sábado, 26 de marzo de 2022

AMAR Y ESTAR CENTRADO



Amar y centrarse son un mismo fenómeno, no dos fenómenos distintos. Si has conocido el amor, solo puedes estar centrado.

Amar significa sentirse a gusto con la existencia. Puede ser a través de un amante, puede ser a través de un amigo, o puede ser sencillamente de forma directa e inmediata: al contemplar el amanecer o una puesta de sol. La propia experiencia del amor hará que te centres. Esta ha sido la filosofía de los devotos a lo largo de los tiempos. El amor es su ciencia; centrarse es el resultado.

Sin embargo, hay personas —y solo hay dos tipos de personas— en las que domina la lógica y el razonamiento. Su corazón no está completamente desarrollado. Y hay otras personas cuyos corazones están floreciendo y en quienes la razón y el razonamiento solo funcionan como siervos del corazón. La desgracia del hombre es que está intentando conseguir lo imposible; pretende obligar al corazón a servir a la mente, lo cual es imposible. En eso radica tu caos, en eso radica tu confusión.

Eso ha surgido de la experiencia a la que comúnmente se denomina amor. No es amor, solo se denomina amor; no es más que un destello, solo una pequeña degustación que no será un alimento. Por el contrario, se convertirá en un estado patológico, porque en un momento estás exultante y todo lo demás está lejos, y al momento siguiente todo es oscuro, no puedes creer que haya habido algo importante en tu vida. Todos esos momentos de amor parecen haber sucedido en sueños, o quizá te los hayas imaginado. Sin embargo, esos momentos oscuros están completamente ligados a los momentos maravillosos.

Esta es la dialéctica de la mente del ser humano. Funciona a través de los opuestos. Amarás a un hombre y lo amarás por razones totalmente equivocadas. Amarás a ese hombre o a esa mujer porque llevas en tu interior la imagen de otra persona. El niño la ha obtenido de la madre, y la niña la ha obtenido del padre. Todos los enamorados están buscando a sus madres, a sus padres; a fin de cuentas lo que estás buscando es el vientre, aquel estado maravilloso y relajado.

Psicológicamente, la eterna búsqueda del moksha, de la liberación absoluta, de la iluminación, se puede reducir al hecho psicológico básico de que el hombre, antes de nacer, ya ha conocido el estado más maravilloso y más pacífico. Después, a menos que ocurra algo más grande en su vida, cierto contacto con lo divino, con lo universal, será desgraciado porque, inconscientemente, estará comparándolo todo con su estado anterior.

Es consciente de que ha vivido durante nueve meses, y ten presente que para un niño que está en el vientre de su madre, nueve meses son prácticamente una eternidad porque no sabe contar, no tiene ningún reloj.

Cada momento se basta a sí mismo. No sabe que después de ese momento habrá otro, así que cada uno de ellos es una sorpresa. Además, no tiene ninguna preocupación, ninguna ansiedad por la comida, la ropa, la casa; está totalmente tranquilo, relajado, centrado. No hay nada que lo distraiga del centro.

Ni siquiera hay nadie a quien decir hola.

Esta experiencia de estar nueve meses centrado, en completa alegría, paz, soledad... el otro ya no está ahí; tú eres el mundo, tú eres la totalidad. No falta nada, la naturaleza lo proporciona todo sin que tú tengas que esforzarte lo más mínimo. En cambio, la vida se te presenta de un modo totalmente diferente; de forma hostil, competitiva. Todo el mundo es tu enemigo porque todos están en el mismo mercado; todos tienen los mismos deseos, las mismas ambiciones. Estás destinado a tener conflictos con millones de personas.

Debido a este antagonismo interior todas las culturas del mundo han creado cierto sistema de protocolo, de confianza, de formalidad, y se lo han recalcado al niño constantemente. “Tienes que respetar a tu padre.” ¿Por qué a lo largo de toda la historia de la humanidad todas las culturas del mundo le han insistido al niño: “Tienes que respetar a tu padre”? Hay cierta sospecha de que, sí se le deja solo, el niño no respetará al padre; al menos eso es verdad, simple lógica. De hecho, el niño lo odiará. Al igual que todas las niñas odian a sus madres.

Para ocultar esto —ya que sería muy difícil vivir en una sociedad en la que todas tus heridas estuvieran al descubierto y todo el mundo paseara mostrando sus heridas— hace falta cierto ethos, cierta moralidad, cierto estilo de vida, para ocultarlo y mostrar justo lo contrario; que amas a tu madre, que amas y respetas a tu padre. En lo más profundo, ocurre exactamente lo contrario.

La sociedad te ha dividido en dos partes. A la parte falsa le ha concedido todo su respeto, porque lo falso lo crea la sociedad. A lo auténtico se le niega cualquier respetabilidad, porque lo auténtico proviene de la naturaleza, que está más allá del control de cualquier sociedad, cultura o civilización. Todos los niños tienen que ser entrenados para decir mentiras, tienen que ser programados de tal modo que estén al servicio de la sociedad, que sean unos esclavos dóciles.

Las sociedades rompen la columna vertebral de todos los niños, para que no tengan columna. No pueden alzar su voz, no pueden cuestionar nada. Su vida no es solo su vida. Aman, pero su amor es falso. Desde el principio le dijeron al niño que amara a su madre “porque es tu madre”; como si ser madre fuera una cualidad intrínseca o algo por lo que tú debieras amarla. Pero se ha aceptado que una madre debe ser amada.

Yo hago hincapié en que es la madre la que debe amar, y que no se le debe decir nunca a un niño que ame a nadie si no sale de sí mismo. Sí, la madre, el padre y la familia pueden crear determinado ambiente sin decir nada; toda esa energía puede generar, puede poner en funcionamiento tus propias fuerzas de amor.

Pero nunca le digas a nadie que el amor es un deber. No lo es. El deber es un falso sustituto del amor. Cuando no puedes amar, la sociedad se dedica a imponerte deberes. Puede parecer amor, pero en su interior falta totalmente el amor; por el contrario, no es más que un formalismo social.

Te acostumbras tanto a los formalismos sociales que olvidas que hay cosas esperando para ocurrir en tu vida; pero tú estás tan ocupado que no les das espacio, no permites que el amor florezca en ti.

De ahí que tú no sepas que centrarse y amar son una misma cosa. Centrarse atrae más al intelectual. No hay que creer nada; no hay nadie a quien debas rendirte.

Toda relación amorosa se convierte en una tragedia por culpa del otro. En la literatura india no existen tragedias. En mi época de estudiante preguntaba a mis profesores: “¿Por qué no existen tragedias en la literatura india?”. Pero ningún profesor ni ningún catedrático fue capaz de darme una respuesta convincente.

Simplemente se encogían de hombros y me decían: “Eres muy raro, ¡haces cada pregunta! Llevo treinta años en esta universidad y nadie me ha preguntado nunca eso”.

Yo contestaba: “A mí me parece evidente que es una cuestión que está absolutamente relacionada con la cultura”. En todos los países, excepto en la India hay tragedias —historias maravillosas, novelas, relatos— sin embargo, en la India no hay. Y ello se debe a que la India es un lugar mucho más antiguo que cualquier otro lugar. La experiencia le ha enseñado muchas cosas y una de ellas es que no hay que hablar de "aquello que no debería existir; por tanto, no debería haber tragedia.

Hay que entender este razonamiento. Si el hombre cree que la vida es una comedia constante, existe la posibilidad de que continúe engañándose a sí mismo. Puede que nunca le cuente a nadie sus problemas porque crea que nadie los tiene. ¿Por qué convertirse en el hazmerreír de todos? Hay algo que falla en ti, así que mejor quédate callado. No tiene sentido que te expongas ante una sociedad cruel que lo único que hará será reírse de ti porque eres un idiota que no sabe vivir.

Pero no es tan simple. No se trata únicamente de saber cómo vivir. En primer lugar, se trata de eliminar todo lo que es falso en ti. Lo falso proviene del exterior. Por ello, cuando elimines lo falso y estés completamente desnudo ante la existencia, comenzará a crecer lo auténtico en ti. Esta es la condición indispensable para que lo auténtico crezca, florezca y te conduzca al verdadero sentido y a la auténtica verdad de la vida.

Hay que recordar lo siguiente: o bien puedes comenzar centrándote —y en cuanto te centres descubrirás inmediatamente que rebosas un inmenso amor— o bien puedes comenzar por el amor.

En el momento en el que en tu amor no haya nada de celos ni ningún condicionamiento, sino que solo sea un compartir la danza de tu corazón, te centrarás.

Son dos caras de una misma moneda. Centrarse es un método más intelectual, más científico. El amor tiene una fuente distinta en ti, tu corazón. Es más poético, es más estético, es más sensible, es más femenino, es más bello. Y es más fácil que centrarse.

