sábado, 17 de julio de 2010

LA ANSIEDAD Y EL CAMBIO

Has de comprender estas palabras. En la vida todo es flujo. Al ser, la vida un continuo fluir, no puedes tener expectativas. Si las tienes, sufrirás porque las expectativas son posibles sólo en un mundo fijo y permanente. En un mundo fluctuante, en un mundo que fluye, no es posible tener expectativas. Amas a una mujer; ella parece ser muy, muy feliz, pero a la mañana siguiente ya no lo es. La amabas por su felicidad, la amabas porque siempre estaba sonriendo, la amabas porque poseía la cualidad de ser alegre. Pero a la mañana siguiente, la alegría ha desaparecido. La cualidad ha dejado de estar presente y ella se ha convertido exactamente en lo opuesto a sí misma. Se siente desgraciada, está enfadada, triste, peleona, desagradable... ¿qué hacer? No puedes tener expectati­vas; todo cambia, todo cambia a cada instante. Todas tus expecta­tivas te conducirán al sufrimiento.

Te casas con una hermosa mujer, pero ella enferma y su belle­za desaparece. Contrae la viruela y su rostro queda desfigurado. ¿Qué hacer entonces?

La vejez llega y las cosas cambian: un hermoso rostro se vuelve feo; una persona feliz se vuelve infeliz; una persona dulce se vuelve muy dura. Desaparecen las canciones y aparecen las actitudes peleonas. La vida es un flujo y todo cambia. ¿Cómo vas a tener expectativas? Si las tienes, entonces habrá sufrimiento.

Si la vida estuviera perfectamente delimitada y no hubiera cambios­, si amarás a una chica y la chica tuviera siempre dieciséis años, si siempre cantara, si siempre estuviera feliz y alegre y tú también fueras el mismo; si tuvierais personalidades fijas, evidentemente dejaríais de ser personas; la vida no sería vida. Seríais como pie­dras, pero al menos vuestras expectativas se verían colmadas. Pero habría una dificultad: surgiría el aburrimiento y eso crearía sufri­miento. Nada cambiaría; entonces uno se aburriría.

Si las cosas no cambian, entonces te aburres. Si la esposa son­ríe y sigue sonriendo cada día, día tras día, al cabo de unos días empezarás a preocuparte un poco; "¿Qué le ha ocurrido a esta mujer? ¿Es su sonrisa algo real o simplemente está actuando?".

Éste es el problema de la men­te. Si la vida es un flujo, las expectativas no pueden ser colmadas. Si la vida fuera algo fijo, esas expectativas podrían ser satisfe­chas hasta la saciedad, de forma que uno llegaría a sentirse aburrido. Entonces no habría entusiasmo, pasión. Todo resultaría monótono, sin sensaciones, sin excitación, sin que suce­diera nada nuevo. En la vida que vives, el cambio crea el sufri­miento, la ansiedad. En tu interior siempre hay ansiedad; te digo que siempre. Si eres pobre, surge la ansiedad: ¿cómo hacerte rico? Si llegas a ser rico, surge la ansiedad: ¿cómo mantener aquello que has logrado? Siempre sientes miedo de los ladrones, de los delincuentes y de los recaudadores de impuestos del gobierno.

La ansiedad se ha convertido en tu estilo de vida; suceda lo que suceda, sigue habiendo ansiedad. Las expe­riencias del pasado crean sufrimiento porque siempre que pasas por una experiencia, esa experiencia deja en ti un rastro. Si la experiencia es repetida en muchas, numerosas ocasiones, ese rastro va haciéndose más y más profundo. Y luego, si la vida va en otra dirección y la energía deja de fluir por el surco de tus pasadas experiencias, te sientes insatisfecho. Pero si la vida continua igual y sigue fluyendo por el mismo surco, te aburres; entonces quieres algo de excitación. Si no hay excitación, ¿para qué seguir viviendo?

Si vives en función de tus hábitos pasados, el cuerpo siempre se sentirá bien, porque el cuerpo es un mecanismo. No anhela lo nuevo; simplemente quiere siempre lo mismo. El cuerpo necesita una rutina. La mente necesita siempre cambiar porque la mente es en sí, un flujo. No es la misma durante un solo instante. Va cambiando.

El reto crea ansiedad porque has de luchar por lo que quieres. Luego, cuando lo logras, cuando lo posees, surge otra ansiedad: la ansiedad por haber terminado con ello. Todo ha desaparecido. Es ya algo aburrido, algo muerto. La ansiedad está siempre pre­sente porque la forma que tienes de vivir crea ansiedad. No eres capaz de sentirte satisfecho. Mediante las experiencias del pasado vas sintonizándote con algo determinado... y la mente dice que se necesita excitación, que se necesita cambio. Entonces todo el cuerpo resulta alterado. Y eso crea también ansiedad.

Entonces surge una continua lucha entre las modificaciones de la mente y los tres atributos que según los hindúes constituyen tu ser. Ellos dicen que satva, rajas y tamas son los tres constitu­yentes de tu ser. Satva es el más puro, la esencia de la bondad, de la pureza, de toda santidad; el elemento más sagrado que hay en ti. Luego existe rajas, el elemento de energía, vigor, fortaleza, poder. Y tamas, el elemento de pereza, inercia y entropía. Estos tres constituyen tu ser. Y parece ser que los hindúes lo intuyeron correctamente porque ahora los físicos dicen que esos tres son los constituyentes de la materia, de la misma energía atómica. Los denominan: electrón, protón y neutrón, pero eso sólo son dife­rencias en el nombre y coinciden en que esas tres clases de cualida­des son necesarias para que exista la materia, o para que exista cual­quier cosa. Los hindúes dicen que esas tres cualidades son nece­sarias para que la personalidad exista; y no sólo para la persona­lidad, si no para que toda la Existencia exista.

Te has de convertir entonces en el testigo de tus atributos, de las modificaciones de la mente, de los trucos de la mente, de sus juegos, de las trampas mentales, de los hábitos, del pasado, de las situaciones cambiantes, de tus ex­pectativas. Has de ser consciente de todo esto. Sólo has de recor­dar una cosa: el que ve no es lo visto. Todo lo que puedas ver, no eres eso. Si puedes ver el hábito de la pereza, no eres eso. Si puedes ver tu hábito de constante preocupación, no eres eso. Si puedes ver tus condicionamientos pasados, no eres esos condicionamientos. El que ve no es lo visto. Tú eres consciencia y la consciencia trasciende todo lo que puede ser visto. El observador trasciende lo observado.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias! Es perfecto...

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