sábado, 12 de noviembre de 2016

EL SOÑAR

El desear es soñar y el soñar te aleja de ti mismo. Esa es la naturaleza del sueño.

Puede que estés durmiendo en La India y sueñes que estás en Filadelfia. Por la mañana no te levantarás en Filadelfia; te despertarás en La India.

En sueños puedes ir adonde quieras. El soñar posee una tremenda libertad porque es irreal. En un sueño puedes estar en cualquier parte: en la Luna, en Marte,... puedes escoger cualquier planeta; es tu juego. En sueños puedes estar en cualquier parte; solamente hay un lugar en el que no puedes estar: el lugar en el que estás. Esto es lo primero que has de comprender sobre la naturaleza del soñar. Si estás donde estás, entonces el sueño no puede existir, porque no tiene sentido soñar; entonces soñar carece de significado. Si estás exactamente en el lugar en el que estás, y si eres exactamente el que eres, ¿cómo va a existir el sueño? El sueño solamente puede existir si te alejas de ti mismo. Puedes ser un pobre y soñar que eres un emperador. Puedes ser un hombre corriente y soñar que eres alguien extraordinario. Caminas por la tierra y sueñas que vuelas por el cielo. El soñar ha de ser una falsificación de la realidad; el sueño ha de ser algo más que la realidad.

Verdaderamente no existe el soñar, por eso aquellos que quieren conocer lo real han de dejar de soñar.

En la India hemos dividido la consciencia humana en cuatro niveles. Al primer nivel lo llamamos el estado común de vigilia. Ahora mismo estás en el estado normal de consciencia de vigilia. ¿Qué es una consciencia común de vigilia? Parece que estás despierto, pero no lo estás. Estás un poco despierto, pero es tan poca cosa que no significa nada.

Puedes caminar hacia tu casa, puedes reconocer a tu esposa o a tu marido, puedes conducir tu coche... ese poquito es suficiente para esas cosas. Te permite una cierta movilidad; eso es todo. Pero es una consciencia muy pequeña, que se agota con facilidad, que se pierde fácilmente. Si alguien te insulta, la pierdes, se agota. Si alguien te insulta, te enfadas. Dejas de ser consciente. Por eso tras un enfado la gente dice, «¿Por qué hice esto?-¿Cómo pude hacerla? ¿Cómo he podido hacerla? Sucedió muy a mi pesar». Sí, están en lo cierto. Sucedió a pesar tuyo porque perdiste tu consciencia. Al enfadarte, al encolerizarte, la gente es poseída. Hacen cosas que nunca harían si fueran un poquito conscientes. Son capaces de matar, de destruir; incluso pueden destruirse a sí mismos.

Al estado común de consciencia de vigilia se le llama «de vigilia» a título anecdótico. En lo profundo, el sueño prosigue. Solamente una puntita del iceberg está alerta; la mayor parte está enterrada en la oscuridad. Obsérvalo a veces. En cualquier lugar cierra los ojos y mira en tu interior; verás los sueños flotando como nubes que te rodean. Puedes sentarte en una silla, en cualquier momento del día, cerrar los ojos, relajarte y verás que de repente el soñar ha empezado. De hecho no ha empezado, continúa, del mismo modo que durante el día las estrellas desaparecen del Cielo. En realidad no desaparecen, están ahí, pero debido a la luz del sol no las ves. Si bajas a un pozo muy profundo, muy profundo y oscuro, desde el interior podrás mirar al cielo y reconocer algunas estrellas, aunque sea al mediodía. Las estrellas están allí; cuando llega la noche no reaparecen, siempre han estado allí, las veinticuatro horas del día. No van a ninguna parte; simplemente la luz del sol las oculta.

Exactamente el mismo caso ocurre con tu soñar. Está bajo la superficie; enterrado continúa. En la parte más alta hay algo de consciencia; debajo hay mil y un sueños. Cierra tus ojos a cualquier hora y te encontrarás soñando.

Por eso la gente se encuentra con grandes dificultades cuando empiezan a meditar. Vienen a mi y me dicen, «Es divertido, extraño. Nunca supusimos que hubiera tantos pensamientos». Nunca habían cerrado sus ojos, nunca se habían sentado en una postura relajada, nunca habían ido hacia adentro para ver lo que allí sucedía porque estaban demasiado ocupados con el mundo exterior. Estaban demasiado atareados. Debido a este estar ocupados nunca se dieron cuenta de esta constante actividad interior. .