Yo te aconsejo que, en primer lugar, abandones todas las ideas falsas acerca del amor. Permite que crezca en ti algo auténtico, y poco a poco te centrarás, te iluminarás. No obstante, si te resulta muy difícil comenzar con el amor, no desesperes. Puedes llegar directamente centrándote. Puedes llamarlo meditación, puedes llamarlo conciencia, pero en cualquiera de los dos casos, el resultado final es el mismo: estás centrado y rebosas amor.

sábado, 19 de marzo de 2022

LOS AÑOS DESPUÉS DE LA NIÑEZ HASTA LA VEJEZ


Los siete años en el segundo ciclo de la vida son muy importantes como período de ensayo. Los niños se conocerán, se mezclarán, jugarán e intimarán. Y eso ayudará a que la humanidad elimine casi el noventa por ciento de sus perversiones. Si desde los siete a los catorce años se permite que los niños estén juntos, naden juntos, estén desnudos los unos frente a los otros, desaparecerán el noventa por ciento de las perversiones y de la pornografía. ¿Quién se va a interesar por ello? Si un chico ha visto a muchas chicas desnudas, ¿qué interés puede tener en una revista como Playboy? Si una chica ha visto a muchos chicos desnudos, no creo que haya ninguna posibilidad de que sienta curiosidad por otros; esta simplemente desaparecerá. Crecerán juntos de forma natural, no como dos especies animales diferentes.

Así es como crecen ahora mismo, como si fueran dos especies animales distintas. No pertenecen del mismo modo al género humano; se les mantiene separados. Las mil barreras que existen entre ellos les impiden realizar ningún ensayo para su futura vida sexual. Es por no realizar ese ensayo, por lo que en la vida sexual de la mayoría de las persona faltan los juegos preliminares previos al acto sexual. Y los juegos preliminares son muy importantes, mucho más importantes que el verdadero contacto sexual, porque éste solo dura unos minutos. No es un alimento, simplemente te deja a la expectativa. Lo deseabas mucho, pero no ha surgido nada.

En los juegos preliminares hay más cariño. El sexo no es más que un clímax biológico, pero el clímax ¿de qué? Te has perdido todo lo que llevaba al clímax. ¿Crees que se llega de repente a él sin pasar por todos los peldaños de la escalera? Tienes que subir la escalera, peldaño a peldaño, solo entonces podrás alcanzar el clímax. Sin embargo, todo el mundo va directamente al clímax.

Para la mayor parte de las personas la vida sexual no es más que una especie de alivio. Sí, por un momento te sientes aliviado de un peso, como un buen estornudo. ¡Qué bien se siente uno después! Pero ¿durante cuánto tiempo? ¿Durante cuánto rato te sientes bien después de un estornudo? ¿Durante cuántos segundos, durante cuántos minutos puedes alardear “He estornudado... ¡Ha sido increíble!”? En cuanto se acaba el estornudo, se acaba el placer. Simplemente había algo que te estorbaba. Has eliminado ese estorbo, así que ahora estás más relajado. Así es la vida sexual de la mayoría de las personas. Había una energía que te estaba estorbando, que estaba haciendo que te sintieras pesado; estabas empezando a tener dolor de cabeza. El sexo te alivia.

Pero tal como se educa a los niños, prácticamente se les arruina la vida. Esos siete años de experimentación sexual son completamente necesarios. Las chicas y los chicos deberían estar juntos en los colegios, en las residencias, en las piscinas y en las camas. Deberían ensayar la vida que está por venir; tienen que prepararse para ella. Y no hay peligro, no hay ningún problema si a un chico se le da total libertad para explorar su energía sexual creciente y no se le condena, no se le reprime. Pero eso es lo que se está haciendo. Vives en un mundo muy extraño. Naces del sexo, vives para el sexo y tus hijos nacen del sexo; sin embargo, el sexo es lo quemás se condena, el mayor pecado. Todas las religiones se dedican a llenar tu mente con estas estupideces.

En todo el mundo, la gente está llena de podredumbre, por la sencilla razón de que no se les ha permitido crecer de forma natural. No se les ha permitido aceptarse a sí mismos. Se han convertido en fantasmas. No son personas realmente auténticas, solo son sombras de aquello que podían haber sido. 

El segundo ciclo de siete años es realmente importante porque te preparará para los siguientes siete años. Si has hecho bien tus deberes, si has jugado con tu energía sexual con el espíritu de un deportista —y durante esos años será el único espíritu que tengas— no te convertirás en un pervertido, y no acudirán a tu mente todo tipo de pensamientos extraños. Por el contrario, te relacionarás de forma natural con el otro sexo, y el otro sexo se relacionará contigo. No habrá ningún obstáculo, y no harás nada equivocado contra nadie. Tu conciencia estará limpia porque nadie te habrá metido en la cabeza ideas de qué está bien y qué está mal: solo estarás siendo aquello que eres.

Después, desde los catorce hasta los veintiún años tu sexo madura.

Y es importante que se entienda esto: si el ensayo se ha hecho bien, en los siete años en los que tu sexo madura ocurre algo muy extraño en lo que puede que nunca hayas pensado porque no te han dado la oportunidad de hacerlo. Te he comentado que el segundo ciclo de siete años, desde los siete a los catorce años, te da un destello de los preludios.

El tercer ciclo de siete años te dará un destello de la culminación. Sigues estando con chicas o con chicos, pero ahora comienza una nueva fase de tu ser: empiezas a enamorarte. Todavía no se trata de un interés biológico. No estás interesado en tener niños, no estás interesado en convertirte en marido o en esposa, no. Estos son los años del juego romántico. Estás más interesado en la belleza, en el amor, en la poesía, en la escultura, que son diferentes fases del romanticismo. Y a menos que una persona tenga cierto romanticismo nunca sabrá qué es la culminación. El sexo solo puede ser orgásmico cuando se equilibran totalmente el preludio y la culminación. Únicamente en ese equilibrio se convierte el clímax en un orgasmo.

Sin embargo, hay que entender la palabra “orgasmo”. Significa que todo tu ser —cuerpo, mente y alma; todo— está comprometido, orgánicamente comprometido. Cuando eso ocurre se convierte en un momento de meditación. Si para ti, el sexo no se convierte finalmente en un momento de meditación, no has llegado a conocer lo que es el sexo. Solo has oído acerca de él, has leído hablar de él; y las personas que han escrito al respecto no saben nada. He leído cientos de libros de sexología escritos por personas a las que se considera grandes expertos, y son “expertos”, pero no saben nada sobre el santuario interior en el que florece la meditación. Al igual que los niños nacen del sexo ordinario, la meditación nace del sexo extraordinario. 

Los animales pueden tener crías; no hay nada de particular en ello. Pero solo el hombre puede producir la experiencia de la meditación como centro de su sentimiento orgásmico. Esto solo es posible si se permite a los jóvenes que tengan una libertad romántica desde los catorce hasta los veintiún años. 

Desde los veintiún a los veintiocho años es la época en la que quizá se asienten. Pueden elegir una pareja. Y ahora están capacitados para elegir; después de la experiencia adquirida en los dos anteriores ciclos de crecimiento pueden elegir la pareja adecuada. No hay nadie que pueda hacerlo por ti. Es como una corazonada; no tiene que ver con la aritmética, ni con la astrología, ni con la quiromancia, ni con el I Ching; nada de eso servirá. Es una corazonada. Después de entrar en contacto con muchísimas personas, de repente, hay algo que hace clic y que no ha hecho clic con nadie más. Hace clic con tal seguridad, y de una forma tan rotunda, que no puedes dudar de ello. Es una certeza tan grande que aunque quieras dudar de ella no puedes. Con este clic te asientas.

Si todo se produce sin complicaciones, tal como estoy diciendo, sin que los demás interfieran, llega un momento entre los veintiún y los veintiocho años en que te estabilizas. El período más agradable de la vida se produce entre los veintiocho y los treinta y cinco años; el más dichoso, el más pacífico y armonioso, porque dos personas empiezan a fundirse y a disolverse la una en la otra.

Desde los treinta y cinco a los cuarenta y dos, se produce una nueva etapa, se abre una nueva puerta. Si hasta los treinta y cinco habéis sentido una profunda armonía, un sentimiento orgásmico y habéis descubierto la meditación a través de él, desde los treinta y cinco a los cuarenta y dos os ayudaréis el uno al otro a acercaros cada vez más a la meditación sin sexo, porque al llegar a este punto el sexo empieza a parecer infantil, juvenil.

