sábado, 8 de diciembre de 2012

LA NECESIDAD DEL TIEMPO

¿Por qué es necesario el tiempo? ¿Acaso no puedes permanecer aquí y ahora sin el tiempo? ¿No es suficiente este momento, que lees estas notas, sin pasado, sin futuro; este momento intercalado, que es atómico, que es casi no existencial? Es tan pequeño que no puedes atraparlo. Si lo coges, ya ha pasado. Si piensas, estás en el futuro. Puedes permanecer en él, pero no puedes atraparlo. Cuando lo atrapas, se ha ido; cuando piensas en él, no está allí.

Cuando está ahí, sólo puede hacerse una cosa: vivirlo, eso es todo. Es tan pequeño que sólo puedes vivirlo, pero es tan vital que te da la vida.

Recuerda, es como el átomo, tan pequeño que no puede ser visto. Sólo puedes ver las consecuencias. Ellos lo han podido hacer explotar: Hiroshima y Nagasaki fueron las consecuencias. Hemos visto a Hiroshima ardiendo, más de cien mil personas muertas. Esta es la consecuencia. Pero nadie ha visto qué ocurrió con la explosión atómica. Nadie ha visto al átomo con sus propios ojos.

El tiempo es atómico, este momento es también atómico. Nadie lo puede ver, porque en el momento en que lo ves, se ha ido. En el tiempo que lleva verlo, se ha ido; el río ha fluido, la corriente se ha movido y nadie ha visto al tiempo. Sigues usando la palabra tiempo, pero si alguien insiste en tener una definición te sentirás perdido.

Alguien pidió a San Agustín, "Define a Dios. ¿Qué quieres decir con la palabra Dios?".

Y Agustín dijo, "Es como el tiempo. Puedo hablar de él, pero si quieres una definición no puedo dártela".

Y sigues preguntando a la gente, "¿Qué es el tiempo'!". Y ellos miran sus relojes y contestan, pero si realmente preguntas, "¿Qué es el tiempo?", si pides una definición, los relojes no sirven de nada.

¿Puedes definir el tiempo? Nadie lo ha visto, y no hay forma de verlo. Si buscas, se ha ido, si piensas, no está ahí. Cuando no piensas, cuando no buscas, cuando simplemente eres, está ahí. Lo vives. Y San Agustín está en lo cierto: Dios puede ser vivido, pero no visto. El tiempo puede ser vivido, pero no puede ser visto. El tiempo no es un problema filosófico, es existencia!. Dios tampoco es un problema filosófico, es existencia! Hay gente que lo ha vivido, pero si insistes en una definición, permanecerán callados, no pueden contestar. Y si puedes permanecer en este instante, las puertas de todos los misterios se abrirán.

Por eso arroja todo deseo, quita el polvo de tus ojos, ponte en paz interior, sin desear nada, ni incluso Dios.

No anheles; tan sólo sé. Ni incluso busques; sólo sé. No pienses. Deja que este momento permanezca ahí, y tú en él, y de repente lo tendrás todo, porque la vida está ahí. De repente todo empieza a descender sobre ti, y entonces este momento se vuelve eterno y ya no existe el tiempo. Es siempre el ahora. Nunca acaba, nunca empieza, pero entonces estás en él, no afuera. Has penetrado el todo, has reconocido quién eres.

No te das cuenta en modo alguno de que eres ya un vencedor, que la vida te ha sucedido. Eres ya un ganador y nada más es ya posible, todo lo que te podía suceder te ha sucedido. Eres ya un emperador, y no hay otro reino que obtener, pero no te has dado cuenta, desconoces la belleza de la vida que te ha acontecido. No conoces el silencio, la paz, la dicha que está ya presente.

Y debido a esto no te das cuenta del reino interior, siempre sientes que se necesita algo más, algún triunfo, para probar que no eres un mendigo.

Recuerda: Hay dos caminos, y trata de comprender que sólo hay dos caminos. Un camino es el de salir al exterior y demostrar que tú eres alguien; el otro es penetrar en tu interior y conocer que no eres nadie. Si te diriges al exterior nunca podrás demostrar que eres alguien. La necesidad permanecerá, más bien, se incrementará. Cuanto más intentes demostrar, más mendigo te sentirás. El demostrar a los demás que eres alguien no te hace ser alguien. En tu interior, el no ser permanece. Hiere al corazón, ahí tú sabes que tú no eres nadie.

Los imperios no ayudaron, porque los imperios no pueden penetrar en ti y llenar el hueco en tu interior. Nada puede penetrar. Lo exterior permanecerá exterior, lo interior permanecerá interior. No hay fusión. Puedes tener todas las riquezas del mundo, pero ¿cómo puedes metértelas dentro y llenar tu vacío? No, incluso con todas las riquezas te sentirás vacío, más vacío, porque el contraste estará ahí. Es por esto que un Buda deja su palacio: viendo la riqueza y sintiendo sin embargo el vacío interior, ve que todo es inútil.

El otro modo es ir hacia adentro, no intentar liberarse de este estado de no ser, sino comprenderlo. Ve hacia adentro y comprende que no eres nadie. El momento en que te das cuenta de que no eres nadie explotas en una nueva dimensión, porque cuando una persona comprende que no es nadie también comprende que él lo es todo.

No eres alguien en particular, porque lo eres todo. ¿Cómo puede el todo ser alguien? Alguien es siempre una parte. Dios no puede ser alguien porque lo es todo; no puede poseer nada porque lo es todo. Sólo un mendigo posee, porque las posesiones tienen limitaciones, no pueden ser ilimitadas. El ser alguien tiene unos límites, el ser alguien no puede darse sin límites, no puede ser infinito. El no ser nadie es infinito, como el serlo todo.

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