan sobre Jesús
en la misma forma en que hablaban sobre los veinticuatro profetas
antes de Jesús. Ahora él está muerto. Ahora hablas sobre el muerto
y te pierdes al que está vivo.
Le
sucedió una vez a un monje Zen: Vino un cristiano trayéndole la
Biblia y le dijo: "Me gustaría leerte algunas frases de Jesús".
Y el monje adonde había ido era un Maestro viviente.
El
Maestro se rió y dijo: "Muy bien".
Así
que leyó unas cuantas líneas del Sermón de la Montaña. Después
de dos o tres líneas el Maestro dijo: "Bien, el hombre que dijo
estas palabras era un iluminado". El hombre estaba muy feliz
porque Cristo había sido reconocido, y quería seguir leyendo más.
Continuó leyendo. El Maestro dijo: "Sí, muy bien. Quien sea
que haya dicho estas palabras es un iluminado".
El
cristiano le agradeció al Maestro, se regresó completamente feliz
de que Jesús había sido reconocido por un budista, pero lo perdió
completamente, porque este monje era un Cristo. Y el Maestro lo había
intentado dos o tres veces: dos o tres veces había dicho: "¡Muy
bien!". El estaba diciendo: "Mantén tu libro cerrado.
¡Suficiente! Ya lo he probado, digo que sí, que este hombre era un
iluminado".
Si
este hombre realmente hubiera estado interesado en la verdad, al oír
esto habría mirado al Maestro, porque habría querido saber: "¿Quién
está diciendo que el hombre que pronunció estas palabras era un
iluminado?". Habría tirado el libro. "¿Para qué
preocuparse de los muertos? ¡Mira a este hombre!". Pero él
continuó con su libro. Debe haber ido donde otros cristianos y debe
haberles dicho: "Jesús fue realmente un iluminado. Fui donde un
budista. Es muy difícil que un budista reconozca a Jesús. Este
hombre es muy grande, lo reconoció".
Buscas
reconocimiento para los muertos del que está vivo. Recuerda esto,
porque tú puedes estar haciendo lo mismo.