Los cuarenta y dos años es la edad en la que una persona debería ser capaz de saber exactamente quién es. Desde los cuarenta y dos a los cuarenta y nueve sigue profundizando en la meditación, cada vez más dentro de sí mismo, y ayuda a su pareja a hacer igual. Los miembros de la pareja se convierten en amigos. Ya no hay un “marido” y una “esposa”; ese tiempo pasó. Derramó su riqueza en tu vida; ahora está creciendo algo que es incluso superior al amor. Es la amistad, una relación compasiva para ayudar a que la otra persona profundice en sí misma, que sea más independiente, que sea más solitaria, exactamente como dos árboles altos que se yerguen separados pero a la vez cercanos entre sí, o dos pilares de un templo que soportan el mismo techo; permanecen muy cerca, pero a la vez muy separados, independientes y solos.

Desde los cuarenta y nueve a los cincuenta y seis años esta soledad se convierte en el centro de tu ser. Todo lo demás pierde sentido. Lo único importante que queda es esta soledad.

Desde los cincuenta y seis a los sesenta y tres años te conviertes plenamente en aquello que vas a ser; florece el potencial; y desde los sesenta y tres hasta los setenta empiezas a prepararte para abandonar el cuerpo. Ahora ya sabes que tú no eres el cuerpo, también sabes que tú no eres la mente. Cuando tenías más o menos treinta y cinco años supiste que el cuerpo era algo separado de ti. Y supiste que la mente era algo separado de ti cuando tenías más o menos cuarenta y nueve años. Ahora desaparece todo lo demás excepto el yo observador. Solo permanece contigo la pura conciencia, la llama de la conciencia; y esta es la preparación a la muerte. La duración natural de la vida de los seres humanos es de setenta años. Si todo sigue este curso natural uno muere sintiendo una gran alegría, un gran éxtasis, sabiéndose inmediatamente bendecido porque la vida no haya carecido de sentido, porque al menos uno haya encontrado su hogar. Y gracias a esta riqueza, a esta plenitud, uno es capaz de bendecir toda la existencia. El mero hecho de estar cerca de una persona así en el momento de su muerte supone una gran oportunidad. A medida que la persona abandona el cuerpo, sentirás como si estuvieran cayendo sobre ti flores invisibles. Aunque no seas capaz de verlas, podrás sentirlas. Es una alegría absoluta, tan pura que aunque solo la saborees unos instantes transformará toda tu vida.

sábado, 12 de marzo de 2022

EL CUIDADO DE LOS NIÑOS


Cualquier forma de ayudar a un niño es errónea. La idea de ayudar es de por sí incorrecta. El niño necesita tu amor, no tu ayuda. El niño necesita alimento, apoyo, pero no tu ayuda. Se desconoce el potencial natural del niño, así que no hay forma de ayudarle correctamente a alcanzarlo. No puedes ayudarle si no conoces el objetivo; lo único que puedes hacer es no interferir. Con la excusa de “ayudar” todo el mundo interfiere en la vida de los demás; pero como es una palabra muy bonita, nadie se opone. Evidentemente, el niño es demasiado pequeño, depende demasiado de ti para poder oponerse.

Todas las personas que te rodean son exactamente como tú: a ellas también las han ayudado sus padres de la misma manera que te han ayudado a ti. Ni ellos ni tú habéis alcanzado vuestro potencial natural. Nadie en el mundo lo está consiguiendo a pesar de la ayuda de los padres, de la familia, de los conocidos, de los vecinos, de los profesores, de los sacerdotes. De hecho, todos están tan abrumados por la ayuda que, ¡cómo van a conseguir desarrollar su potencial natural bajo tal peso, ni siquiera podrán conseguir el potencial artificial! No pueden moverse; cada uno lleva un peso descomunal sobre sus hombros.

A todas las personas que te rodean las han ayudado, las han ayudado mucho a ser lo que son. A ti te han ayudado, y ¿ahora tú también quieres ayudar a tus hijos? Lo único que puedes hacer es amarlos, alimentarlos. Ser cariñoso, aceptarlos. El niño posee un potencial desconocido, y no hay forma de llegar a imaginar qué será. Así que no sirve de nada aconsejar: “Deberías ayudar al niño de esta manera”. Cada niño es único, así que no puede existir una norma general para todos los niños.

Lo mejor que puedes hacer es no ayudar al niño en absoluto. Si realmente eres valiente, por favor, no lo ayudes. Ámalo, aliméntalo. Deja que haga lo que quiera. Deja que vaya donde quiera. Tu mente estará tentada una y otra vez de interferir, y hallará buenas excusas. La mente es muy astuta cuando se trata de racionalizar: “Si no interfieres puede correr peligro; puede que el niño caiga en un pozo si no se lo impides”. Pero yo te digo que es mejor dejar que el niño se caiga en el pozo que ayudarlo y destruirlo.

Hay muy pocas posibilidades de que el niño se caiga en el pozo, y aunque ocurra, no significa que vaya a morir; se le puede sacar de ahí. Y si realmente tanto te preocupa, puedes tapar el pozo pero no ayudes al niño, y no interfieras. Se puede cegar el pozo, pero no interfieras en lo que haga el niño. Tu verdadera preocupación debe ser eliminar todos los peligros pero no interfieras en lo que haga el niño; deja que siga su camino.

Tendrás que entender algunos patrones importantes de crecimiento. La vida está formada por ciclos de siete años, transcurre en ciclos de siete años, al igual que la Tierra tarda veinticuatro horas en dar una vuelta completa sobre su eje. Nadie sabe por qué no tarda veinticinco horas, por qué no veintitrés. No hay manera de responder a esto; sencillamente, es un hecho. Así que no me preguntes por qué la vida transcurre en ciclos de siete años. No lo sé. Lo único que sé es que es así, y si comprendes esos ciclos, comprenderás gran parte del crecimiento del ser humano.

Los primeros siete años son los más importantes porque en ellos se establece el fundamento de la vida. Por eso a todas las religiones les interesa captar a los niños lo antes posible. Esos primeros siete años son aquellos en los que te condicionan, en los que te atiborran con todo tipo de ideas que te obsesionarán durante toda tu vida, que te distraerán de tus posibilidades, que te corromperán, en los que nunca te pemitirán ver claramente. Aparecerán continuamente como nubes ante tus ojos y harán que lo veas todo borroso.

Las cosas son claras, muy claras —la existencia es absolutamente clara— pero tus ojos han acumulado capas y capas de polvo. Todo ese polvo se ha acumulado en los primeros siete años de tu vida, durante los cuales eras tan inocente, tan confiado, que aceptabas todo aquello que te decían como verdadero. Posteriormente será muy difícil desenterrar todo lo que forma parte de tus cimientos; se ha convertido en parte de tu sangre, de tus huesos, de tu misma médula. Te cuestionarás otras mil cosas pero nunca te cuestionarás los cimientos básicos de tu fe.

La primera manifestación de amor hacia el niño consiste en que durante estos siete primeros años sea completamente inocente, no esté condicionado, permitir que durante siete años sea un completo salvaje, un pagano. No se le debería convertir al hinduismo, ni al islamismo, ni al cristianismo. Todo aquel que intenta convertir a un niño a una religión no es compasivo, es cruel: está contaminando el alma de un nuevo recién llegado. Antes de que el niño haya planteado una sola pregunta ya se le ha contestado con filosofías, dogmas, e ideologías ya establecidas. Es una situación muy extraña. El niño no ha preguntado por Dios pero tú no haces más que enseñarle cosas acerca de Dios. ¿A qué viene tanta impaciencia? ¡Espera!

Si un día el niño muestra interés en Dios y empieza a preguntar, intenta no hablarle únicamente de tu idea de Dios porque nadie tiene el monopolio. Exponle todas las ideas de Dios que las distintas épocas, religiones, culturas y civilizaciones han ofrecido a las personas. Exponle todas las ideas sobre Dios y dile: “Puedes escoger aquella que más te atraiga. O, si ninguna de ellas te convence, puedes inventarte una propia. Si opinas que todas tienen defectos, y crees que puedes tener una idea mejor, entonces, invéntate una propia. Pero si piensas que no hay forma de inventar una idea que no tenga lagunas, entonces, olvídalo; no hace falta”.

Una persona puede vivir sin Dios. Hay millones de personas que han vivido sin Dios, así que no es algo que una persona necesite inevitablemente. Puedes decirle al niño: “Sí, yo tengo mi propia idea, que es una combinación de todas ellas. Puedes elegirla tú también, pero no estoy diciendo que mi idea sea la correcta. A mí me atrae pero puede que a ti no te atraiga”.

No hay una necesidad profunda de que el hijo esté de acuerdo con el padre, o de que la hija tenga que estar de acuerdo con la madre. En realidad, es mucho mejor que los hijos no estén de acuerdo con los padres. Así es como se evoluciona. Si todos los niños estuvieran de acuerdo con los padres no habría evolución, porque cada nuevo padre estaría de acuerdo con el suyo propio, y nos habríamos quedado donde Dios dejó a Adán y Eva: desnudos, a las puertas del Jardín del Edén. Estaríamos todos estancados allí.

