sábado, 9 de mayo de 2020

LA CONFUSIÒN


La mente es muy inteligente. Si dices, «Abandona el dinero», la mente dice, «De acuerdo. ¿Puedo aferrarme a la meditación?» Si le dices a la mente, «Renuncia al mundo», la mente te dirá, «De acuerdo. ¿Puedo tener experiencias espirituales?» Si dices, «Renuncia al mundo», la mente te dirá, «Puedo renunciar al mundo, pero me aferraré a la idea de Dios».

Y no hay una mayor barrera hasta Dios que la idea de Dios,

La palabra «Dios» se ha convertido en la mayor barrera, la creencia en Dios se ha convertido en la bandera más grande. Si deseas llegar a Dios, has de desprenderte de toda idea sobre Dios, de todas las creencias sobre Dios, sean hindúes, cristianas o musulmanas. Has de permanecer absolutamente en silencio, sin aferrarte, sin saber. En esta profunda ignorancia, Dios se te revela. Solamente en esta profunda ignorancia.

Mi esfuerzo es totalmente distinto de tu esfuerzo. Lo que tú estás haciendo aquí es diametralmente opuesto a lo que yo estoy haciendo aquí. Mi esfuerzo es cómo crear una profunda ignorancia en ti; por eso he de confundirte.

Siempre que veo que acumulas cierto conocimiento, inmediatamente salto sobre él y lo destruyo. Poco a poco aprenderás, estando cerca de mí te verás obligado a aprender que es inútil acumular porque este hombre no te va a dejar en paz. Si te aferras a algo, él te lo va a quitar. Así qué, ¿por qué aferrarse? Un día simplemente me escucharás, sin aferrarte, sin construirte con ello ninguna creencia, sin crear una filosofía, sin crear a partir de ello una teología; simplemente escuchando como escuchas a los pájaros, como escuchas al viento silbando entre los pinos, como escuchas al río dirigiéndose hacia el océano, como escuchas el bramido salvaje de las olas del océano. Entonces no crearás una filosofía. Simplemente escucharás.

Lo que estoy tratando de hacer al confundirte es desarraigarte de tu mente. Me gustaría que no tuvieras ninguna raíz arraigada en la mente, en el nombre del amor, en el nombre de la meditación o en el nombre de Dios. Tu mente es muy astuta. Puede arraigar en lo que sea. Puede arraigar en el amor, en la meditación. En el instante en que percibo que tu mente se asienta en lo que sea, de inmediato he de arrancarte de eso. Todo mi esfuerzo es crear un estado de no-mente en ti. No estoy aquí para convencerte de nada. No estoy aquí para darte dogma alguno, ni un credo con el que vivir. Estoy aquí para arrebatarte todos los credos porque solamente entonces podrá la vida suceder en ti. No te vaya dar nada sobre lo que puedas vivir. Simplemente te estoy quitando todos los apoyos, todas las muletas.

Deja que yo sea el océano salvaje rugiendo ante ti, o el viento que silba entre los árboles, o los pájaros cantando por la mañana. No soy un filósofo, no te estoy impartiendo conocimiento alguno. Te estoy tratando de indicar algo que está más allá de todo conocimiento.

Por eso, en el instante en que veo que estás asintiendo, en el momento en que veo que dices, «Sí, esto es así», en el instante en que veo que estás acumulando algo, inmediatamente me lanzó sobre ello y lo contradigo para confundirte. La confusión es mi método. Lo voy a estar haciendo en todo momento. No te voy a dejar descansar a menos que abandones todo esfuerzo por filosofar, a menos que empieces a escucharme sin mente, por puro placer de escucharme tal y como escuchas música. Cuando me empieces a escuchar así entonces nunca te sentirás confundido. Te sientes confundido porque tratas de aferrarte a algo, y al paso siguiente yo lo destruyo. Te sientes confundido. Estabas construyéndote una casa, y una y otra vez yo y te la destruyo.

De hecho, tú mismo estás creando tu confusión. No levantes esa casa y entonces no tendré que destruírtela. Si la creas, la voy a derribar. Si dejas de levantar casas, casas de naipes, si dejas de edificar casas, si dices, «Este hombre vendrá y me la destruirá», si simplemente esperas y escuchas y no te preocupas por hacer una casa en la que vivir; entonces no podré confundirte. Y el día en que no sea capaz de confundirte, será un día de gran regocijo para ti porque en ese mismo momento serás capaz de entenderme, no mediante el intelecto, sino mediante tu ser. Será una comunión, no una comunicación. Será una transferencia de energía, no de palabras. Habrás entrado en mi casa.

No te voy a permitir que levantes casa alguna porque se convertirá en una barrera. Entonces empezarás a vivir en esa casa y yo estoy tratando de que entres en mi casa. Jesús les dijo a sus discípulos, «En la casa de mi Dios hay muchas mansiones». Yo también te digo, «Te estoy llevando en un viaje en el que un gran palacio te está esperando». Pero te veo construyendo casas junto a la carretera y he de destruírtelas, si no, nunca alcanzarás la meta. Empiezas a rendir culto a cualquier cosa. Tienes tanta prisa, estás tan impaciente que, diga lo que te diga, simplemente te agarras a ello.

No voy a permitir que esto suceda. Mantente pues alerta. Si te mantienes alerta no habrá necesidad de que te confunda. En realidad, si estás alerta, haga lo que haga no podré confundirte. El día en que puedas decir, «Ahora, Osho, no puedes confundirme. Digas lo que digas, escucharé, me regocijaré en ello, pero no formularé conceptualizaciones», será el día en que dejaré de confundirte. Hasta entonces voy a confundirte una y otra vez.

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