sábado, 22 de noviembre de 2014

VER LO QUE PENSAMOS Y LA REALIDAD

Ver lo que pensamos que es y lo que es en realidad, la diferencia es tremenda.

Vivimos nuestra vida en medio de ilusiones de agua clara como el cristal, pero la realidad es totalmente diferente.

Las personas se ríen de los demás, y si alguien se ríe de ellas se sienten heridas, pero llegar a entender que puedes ver tu propia estupidez... y toda tu vida está llena de estupidez.

Vivimos sueños, ilusiones, alucinaciones. No corresponden a la realidad en absoluto.

Simplemente observa tu mente, cómo crea ilusiones respecto a todo y a continuación se queda desilusionada y alterada. Amas a un hombre, amas a una mujer; creas una cierta ilusión respecto a ese hombre o mujer. En lo profundo de ti lo sabes, estás imponiendo una imagen. Pronto se hará añicos, porque ante la realidad, ninguna ilusión puede durar mucho tiempo.

Entonces lo más normal es que te sientas decepcionado, desgraciado y que no entiendas lo sucedido. Si te hubieras podido reír, lo habrías entendido.

Incluso cuando comprendes que las cosas no son como te las imaginabas, vuelcas toda la responsabilidad en la otra persona. Una mujer que te parecía preciosa acaba siendo insoportable. Un hombre que creías un héroe acaba siendo un marido dominado. No os vais a reír de vosotros mismos. Pondréis toda la responsabilidad en la otra persona: os ha engañado, aparentaba ser algo que no es, no era tan hermosa, sólo aparentaba: logró engañarte con todo su maquillaje. Pero no hace falta maquillaje. Vuestras ilusiones, vuestras alucinaciones, vuestra ansia es suficiente: son el mayor maquillaje del mundo.

Cualquiera cosa que quieras, cualquier cosa que desees, la proyectas y cuando esa proyección resulta estar equivocada, hay dos posibilidades. Una es volcar toda la culpa en la otra persona, que simplemente es inocente de lo que estabas viendo en ella.

En cada relación amorosa ambas personas son inocentes respecto a sí mismas, pero, ambas son responsables de proyectar en la otra persona algo que no es…

Lo hacemos a cada momento de nuestra vida, proyectamos ilusiones -sobre la gente, sobre las cosas- y constantemente nos sentimos frustrados, disgustados.

Si pudieras entender que todo son proyecciones tuyas…. Ese sería el momento de reírte de ti mismo, de tu propia estupidez, de tu propia necedad. Eso sería un acto de una gran inteligencia. Y te liberaría de la constante proyección y frustración, de todo ese círculo vicioso.

Un viejo monje atravesaba el bosque con su discípulo, iban hacia otra ciudad. Pero el joven se sentía muy confuso, porque el anciano nunca había caminado así, iba casi corriendo y llevaba su bolsa agarrada. Y de vez en cuando palpaba algo dentro de la bolsa. El joven no podía imaginar qué tendría en aquella bolsa. Y el anciano no dejaba de preguntar una y otra vez: «¿Podremos llegar a la ciudad antes del atardecer?»

El joven decía: «Aunque no lleguemos, no tenemos nada que temer. Podemos quedarnos en el bosque. Lo hemos hecho muchas veces, no es nada nuevo. Pero hoy parece que te pasa algo, estás muy extraño.»

El anciano dijo: «Eso ya lo discutiremos después. Primero, vayamos rápido. No quiero quedarme en el bosque esta noche.»

Encontraron un pozo al lado del camino y el sol ya se estaba ocultando. Antes de que el sol se ocultara, se lavaron. Estaban muy cansados. Bebieron y mientras el anciano se lavaba la cara, pasó la bolsa al joven y le dijo:, «Ten cuidado.»

El joven se dijo a sí mismo: «Nunca antes ha estado así.» Y miró dentro de la bolsa por curiosidad. Había dos lingotes de oro. Ahora estaba muy claro por qué no quería quedarse en el bosque y por qué tenía tanto miedo.

Mientras el anciano se lavaba la cara y rezaba su oración nocturna, el joven tiró los dos lingotes al bosque, encontró dos piedras que pesaban casi lo mismo y las metió en la bolsa. El anciano terminó su oración en la mitad del tiempo habitual, ¡tenía tanta prisa! Arrebató inmediatamente la bolsa al joven y su peso le mostró que todo estaba en orden. Continuaron a toda prisa. Un kilómetro más adelante, empezó a oscurecer. El anciano dijo: «Parece difícil que podamos llegar a la ciudad y este lugar es peligroso.»

Pero el joven dijo: «No temas. He dejado el peligro junto al pozo.»

Él dijo: «¿Qué quieres decir con que has dejado e! peligro junto al pozo?»

El joven respondió: «Mira dentro de la bolsa y lo sabrás.»

Miró dentro de la bolsa y dijo: «¡Dios mío!» El anciano se rió, tiró la bolsa y se sentó debajo de un árbol; no podía parar de reír.

El joven le preguntó: «¿Por qué te ríes tanto?

El anciano respondió: «Me río porque has hecho lo adecuado, y durante casi un kilómetro he pensado que esas piedras eran el oro. Ahora podemos quedarnos a dormir tranquilamente debajo de este árbol. Está bien. Ya no hay miedo ni prisa.» Podría haberse enfadado con el joven y; entonces no habría entendido nada. Pero se rió, se rió locamente, porque pudo ver el sentido: «Fue tan estúpido de mi parte. El joven ha demostrado ser mucho más inteligente que yo. Mi propio discípulo tuvo que enseñarme esta lección.»

Estuvieron durmiendo durante toda la noche y por la mañana el anciano tocó los pies del joven en señal de agradecimiento y le dijo: «Aunque soy tu maestro, me has ayudado a liberarme de una ilusión. He dormido profundamente toda la noche. Llevaba varios días sin dormir por esa bolsa; los lingotes de oro no me dejaban dormir. Los palpaba a tientas por la noche para asegurarme de que seguían allí. Se habían hecho tan importantes que había perdido mi alegría, incluso abreviaba mis plegarias, acortaba mi meditación.»

Para la existencia, el oro y las rocas no son muy distintos: es una ilusión humana, lo hemos proyectado. Si el ser humano deja de estar en este mundo, el oro ya no será oro; aunque seguirá siendo lo que es, no habrá diferencia entre su valoración y la de una piedra. La valoración y la diferencia la proyectamos nosotros, y después sufrimos.

Por eso la enseñanza de esta pequeña anécdota es inmensa. Si te puedes reír de ti mismo cuando tus ilusiones se caen, pronto podrás vivir sin ilusiones, vivir sin alucinaciones, vivir sin proyecciones. Y vivir sin todo esto significa vivir en paz, en silencio, y celebrar las pequeñas cosas de la vida.

1 comentario:

Jean Baptiste dijo...

Saludos!
Les comparto esta magnífica página donde pueden conocer las bases del conocimiento religioso y espiritual de todos los tiempos. Es la sabiduría antigua que viene del griego gnosis y significa conocimiento verdadero. Es muy buena: http://www.venerabilisopus.org/es/cursos-online-gnosis-samael/
Hasta pronto!

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