El ser humano ha evolucionado gracias a que los hijos y las hijas no han estado de acuerdo con sus padres, con su tradición. Toda la evolución se fundamenta en un absoluto desacuerdo con el pasado. Y cuanto más inteligente seas más en desacuerdo estarás. Sin embargo, los padres aplauden al hijo que está de acuerdo y critican al que está en desacuerdo.

Si un niño logra llegar a los siete años inocente y no corrompido por las ideas de los demás, después resultará imposible evitar su potencial de crecimiento. Los siete primeros años del niño son los más vulnerables. Están en manos de los padres, de los profesores y de los sacerdotes. Salvar a los niños de los padres, los sacerdotes y los profesores es una cuestión tan importante que parece casi imposible descubrir cómo hacerlo. No se trata de ayudar al niño. Se trata de protegerlo. Si tienes un hijo, protégelo de ti mismo. Protégelo de las demás personas que puedan influir en él; al menos hasta que tenga siete años, protégelo. El niño es como una pequeña planta, débil, tierna; un viento fuerte puede destruirlo, cualquier animal puede comérselo. Puedes poner una valla protectora a su alrededor, porque eso no supondrá aprisionarlo, solo estás protegiéndolo. Cuando la planta haya crecido, ya quitarás la valla.

Protege al niño de todo tipo de influencias para que pueda seguir siendo él mismo; solo son siete años, ya que entonces se completará el primer ciclo. Cuando tenga más o menos esa edad ya estará arraigado, centrado, ya será lo suficientemente fuerte. No sabes lo fuerte que puede ser un niño de siete años porque no has visto niños que se hayan librado de la corrupción; solo has visto niños corrompidos. Cargan con los miedos y la cobardía de sus padres, sus madres, sus familias. No son ellos mismos.

Si un niño permanece indemne durante siete años, cuando lo veas te sorprenderás. Será tan afilado como una espada. Sus ojos serán nítidos, su enfoque será transparente. Y verás una gran fuerza en él que no podrás encontrar ni siquiera en un adulto de setenta años, ya que en ese adulto los cimientos se tambalean.

Si los cimientos son débiles, a medida que se vaya alzando el edificio, cada vez se tambalearán más. Por ello, observarás que cuanto más mayor es una persona, más miedo tiene. Puede que de joven seas ateo, pero cuando te hagas mayor empezarás a creer en Dios. ¿Por qué? Cuando tenías menos de treinta años eras un hippy. Tenías el valor de enfrentarte a la sociedad, de actuar a tu manera; de llevar pelo largo y tener barba, de vagar por todo el mundo y correr todo tipo de riesgos. Sin embargo, cuando llegues a los cuarenta todo eso desaparecerá. Trabajarás en una oficina, vestido con traje, bien afeitado, bien arreglado. Nadie será capaz de adivinar que habías sido un hippy.

Dónde se han metido todos los hippies? Al principio, tienen mucha fuerza, pero después se convierten en cartuchos gastados, impotentes, derrotados, deprimidos, intentando hacer algo con su vida, sintiendo que sus años hippies fueron un desperdicio. Los demás han llegado mucho más lejos: uno se ha convertido en presidente, otro es alcalde, y la gente empieza a pensar: “Fuimos tontos. No hacíamos más que tocar la guitarra, y todo el mundo nos cogió la delantera”. Se arrepienten. Es muy difícil encontrar a un viejo hippy.

Así que si eres padre necesitarás mucha valentía para no interferir. Abre las puertas a direcciones desconocidas para que el niño pueda explorar. No sabe lo que lleva en sí, nadie lo sabe. Tiene que buscar a tientas en la oscuridad. No permitas que tenga miedo de la oscuridad, que tenga miedo a equivocarse, que tenga miedo a lo desconocido. Apóyalo. Cuando se dirija a un viaje a lo desconocido, deja que se vaya y dale todo tu apoyo, todo tu amor, tus bendiciones. No dejes que le afecten tus miedos. Puede que tengas miedo, pero guárdatelo para ti. No transmitas esos miedos al niño porque estarás interfiriendo.

Después de los siete, el siguiente ciclo —de los siete a los catorce—, aporta un nuevo añadido a la vida. El niño empieza a experimentar con sus incipientes energías sexuales, pero no es más que un ensayo.

Ser padre es una tarea difícil, así que a menos que estés preparado para llevar a cabo esta ardua tarea no te conviertas en padre. La gente sigue convirtiéndose en padres y madres sin saber qué están haciendo. Estás trayendo una nueva vida al mundo; será necesario extremar el cuidado.

Cuando el niño empieza a realizar sus experimentaciones sexuales es cuando los padres más interfieren, porque con ellos también interfirieron. Lo único que saben es lo que hicieron con ellos, así que se limitan a repetirlo con sus hijos. Las diversas sociedades no permiten la experimentación sexual, o al menos no lo han permitido hasta ahora, e incluso hoy en día solo se permite en países muy desarrollados. Al menos ahora los niños y las niñas se educan en los mismos colegios. Pero en un país como la India, aún hoy, en la mayoría de las ciudades la educación mixta no comienza hasta la universidad. Un niño y una niña de siete años no pueden estar en el mismo internado. Y sin embargo, este es el momento —sin que haya ningún riesgo, sin que la niña se quede embarazada, sin que surja ningún problema para sus familias— en el que se les debe permitir todo tipo de juegos. Sí, tendrán cierto matiz sexual, pero será un ensayo; no será la auténtica representación. Si no les permites ni siquiera que ensayen y de repente un día sube el telón y comienza la representación, los actores no sabrán qué es lo que está pasando; no tendrán ni siquiera un apuntador que les diga qué tienen que hacer. Habrás arruinado completamente sus vidas.

sábado, 5 de marzo de 2022

EL EGO Y LA CONSCIENCIA

Carl Gustav Jung, después de toda una vida estudiando a miles de personas, miles de casos de personas que estaban enfermas, traumatizadas, psicológicamente confundidas, dijo que no se había encontrado nunca con una persona psicológicamente enferma cuyo auténtico problema después de los cuarenta años no fuera espiritual. La vida tiene determinado ritmo, y hacia los cuarenta años surge una nueva dimensión, la dimensión espiritual. Si no eres capaz de enfrentarte a ella de forma correcta, si no sabes qué hacer, te pondrás enfermo, te pondrás nervioso. El crecimiento humano es continuo. Pero si no das determinado paso, se vuelve discontinuo. El niño acumula ego, pero si nunca aprende a dejar el ego a un lado, no podrá amar, no podrá sentirse a gusto con nadie. El ego estará luchando constantemente. Puede que estés sentado en silencio pero el ego estará constantemente luchando, buscando maneras de dominar, de ser un dictador, de convertirse en el gobernador del mundo.

Esto crea problemas en todas partes. En la amistad, en el sexo, en el amor, en la sociedad; en todas partes estás en conflicto. Incluso hay conflicto con los padres que te han proporcionado ese ego. Es muy raro que un hijo perdone a su padre; muy raro que una mujer perdone a su madre. Es algo que ocurre en muy contadas ocasiones.

George Gurdjieff había escrito una frase en la pared de la habitación en la que solía recibir a las visitas. La frase era la siguiente: “Si todavía no te sientes cómodo con tu padre y tu madre, vete. No puedo ayudarte”. ¿Por qué? Porque el problema ha surgido allí, y allí es donde hay que resolverlo. Por eso todas las antiguas tradiciones dicen que ames a tus padres, que respetes a tus padres lo más profundamente posible; porque ahí es donde surge el ego, ese es su suelo. Resuélvelo ahí; de lo contrario, te perseguirá allá donde vayas.

Los psicoanalistas también han llegado a la conclusión de que lo único que hacen es devolverte a los problemas que existían entre tú y tus padres e intentar resolverlos en la medida de lo posible. Si puedes resolver el conflicto con tus padres, hay muchos otros conflictos que sencillamente desaparecerán, porque se basan en el mismo conflicto fundamental.

Por ejemplo, el hombre que no se sienta relajado con su padre no podrá sentirse relajado en la oficina con su jefe; nunca, porque el jefe es una figura paterna. Ese pequeño conflicto con tus padres se refleja en todas tus relaciones. Si no te sientes cómodo con tu madre, no podrás sentirte cómodo con tu mujer, porque aquella es tu prototipo de mujer. No podrás sentirte cómodo con la mujer como tal, porque tu madre fue la primera, ella es el primer modelo de mujer. Allí donde haya una mujer, estará tu madre, y seguirá existiendo una relación sutil.

