sábado, 3 de febrero de 2018

LAS PARÀBOLAS


La belleza de una parábola es que confunde la razón. Pero eres infantil: piensas que una historia es perfecta cuando te da la conclusión, la máxima. Son igual que escolares, que no están satisfechos a menos que la historia llegue a una conclusión, a menos que incluya una conclusión matemática exacta. Entonces están satisfechos, pero entonces la historia está muerta. Una historia perfectamente concluida está muerta.

Una parábola trata de mostrar algo, no de decirlo. Indica en forma indirecta; la conclusión tienes que ponerla tú. Deja un intervalo, deja un espacio para que descubras la conclusión. Una parábola es creativa. Cuando una historia está absolutamente completa, como dos y dos son cuatro, no le da espacio a tu imaginación ni espacio a tu meditación. Entonces es simple matemática. Ya no es poética; está muerta.

Te gustaría que la gente dijera en forma absoluta, exacta, lo que quiere decir; pero el supremo significado no te puede ser mostrado. El supremo significado siempre va a ser indirecto, indicado, dicho, y sin embargo, no dicho. Sientes algo vago, pero nunca es algo concreto.

Si se vuelve concreto, es de este mundo. Si permanece vago, y lo sigues y tratas de encontrar la clave, en el esfuerzo mismo por descubrir la clave te elevas por encima de ella y ya has entrado en otro mundo.

Una parábola no es una historia común: es simbólica, es creativa. Si la escuchas, sí tratas de entenderla, tu comprensión llegará a ser mayor de lo que era antes de oírla. Una historia ordinaria permanece por debajo de tu comprensión: puedes entenderla perfectamente, porque no hay nada más allá. Las parábolas son del más allá: un paso dentro de tu mente, un paso fuera, un paso más allá. Es una persuasión.

Jesús habla constantemente en parábolas. Realmente quiere confundirte, porque está hablando de algo inefable, escurridizo, arcano. Está hablando de lo misterioso. Debe dejar intervalos para que tú los rellenes. Las parábolas deben ser como acertijos que te desafíen y, a través de este desafío, tú creces.

Y nunca compares: ¿por qué Jesús es así? Los árboles son verdes porque son verdes. Jesús sólo es como Jesús, y no es como nadie más.

Es en eso que he estado continuamente insistiendo, también para ti: que sólo seas tú mismo, nunca nadie más. Nunca seas un Cristiano, nunca seas un Hindú, nunca seas un Jaina; porque de ser así estarás siguiendo un patrón y pasarás por alto tu alma. El alma es tuya, individual, única, y el patrón es público, colectivo, social. Nunca trates de ser otra persona. Sólo trata de descubrir quién eres y permítelo, acéptalo, dale la bienvenida, deléitate en ello, saboréalo, de modo que sea alimentado, de modo que crezca. A través de ti, Dios está intentando algo totalmente nuevo: ser alguien que Èl nunca ha sido antes.

Dios no es repetitivo: Su creatividad es infinita. Nunca conduce el mismo modelo por segunda vez, no es un Henry Ford. Es absolutamente inventivo; cada día prueba lo nuevo, lo fresco. Nunca se molesta en repetir nuevamente un modelo, siempre va mejorando. Es un gran innovador. Eso es la creatividad. Por lo tanto, no trates de convertirte en un Jesús porque entonces Dios no te recibirá.

Un Hassid se estaba muriendo. Su nombre era Josiah. Alguien le preguntó: "¿Has rezado a Dios, has hecho la paz con Dios? ¿Estás seguro de que Moisés será un testigo para ti?".

Josiah miró al que preguntaba y le dijo: "Moisés no me preocupa, porque cuando me encuentre frente a Dios, sé perfectamente bien que Èl no me preguntará: Josiah, ¿por qué no fuiste un Moisés?. El me preguntará: Josiah, ¿por qué no fuiste un Josiah?'. Por lo tanto, me estoy preocupando por mí mismo. ¡Deja de decir tonterías! Moisés ¿qué tengo yo que ver con Moisés? He desperdiciado toda mi vida en eso. Ahora me estoy muriendo, y me enfrento con la verdadera pregunta que Èl me formulará: ¿Fuiste Josiah o no? Te hice para que fueras alguien especial, alguien único. ¿Alcanzaste esa cima o no? ¿Has perdido la oportunidad?”.

