sábado, 27 de febrero de 2016

EL AMOR VERDADERO

TODO ES UNA LEY, NO DOS, la unidad es la naturaleza misma de la existencia. La dualidad es nuestra imaginación. Por eso nos pasamos la vida entera añorando el amor. La añoranza del amor no es más que un síntoma de que donde existe la unidad hemos creado una dualidad que es falsa.

No puedes encontrar a una persona que no tenga una profunda necesidad de amor... todos quieren amar y quieren ser amados. ¿Por qué tanto deseo de amor? Debe de ser algo muy profundamente enraizado. Esto es lo que está tan profundamente enraizado: la vida es una; hemos imaginado que estamos separados. Y esa separación se vuelve muy pesada. Es falsa y es una carga. El amor no es otra cosa que la idea de volver a ser uno con la totalidad. De ahí el deseo de ser amado; de ahí el deseo de ser necesitado; de ahí el deseo de que haya alguien que acepte tu amor. Parece difícil hacerse uno con la totalidad. Pero al menos habrá alguien que te acepte; al menos podrás salvar esa distancia a través de la puerta de una persona.

Por eso, si no estás enamorado piensas constantemente en el amor. Y eso se convierte en una obsesión: te obsesionas. Está siempre rondando a tu alrededor. Y si estás enamorado, surge otra cosa: el amor, no importa lo profundo e inmenso que sea, resulta insuficiente; parece que falta algo.

Los que no están enamorados buscan el amor; los que están enamorados se dan cuenta de que se necesita algo más. Los grandes amantes se sienten muy frustrados en lo profundo de sí, porque se acercan al encuentro y llegan a un punto en el que parece que todo va a desaparecer... pero de nuevo son arrojados de vuelta a sí mismos. Tienen vislumbres de cercanía, pero no de unidad. Si has amado bien, entonces surge el deseo de oración o de meditación.

El deseo de oración es esto: que lo he intentado y he visto que el amor ofrece vislumbres. Pero las vislumbres hacen que estés más sediento aún que antes. Uno tiene sed, y entonces llega a tener vislumbres de un bello río, de una fuente fresca. Y uno oye la canción de la fuente, pero luego desaparece; entonces uno tiene más sed que nunca. Los que no están enamorados sufren; pero su sufrimiento no es nada comparado con el de los que están realmente enamorados. Su sufrimiento es tremendo; su sufrimiento es muy agudo y muy intenso, porque están cerca y, sin embargo, lejos. Parece que el reino está a la vuelta de la esquina, y cuanto más se acercan, más se aleja. Es como un horizonte que retrocede.

El amor es el primer paso hacia Dios; la oración es el final, o la meditación, el paso final. El amor te enseña una nueva sed, un nuevo hambre; por eso es bello el amor. Muchas personas vienen a mí y me preguntan sobre el amor, y yo les digo: Entre en él, sabiendo muy bien que los estoy enviando al peligro. No los estoy enviando al amor profundo para que puedan sentirse satisfechos. Nadie está nunca satisfecho. Los envío a una historia de amor profundo para que lleguen a estar realmente sedientos, para que tengan tanta sed que sólo Dios sea suficiente, nada más.

El amor te prepara para una gran sed, una sed de lo divino, porque has tenido vislumbres en la otra persona, ha habido momentos en los que has visto al dios o a la diosa. Has mirado en lo profundo de la otra persona y has encontrado alivio; ha surgido en ti una cierta serenidad. Pero es transitoria, momentánea, viene y va; es más como un sueño que como una realidad.

Un hombre llego a Ramanuja, un gran místico, y le dijo:

-Me gustaría enamorarme de Dios. ¡Muéstrame el camino!

Y Ramanuja contestó:

-Primero dime una cosa, ¿has amado a alguien alguna vez?

El hombre respondió:

-No me interesan este mundo ni las cosas mundanas, el amor y cosas por el estilo. Quiero a Dios.

Ramanuja dijo:

-Por favor, piensa otra vez. ¿Has amado alguna vez a una mujer, a un niño, a alguien?

El hombre contestó:

-Ya te lo he dicho: soy una persona religiosa; no soy un hombre mundano, y no amo a nadie. Muéstrame el camino, cómo puedo llegar a Dios.

Se dice que Ramanuja empezó a llorar. Con lágrimas en los ojos, le dijo:

-Entonces es imposible. Primero tendrás que amar a alguien. Ese es el primer paso. ¿Estás pidiendo el paso último y ni siquiera has dado el primero? ¡Ve y ama a alguien!

Sólo cuando el amor no sacia tu sed, Dios se convierte en una necesidad. Pero ambas necesidades están en el mismo camino. La razón básica es que en realidad no estamos separados de la totalidad, pero pensamos que estamos separados. Por eso surge el deseo: ¿cómo hacerse uno con la totalidad?

El primer paso tienes que darlo con alguien de quien te puedas enamorar, y, luego, el segundo paso surgirá de ello por sí mismo. Un amor auténtico te lleva necesariamente hacia la oración. Y si el amor no te está llevando hacia la oración, es que aún no es amor; no es amor verdadero, porque un amor verdadero te prueba necesariamente que el amor no es suficiente. Se necesita más. Un amor verdadero te lleva a la puerta del templo, tiene que llevarte. Ese es el criterio de un amor verdadero.

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