El ego nace en la relación con los padres y allí es donde hay que enfrentarse con él. De lo contrario, seguirás cortando ramas y hojas del árbol, pero la raíz permanecerá intacta. Si estás en paz con tu padre y con tu madre, ya has madurado. Ya no hay ego. Ahora entiendes que estabas indefenso, entiendes que dependías de los demás, que no eras el centro del mundo. En realidad, eras completamente dependiente, porque no podrías haber sobrevivido de otra manera. Si entiendes esto, el ego se desvanece poco a poco, y cuando ya no estás en conflicto con tu vida, te vuelves sereno y natural, te relajas. Entonces, flotas. Entonces el mundo ya no está lleno de enemigos, es una familia, una unidad orgánica. El mundo no está contra ti, puedes flotar en él. Cuando uno descubre que el ego es una tontería, cuando uno descubre que el ego no tiene fundamento para existir, cuando uno descubre que el ego no es más que un sueño infantil, malinterpretado por la ignorancia, sencillamente, el ego desaparece.

Hay personas que han acudido a mí y que me han preguntado: “¿Cómo puedo enamorarme? ¿Existe una manera?”. ¿Cómo enamorarse? Me piden una manera, un método, una técnica determinada.

No saben lo que están pidiendo. Enamorarse significa que no hay ninguna forma, ninguna técnica, ningún método. Por eso se dice “ser presa del amor”, porque tú ya no eres quien controla, simplemente has quedado apresado. Por eso las personas que son muy cerebrales dicen que el amor es ciego. El amor es el único ojo, la única visión, pero ellos insisten en que el amor es ciego, y si estás enamorado, pensarán que te has vuelto loco. Para una persona cerebral parece una locura, porque la mente es una gran manipuladora. A la mente le parece peligrosa cualquier situación en la que se pierda el control.

Pero hay un universo del corazón humano, hay un universo del ser humano y de la conciencia en el que no es posible ningún método. Las tecnologías son posibles con la materia; con la conciencia no hay tecnología posible y de hecho, no hay control posible. El simple intento de controlar o de hacer que algo ocurra es egoísta.

sábado, 26 de febrero de 2022

EL MIEDO AL AMOR

 

¿Qué es el miedo al amor? Se produce porque cuando realmente amas a alguien tu ego empieza a desaparecer, a desvanecerse. Con el ego no puedes amar; el ego se convierte en una barrera, y cuando quieres saltar la barrera entre tú y la otra persona, el ego dice: “Esto significa la muerte. ¡Cuidado!”.

La muerte del ego no es tu muerte; en realidad, la muerte del ego es tu posibilidad de vida. El ego no es más que una corteza muerta que te recubre; hay que romperla y eliminarla. Surge de forma natural, al igual que el viajero acumula polvo en la ropa, en el cuerpo, y tiene que lavarse para librarse del polvo. A medida que pasa el tiempo se acumula el polvo de nuestras experiencias, de nuestro conocimiento, o de la vida que hemos llevado, del pasado. Ese polvo se convierte en el ego. Se acumula y se convierte en una corteza a tu alrededor que hay que romper y eliminar. Hay que lavarse todos los días; incluso continuamente, para que esa corteza no se convierta en una prisión.

Será útil entender de dónde viene el ego, buscar sus raíces.

Cuando un bebé nace, se encuentra totalmente indefenso, particularmente en el caso del ser humano. No puede sobrevivir sin la ayuda de los demás. La mayoría de los cachorros de los animales, los pájaros, o los árboles sobreviven sin padres, pueden sobrevivir sin una sociedad, sin una familia. Incluso aunque a veces necesiten ayuda, es mínima; unos días, como máximo unos meses. Sin embargo, el niño está tan indefenso que depende de los demás durante años. Ahí es donde hayque buscar la raíz.

¿Por qué la indefensión crea el ego en el ser humano? El niño está indefenso, depende de los demás, pero la mente ignorante del niño malinterpreta esta dependencia y cree que es el centro del mundo. El niño piensa: “Cada vez que lloro mi madre acude inmediatamente; cada vez que tengo hambre, no tengo más que hacer una señal y me da el pecho. Cada vez que estoy mojado, no tengo más que llorar un poco y enseguida viene alguien a cambiarme la ropa”. El niño vive como un emperador. En realidad, está totalmente indefenso y es dependiente, y sus padres, su familia y sus cuidadores le están ayudando a sobrevivir. Ellos no dependen del niño, es el niño quien depende de ellos. Sin embargo, la mente del niño interpreta esto como si él fuera el centro del universo y todo el universo existiera solo para él.

Evidentemente, al principio, el mundo del niño es muy reducido. Está formado por la madre y el padre, más alejado; ese es todo su universo. Estas personas lo aman. Y el niño se vuelve cada vez más egoísta. Se cree el centro de la existencia de los mayores y así es como se crea el ego. El ego se crea a partir de la dependencia y la indefensión.

En realidad la situación real del niño es justo la contraria a la que él cree; no existe una justificación real para crear ese ego. Pero el niño es totalmente ignorante, no es capaz de entender la complejidad de la cuestión. No puede saber que está indefenso, ¡actúa como un dictador! Así que durante toda su vida intentará seguir siendo un dictador. Se convertirá en un Napoleón, en un Alejandro Magno, en un Hitler; todos los presidentes, primeros ministros y dictadores son infantiles. Están intentando lograr lo mismo que experimentaron cuando eran pequeños; quieren ser el centro de la existencia. El mundo debe vivir y morir con ellos; el mundo es su periferia y ellos son el centro; el verdadero sentido de la vida está oculto en ellos.

Por supuesto, al niño le parece correcta esta interpretación, porque cuando la madre le mira, ve en sus ojos que él es quien da sentido a su vida. Cuando el padre llega a casa, el niño siente que él da verdadero sentido a la vida del padre. Esta situación dura tres o cuatro años; y los primeros años de vida son los más importantes. En la vida de una persona no volverá a haber otro período con ese mismo potencial.

Los psicólogos dicen que después de los primeros cuatro años el niño está prácticamente formado. Ya se ha establecido el patrón; durante el resto de su vida repetirá ese mismo patrón en cualquier situación. Hacia el séptimo año ya se han confirmado todas las actitudes del niño, ya se ha asentado su ego. Ahora se dirige al mundo, pero entonces encuentra problemas por todas partes, ¡millones de problemas! Una vez que sales del círculo de la familia, surgen los problemas porque nadie más se preocupa por ti de la misma manera que tu madre se ocupaba de ti; nadie se interesa por ti como lo hacía tu padre. Por el contrario, descubres indiferencia por todas partes, y el ego se siente herido.

Pero ya el patrón está establecido. Independientemente de que se sienta herido o no, el niño no puede cambiar ese patrón; se ha convertido en la verdadera huella digital de su ser. Jugará con otros niños e intentará dominarlos. Irá al colegio e intentará dominar, ser el primero de la clase, ser el estudiante más brillante. Puede que crea que es superior, pero entonces descubre que los demás niños piensan lo mismo. Hay conflicto, hay egos, hay lucha, hay peleas.

Esta es la historia de la vida: hay millones de egos a tu alrededor, exactamente como el tuyo, y todo el mundo está intentando controlar, maniobrar, dominar, a través de la riqueza, el poder, la política, el conocimiento, la fuerza, las mentiras, las pretensiones, la hipocresía.

Incluso en la religión y en la moralidad, todo el mundo está intentando dominar, mostrar al resto del mundo que “yo soy el centro del mundo”. Esta es la raíz de todos los problemas que surgen entre las personas. Por culpa de esta idea siempre estás en conflicto y luchando con una persona u otra. No es que los demás sean tus enemigos; todo el mundo es exactamente como tú, estáis todos en la misma barca. La situación es igual para todos; los han educado de la misma manera.

En Occidente existe una tendencia en psicología que ha planteado que a menos que los niños sean educados sin sus padres, el mundo nunca hallará la paz. Yo no estoy de acuerdo con ellos, ¡porque entonces nadie educará a los niños! Hay algo acertado en esta propuesta pero es una idea muy peligrosa, porque si se educa a los niños en guarderías sin sus padres, sin ningún tipo de amor, con total indiferencia, puede que no tengan problemas de ego pero tendrán otros problemas incluso más dañinos y peligrosos.

Si se educa a un niño con total indiferencia no tendrá un centro. Será una persona caótica, desgarbada, no sabrá quién es. No tendrá identidad. Se sentirá asustado, atemorizado y no será capaz de dar ni un solo paso, porque nadie lo ha amado. Por supuesto, no tendrá ego, pero sin él no tendrá centro. No se convertirá en un buda; estará apagado y mutilado; se sentirá siempre atemorizado.

El amor es necesario para hacer que no tengas miedo, para que sientas que eres aceptado, que no eres inútil, que no pueden tirarte a la basura. Si los niños se educan en un entorno en el que falta amor, no tendrán ego, eso es cierto. En sus vidas no habrá tantas luchas ni peleas, pero serán totalmente incapaces de defenderse a sí mismos. Siempre estarán huyendo, escapando de todo el mundo, ocultándose en las cuevas de su propio ser. No serán budas, no estarán radiantes de vitalidad, no estarán centrados, cómodos, en casa. Sencillamente serán excéntricos, descentrados. Esta tampoco es una buena situación.