Dios ciertamente te preguntará: "¿Fuiste capaz de llegar a ser tú mismo?". Ninguna otra pregunta puede ser formulada,

Asì que no digas: "¿Por qué Jesús habló constantemente en oscuras parábolas?” ¡Le gusta hacerlo así! Y una parábola tiene que ser oscura, tenue, a la luz de una vela. La luz demasiado brillante mata una parábola; demasiado análisis mata. Es poesía.

“¿Era ésta una técnica deliberada?". Nunca puedes ir más allá de la técnica, estás demasiado obsesionado con la técnica. Para ti, todo se convierte en una técnica. Esta es la manera en que Jesús es, no es cuestión de técnica. Èl no está siguiendo una técnica determinada, no es un seguidor de Dale Carnegie, nunca ha leído el libro Cómo tener amigos e influir en la gente. No está siguiendo una técnica, no era un americano.

En América, todo se ha convertido en una técnica. “Cómo ser amistoso”, hasta eso hay que aprenderlo. ¿Está el hombre tan absolutamente perdido que hasta la amistad tiene que ser aprendida?

Deben aprenderlo todo. Creo que tarde o temprano tendrán que aprender a respirar. Es posible, porque hacen muchas cosas de la misma manera. Tienen que preguntar cómo dormir, cómo relajarse. Un día, éstas fueron cosas naturales, tal como respirar. Ve y pregunta a un primitivo; simplemente se reirá si le preguntas: ¿Cómo duermes tan profundamente?".

Te contestará: ¡Qué pregunta tan tonta! Simplemente apoyo la cabeza y me duermo. No hay un cómo hacerlo".

Pero tú dirás: "Aún así debe haber un truco, porque me esfuerzo mucho y no pasa nada. Debes conocer un secreto que escondes".

No está escondiendo nada; así es como sucede. Simplemente apoya su cabeza y se duerme. No hay intervalo entre estos dos estados.

Un día u otro, el hombre va a preguntar cómo respirar; y entonces, si dices: "Sólo respira; no hay un cómo hacerlo", no te creerá. Cómo amar, cómo vivir, cómo reír, como ser feliz, todas éstas son cosas simples, y no necesitas ningún cómo. Estas son cosas naturales, no son técnicas.

Así es Jesús. Ama la forma en que dice sus parábolas. ¡La ama! Sabe que tiene una habilidad intrínseca para decir parábolas.

Una parábola no es aritmética. No debe ser demasiado clara; de lo contrario, se pierde el propósito. Debiera ser una persuasión, no un anuncio. No debe razonar, porque entonces se pierde el propósito, entonces, ¿por qué no discutir, para qué decir una parábola? No debe dar pruebas, debe sólo dar indicios; y eso también, no completamente. Sólo unos pocos indicios para desafiar a tu ser, para que te pongas alerta.

Jesús habla en parábolas por muchas razones. Pero esas razones no son técnicas. Puedes pensar en ellas, pero no son técnicas. Simplemente, a él esto le sucedía en forma natural, era un buen narrador.

Pero puedes pensar acerca de los motivos por los que habló en parábolas. El primero: se pueden decir grandes cosas si creas un drama a su alrededor. Si las dices sin drama, quedan planas. Es por ese motivo que las historias tienden a permanecer, a vivir para siempre. Los Vedas pueden desaparecer, pero Ramayana, la historia de Ram, no desaparecerá. Es una historia; será conservada. Los Upanishads pueden desaparecer, pero las parábolas de Jesús permanecerán. Se quedan cerca de ti, se convierten en un clima.

Nunca olvidas una hermosa historia. Es tal como si cantas una hermosa canción, la recordarás mejor que si fuese prosa. Si es poesía, se recuerda mejor. De algún modo, encaja con la cualidad más profunda de tu mente, Si es una parábola, si hay un drama en ella, tiende a adherirse a ti. Vendrá una y otra y otra vez; se convertirá en un clima interno.

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