En la India, al estado de consciencia normal de vigilia se la llama el primer estado. El segundo estado es el del soñar. Cierras los ojos en cualquier momento y estás en él. Por la noche estás continuamente en él; casi continuamente. No tiene importancia el que te acuerdes o no te acuerdes por la mañana de lo soñado durante la noche. Sigues soñando. Hay, al menos, ocho ciclos de sueño durante la noche. Un ciclo dura unos quince, veinte minutos, luego surge una pausa; luego, de nuevo, otro ciclo y entonces otra pausa; luego, de nuevo, otro ciclo. Durante toda la noche estás continuamente soñando, soñando y soñando. Este es el segundo estado de consciencia.

Por lo general, todos los deseos existen en este segundo estado de consciencia, en el estado de sueño. El desear es un sueño y trabajar para un sueño es una pérdida de tiempo desde el mismo comienzo, porque un sueño nunca podrá ser real. Incluso si a veces sientes que se ha hecho casi realidad, nunca se hará real. Un sueño está, por naturaleza, vacío. No contiene substancia.

El tercer estado es el del sueño profundo. En él, todo sueño desaparece, pero también desaparece toda consciencia. Mientras estás despierto estás algo consciente, muy poco; cuando estás soñando, incluso ese poco desaparece. Pero aún así existe una minúscula consciencia; por eso eres capaz de recordar por la mañana que has soñado, que tuviste éste y este otro sueño. Pero en el sueño profundo, incluso eso desaparece. Es como si hubieras desaparecido por completo. Nada permanece. Y un vacío te rodea.

Esos son los tres estados corrientes. El cuarto estado es el de un Buda. Es casi como el estado de sueño sin sueños, pero con una diferencia. Y esa diferencia es enorme. Es tan calmado como el sueño profundo, como el sueño profundo sin sueños, pero es un estado de absoluta alerta, de absoluta consciencia. Krishna dice en su Gita que un verdadero yogui nunca duerme. Esto no quiere decir que un auténtico yogui esté durante toda la noche despierto en su habitación. Hay algunos estúpidos que sí hacen esto. Que un auténtico yogui nunca duerma quiere decir que mientras duerme, permanece consciente, alerta.

Ananda vivió con Buda durante cuarenta años. Un día le preguntó a Buda, «Hay una cosa que me sorprende mucho. Estoy intrigado. Tendrás que contestarme. Es pura curiosidad, pero no puedo contenerme más. Te he observado muchas veces cuando duermes por la noche, durante horas, y duermes de una forma que parece como si estuvieras despierto. ¡Duermes con tanta dignidad! ¡Tu cara, tu cuerpo, todo es tan bello! He observado a muchos otros mientras duermen y empiezan a murmurar, sus caras se vuelven feas, dejan de parecer hermosos...» Toda belleza ha de ser inducida, controlada, practicada. En el sueño profundo, desaparece. «y una cosa más,» dijo Ananda, «nunca cambias tu postura, siempre permaneces en la misma postura. Tu mano permanece en la misma posición en que la pusiste cuando te fuiste a dormir. Nunca la cambias. Parece que, en lo más profundo, te mantienes absolutamente alerta». Buda le contestó, «Estás en lo cierto. Esto ocurre cuando la meditación es perfecta».

Entonces la consciencia penetra tu ser tan profundamente que te mantienes consciente en los cuatro estados. Cuando estás consciente en los cuatro estados, el soñar desaparece por completo porque con una mente atenta el soñar no puede surgir y el normal estado de vigilia se convierte en un estado de vigilia extraordinario; eso que Gurdjieff llama «recuerdo de sí». Uno se recuerda a sí mismo siempre, en todo momento. No hay discontinuidad. El recordarse es un continuo. Entonces uno se convierte en un ser luminoso.

Y el sueño profundo está allí, pero entonces cambia por completo su cualidad. El cuerpo está dormido, pero el alma está despierta y alerta, atenta. Todo el cuerpo está en una oscuridad profunda, pero la lámpara de la consciencia arde con brillante luz.¬

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