Asi que yo no apoyo a esos psicólogos. Su enfoque crearía robots, no seres humanos; y es evidente que los robots no tienen problemas.

O puede que creen seres humanos que sean más parecidos a animales. Habrá menos ansiedad, menos úlceras, menos cáncer, pero no vale la pena conseguir eso si significa que no puedes llegar a un nivel más elevado de conciencia. Por el contrario, irás cayendo más bajo; sufrirás una regresión. Evidentemente, si te conviertes en un animal, tendrás menos angustia porque tendrás menos conciencia. Y si te conviertes en una piedra, en una roca, no padecerás ninguna angustia en absoluto, porque no habrá nadie para sentirse ansioso, para sentirse angustiado. Pero no vale la pena conseguir eso. Hay que ser como un dios, no como una roca. Y con esto quiero decir que hay que alcanzar la absoluta conciencia y, a pesar de ello, no tener preocupaciones, ansiedades, problemas; disfrutar de la vida como los pájaros, celebrar la vida como los pájaros, cantar como los pájaros; no a través de la regresión sino creciendo hasta el máximo grado de conciencia.

El niño acumula ego; es natural, no se puede hacer nada para evitarlo. Hay que aceptarlo. Sin embargo, posteriormente, no hace falta seguir cargando con él. El niño necesita el ego al principio para sentir que es aceptado, amado, recibido; que es un huésped deseado, no un accidente. El padre, la madre, la familia, y la calidez en torno al niño le ayudan a crecer fuerte, arraigado, asentado. El ego es necesario, lo protege; es bueno, como la cáscara de una semilla. Pero la cáscara no debe convertirse en lo más importante, de ser así la semilla morirá. Si la protección continúa durante mucho tiempo, se convierte en una prisión. La protección debe seguir ejerciendo como tal mientras haga falta, pero cuando llegue el momento de que la cáscara muera, deberá hacerlo de forma natural, para que pueda brotar la semilla y nacer la vida.

El ego no es más que una cáscara protectora; el niño la necesita porque está indefenso. El niño la necesita porque es débil, porque es vulnerable y está rodeado de millones de fuerzas. Necesita protección, un hogar, una base. Puede que todo el mundo se muestre indiferente pero él siempre puede volver la vista hacia su hogar, donde recuperará su importancia.

Sin embargo, junto con la importancia llega el ego. El niño se vuelve egoísta, y con ese ego surgen todos los problemas a los que te enfrentas. Ese ego no te permitirá enamorarte. A ese ego le gustaría que todo el mundo se rindiera ante ti; no permitirá que te rindas ante nadie. Pero el amor solo ocurre cuando tú te rindes. Cuando fuerzas a otra persona a que se rinda es odioso, destructivo. No es amor. Y si no hay amor, tu vida no tendrá calidez, no tendrá ninguna poesía. Será prosa, matemática, lógica, racional. ¿Cómo puede vivir alguien sin poesía?

La prosa está bien, la racionalidad está bien, es útil, hace falta, pero la vida que se desarrolla únicamente a través de la razón y la lógica nunca puede ser una celebración, nunca puede ser festiva. Y cuando la vida no es festiva, es aburrida. Hace falta poesía, pero para que haya poesía debes rendirte. Necesitas eliminar ese ego. Si eres capaz de hacerlo, si puedes dejarlo a un lado aunque sea solo durante unos instantes, tu vida tendrá destellos de lo maravilloso, de lo divino.

Sin poesía no puedes vivir realmente, solo puedes existir. El amor es poesía. Y si no es posible el amor, ¿cómo vas a rezar, a meditar, a ser consciente? Se convierte en algo prácticamente imposible. Y sin una conciencia meditativa, seguirás siendo solo un cuerpo, nunca serás consciente de la profundidad de tu alma. Solo en la oración, en la profunda meditación y en el profundo silencio alcanzarás las cumbres. Ese silencio lleno de oración, esa conciencia meditativa es la experiencia más elevada; pero el amor es el que abre la puerta.

sábado, 19 de febrero de 2022

EN BUSCA DEL AMOR PERFECTO


 Mucha gente cree que solo podrá amar cuando encuentre una pareja digna; ¡qué estupidez! Nunca la encontrarás. La gente cree que solo amará cuando encuentre al hombre perfecto o a la mujer perfecta. ¡Qué estupidez! Nunca lo encontrarás porque no existen ni la mujer ni el hombre perfecto. Y si existieran, no se preocuparían por tu amor. No les interesaría.

Me contaron que hubo un hombre que permaneció soltero toda su vida porque estaba buscando a la mujer perfecta. Cuando tenía setenta años, alguien le preguntó:

—Llevas mucho tiempo viajando; has estado buscando desde Nueva York a Katmandú, de Katmandú a Roma, de Roma a Londres. ¿No lograste encontrar a una mujer perfecta? ¿Ni siquiera a una?

El anciano se puso muy triste y contestó:

—Sí, en una ocasión la encontré. Una vez, hace mucho tiempo, conocí a una mujer perfecta.

La otra persona insistió:

—Entonces, ¿qué pasó? ¿Por qué no os casasteis?

Con gran tristeza el anciano respondió:

—¿Qué le vamos a hacer? Ella estaba buscando a un hombre perfecto.

Recuerda: cuando dos seres son perfectos, su necesidad de amor no es igual a tu necesidad de amor. Es totalmente distinta.

Tú ni siquiera entiendes el amor que es posible en ti, de modo que no serás capaz de entender el amor de Buda, o el amor que fluye desde un Lao Tzu hacia ti; no serás capaz de entenderlo.

En primer lugar tienes que entender el amor que nace como un fenómeno natural. Ni siquiera has logrado eso. Primero tienes que entender el natural, después el trascendental. Así que lo segundo que debes recordar es que nunca busques al hombre perfecto o a la mujer perfecta. Esta también es una idea que te han inculcado; que a menos que encuentres al hombre o a la mujer perfecta, no serás feliz. De modo que continúas buscando la perfección, pero como no la encuentras, eres infeliz.

Para fluir y crecer en el amor no es necesaria la perfección. El amor no tiene nada que ver con la otra persona. La persona amorosa, sencillamente ama, al igual, que la persona viva, respira, bebe, come y duerme. Exactamente del mismo modo, la persona realmente viva, la persona amorosa, ama. No dices: “No voy a respirar a menos que haya un aire perfecto, libre de contaminación”. Sigues respirando en Los Ángeles, sigues respirando en Bombay. Sigues respirando en todas partes, aunque el aire esté contaminado, envenenado. ¡Sigues respirando! No puedes permitirte no respirar por el mero hecho de que el aire no sea como debería ser. Si tienes hambre, comes algo, lo que sea. Si te estás muriendo de sed en el desierto, beberás cualquier cosa. No te obstinarás en pedir una bebida en especial, cualquier cosa valdrá; cualquier bebida, simplemente agua, incluso agua sucia. Hay personas que se han

bebido su propia orina. Cuando alguien se está muriendo de sed no se preocupa por lo que bebe, beberá cualquier cosa con tal de saciar la sed. Hay personas que, en el desierto, han matado a sus camellos para beber agua, ya que estos almacenan agua en su interior. Eso suponía un peligro, ya que entonces tendrían que caminar muchos kilómetros. Pero tenían tanta sed que para ellas lo primero era lo primero; primero el agua, de lo contrario morirían. Por mucho que conservaran el camello, ¿qué iban a hacer sin agua? El camello únicamente llevaría un cadáver a la ciudad más próxima, porque sin agua morirían.

La persona viva y amorosa sencillamente ama. El amor es algo natural.

Por tanto, la segunda cosa que debes tener en cuenta es no buscar la perfección; si lo haces, el amor no fluirá en ti. Al contrario, te volverás poco afectuoso. Las personas que exigen la perfección son personas muy poco afectuosas; son neuróticas. Aunque encuentren a un amante, exigen la perfección, y esa exigencia destruye el amor.

En cuanto un hombre ama a una mujer o una mujer ama a un hombre, inmediatamente entra en juego la exigencia. La mujer empieza a exigirle al hombre que sea perfecto, solo porque la ama. ¡Como si hubiera cometido un pecado! Ahora tiene que ser perfecto, tiene que superar todas sus limitaciones. ¿Así de repente? ¿Solo por esta mujer? ¿Ahora ya no puede seguir siendo humano? O se convierte en un ser sobrenatural o es un farsante, un falso, un fraude.

Naturalmente, es muy difícil convertirse en alguien sobrenatural, por eso las personas se convierten en fraudes. Empiezan a fingir, a actuar y a engañar. En nombre del amor, la gente solo engaña. Así que la segunda cosa que hay que recordar es que nunca hay que exigir la perfección. No tienes derecho a exigir nada a nadie. Si alguien te ama, siéntete agradecido, pero no le exijas nada, porque la otra persona no tiene la obligación de amarte. Si alguien te ama, es un milagro. Siéntete emocionado por ese milagro.

