sábado, 20 de agosto de 2011

LA FIDELIDAD (PRIMERA PARTE)

El hombre ha sido muy listo para crear falsos valores, parecen auténticos pero no te requieren en tu totalidad, se trata de una formalidad superficial.

Un ejemplo es el de la infidelidad. En lugar del amor, de la confianza, hemos creado el falso valor de la infidelidad. La persona fiel solo se compromete superficialmente con el amor. Realiza todos los gestos del amor, pero esos gestos no significan nada porque no pone su corazón en esos gestos formales.

Un esclavo es fiel, pero ¿crees que un esclavo, a quien han reducido su humanidad, le han arrebatado su orgullo y su dignidad, puede amar a la persona que le ha herido tan profundamente? ¡La detesta! Y si se presenta la oportunidad la matará. Pero seguirá siendo fiel en su superficie, no le queda más remedio. No con alegría sino por miedo. No por amor, sino por una mente condicionada que le dice que tiene que ser fiel a su amo.

El amor requiere de una fuerza más total, no surge del sentido del deber, sino de los latidos de tu corazón, de tu propia experiencia de la dicha, del deseo de compartirla. La fidelidad es algo feo, pero se ha considerado un valor respetable por miles de años, porque la sociedad ha esclavizado a las personas de diferentes maneras. Supuestamente la esposa debe guardar fidelidad al marido, hasta el punto de que en la India han muerto millones de mujeres a la muerte de su marido, arrojándose a la misma pira funeraria. Se llegaba a la conclusión de que si no podía morir con su marido, es porque no le era fiel.

Démosle la vuelta, ¡Ni un solo hombre se ha arrojado a la pira funeraria de su esposa! Y a nadie se le ha ocurrido plantearse: ¿significa eso que ningún marido le ha sido fiel a su mujer? Pero estamos en una sociedad de doble moral, hay una moral para el amo y hay otra moral para el esclavo.

La fidelidad, la fabrica tu propia mente, se trata de adiestrarse en una cultura concreta, empiezas a representar un papel, y al final acabas creyéndote tu propia actuación. La fidelidad te exige a que siempre te dediques a una sola persona, tanto si tu corazón lo desea como si no. Es una forma psicológica de esclavitud.

El amor trae la libertad, la fidelidad, la esclavitud. En la superficie se parecen, pero en el fondo son todo lo contrario, dos cosas diametralmente opuestas. La fidelidad consiste en representar un papel, te han educado para ello. El amor es libre, en eso reside su belleza. Llega como una brisa fragante, te llena el corazón, y de repente, donde había un desierto, florece un jardín. Pero no sabes de donde viene, ni sabes que no hay ninguna forma de atraerlo. Llega solo y se queda el tiempo que quiera la existencia. Y al igual que un día que llega como un desconocido, como un invitado, otro día, se marcha de repente. No hay forma de sujetarlo, de aferrarlo.

La sociedad no puede depender de experiencias tan impredecibles, tan inestables. Necesita garantías, seguridades, de ahí que haya apartado el amor de la vida, y la haya sustituido por el matrimonio.

La sociedad aprueba la fidelidad porque es algo en lo que se puede confiar. Tu marido, tu esposa, pueden confiar en ti, en que mañana seguirás siendo fiel como hoy. No se puede confiar en el amor, y lo más extraño es que el amor supone la mayor confianza, pero no se puede confiar en él. En el momento es total, pero al momento siguiente es algo abierto. Pueda que crezca dentro de ti, o pueda que se evapore. El marido quiere que su esposa sea su esclava durante toda la vida. No puede depender del amor, tiene que crear algo que se parezca al amor, pero fabricado por la mente del hombre.


1 comentario:

Jose dijo...

Fidelidad como acuerdo mútuo en pro de una garantía aparente de estabilidad. Una ilusión de permanencia. Un tipo de amor dirigido a aquello que recibimos de la pareja; un amor hacia nosotros mismos, a costa de sacrificar su libertad. Un amor que se proyecta hacia dentro y muta en alimento para el ego.

Buscar este blog