sábado, 9 de noviembre de 2013

VIVIR CON PRISA

Oriente ha encontrado algo que está muy cerca de la verdad. Hay religiones nacidas en India y religiones nacidas fuera de India; todas las religiones nacidas fuera de India creen que hay una vida, es decir, setenta años o algo más. Naturalmente uno tiene prisa; tiene que tenerla; una vida tan corta y tantas cosas que hacer, tanto que explorar, que experimentar. Por eso la mente occidental está acelerada, quiere hacerlo todo cada vez más deprisa, porque su concepción de la vida es demasiado pequeña. No se le puede culpar.

Las religiones nacidas en India tienen una extensión eterna: hay una vida tras otra. No hay prisa, no hay por qué apresurarse. Pero el ser humano es tan estúpido que cuando resuelve una pregunta, surgen otras mil de ella. La idea de que hay muchas vidas era para ayudar a relajarte: no hay prisa; la eternidad es tuya, no hace falta que corras, camina como cuando sales de paseo por la mañana, tranquilo, relajado.

Esa era la idea de los que propusieron el concepto de reencarnación, pero la gente es de tal manera que en lugar de relajarse se hizo perezosa. Dijeron: «No hay prisa, ¿para qué molestarse en andar? La posibilidad de correr ni se plantea, e incluso ¿para qué salir a dar paseo matinal? La eternidad es tuya, puedes salir a pasear cuando quieras.»

Oriente se hizo pobre por esta razón, porque la tecnología no evolucionaba. La tecnología sirve para hacer las cosas más rápido, para producir cosas más rápidamente que con las manos. La gente siguió siendo pobre, y se hizo cada vez más pobre. La idea era buena, pero sus resultados no lo fueron.

Occidente tiene la idea opuesta, la de una vida breve. Creó mucha tensión y ansiedad, pero creó tecnología, desarrollo científico, riqueza, comodidad, lujos; lo creó todo. Pero el hombre interno estaba perdido, porque siempre estaba corriendo. Nunca estaba donde estaba; siempre estaba yéndose a otra parte. Y la meta en la que descansar nunca aparecía. Por eso en Occidente la gente tiene medios para ir más deprisa, y van muy rápido. Pero no les preguntes: «¿a dónde vas?». ¡No pierdas tiempo planteando esas preguntas! Todo lo que importa es ir corriendo; no importa dónde van ni por qué.

Ambas ideas han fracasado. Las religiones orientales no han sido una ayuda; las occidentales tampoco. Ambas han tratado de darte una idea, pero nunca te dieron una intuición de tu propio ser.

Ahí es donde difiero.

Si entiendes lo que significa que la hierba crezca por sí misma..., un Universo tan vasto que funciona tan silenciosamente, tan pacíficamente; millones de sistemas solares, millones de estrellas moviéndose cada día, de eternidad en eternidad...

Simplemente intenta comprender que somos muy pequeños en comparación con este inmenso Universo; lo que hagamos o dejemos de hacer no supone ninguna diferencia para la existencia. No debemos tomárnoslo en serio. Antes no estaba aquí y la existencia seguía su curso; después no estaré aquí y la existencia seguirá. No debería tomarme en serio.

Ésta es una comprensión fundamental para un meditador, la de no tomarse a sí mismo en serio. Entonces la relajación viene automáticamente. Y con la relajación, lo que es natural en ti continúa y lo que no es natural cae por sí mismo.

1 comentario:

Carlos de la Parra dijo...

Gran interpretación del ocio divino.
No debemos correr tras las cosas, más sí caminar pues vivimos el paso adelante, y como éste no es imprescindible, hay que relajarse.
Vivir debe ser una secuencia de pasos excelentes. No hay que optar por nada denigrante o desagradable.
La excelencia tiene la pureza de la virtud ejercida.

Buscar este blog