Pero las personas no están emocionadas. Destruirán cualquier posibilidad de amor por pequeñeces. No están muy interesadas en el amor ni en la alegría que este conlleva. Están más interesadas en otras cosas relativas a su ego.

Interésate por tu alegría. Interésate totalmente por tu alegría; interésate únicamente por tu alegría. Todo lo demás es no-esencial. Ama; de forma natural, al igual que respiras. Y cuando ames a una persona, no empieces a exigirle cosas, porque estarás cerrando las puertas desde el principio. No esperes nada. Si algo te llega en el camino, siéntete agradecido. Si no llega nada es porque no hace falta que llegue, no hay necesidad de que llegue. No debes esperarlo.

Sin embargo, observa a las personas, fíjate que lo dan todo por descontado. Cuando tu mujer te prepara la comida nunca se lo agradeces. No estoy diciendo que tengas que verbalizar tu agradecimiento, pero deberías demostrarlo con la mirada. En cambio, no te molestas en hacerlo, lo das por descontado; ese es su trabajo. ¿Quién te ha dicho eso?

Cuando tu marido sale a ganarse el sueldo tú nunca se lo agradeces. No sientes ninguna gratitud. “Eso es lo que tiene que hacer un hombre” Así es como piensas. ¿Cómo va a crecer el amor? El amor necesita una atmósfera de amor. El amor necesita una atmósfera de gratitud, de agradecimiento. El amor necesita una atmósfera de no-exigencia, de no-expectación. Esta es la segunda cosa que hay que recordar.

La tercera cosa es: en vez de pensar en cómo recibir amor, empieza a darlo. Si das, recibirás. No existe otra manera. La gente está más interesada en cómo conseguir y recibir. Todo el mundo está interesado en recibir y parece que nadie disfruta dando. La gente da de muy mala gana; cuando dan, lo hacen para obtener algo a cambio, son como negociantes. Es una negociación. Solo quieren asegurarse de que obtienen más de lo que dan; en tal caso es un buen trato, un buen negocio. Y la otra persona está haciendo lo mismo.

El amor no es un negocio, así que deja de ser un negociante. De lo contrario desperdiciarás tu vida y el amor, y todo lo que hay de bello en él, porque lo que es bello no tiene nada que ver con los negocios. Los negocios son la cosa más horrible que hay en el mundo, aunque sea un mal necesario; pero la existencia desconoce completamente los negocios. El árbol florece, no es un negocio; las estrellas brillan, no son un negocio, y no tienes que pagar por ello ni nadie te exige nada a cambio. Un pájaro se posa en la puerta de tu casa y entona una melodía, pero no te pedirá un certificado ni ninguna muestra de agradecimiento. Una vez entonada la melodía, se irá volando feliz, sin dejar ninguna huella.

Así es como crece el amor. Da sin esperar a ver cuánto recibes. Sí, llega, y multiplicado por mil, pero lo hace de forma natural Llega por sí solo, no hace falta exigirlo. Cuando lo exiges, no llega. Una vez que lo exiges, lo has matado. Así que da. Comienza a dar.

Al principio será difícil porque nunca te han enseñado a dar sino a recibir. Al principio tendrás que luchar con tu propia coraza. Tus músculos se han endurecido, tu corazón se ha congelado, te has vuelto frío. Al principio será difícil, pero cada paso te conducirá un paso más adelante, y poco a poco el río comenzará a fluir.

Primero libérate de cómo te criaron tus padres. Al liberarte así de tus padres te liberas de la sociedad; al liberarte así de tus padres, te liberas de la civilización, de la educación, de todo, porque tus padres representan todo eso. Te conviertes en un individuo. Por primera vez en tu vida ya no formas parte de la masa, tienes una auténtica individualidad. Vives por tu cuenta. En eso consiste la madurez. Así es como debería ser la persona madura.

Una persona madura es aquella que no necesita padres. Una persona madura es aquella que no necesita a nadie a quien apegarse o en quien apoyarse. Una persona madura es aquella que es feliz con su soledad; su soledad es una canción, una celebración. Una persona madura es aquella que puede sentirse feliz consigo misma. Su soledad no es aislamiento, su alejamiento; es un retiro, es meditativo.

Un día tuviste que salir del vientre de tu madre. Si hubieras permanecido allí más de nueve meses habrías muerto; no solo tú, también habría muerto tu madre. Un día tuviste que salir del vientre de tu madre; después, llegó un día en el que tuviste que salir del entorno de tu familia, otro vientre, para ir al colegio. Después, llegó otro día en el que tuviste que salir del entorno de tu colegio, otro vientre, para ir a un mundo más vasto. Pero en lo más profundo sigues siendo un niño. ¡Sigues permaneciendo en el vientre! Hay infinidad de capas en el vientre y hay que romper ese vientre.

Esto es lo que en Oriente hemos denominado el segundo nacimiento. Una vez que logras nacer por segunda vez te liberas totalmente de las huellas paternas. Y lo bello es que solo entonces la persona siente agradecimiento hacia los padres. La paradoja es que esa es la única persona que puede perdonar a sus padres. Siente compasión por ellos y los ama, se compadece de ellos porque ellos también han sufrido mucho. No está enfadada, en absoluto. Puede que tenga lágrimas en los ojos, pero no está enfadada, y hará todo lo posible por ayudar a sus padres a dirigirse a esa plenitud de soledad, a ese grado de soledad.

En primer lugar: conviértete en un individuo. En segundo lugar: no esperes la perfección, no la requieras ni la exijas. Ama a la gente corriente. La gente corriente no tiene nada de malo. ¡La gente corriente es extraordinaria! Cada ser humano es único; respeta esa unicidad.

En tercer lugar: da, sin condiciones; entonces sabrás qué es el amor. Yo no puedo definirlo. Tan solo puedo mostrante el camino para que lo cultives. Puedo enseñarte a plantar un rosal, a regarlo, a fertilizarlo, a protegerlo. Entonces, un día, inesperadamente, nacerá la rosa, y tu hogar se llenará con su fragancia. Así es como ocurre el amor.

sábado, 12 de febrero de 2022

QUÉ ES EL AMOR



Si las cosas siguieran su curso natural, todo el mundo sabría qué es el amor, pero, en realidad, nadie lo sabe, o solo en muy contadas ocasiones. El amor se ha convertido en una de las experiencias más excepcionales. Sí, se habla de él, se ruedan películas y se escriben historias sobre él, se componen canciones sobre él, y está presente en los programas de televisión, en la radio, en las revistas; hay toda una industria dedicada a proporcionarte ideas acerca de qué es el amor. Hay mucha gente involucrada en la industria de ayudar a las personas a entender qué es el amor pero, a pesar de ello, sigue siendo un fenómeno desconocido.

Y debería ser uno de los más conocidos.

Es como si alguien preguntara: “¿Qué es la comida?”. ¿Acaso no te sorprendería que alguien te hiciera esa pregunta? Solo tendría sentido en el caso de que a una persona se le hubiera privado de alimento desde que nació y nunca hubiera probado la comida. Eso mismo ocurre con la pregunta “¿Qué es el amor?”.

El amor es el alimento del alma pero te han privado de él. Tu alma no ha recibido nada de amor, por tanto desconoces su sabor. Por ello tiene sentido esta pregunta, aunque es lamentable que así sea. El cuerpo ha recibido alimento, por eso sigue viviendo, pero el alma no ha recibido alimento así que está muerta, o todavía no ha nacido, o está siempre en su lecho de muerte.

Nacemos completamente equipados de la capacidad de amar y de ser amados. Todo niño nace lleno de amor y sabe perfectamente qué es. No hace falta explicarle lo que es. Sin embargo, el problema surge porque la madre y el padre desconocen qué es el amor. Ningún niño tiene los padres que se merece; ningún niño tiene nunca los padres que se merece; sencillamente, esos padres no existen en la Tierra. Y cuando llegue el momento en que el niño se convierta en padre, también habrá perdido la capacidad de amar.

En una ocasión me contaron que había un pequeño valle donde los niños se quedaban ciegos a los tres meses de haber nacido. Era una comunidad pequeña, primitiva, en la que había una mosca que provocaba una infección en los ojos que terminaba en ceguera, así que toda la comunidad se había quedado ciega. Todos los niños nacían con ojos completamente sanos, pero a los tres meses la mayoría de ellos se quedaban ciegos a causa de esas moscas. Así que, más tarde, en algún momento de su vida esos niños se preguntarían: “¿Qué son los ojos? ¿Qué quieres decir cuando dices la palabra “ojo”? ¿Qué es la visión? ¿Qué significa ver? ¿Qué quieres decir?”. En ese caso, estas preguntas tendrían sentido. Esos niños nacieron con el sentido de la vista pero al crecer lo perdieron.

