sábado, 20 de marzo de 2010

EL PROPÓSITO DE LA VIDA

¿Para qué especial propósito me ha creado Dios? ¿Para qué he sido enviado al mundo?" Es el ego el que pregunta. Se siente corriente, nada especial ¿Cómo vas a poder vivir entonces?

¿Quién te dijo que eras corriente? ¿De dónde has adquirido la noción de que eres corriente? ¡Todo el mundo es extraordinario! Así es como debería ser. Dios nunca ha creado gente corriente. ¿Cómo va a crear Dios gente corriente? Todo el mundo es especial, extraordinario. Pero recuerda: no has de alimentar con ello tu ego. No es debido a ti que eres extraordi­nario; es debido a Dios. Tú surgiste de la Totalidad; tú permaneces enraizado en la Totalidad; tú te disolverás de nuevo en la To­talidad. Y la Totalidad es extraordinaria, incomparable.

Tú también eres incomparable, pero todas las religiones, las mal llamadas religiones, han tratado de hacerte sentir ordinario. Ésta es una estratagema para provocar a tu ego. Trata de compren­derlo: en el instante en que te dicen que eres alguien corriente, están creando el deseo en ti de volverte extraordinario porque empiezas a sentirte inferior.

Necesitáis sentiros como egos extraordinarios; solamente en­tonces la vida os parece importante. La vida es importante y en ella no hay propósito alguno. Es importante; sin ningún propósito, como una canción, como un baile, como una flor. Florece sin propósito alguno; no florece para nadie en especial. Aunque nadie pase por la calle, la flor florecerá y su fragancia se esparcirá por el aire. Aun­que nadie se acerque a olerla, no importa. El florecer es lo impor­tante, no el propósito.

Pero te han enseñado que eres vulgar. "Habéis de convertiros en grandes poetas, en grandes pintores, en grandes líderes de hombres, en grandes políticos, en grandes santos". Tal como eres, toda la reli­gión te condena: "No eres nada más que un gusano de la tierra. ¡Sé alguien! ¡Demuestra ante Dios que eres alguien!"-¡Cómo si tuvieras que demostrar tu valor!

Pero yo te digo que esto es absolutamente absurdo. Esas reli­giones han estado predicando la irreligiosidad. No es necesario que demuestres nada. El mismo hecho de que Dios te haya engen­drado, es suficiente; has sido aceptado. Dios te ha criado; es su­ficiente. ¿Qué otra prueba podrías encontrar? No es necesario que seáis grandes pintores, no es necesario que seáis grandes líderes, no es necesario que seáis grandes santos. No hay ninguna necesidad de ser alguien importante porque ya eres importante. Esto es lo que yo recalco: ya eres aquello que deberías ser. Puede que no te ha­yas dado cuenta; lo sé. Puede que no hayas descubierto tu propia realidad; lo sé. Puede que no hayas mirado en tu interior y no hayas descubierto al emperador que hay en ti; lo sé. Puede que estés pensando que eres un mendigo y trates de ser un emperador, pero tal y como te veo, eres ya el emperador.

Sé normal. No hay nada de malo en lo corriente, porque en tu normalidad, eres extraordinario. El ego necesita condiciones que satisfacer; la vida no.

Mientras tanto, eres desgraciado; mientras tanto, te permites ser desgraciado; mientras tanto, disfrutas auto torturándote. De­pende de ti. Si te inclinas por el sufrimiento, no necesitas crear a tu alrededor mucha filosofía. Puedes simplemente decir, "Disfruto sufriendo".

Parece que ser desgraciado no necesita ninguna práctica; has nacido para ser desgraciado. Pero, ¿por qué necesitas practicar para ser dichoso? Ambos conforman los dos aspectos de la misma mo­neda. Si puedes ser desgraciado sin ninguna práctica, puedes ser dichoso sin práctica alguna. Mantente natural, relajado; simple­mente siente las cosas y no esperes. ¡Empieza ya!

Mantente alerta y si quieres mantenerte alerta, celebrar será una gran, una valiosa ayuda. ¿Qué quiero decir cuando digo "ce­lebra"? Quiero decir que hagas lo que hagas, no lo hagas como un deber; hazlo por amor. No lo hagas como una carga, hazlo como una celebración.

Permite que la vida entre en ti, vuélvete más abierto y vulnerable, siente más, percibe más. A tu alrededor se encuentran pequeñas cositas conteniendo maravillas. Observa a un niño pequeño. Déjale en el jardín y obsérvale. Así deberías ser tú también; tan maravilloso, tan lleno de asombro, corriendo para atrapar esa mariposa, corriendo para coger esa flor, jugando con el fango, revolcándote en la arena. Lo Divino está acariciando al niño desde todas partes.

Si puedes vivir maravillado, entonces serás capaz de celebrar. No vivas en el conocimiento, vive maravillado. No sabes nada. La vida es sorprendente, en todas partes es una continua sorpresa. Vívela como una sorpresa, como un fenómeno impredecible que a cada instante es nuevo. ¡Sólo inténtalo! ¡Dale una oportunidad! No perderás nada si lo intentas; y lo puedes ganar todo. Pero te has vuelto un adicto al sufrimiento. Te aferras a tu desgracia como si fuera algo muy preciado. Observa tu apego.

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