sábado, 29 de junio de 2013

TU ERES LA EXISTENCIA

Ser uno con la existencia significa que desapareces, que dejas de ser. Y cuando digo que seas tú mismo, que seas tu verdadero rostro original; sólo entonces puedes experimentar la realización, pero tu mente no está convencida, tu pensamiento no está convencido.

La mente funciona con el principio de exclusión: o esto es correcto o su opuesto es lo que es correcto. Ambas cosas no pueden ser correctas a la vez, al menos en lo tocante a la mente, a la lógica mental, a la racionalidad...

Si la mente funciona con este principio de exclusión,es decir, o una cosa o la otra, el corazón funciona con el principio de inclusión, es decir, con ambas, y el corazón no tiene lógica sino sensibilidad, perceptividad.

Puedes ver que no sólo ambas pueden darse a la vez sino que, de hecho, no son dos. Se trata de un único fenómeno visto desde dos perspectivas diferentes. Y hay mucho más que esas dos.

El corazón siempre tiene razón. Si surge la cuestión de elegir entre la cabeza y el corazón..., ocurre porque la mente es una creación social. Ha sido educada, te ha sido dada por la sociedad, no por la existencia. El corazón no está polucionado.

Es pura existencia: De ahí su sensibilidad.

Si miras desde el punto de vista del corazón, las contradicciones comienzan a disolverse como el hielo.

Yo os digo: sed uno con el Universo; tenéis que desaparecer y dejar que la existencia sea. Simplemente tenéis que estar ausentes para que la existencia pueda estar presente en su totalidad. Pero lo que tiene que desaparecer no es tu realidad, sólo es tu personalidad. Es sólo una idea dentro de ti. En realidad ya eres uno con la existencia; no puedes existir de ninguna otra forma.

Tú eres la existencia.

Pero la personalidad crea un engaño y te hace sentirte separado.

Puedes asumir que estás separado: la existencia te da una libertad total, incluso la de ir contra ella misma. Puedes pensar que eres una entidad separada, un ego. Esa es la barrera que te impide fundirte con la amplitud que te rodea a cada momento.

No tiene puertas cerradas, todas sus puertas están abiertas. A veces sientes que una puerta se abre, pero sólo durante un momento; tu personalidad no puede permitirse más. A esos momentos les llamas momentos de belleza, momentos de éxtasis.

Cuando miras el atardecer, durante un segundo olvidas tu separación. Eres el atardecer. En ese momento sientes su belleza. Pero en el momento que dices que es un atardecer precioso, ya no lo sientes; has vuelto a la entidad separada y encerrada que es tu ego. Ahora la que habla es la mente.

Y este es uno de los misterios: la mente puede hablar aunque no sabe nada y el corazón, que lo sabe todo, no puede hablar.

Cuando te digo que tienes que desaparecer para lograr la realización suprema, no me refiero a ti; me refiero al TÚ que no eres tú. Me refiero al tú que crees ser.


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