sábado, 4 de enero de 2020

LOS HEMIFERIOS DEL CEREBRO


El cerebro humano está dividido en dos partes, en dos hemisferios. Ahora, las investigaciones científicas han demostrado muchos hechos acerca del cerebro humano. El lado derecho, el hemisferio derecho del cerebro, funciona de una manera totalmente distinta que el lado izquierdo.

Están unidos por un puente diminuto, y todo el engranaje cambia a través de ese puente. El lado izquierdo del cerebro funciona a través de la razón: es prosa, lógica, agresión, ambición, ego. Es masculino, es yang, es muy violento. Este hemisferio izquierdo del cerebro es el de las matemáticas, la acción, el análisis, la secuencia, la masculinidad, el tiempo, la agresión, el trabajo… y todo ese tipo de cosas.

Los dos lados del cerebro están unidos mediante un puentecito muy frágil, y continuamente cambiamos del izquierdo al derecho y viceversa. De hecho, eso es lo que provoca la respiración. A veces respiras por la fosa nasal izquierda, y entonces tiene lugar un cambio y empiezas a hacerlo por la derecha. Cuando respiras por la fosa nasal derecha, se pone en funcionamiento el hemisferio izquierdo, pues están conectados contrariamente. Cuando respiras a través de la fosa nasal izquierda, es tu hemisferio derecho el que funciona.

Tu mano izquierda está unida al hemisferio derecho, tu mano derecha lo está al hemisferio izquierdo. Por eso se fuerza a los niños a escribir con la mano derecha. Da la impresión de que la derecha está bien, pero que hacerlo con la izquierda es erróneo. ¿Por qué? Porque un niño que escribe con la mano izquierda nunca será el tipo de persona que la sociedad quiere que sea. Será más poético, más imaginativo. Albergará grandes sueños. Será pintor, bailarín, cantante, músico, pero nunca será un as en matemáticas, ingeniería o ciencia. No se convertirá en un gran general, en un asesino o un político, no. Por todo ello, la mano izquierda es peligrosa. Se necesitan diestros. La historia está escrita por gente diestra. Los zurdos tiene que cambiar, porque si usas la mano izquierda empezará a funcionar tu parte imaginativa, tu parte femenina, tu falta de egoísmo. Serás más blando, te abrirás más. Serás más receptivo. Por eso obligan a los niños a cambiar.

Tarde o temprano tendrá lugar una revuelta zurda contra los diestros. Tienen que rebelarse. De hecho, el cincuenta por ciento de las personas son zurdas –porque hay un equilibrio-, pero las hemos obligado a cambiar. De ese cincuenta por ciento, aproximadamente el cuarenta se han convertido en diestros a su pesar. El diez por ciento persiste. Pero lo hacen con miedo, con ansiedad. Como si algo estuviese equivocado. No es sólo cuestión de manos, también lo es del cerebro.

Los lingüistas acaban de despertarse al hecho de que en el mundo existen dos tipos de lenguas. Algunas funcionan desde el hemisferio izquierdo, por ejemplo, el inglés. Se trata de una lengua científica, más racional. En cambio, la lengua de los hopos funciona desde el derecho. Se trata de una lengua totalmente distinta, más pictórica, menos científica, más poética, más colorista, más viva. Los hopos no pueden desarrollar mucha matemática.

Hemos sido forzados a permanecer cada vez más en el hemisferio izquierdo y poco a poco nos hemos olvidado del derecho. Nos hemos olvidado del mundo del hemisferio derecho. Cuando sueltas el ego es un cambio que tiene lugar interiormente. Y tras ello surge en ti un tipo de energía totalmente distinto; te tornas más poético, más divertido, más alegre. Y uno crece. El crecimiento tiene lugar a través de lo femenino, y se realiza por el hemisferio derecho.

Al contar la historia del Espíritu del Océano hablándole al Espíritu del Río, Chuang-Tzu dice: “No puedes hablarle del océano a una rana de pozo, una criatura que pertenece a una esfera más estrecha. No puedes explicarle el hielo a un insecto estival, una criatura de temporada. No puedes explicarle el tao a un pedagogo, porque su alcance es demasiado limitado. Pero ahora que has emergido de tu estrecha esfera y visto el gran océano, conoces tu propia insignificancia y puedo hablarte de grandes principios”.

Eso es lo que el océano le dice al río cuando éste desemboca en el mar. Hasta ese momento el océano ha permanecido tranquilo y ha guardado silencio. El río estaba ahí, dudando entre entrar o no en el océano, y éste guardaba silencio. Entonces el río desembocó en el océano y éste dijo: “Ahora que has emergido de tu estrecha esfera y visto el gran océano, conoces tu propia insignificancia y puedo hablarte de grandes principios”.

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