Eso es lo que le ha ocurrido al amor. Todos los niños nacen con tanto amor como se puede atesorar, con más amor del que nadie puede atesorar, rebosan amor. El niño nace como amor; el niño está hecho de un material llamado amor. Sin embargo, los padres no le pueden dar amor. Tienen sus propias carencias: sus padres nunca los amaron. Los padres solo pueden fingir. Pueden hablar del amor. Quizá digan: “Te queremos mucho”, pero en sus acciones realmente no hay amor. La manera de comportarse, la manera de tratar al niño es insultante; no sienten respeto. Ningún padre respeta a su hijo. ¿Quién se plantea siquiera respetar al hijo? No se considera en absoluto que el niño sea una persona. Al niño se le considera un problema. Si está quieto, es bueno; si no chilla ni hace travesuras, es bueno; si se mantiene lejos del camino de los padres, es todavía mejor. Así deberían ser los niños. Pero no hay respeto ni amor.

Los padres no han conocido el amor. La esposa no ha amado al marido, el marido no ha amado a la esposa. Entre ellos no hay amor; al contrario, lo que hay es dominación, deseo de posesión, celos y todo tipo de venenos que destruyen el amor. Al igual que existe un tipo de veneno que puede arrebatarte la vista, el veneno del deseo de posesión y de los celos destruye el amor.

El amor es una flor frágil. Hay que protegerlo, hay que fortalecerlo, hay que regarlo; solo entonces se vuelve fuerte. Y el amor del niño es muy frágil; es normal porque él es frágil, su cuerpo es frágil. ¿Crees que si se dejara solo a un niño sería capaz de sobrevivir? Piensa en lo indefenso que es un niño; si se le deja solo es prácticamente imposible que sobreviva. Morirá, y eso es lo que le está ocurriendo al amor. Se le deja solo, desatendido.

Los padres no pueden amar, no saben qué es el amor, nunca se han dejado llevar por el amor. Piensa en tus padres; aunque recuerda, no estoy diciendo que ellos sean responsables. Son víctimas, al igual que tú eres una víctima; sus propios padres también lo fueron. ¡Y así hasta Adán y Eva e incluso hasta Dios Padre! Al parecer, ni siquiera Dios Padre fue muy respetuoso con Adán y Eva. Por eso, desde el principio ya empezó a darles órdenes: “Haz esto”. “No hagas aquello.” Comenzó a hacer las mismas tonterías que hacen todos los padres. “No comáis del fruto de este árbol.” Y cuando Adán y Eva comieron aquel fruto, el Dios Padre se enfadó tanto que los expulsó del paraíso.

Esa expulsión siempre está presente; todos los padres amenazan con expulsar al hijo, con echarlo. “Como no me escuches, como no te comportes bien, te echo de casa.” Evidentemente, el niño tiene miedo.

¿Expulsado? ¿A la jungla de la vida? De modo que empieza a transigir. Poco a poco el niño se vuelve retorcido y empieza a manipular. No tiene ganas de sonreír, pero si la madre está cerca y él quiere leche, sonríe. Es política; el comienzo, el abecé de la política.

En lo más profundo, el niño comienza a odiar a los padres porque no lo respetan; en lo más profundo, comienza a sentirse frustrado porque no lo aman tal como es. Se espera que haga determinadas cosas; solo entonces lo amarán. El amor impone condiciones; tal como es, no es digno de ser amado. Primero tiene que hacerse digno, solo entonces los padres le concederán su amor. Así que para ser “digno” el niño empieza a volverse falso; pierde el sentido de su valor intrínseco. Pierde el respeto por sí mismo, y poco a poco empieza a sentirse culpable.

En muchas ocasiones el niño piensa: “¿Serán estos mis verdaderos padres? ¿Me habrán adoptado? A lo mejor me están engañando porque no parece que me quieran”. En numerosas ocasiones ve la ira en sus ojos, la terrible ira en los rostros de sus padres, y por cosas tan nimias que no puede entender que puedan causar tal ira. Ve el enfado que sienten sus padres por cosas muy pequeñas; no puede creerlo, ¡es realmente injusto e injustificado! Pero tiene que rendirse, tiene que inclinarse, tiene que aceptarlo como una necesidad. Poco a poco su capacidad de amar va quedando destruida.

El amor solo crece con amor. El amor necesita un entorno de amor; esta es la idea fundamental que hay que recordar. Solo en un entorno de amor crece el amor; necesita la misma vibración a su alrededor. Si la madre ama, si el padre ama —no solo al niño, si ellos también se aman, si en el hogar hay una atmósfera en la que se respira el amor— el niño empezará a vivir como un ser amoroso, y nunca hará la pregunta: “¿Qué es el amor?”. Lo sabrá desde el principio, se convertirá en sus cimientos.

Sin embargo, no es así como ocurre. Es una pena, pero hasta ahora no ha ocurrido. Los niños aprenden las costumbres de sus padres; sus peleas, sus conflictos. No tienes más que observarte a ti mismo. Si eres una mujer, fíjate; puede que estés repitiendo casi de forma idéntica el modo en que se comportaba tu madre. Obsérvate cuando estás con tu novio o con tu marido. ¿Qué es lo que haces? ¿No estás repitiendo un patrón? Si eres un hombre, fíjate. ¿Qué es lo que estás haciendo? ¿No te estás comportando justo como hacía tu padre? ¿No estás haciendo las mismas tonterías que él solía hacer? En cierta ocasión te sorprendiste —“¿Cómo puede hacer esto mi padre?”— y ahora tú estás haciendo lo mismo. La gente no hace más que repetir; son imitadores. El ser humano es un mono amaestrado. Estás repitiendo lo que hacía tu padre o tu madre, hay que detener eso. Solo entonces sabrás qué es el amor, de lo contrario seguirás estando corrompido.

Yo no puedo definir lo que es el amor porque no existe una definición del amor. Es una de esas cosas indefinibles como el nacimiento, como la muerte, como Dios, como la meditación. Es una de esas cosas indefinibles; yo no puedo definirlo. No puedo decir: “esto es amor”. No puedo mostrártelo. No es un fenómeno visible. No se puede diseccionar, no se puede analizar; solo se puede experimentar, y únicamente a través de la experiencia puedes saber qué es. Sin embargo, puedo indicarte el camino para experimentarlo.

El primer paso es: libérate de tus padres. Y con ello no quiero decir que les faltes el respeto, no. Yo sería la última persona que pediría eso. Tampoco quiero decir que debas liberarte de tus padres físicamente; me refiero a que te liberes de las voces paternales que hay en tu interior, del programa que hay en tu interior, del disco grabado en tu interior. Elimina todo eso,.. y te sorprenderás al ver que si te liberas de tus padres en lo más profundo de tu ser, serás libre. Por primera vez sentirás compasión por tus padres, de lo contrario, no podrás; seguirás estando resentido. Todo el mundo está resentido con sus padres. ¿Cómo no vas a estarlo cuando te han hecho tanto daño? Pero no te han hecho daño a propósito; te deseaban todo el bien, querían a toda costa procurarte bienestar, pero ¿qué podían hacer? No por querer algo, ocurre. Las cosas no ocurren solo por desearlas. Es verdad que te deseaban lo mejor, no hay duda: todo padre quiere que su hijo disfrute de todas las alegrías de la vida. Pero ¿qué pueden hacer? Ellos mismos no han tenido ninguna alegría. Son robots y, a sabiendas o sin saberlo, consciente o inconscientemente, crearán una atmósfera en la que tarde o temprano sus hijos se convertirán en robots.

Si quieres convertirte en un ser humano y no en una máquina, libérate de tus padres. Pero tendrás que estar atento. Es una tarea difícil, ardua; no puedes hacerlo instantáneamente. Tendrás que tener mucho cuidado con tu comportamiento. Debes estar pendiente y observar en qué momento tu madre está ahí, actuando a través de ti; en ese momento tienes que detenerte, alejarte. Haz algo completamente nuevo que tu madre ni siquiera habría imaginado. Por ejemplo, si tu novio está contemplando a otra mujer con una mirada de admiración, observa cómo reaccionas. ¿Estás haciendo lo mismo que habría hecho tu madre si tu padre hubiera contemplado a otra mujer con admiración? Si haces eso no sabrás nunca qué es el amor, no harás más que repetir la historia. Será el mismo acto interpretado por distintos actores; el mismo acto rancio repetido hasta la saciedad. No seas un imitador, sal de ahí. Haz algo nuevo. Haz algo que tu madre no habría imaginado siquiera. Algo nuevo que tu padre ni siquiera habría imaginado. Tienes que llevar esta novedad a tu ser, entonces empezará a fluir el amor.

Así que la primera cosa esencial es liberarte de tus padres.

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