viernes, 11 de junio de 2010

ES EL SEXO UNA NECESIDAD CORPORAL?

Hay muchas cosas que han de ser comprendidas.

Primero: el sexo no es una necesidad corriente como la comida. Es una necesidad extraordinaria. Si no se te da comida, morirás, pero puedes seguir viviendo sin sexo. Si no se te da agua, el cuerpo morirá, pero puedes seguir viviendo sin sexo. Si no tienes aire morirás al cabo de unos segundos, pero sin sexo podrás vivir du­rante toda tu vida.

Ésta es la primera diferencia. Y ¿por qué es así? Porque el sexo no es, básicamente, la necesidad del individuo; es la necesi­dad de la raza. La raza morirá si no se permite el sexo, pero tú no morirás. El hombre morirá; el sexo no es individual, sino colectivo. El sexo es una necesidad racial, no individual. Si todo el mundo se convirtiera en célibe, entonces la Humanidad desaparecería, pero tú seguirías. Seguirías viviendo durante setenta años o incluso más porque ahorrarías mucha energía. Un hombre que debiera vivir setenta años, sin sexo podría vivir cien años, por­que sus energías se conservarían. Pero sin sexo, la raza moriría.

Ésta es la primera diferencia: la comida es necesaria para ti; el sexo es necesario para los demás. El sexo es necesario para que lleguen las generaciones futuras. Tú ya has llegado, de modo que ya no hay problema. Tus padres necesitaron del sexo para que llegaras. Si hubieran seguido célibes, no hubieras estado aquí, pero ellos habrían seguido viviendo y para ellos no habría habido problema alguno. Hubieran vivido incluso mejor, porque tú les creaste muchos problemas.

Por eso la naturaleza te ha hipnotizado tan profundamente con el sexo; si no, la Humanidad desaparecería. La naturaleza te ha hecho absolutamente obsesivo respecto al sexo; te obliga a serlo. Tú tratas de escapar de la trampa y te sientes atrapado. Hagas lo que hagas, vayas donde vayas, el sexo te persigue. La naturaleza te obliga. Sino, el sexo en sí es una acción tan repugnante que si se te diera libertad, no creo que nadie escogiera practicarlo. Es algo obligado.

Si en ti no hubiera obsesión alguna, no lo harías. Pero la naturaleza no puede permitirte que dejes de hacer­lo, de modo que la naturaleza te hipnotiza profundamente. Es algo químico, hormonal. En tu sangre circulan unas determinadas hormonas que te obligan a ello.

Nace un niño; las hormonas no están todavía a punto. Tarda­rán un tiempo en estarlo. A los catorce aparecerá la necesidad sexual. Hasta entonces no habrá problema. Las hormonas sexuales están madurando, las glándulas están preparándose. De repente, a los catorce, explotan y el chico se vuelve loco. No puede com­prender lo que le está sucediendo.

La edad entre los catorce y los dieciocho es una de las más extrañas. El chico no puede comprender, "¿Qué me está suce­diendo?" Algo ha tomado posesión de él. ¡Es una posesión! La naturaleza le ha poseído. Ahora estás dispuesto, ahora el cuerpo está preparado, ahora la naturaleza te obliga a reproducirte. Apa­recen las fantasías, los sueños; no puedes escaparte. Mires donde mires-si eres un hombre-verás sólo mujeres. Si eres una mu­jer, verás sólo hombres. Es una locura. Evidentemente la natura­leza la ha creado, pues si no, no habría reproducción.

Tu vida individual no está en peligro por volverte célibe. No, nada está en peligro. Al contrario; vivirás más profundamente, más fácilmente, porque conservarás la energía.

Existen ciertas diferencias. La comida es una necesidad indi­vidual. Si dejas de comer, morirás. El sexo no es una necesidad individual; es una posesión. Si puedes dejarlo, con ello ganarás mucho. Pero puedes dejarlo de tres formas. Puedes reprimir el deseo; eso no ayudará, tu energía sexual se pervertirá. Por esto te digo que es mejor ser natural que pervertido. Los monjes jainos, los monjes budistas, los cristianos, los monjes católicos, que han vivido en sociedades exclusivamente masculinas, en grupos masculinos, de cada cien monjes, noventa se masturban o son ho­mosexuales. Ha de ser así porque ¿adónde irá la energía? Única­mente han estado reprimiendo-no transformando-el sistema hormonal y la química del cuerpo. No saben qué hacer, de modo que simplemente lo reprimen. La represión se convierte en per­versión. Estoy en contra de los métodos del primer tipo. Es mejor ser natural que ser pervertido, porque la perversión es caer por debajo de la naturaleza; no es trascenderla.

Luego existe el segundo tipo: los que han tratado de cambiar el sistema hormonal del cuerpo, los hatha yoguis, las asanas del Yoga. Y hay muchas formas de cambiar la química corporal. Es­tos segundos métodos son mejores que los primeros, pero aún así no estoy a favor de ellos. ¿Por qué? Porque aun cambiando el cuerpo, tú sigues sin ser cambiado. Un hombre impotente es céli­be, pero no sirve de nada. A través de los métodos del Hatha Yoga te volverás impotente, tus hormonas dejarán de actuar, que bien, las glándulas se atrofiarán y no podrán funcionar, pero esto no es crecimiento espiritual. Habrás destruido el mecanismo, no lo habrás trascendido.

La tercera clase de método es volverse más consciente. No cambies el cuerpo; tal y como es, está bien. Déjalo ser natural. Vuélvete más consciente. Vuélvete consciente de todo aquello que suceda en tu mente y en tu cuerpo. Vuélvete más y más consciente de las capas más burdas y de las más sutiles. Simplemente siendo consciente, siendo un testigo, irás ascendiendo más y más y más y llegará un momento en el que, debido a tu altura, debido a la elevación de tu consciencia, el valle seguirá estando allí pero tú no formarás parte ya del valle. Lo habrás trascendido. El cuerpo sigue siendo sexual, pero tú no estás allí para cooperar con él. El cuerpo permanece absolutamente natural, pero lo has trascendido. No puede funcionar sin tu cooperación. Esto es lo que ocurre en un Buda.

La palabra "Buda" significa "Uno-que-ha-Despertado". No pertenece exclusivamente a Gautama el Buda. "Buda" no es un nombre personal; es una cualidad de ser. Cristo es un Buda, Kris­hna es un Buda, y han existido miles de Budas. Es una cualidad del ser. Y ¿cuál es esa cualidad? La consciencia. La llama de la consciencia asciende más y más alto y llega un momento en que el cuerpo está allí, funcionando plenamente y de forma natural­, sensitivo, sensual, vivo, pero tu cooperación no existe. Ahora tú eres el testigo, no el ejecutor. El sexo desaparece.

1 comentario:

Angelo Steven Toro Osorno dijo...

me gusto mucho este articulo :D

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